Una ley muy incomprendida por la mayoría es la ley de correspondencia. Esta ley nos dice que todas las cosas son en si mismas iguales en todo los sitios y de todas las maneras. Lo que nosotros somos es lo que es el resto del Cosmos, y viceversa. A falta de una forma más comprensible de expresarlo, desde antiguo se ideó la expresión “Cómo es arriba, es abajo, cómo es abajo, es arriba”, expresando esta idea usando los términos más comunes que todos los humanos entienden (cielo-tierra, dentro-fuera, etc…). En términos más modernos, podemos enunciar esta ley como la “ley del universo holográfico”, que nos dice que todo el Cosmos es el mismo en todas sus partes, y cada parte del Cosmos es el Cosmos en si mismo.

El principio holográfico es una teoría física que, de forma muy resumida, viene a decir que cada parte de un todo contiene toda la información necesaria para representar al todo. Si recordáis en el archivo dedicado al principio de unidad (mente universal), decíamos que todas las partes del Cosmos están integradas en él y que el Cosmos en si mismo está en todas sus partes, de forma indistinguible y única. En esa explicación estábamos expresando el todo holográfico, la unidad máxima en al que las partes son el todo y el todo son las partes. De ahí que podemos decir que hay una correspondencia entre todas las partes entre si, porque todas ellas son ellas mismas, el resto y lo demás.

Claro, esto dicho así parece parece extraño y poco comprensible, pero aunque este es uno de los principios más complejos de la hermenéutica, pudiendo en realidad realizar un acercamiento racional a este principio que nos permite conocerlo un poco mejor. Esto no sustituye la necesidad de entender de forma intuitiva el cómo esto afecta de diferentes maneras a nosotros mismos y al resto del Cosmos. Porque este principio, fundamentalmente, nos dice que estamos integrados, con nosotros mismos y con el resto, y no sólo en el plano material o espiritual, sino en el resto de dimensiones conocidas y desconocidas. Aunque nosotros distingamos unas partes de otras en el mundo material, ese efecto, como ya vimos en el archivo anterior, es sólo un efecto de la interpretación que hace nuestro cerebro del mundo vibracional en el que nos movemos. La materia como tal no existe, y eso implica necesariamente que tenemos que interpretar las vibraciones de alguna manera. Eso genera separación y distinción, pero como ya hemos dicho, es puramente accidental y a los efectos prácticos, artificial. La naturaleza, como tal, no es un conjunto desintegrado de elementos, sino que todos estamos fusionados en una sola energía que se manifiesta de diferentes maneras. Además, en los distintos planos existenciales, cada plano superior es una versión mejorada de los planos inferiores. Aunque nosotros no podamos distinguirlo porque estamos “atrapados” en la realidad material, los que han experimentado de diferentes maneras viajes a otros planos (ya sean astrales, experiencias cercanas a la muerte y demás) coinciden en que en esas experiencias ellos se veían a si mismos como en el mundo terrenal, pero diferentes. Es decir, sentían tener un cuerpo, aunque lo notaban distinto, y notaban que a su alrededor las cosas discurrían y eran sensibles. Cada plano superior se vuelve más sutil que los inferiores, pero son básicamente iguales. De ahí la expresión “cómo es arriba, es abajo, como es abajo, es arriba”, ya que estemos en el plano que estemos, básicamente el funcionamiento es el mismo, sólo que ligeramente diferente cada vez, y más sutil.

Dicen los gnósticos entre otros que cuando soñamos, nuestro espíritu está experimentando otro plano existencial. Insinúan también que tenemos la posibilidad de saber, conscientemente, que nos encontramos en uno de esos planos, por medio de algunos trucos, como saltar. Cuando nos encontramos en el plano material, la gravedad tira de nosotros al saltar, pero en los planos superiores no es así. Así, si saltamos y no caemos, podemos darnos cuenta inmediatamente de que no estamos en el plano material. Naturalmente esto hay que experimentarlo individualmente, pero ¿por qué no probarlo si tenemos oportunidad? En cualquier caso, tanto la imaginación como los sueños nos permiten construir mentalmente otras posibilidades, aunque a veces, simplemente, no se construye: se visualiza. Los viajes astrales permiten, sin separarse del cuerpo completamente, experimentar tanto en este plano vibracional como en otros, y lo que habitualmente nos llevaría horas, se puede hacer en minutos en el mundo material. ¿Quién no ha tenido un sueño muy vívido y cuando ha despertado se da cuenta de que parece que han pasado días en el sueño? Esa es una demostración de que las cosas no pasan igual en los diferentes mundos a los que tenemos acceso.

Los planos existenciales o dimensiones no dejan de ser simplemente formas de medida. En cada plano, la medida se hace relativa a la densidad de ese plano. Así, el plano material se rige por las dimensiones físicas conocidas (alto, largo y ancho), el energético por la energía que discurre (medida en diferentes formatos como julios, calorías, etc…), y en el espiritual, aún no tenemos una forma de medida, pero eso es algo que hay que dejar a la ciencia (a la de verdad). Así, los distintos planos son diferentes, pero iguales en esencia ya que están unidos de formas que no podemos medir (una demostración del universo holográfico en el que existimos), de manera que se “traspapelan” unos con otros en esa fusión cotidiana que se da en la naturaleza. Así que un plano no es un lugar concreto, sino un estado de la energía cósmica que se manifiesta en otros planos de diferentes maneras: con un cuerpo, con calor, con transmisión de energía, etc… ¿Qué hay en los planos superiores? Se especula con todo tipo de posibilidades, como los ángeles, los demonios y lo que en general en el mundo moderno llamamos “dioses” o “alienígenas”. Porque resulta un poco estrambótico a estas alturas de la vida pensar que los extraterrestres son simplemente seres materiales venidos de otros planetas lejanos, lo que desde el punto de vista vital no tiene ningún sentido. Es más lógico que estos seres sean de otras dimensiones e interactuen con nosotros pasando a nuestro plano vibracional. Como digo Carl Sagan, lo más lógico es que si los seres fueran de otros planetas, no interactuasemos con ellos, sino con robots enviados a la misión de tan larga duración. Incluso partiendo de la idea de que estos seres fueran muy longevos, los viajes más cortos durarían cientos de años (y yendo a la velocidad de la luz), haciendo que de todas formas, un viaje así fuera inaceptable en términos vitales. Así, la idea de que sean seres de otros planos (ley de correspondencia) es muy más viable y factible en términos reales.

En definitiva, la ley de correspondencia nos aporta una visión del Cosmos en la que nosotros no somos simplemente entidades separadas del resto, sino partes indisolubles y no separadas del total cósmico. Nosotros, a pesar de nuestra capacidad de manifestarnos individualmente, tanto material como espiritualmente, somos todos y cada uno. Cada uno somos Nosotros, y cuando mentimos, criticamos, decimos o pensamos brusquedades contra otros, no sólo estamos emitiendo esos pensamientos al Cosmos, sino que nos los estamos provocando a nosotros mismos. Todo lo que ocurre en nosotros ocurre en el resto y viceversa. Aunque no nos percatemos de ello, cada acción y pensamiento que realizamos afecta a nuestro microcosmos y al Cosmos en general, de manera total e indeleble, y eso nos volverá en forma de karma, porque son los restos que quedan tras la interacción con la ley de atracción, con la que lidiaremos otro día más tranquilamente. Somos uno con todo y con todos, e intentar separarnos es sólo una forma de hacer el ridículo. Seamos uno, siendo nosotros mismos.