Categoría: Archivos Secretos


Llevo unos meses en una investigación personal que, a mi pesar, sé que me va a traer más tristezas que alegrías, pero espero con ello que alguna persona que se encuentra en medio de la guerra mediática contra los “anormales” (véase cualquiera que no encaje en el estatus social habitual, es decir, heterosexual y consumista) pueda de alguna forma entender ciertas cosas, aunque no desde el prisma o la óptica convencionales. Bienvenidos pues al confuso mundo del sexo.

Para empezar, este primer artículo servirá para proseguir con mi serie sobre las leyes cósmicas, continuando el artículo sobre la dualidad y que desembocará en una series de artículos sobre sexualidad vista desde el punto de vista espiritual. Para ello, vamos a sentar unas bases sin las cuales no es posible de ninguna manera comprender lo que trato de exponer en mi teoría. Parto de los siguientes fundamentos que me gustaría fueran bien comprendidos de una manera obvia porque si no, lo más probable es que el lector termine más confundido aún que antes, lo que obviamente no es el objetivo de este artículo ni los siguientes… Yo siempre parto para explicar el mundo de conceptos espirituales, lo que es posible que ya de partida excluya a mucha gente de lo siguiente, pero bueno, les invito igualmente a considerar una opción distinta a la suya. Lo mismo se llevan una sorpresa.
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Con este post inauguro un nuevo proyecto que, aunque sencillo, creo que es de gran interés para todos los que se acercan al mundo de lo alternativo, lo esotérico o lo conspiranoico. Con la inestimable ayuda de Varín, Mino y Paula, que están aportando material e ideas a la biblioteca, me gustaría poner en práctica otra manera de conseguir información que siempre está fuera del alcance de la mayoría y que sólo puede conseguirse por el clásico mecanismo de los conocidos o las vías subterráneas de Internet, y creo que si muchos hubiéramos contado con buena parte de este material cuando empezamos en esto, otro gallo nos hubiera cantado.

Esta es la dirección general de acceso:

http://goo.gl/RymRj

Aquí encontraréis material de consulta y lectura general (aún hay poco, pero voy a ir subiendo más en adelante a medida que el material esté disponible), pudiendo buscar por ese contenido y visualizarlo directamente en el navegador si tenéis los plugines adecuados, o bien descargándolo para poder verlo en vuestro dispositivo favorito (todo esto gracias al SkyDrive de Microsoft, que ahora mismo permite 25GB gratis en su sistema, espero que para siempre). También iré subiendo algunos vídeos pequeños, pero fundamentalmente serán contenidos de texto, que son los que aportan la información real sobre todos estos temas.

Si alguien encuentra un contenido suyo que no quiere que esté ahí, que me escriba y me lo diga, para eliminarlo. Aunque creo que estos contenidos deberían ser libres y gratuitos en formato digital por su importancia, evidentemente si alguien siente que ese material no debería estar ahí, tiene todo el derecho a ello. Estos contenidos circulan sin embargo por la red de forma libre y habitual y aunque se elimine de un sitio, seguirá estando ahí. Creo que es mucho más edificante permitir que la gente lo lea y que aprenda del autor que no taparlo e impedir su difusión, cosa que además creo que perjudica al autor.

Espero vuestras valoraciones, comentarios y opiniones, tanto aquí como en la propia biblioteca, si tenéis cuenta Windows Live.

Un mandala también es una buena forma de fijar nuestra concentración en la meditación.

No, no he abandonado esta serie sobre la meditación, pero digamos que andaba en Babia y ya he vuelto… (por cierto, los que no conozcan el significado de esta expresión, les invito a investigarlo, porque como mínimo se relajarán un poco con las andanzas de nuestros reyes medievales…).

