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Uno de los debates habituales que suele haber con otros despiertos es la capacidad de los dormidos para entender que lo están y tomar decisiones, vamos, lo que comunmente se denomina “libre albedrío”. Este debate requiere de un profundo conocimiento de ciertas cuestiones que al menos me gustaría vislumbrar aquí y que creo que son sumamente importantes. La capacidad de decidir es, para los despiertos, la máxima expresión de libertad, pero para los dormidos, como los cientifistas suelen decir, es una ilusión. Y razón no les falta en realidad. Vamos a ver porqué.

¿Qué es el libre albedrío? Podríamos ser reduccionistas y decir que es tener capacidad de elección (libertad de elección, dicho de forma más populista), pero sólo esto no define el libre albedrío. Poder decidir entre dos o más cosas no parece ser tener libertad para hacerlo. Habitualmente, consideramos tener diversas opciones a nuestra disposición cuando, en general, sólo tenemos un número finito prefijado por alguna otra entidad (padres, profesores, jefes, empresas, gobiernos, bancos, etc…) que restringe esa capacidad en virtud de que sólo podemos elegir las opciones que nos dan, cuando, si miramos con la perspectiva correcta, siempre hay muchas más opciones que simplemente no están a la vista (y cuando eso pasa, generalmente no las tenemos en consideración, sobre todo por desconocimiento). En virtud de eso, es obvio que no hay libre albedrío, porque lógicamente deberíamos poder decidir libremente entre todas las opciones sin límites, incluso si no las tenemos delante. Pero esta es la primera cuestión a considerar, y esto nos lleva a la siguiente cuestión relevante: ¿es posible el libre albedrío sin conocimiento?
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Eres libre; se consciente

Una larga caravana de camellos avanzaba por el desierto hasta que llegó a un oasis y los hombres decidieron pasar allí la noche. Conductores y camellos estaban cansados y con ganas de dormir, pero cuando llegó el momento de atar a los animales, se dieron cuenta de que faltaba un poste. Todos los camellos estaban debidamente estacados excepto uno. Nadie quería pasar la noche en vela vigilando al animal pero, a la vez, tampoco querían perder el camello.

Después de mucho pensar, uno de los hombres tuvo una buena idea. Fue hasta el camello, cogió las riendas y realizó todos los movimientos como si atara el animal a un poste imaginario. Después, el camello se sentó, convencido de que estaba fuertemente sujeto y todos se fueron a descansar.

A la mañana siguiente, desataron a los camellos y los prepararon para continuar el viaje. Había un camello, sin embargo, que no quería ponerse en pie. Los conductores tiraron de el, pero el animal no quería moverse.

Finalmente, uno de los hombres entendió el porqué de la obstinación del camello. Se puso de pie delante del poste de amarre imaginario y realizó todos los movimientos con que normalmente desataba la cuerda para soltar al animal. Inmediatamente después, el camello se puso en pie sin la menor vacilación, creyendo que ya estaba libre.

La madurez espiritual

Retrato de un sheikh (Wikipedia)

Se dice que un sheikh nunca debería ser el huésped de un sultán, y que incluso cuando el sheikh visita al sultán, éste es su huésped. Es decir, el sheikh va a enseñar y a beneficiar al sultán, no ha recibir nada de él. Incluso un sheikh tiene que guardarse de las tentaciones del dinero, la fama y el poder.

Hace años, el sultán del Imperio Otomano empezó a venir a las reuniones de nuestra Orden. El sultán estaba asombrado con la sabiduría del Sheikh Jerrahi, así como enamorado de la ceremonia de los derviches.

Después de algunos meses, el sultán le dijo al sheikh: “En mis visitas aquí, usted y sus derviches me han impresionado e inspirado de forma extraordinaria. Quisiera apoyarles en lo que pueda. Por favor, pídame
lo que sea”.

Se trataba de una oferta más que apetecible: carta blanca del gobernador de uno de los mayores imperios de la tierra.

El sheikh dijo: “Sí, mi sultán, puede hacer una cosa por mí. Por favor, no vuelva más con nosotros”.

El sultán, extrañado, preguntó: “¿He hecho algo mal? No conozco todas las reglas de la cortesía sufi, y de veras lo siento si lo he ofendido”.

“¡No, no!” El problema no es usted, sino con mis derviches. Antes de que usted viniera, ellos rezaban y cantaban los Nombres Divinos sólo por el amor de Allah. Ahora, cuando hacen sus oraciones y cantos
piensan en usted. Piensan en ganar su aprobación, en su riqueza y en el poder que podrían obtener con ello. No, mi sultán, no es usted sino nosotros. Me temo que no tenemos la suficiente madurez espiritual para soportar su presencia aquí. Por eso es por lo que me veo obligado a pedirle que no vuelva”.