La concentración es, sin duda, el punto que buscamos tras relajarnos. No puede haber concentración sin relajación. Intentar concentrarnos en una tarea cuando estamos nerviosos, estresados, cansados o fatigados es absurdo, ya que no lo lograremos nunca en el medida que necesitamos. Pero cuando hablo de concentración, no hablo de estar en un estado de absoluta fijación con un asunto concreto, lo que de hecho rompería la paz y tranquilidad que necesitamos para meditar. De hecho, para entender la concentración en la meditación necesitamos “desaprender” (palabra tan de moda ahora) lo que entendemos por concentración.

Tras haber llegado al estado de relajación que hemos descrito en artículos anteriores, podemos pasar al estado de concentración. Este estado, que no es una alteración del estado normal si no algo buscado por nosotros, es la forma de concretar un pensamiento en nuestra mente sin esfuerzo por nuestra parte. De hecho, intentar la meditación obligándonos a reflexionar sobre un tema concreto sólo nos conducirá al desastre. La concentración a la que hago referencia está ligada a nuestro natural fluir de ideas y pensamientos. Cuando pasamos al estado de concentración, debemos concentrarnos en nuestra mente, no en nuestro cuerpo como hicimos en la relajación. Para entendernos: concentrarnos es pasar a “mirar” nuestra mente.

Y digo mirar porque tenemos que aprender a distinguir bien entre “ver” e “imaginar”. Es fácil no darse cuenta, cuando se intenta la meditación, comenzar a pensar en cosas de nuestra vida cotidiana. Estamos constantemente inmersos en un montón de pensamientos distintos sobre las cosas que nos pasan, las preocupaciones, las alegrías, las penas… Cuando eso pasa, estamos imponiendo barreras importantes a la meditación, porque la misión de la meditación no es pensar, sino precisamente todo lo contrario: no-pensar. Alguno dirá que entonces es absurdo concentrarse, pero antes al contrario, la concentración es esencial para poder no-pensar. Es lo que popularmente se llama “dejar la mente en blanco”. Los primerizos sobre todo han de hacer un esfuerzo consciente bastante importante para eliminar esos pensamientos cotidianos de su meditación, porque todavía no han aprendidos a despejar completamente de ideas su mente. Para ello, debemos concentrarnos precisamente en no pensar, en no escuchar ninguna idea sobrevenida, en vaciar completamente nuestro interior para, entonces, poco a poco, dejar que empiecen a pasar cosas. La mayoría de la gente nunca llega a este punto y por tanto, considera que la meditación es una idiotez y una pérdida de tiempo, pero cuando se consigue el objetivo del vacío mental, entonces empiezan a pasar cosas maravillosas. Y es entonces cuando llega el siguiente momento de la meditación, que es captar una de esas ideas y desarrollarla, ver como fluye, y comprender su significado. Es lo que voy a tratar de explicar a continuación.

Antes hacía referencia a imaginar como la exaltación de pensamientos sobrevenidos de nuestra vida cotidiana. Eso es exactamente lo que hacemos, inconscientemente: imaginar. Nos viene la imagen de nuestra familia, el coche, la casa, el trabajo, los amigos, y nos regodeamos, sin darnos cuenta, con ello. Gran error. Esas imágenes y pensamientos son creados por nuestra mente inconsciente constantemente, pero es “ruido” que tenemos que eliminar de nuestro proceso mental, hasta dejar todo en total quietud. Entonces, podemos pasar a “ver”. Generalmente, el periodo entre relajación y concentración está supeditado a uno que podríamos llamar de “auto-contemplación”. En ese momento, vemos nuestro interior de forma más o menos nítida. Vemos lo que hacemos o dejamos de hacer, lo pensamos de nosotros mismos y de otros, y eso asusta a mucha gente, que no se siente capaz de aceptar esa realidad. Eso, de hecho, suele llevar a que esas personas abandonen la meditación, porque ir más allá puede ser muy doloroso. Pero eso es debido a que no han superado ese primer momento de apabullamiento de pensamientos que no controlamos. Para realizar un vacío efectivo, es bueno concentrarse en un pensamiento concreto, una idea cualquiera que sobrevenga. Debemos concentrarnos en ella de forma que todo el resto debe desaparecer, de forma y manera que será la única idea posible en nuestra mente. No hace falta siquiera que la desarrollemos. Sólo tomemos el esfuerzo de eliminar el resto de pensamientos y quedarnos exclusivamente con ese que hemos elegido. Sabremos que lo habremos conseguido si podemos dejar de pensar en esa idea y las demás no sobrevienen de nuevo. Es posible que cueste un poco, pero con la práctica se termina consiguiendo, y no necesariamente en mucho tiempo. Habremos logrado nuestro objetivo cuando, tras varios intentos, podamos dejar de pensar en esa idea y podamos estar varios minutos sin pensar absolutamente en nada. Vacío total. Es entonces cuando empieza “la magia”, que diría una que yo me sé… Cuando estamos preparados y plenamente concentrados en nuestro vacío, comenzarán a suceder múltiples cosas, aunque me gustaría dejar este punto para otro día ya que quiero desarrollarlo con tranquilidad dado que todos y cada uno de nosotros experimentaremos la meditación de una forma diferente. Cuando hayamos logrado suficiente nivel, seremos capaces de hacer otras cosas, como meditar sin esfuerzo (es perfectamente posible entrar en modo de meditación en un minuto, e incluso meditar sin realizar ningún estado previo), y pasar a otros ámbitos como la meditación trascendental, que nos permite por sanarnos y llevar una vida saludable con la meditación. Pero paso a paso y poco a poco, que todo junto atraganta…

Dualidad. Polaridad. Divergencia. Todo esto no suena muy cósmico, ¿no? Sobre todo porque ya hablamos de que el Cosmos es una mente, una unidad… No parece tener mucho sentido decir ahora que el Cosmos es dual… ¿O sí? Es lo que voy a intentar dilucidar en este artículo.

No cabe duda de que vivimos en una realidad cambiante, mutable. Cada segundo es diferente del anterior y eso se manifiesta en todas las cosas en esta vida. Podemos achacarlo a que somos muchas entidades actuando de forma espontánea y libre modificando la realidad de forma permanente, pero lo cierto es que eso es sólo una parte de lo que ocurre. La ley de atracción, de la que hablaré otro día, es la forma en que el cambio opera, pero no el origen del cambio. La causa y el efecto son las manifestaciones de esa mutabilidad cósmica, pero para entender porque ocurre y cual es el fundamento básico de estos cambios, debemos entender antes que, para que haya un cambio, necesariamente ha de haber una confrontación. Si sólo existiera una única entidad, un único elemento, todo sería siempre igual pero, de hecho, nosotros no estaríamos aquí. Nada existiría, sólo ese elemento único e indivisible. Por ello, en el Cosmos se puso en movimiento la ley de la dualidad, que podríamos definir como la oposición de los complementarios. Ver artículo completo »

Krishnamurti es probablemente uno de los personajes más enigmáticos del siglo XX. Su página de Wikipedia (como siempre, es mejor ir a la versión inglesa, mucho más completa), bastante exigua, no alcanza a mostrar el trasfondo de una figura que pudo haberse convertido en una especie de dios en la Tierra, cargo que él valientemente rechazó porque sabía lo que implicaba. Su vida desde entonces estuvo dedicada a mostrar a los demás lo que llevaba dentro, y sobre todo a extender una doctrina que, como sabéis, forma parte de la esencia de este blog: la revolución interior.

El vídeo que os incluyo a continuación es una pequeña muestra de sus enseñanzas. No es de lectura fácil (digo lectura porque está en versión subtitulada), su nivel de complejidad es bastante elevado y sin unas buenas bases previas es bastante complejo procesar toda la información que rezuma esta casi media hora de filosofía y espiritualidad. El miedo, la sociedad, el auto-conocimiento, el reflejo de nosotros mismos en los demás y viceversa son algunos temas tratados en este documental. Es una gran información para aquellos ávidos de saber más pero, como debe ser, son enseñanzas sumamente comprimidas y contienen una cantidad de información ingente que debe ser mascullada y procesada con tranquilidad y sosiego, de forma que pasen a ser parte integrante de nosotros. No es “filosofía rápida” para consumo de la masa. Al que no le guste, puede elegir otras formas de llenar su vacía mente con la tele, los telepredicadores o los autores de muchos libros de “auto-ayuda”. Jiddu no funciona así.