Lo que vemos en los demás

Últimamente ando muy liado pero no me olvido de escribir… Ahí va otro pequeño relato relacionado con la ley de la correspondencia que me he encontrado hoy.

Una fabula de oriente nos habla de un emperador y un monje zen que se encontraron cara a cara por primera vez.

El emperador gobernaba un reino donde se practicaba el budismo y el monje quizo reunirse con el dispuesto a compartir cuentos de ilustración.

Sin embargo cuando se reunieron el emperador decidio poner a prueba al monje diciendole:
Cuando me miras, que ves en mi?

Veo un buda respondio el monje; y tu cuando me miras que ves en mi? pregunto a su vez.

Veo a un cerdo respondio el emperador y esperando la reaccion del monje no dijo nada mas.

El monje reflexiono un momento y dijo:

Un buda ve a un buda y un cerdo ve a un cerdo.

“Trata a los demas como te gustaria ser tratado”

Yo, hombre, mujer, Cosmos

Pequeño relato hindú que he encontrado en una lista de correo. Aleccionador sobre el sentido de la polaridad y la integración con el Cosmos:

Era un yogui abstinente que había aprendido a canalizar todas sus energías sexuales hacia el desarrollo espiritual. Vivía en una casita a las afueras del pueblo y era frecuentemente requerido por devotos del pueblo que le reclamaban instrucción mística.

Cierto día, un grupo de buscadores los visitaron y le expusieron la siguiente cuestión:

-Maestro, nos preguntamos como puedes asumir tan fácilmente tu soledad, cómo no echas de menos a una mujer que te acompañe y te sirva de apoyo y consuelo.

-Nunca estoy solo, os lo aseguro -repuso el yogui-. Yo soy hombre y mujer. He logrado unificar en mí ambas polaridades y jamás podré ya sentirme solo. Me siento pleno y siempre acompañado. Cuando por ejemplo, barro mi casa o tiendo mi lienzo, soy mujer, pero cuando cargo grandes pesos o corto leña, soy hombre. Según la tarea que lleve acabo, me siento hombre o mujer, pero en verdad no soy ni lo uno ni lo otro, por que soy ambos a la vez.

El templo interior

Existen dos tradiciones mistéricas principales: la exotérica, que es básicamente la que proporcionan las religiones a sus fieles para la práctica diaria, y la esotérica, que es la practicada a nivel interno por los iniciados en los misterios de las religiones o de las principales filosofías en todo el mundo. La diferencia fundamental entre las dos es, como su nombre indica, la perspectiva que toma: la exotérica mira hacia fuera, realiza todos sus ritos públicamente y de forma materialista, dependiendo estos ritos siempre de unos sacerdotes y unos practicantes que se somenten a una dura disciplina mental que, en general, suele estar bastante vacía de contenido; la esotérica es interna, busca la realización interior por medio de ritos secretos y privados (lo que no significa que sean extraños o peligrosos, sino que no son compartidos con la mayoría de los mortales), orientados fundamentalmente a dos objetivos básicos: la superación espiritual en el mundo terrenal y la superación espiritual en otros planos de existencia. Naturalmente, esa superación puede ser de tipo positivo (basada en el amor) o de tipo negativo (basada en el miedo), y todo depende de la orientación que desee el sujeto en cuestión.

Pero la diferencia entre los dos también radica en el templo, es decir, el lugar donde se desarrollan los ritos y acciones religiosas o espirituales. Los ritos exotéricos se practican en el templo físico, normalmente un edificio o un lugar específicamente orientado a la realización de esos ritos, de forma que todos los fieles se entregan en ese templo a la realización de esos ritos de forma única y exclusiva, aunque dependiendo de las tradiciones religiosas y los tiempos, estos pueden variar en el emplazamiento. Hasta un campo puede servir de templo. Pero ante todo, es algo separado de nosotros, que se encuentra en un plano físico distinto del nuestro. Los ritos esotéricos, sin embargo, se desarrollan siempre en el templo interior, que somos nosotros. Básicamente, lo que significa el término “templo interior” es nuestro cuerpo, y los otros cuerpos sutiles, donde reside el espíritu. De ese templo quiero hablar en este artículo.

Generalmente damos poca importancia al cuerpo, o al contrario, damos demasiada relevancia a nuestra plano físico. Muchos exégetas o seguidores de algún camino espiritual suelen despreciar el cuerpo físico incluso hasta límites del aborrecimiento, dándole una importancia nimia e incluso exagerando la importancia de desprenderse de él. Otros, sin embargo, deciden todo lo contrario: el cuerpo se convierte en el centro de la existencia, y su belleza, cuidado y atención son las acciones fundamentales alrededor de las cuales gira la vida de la persona. Es lo más importante y como tal, debe ser antepuesto a cualquier otra consideración. En medio, la masa suele oscilar entre una posición u otra hasta llegar al ominoso punto medio, aquel en el cual ni fu ni fa, ni tiene relevancia ni se la quitan. Simplemente no le dan ninguna.