Gracias muchas a Paula por esta brillante sugerencia.

Por José Luis de Mundo Desconocido:

Uno de los debates habituales que suele haber con otros despiertos es la capacidad de los dormidos para entender que lo están y tomar decisiones, vamos, lo que comunmente se denomina “libre albedrío”. Este debate requiere de un profundo conocimiento de ciertas cuestiones que al menos me gustaría vislumbrar aquí y que creo que son sumamente importantes. La capacidad de decidir es, para los despiertos, la máxima expresión de libertad, pero para los dormidos, como los cientifistas suelen decir, es una ilusión. Y razón no les falta en realidad. Vamos a ver porqué.

¿Qué es el libre albedrío? Podríamos ser reduccionistas y decir que es tener capacidad de elección (libertad de elección, dicho de forma más populista), pero sólo esto no define el libre albedrío. Poder decidir entre dos o más cosas no parece ser tener libertad para hacerlo. Habitualmente, consideramos tener diversas opciones a nuestra disposición cuando, en general, sólo tenemos un número finito prefijado por alguna otra entidad (padres, profesores, jefes, empresas, gobiernos, bancos, etc…) que restringe esa capacidad en virtud de que sólo podemos elegir las opciones que nos dan, cuando, si miramos con la perspectiva correcta, siempre hay muchas más opciones que simplemente no están a la vista (y cuando eso pasa, generalmente no las tenemos en consideración, sobre todo por desconocimiento). En virtud de eso, es obvio que no hay libre albedrío, porque lógicamente deberíamos poder decidir libremente entre todas las opciones sin límites, incluso si no las tenemos delante. Pero esta es la primera cuestión a considerar, y esto nos lleva a la siguiente cuestión relevante: ¿es posible el libre albedrío sin conocimiento?
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La relajación II

Mapa de meridianos y canales de energía humanos

En el anterior artículo apuntaba una forma de relajación que es tremendamente útil y no requiere grandes esfuerzos mentales, al contrario de lo que suele pasar con la mayoría de los sistemas de relajación, que suelen requerir, como mínimo, grandes dosis de imaginación y por los que mucha gente suele fracasar. Además, esta forma de relajación inicia en la gestión de energía interna (cosa que el resto de procedimientos no hace u obvia de forma atroz), lo que aporta nuevas posibilidades vitales a la persona que lo practica. En este artículo quiero profundizar en detalles que quedaron un poco en el aire en el anterior artículo y que posiblemente podrán haber generado dudas en algunos lectores.

Habitualmente necesitamos relajarnos porque estamos muy tensos, y hay que comprender de donde viene esa tensión. Muchas veces, esa tensión incluso genera “durezas” que son perceptibles de forma táctil en la piel porque de hecho ha conseguido que el músculo se contraiga tanto que parezca una bola. Aquí hay que explicar algunas cosas para entender algunos conceptos que pasaron rápidamente en el artículo anterior.

Lo más importante que hay que comprender es que nuestro cuerpo físico es sólo la parte densa de nuestra entidad como tal. Como ya indicaba en el artículo anterior, junto con el cuerpo físico existe un cuerpo energético formado fundamentalmente por energía pránica que hace que el cuerpo funcione. Sin ese cuerpo energético, el cuerpo físico simplemente es un amasijo inerte de células. Esta relación tan íntima obviamente influye en todo el funcionamiento corporal, tanto para lo bueno como para lo malo. Cada parte del sistema general influye sobre el escalafón inmediatamente inferior, y eso implica que cualquier problema o fallo en el cuerpo energético influirá negativamente en el cuerpo físico, a todos los niveles. El cuerpo energético tiene a su vez un influenciador superior, la mente, que es el organizador general de todo lo que hay por debajo. Si hay algún problema psicológico, este influirá negativamente en el cuerpo energético y este a su vez en el físico. Entendiendo esto debidamente, nos podemos hacer una idea de porqué nuestros problemas personales, sociales, familiares, etc., influyen tanto en nuestro organismo físico. Cualquier estrés (que siempre es mental), generará estrés energético y físico, y de esta manera podemos seguir la ruta inversa cuando tenemos tensión muscular no debida a un accidente: el músculo está tenso y contraído porque la energía se ha acumulado en ese punto, no fluyendo y no permitiendo que el resto de la canalización fluya adecuadamente, proviniendo este problema de un bloqueo mental que afecta (sin nosotros saberlo) a esa concentración energética que nos afecta. El dinero, el trabajo, la familia, el entorno social, las propias preocupaciones y auto-limitaciones, etc., son las causas principales del estrés, lo que genera que estemos todo el día tensos y preocupados.
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La relajación

Forma correcta de iniciar la relajación

Continuando con los contenidos sobre meditación, vamos a pasar a un elemento de la misma que podemos ejercitar en todo momento y lugar. Es posible relajarse en cualquier sitio y en cualquier momento. En cuanto se coge cierta práctica con la ejecución, es relativamente sencillo hacerlo en cualquier parte. Pero en la meditación, la relajación es un paso previo fundamental sin el cual no es posible desarrollar adecuadamente el proceso de auto-observación. Algunas personas pueden relajarse incluso andando, y meditar mientras lo hacen, pero es una habilidad que por desgracia no todo el mundo tiene. Espero que este artículo sirva de introducción a aquellos que no sepan relajarse bien y tengan necesidad de ello, aparte de aprender a meditar, claro…

La relajación básicamente consiste en conseguir un equilibrio de energía a nivel físico. Con esto quiero dejar claro que relajarse no es sólo destensar músculos. Eso no tiene sentido porque siempre tenemos algún músculo tenso, por ejemplo, por el mero hecho de respirar. Esto implica que el problema no es puramente fisiológico, sino energético. Cuando tenemos desequilibrios de energía, estamos tensos, y notamos una desarmonía constante en nuestro organismo, sobre todo si se acumula la energía en determinados puntos, provocando dolor. La relajación básicamente consiste en que la energía se estabilice y se armonice, y eso se puede hacer simplemente con la mente. Para relajarse, debemos comprender desde un primer momento que se trata de un acto mental, no físico. Como sabrán los que han intentado relajarse muscularmente sin éxito, la relajación puramente física es utópica, no se consigue y de hecho se termina más estresado que antes.

Algo que tenemos que comprender desde un principio es que dentro de nuestro sistema básico de cuatro cuerpos, el tercero, el mental, sirve como sistema de control de los dos menos sutiles, el físico y el energético. Es su función principal. Nosotros, como espíritus de energía, usamos la mente para muchas cosas, pero la mayoría de la gente no comprende que puede usar su mente para controlar los flujos y procesos físicos y energéticos de manera eficiente. Relajarse bien no es algo que salga a la primera, especialmente para la gente muy estresada, pero cuando se coge práctica, es algo que puede hacerse en cualquier sitio y en cualquier momento, incluso en lugares ajetreados como el metro. También quiero aclarar un punto aquí: el cerebro, como tal órgano, es básicamente el representante físico de la mente, el que gestiona en última instancia las instrucciones que nosotros damos (consciente e inconscientemente), sus dos partes se corresponden con las dos formas de pensamiento mental que tenemos: la parte izquierda se corresponde con la parte racional y estructurada, y la parte derecha se corresponde con la parte intuitiva e imaginativa. Este es el punto principal en el que debemos movernos, porque debemos usar esta parte imaginativa para relajarnos.

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Forma correcta de respirar con los canales (en este ejemplo, usando Píngala)

Tras el artículo anterior referido a la respiración, me gustaría profundizar un poco más con algunos ejercicios y una introducción (muy básica) al Pranayama. Aprender a respirar es el primer paso: ahora hay que profundizar un poco más en algunos aspectos, sobre todo a la hora de interiorizar la respiración y convertirla en un mecanismo de relajación y concentración.

Lo primero es practicar algunos ejercicios de respiración profunda. Vamos a aprender a llevar “tiempos” de respiración. Cuando se respira, generalmente lo hacemos de forma “libre”, es decir, inspiramos y espiramos sin percatarnos, sin llevar un conteo y sin forzar. Pero aunque eso está bien para captar prana, no es lo único que podemos hacer con nuestro aire. Podemos “temporizar” la respiración para de esta manera marcar tiempos y conseguir una mayor concentración, que al fin y al cabo es lo que buscamos para poder meditar como es debido. Así que primero vamos a hacer los siguientes ejercicios, muy sencillos:

* Inspiramos durante X segundos (los contamos), y después espiramos durante la misma cantidad de segundos. Esto es lo que se llama relación 1 a 1. Realizando este ejercicio varias veces, conseguimos iniciar una relajación/concentración básica con la que empezar. Este ejercicio hay que realizarlo varias veces (al principio más veces, porque costará más, y después menos, para conseguir el mismo efecto), hasta que consigamos la sensación de relajación que andamos buscando.
* Inspiramos durante X segundos, y después espiramos durante el doble de segundos. Esta es una relación 1 a 2. No podemos invertir la relación, porque no es lo mismo dedicar un tiempo a inspirar y otro a espirar. La espiración supone un tiempo de trabajo donde estamos expulsando el aire viciado y sin prana útil (si estamos respirando bien, claro), con lo que controlar este paso es fundamental. Realizamos el ejercicio varias veces para alcanzar un estado de concentración más profundo.

Tras realizar estos dos ejercicios simples (al menos unas 5 veces cada uno), pasamos a los siguientes, que requieren más control mental:

* Inspiramos durante un número de segundos, retenemos la inspiración el mismo número de segundos y espiramos otra vez el mismo número de segundos. La retención nos ayuda a la concentración, ya que tenemos que realizar un esfuerzo consciente para retener el aire. Esta retención nos permite involucrarnos con nuestro yo interior: en esos segundos que retenemos, además de concentrarnos en la cuenta, debemos mirar introspectivamente dentro de nosotros mismos, y, con los ojos cerrados, sentir nuestro cuerpo desde dentro. Así, podemos sentir los latidos del corazón, la circulación sanguinea, y también como circula la energía alrededor de nuestros pulmones. Tras el conteo, espiramos relajadamente, con tranquilidad.
* Inspiramos durante X segundos, retenemos el mismo tiempo, expulsamos usando la relación de tiempo de la inspiración y ahora, haciendo un esfuerzo consciente, retenemos los mismos segundos con los pulmones vacíos. En este caso, el esfuerzo es mayor ya que a pulmones vacíos, al necesitarse prana, el cuerpo nos lo pide con urgencia, pero debemos aguantar. Tras terminar el conteo, dejamos entrar libremente el aire, pero sin fuerza, sin presión, dejando que entre con soltura. Esta retención es más esotérica que la anterior, porque en ese momento estamos luchando por vivir (aunque sea controladamente), ya que nos falta el prana, y notamos como el cuerpo lo requiere. Podemos interiorizar aún más con nuestro sistema parasimpático, el que hace que funcionen todas las cosas dentro del cuerpo sin que nos percatemos, como la misma respiración.

¿Cómo calculamos el número de segundos? Cada uno a su ritmo: algunos no pasarán de 5, otros llegarán incluso a 15, pero en cualquier caso, debemos usar las relaciones tal y como os indico, aunque por supuesto hay variaciones, incluso en las retenciones (podemos aplicar relaciones 1/2/1 en la primera retención, por ejemplo). A medida que cojáis experiencia, notaréis que aguantais más y que os cuesta menos cada vez.

Una ayuda para realizar estos ejercicios es usar los brazos. Al levantarlos (o en horizontal, al estirarlos detrás de la cabeza), ayudáis a que la parte costal y alta se expandan más y entre más aire, aparte de que os sorprenderéis de escuchar sonidos nunca oídos antes al expandir el tórax… Después dejais caer las manos por delante del rostro despacio, sin prisa. Conseguiréis una mayor relajación de esta manera. Otro truco en las retenciones es imaginar que expandís o contraeis el abdomen y el torax (al inspirar y espirar respectivamente). Este truco os permitirá aguantar más de lo que esperaríais sin usarlo.

Y ahora pasamos a unos ejercicios pranayama básicos que os ayudarán cuando estéis consiguiendo la concentración para la meditación. el pranayama son una serie de procedimientos respiratorios para la adquisición de todo el prana posible y para aprender a respirar lo más correctamente posible, además de alcanzar mayores estadios de concentración. Propiamente dicho, se trata de yoga respiratorio.

El primero consiste en la respiración alterna. Sobre todo al principio, será bueno que os ayudéis con la ayuda de la mano derecha. Poned vuestra mano derecha delante de la nariz y taparos los dos orificios nasales. Después, abris el derecho, y inspirais profundamente por él. Después lo tapais y abris el izquierdo, espirando a través de él. Este ejercicio hay que hacerlo al menos cinco veces, y después cambiamos, a la inversa: espiramos con el izquierdo y espiramos con el derecho. Durante este ejercicio, tenéis que prestar especial atención al recorrido que realiza la respiración desde que entra, hasta que llena los pulmones, hasta que sale de ellos y del orificio contrario. Seguid con la mente el recorrido, y las sensaciones que vivís al notar su paso. Este ejercicio se suele combinar con los chakras, pero eso requiere una explicación más profunda para otro artículo. Como información añadida, sabed que cada lado de la nariz representa un nadi, es decir, un canal energético (semejantes a los meridianos chinos). El orificio izquierdo representa a ida (la energía femenina) y el derecho a píngala (la energía masculina). Las respiraciones en todo caso deben realizarse sin ruido, como dijimos.

El segundo es el Kapalabhati, que es muy sencillo y que, como notaréis al practicarlo, os llenará de energía. Cuando andéis faltos de energía en un momento dado, podéis hacer Kapalabhati, y os recuperaréis casi al momento (tal es el poder del prana o energía vital). Consiste simplemente en respiraciones rítimicas y sucesivas. Comenzáis a pulmones vacíos. Llenais el abdomen, y llegando a un cierto punto (puede ser distinto para cada uno), lo espirais forzadamente, en un golpe de abdomen hacia dentro, sacando todo el aire que podáis fuera. Después, hay que volver a recoger aire rápidamente, y volvemos a hacer la misma operación, espirando rápido y fuerte. Esto lo hacemos durante al menos 15 repeticiones al principio, pero a medida que nos vayamos acostumbrando, llegaremos a 25, 35, etc… Notaréis como brota la energía en vuestro interior. Si eso se combina con la contracción del chakra Muladhara (el básico, situado bajo el perineo), la obtención de energía es aún mayor. Se puede también contraer el chakra Visuddha (el de la garganta), evitáis que la energía escape, obteniendo un mayor rendimiento.

Estos son algunos ejercicios básicos que se pueden realizar de forma sencilla. A medida que se coje experiencia con ellos, se va profundizando en la relajación y la concentración, y cuanto más profundas son, más aprovecharemos la meditación para alcanzar otros estados de conciencia superiores. Esto, por supuesto, requiere tiempo y dedicación, pero los resultados son increíbles. Recordad siempre que en el mundo espiritual no hay teorías, sólo práctica.

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