Estas tres perspectivas son, desde mi punto de vista, totalmente erróneas. Unos por exceso y otros por defecto, y el resto por no aportar ninguna claridad de ideas al respecto. El cuerpo físico es, sin duda, prescindible desde el punto de vista espiritual, pero los que lo desprecian no tienen en consideración un hecho fundamental: vivimos en él. Es nuestro “templo”, donde residimos como entes divinos, y despreciarlo o incluso no atenderlo es signo de dejadez espiritual. No podemos vivir en una casa sucia, maloliente y que se cae a trozos, ¿verdad? Pues, ¿por qué lo hacemos con nuestro cuerpo? Debemos cuidarlo y sanearlo de forma habitual, evitar que sufra e intentar consolidar nuestra esencia en su interior durante el periodo de uso que le damos. Sí, el cuerpo es un medio, en el que existimos durante un corto periodo de tiempo, pero es el medio que usamos para ello, y no debemos desdeñarlo con ligereza.

Como acabo de decir, es un medio, no un fin. Las personas materialistas ven en el cuerpo el único objetivo de la existencia. Vivimos y morimos en él y después ya no hay nada más. La única existencia válida es la que realizamos en este instante, y cualquier otra consideración está fuera de lugar. Para los que hemos experimentado el conocimiento interior, esto no es válido. Si toda nuestra vida la dedicamos única y exclusivamente a perfeccionar nuestro lado físico y material y desdeñamos completamente el lado interior y espiritual, estamos cometiendo un error mayúsculo. Porque tras la muerte, que no es más que la liberación de las ataduras energéticas con nuestro cuerpo, continua la existencia, y si no nos hemos desarrollado espiritualmente, deberemos volver a experimentar tanto las cosas buenas como las malas de nuestra existencia anterior, de las cuales no hemos aprendido nada. La evolución espiritual sirve para alcanzar mayores cotas de desarrollo interno, y si no lo hacemos, simplemente hemos desperdiciado el tiempo de existencia, que por otro lado es infinito.

El templo interior es todo lo que somos, aunque no lo veamos. No es sólo el cuerpo físico, sino también el energético y el mental (también llamado emocional por algunos autores), aunque de estos me ocuparé más adelante de forma más específica. Ante todo, lo que quiero transmitir en este artículo es que ni somos sólo un cuerpo ni somos sólo un espíritu: somos un espíritu en un cuerpo, y de la adecuada fusión de ambos elementos podremos obtener una vida más feliz, poderosa y evolucionada. Sólo ambas cosas pueden proporcionarnos lo que necesitamos para elevar nuestro desarrollo personal a cotas mayores en todos los sentidos.

Aprendí dos cosas de mi profesora de yoga: observar sin juzgar y sentir sin esfuerzo. Estas dos verdades que subyacen al yoga también lo hacen al devenir de la vida. Y comprenderlas es ante todo una exigencia si se quiere realmente vivir. Os acompaño un breve relato hindú que he encontrado recientemente en una lista de correo:

El discìpulo llegò hasta el maestro y le dijo:

-Guruji, por favor , te ruego que me impartas una instrucciòn para aproximarme a la verdad. Tal vez tù dispongas de alguna enzeñanza secreta.

Despuès de mirarle unos instantes el maestro declarò:

-El gran secreto està en la observaciòn. Nada escapa a una mente observadora y perceptiva, ella misma se convierte en la enseñanaza.

-¿Què me aconsejas hacer?

-Observa -dijo el guru-. Sièntate en la playa, a la orilla del mar, y observa como el sol se refleja en sus aguas. Permanece observando tanto tiempo como te sea necesario, tanto tiempo como te exija la apertura de tu comprensiòn.

Durante dìas, el discìpulo se mantuvo en completa observaciòn, sentado a la orilla del mar.Observò el sol reflejàndose sobre las aguas del ocèano, unas veces tranquilas, otras encrespadas. Observò las leves ondulaciones de sus aguas cuando la mar estaba en calma y las olas gigantescas cuando llegaba la tempestad. Observò y observò, atento y ecuànime, meditativo y alerta. Y asì, paulatinamente, se fue desarrollando su comprensiòn. Su mente comenzò a modificarse y su conciencia a hallar otro modo mucho màs rico de percibir.

El discìpulo, muy agradecido, regresò junto al maestro.

-¿Has comprendido a travès de la observaciòn? -preguntò el maestro.

-Si -repuso satisfecho el discìpulo-. Llevaba años efectuando los ritos, asistiendo a las ceremonias màs sagradas, leyendo las escrituras, pero no habìa comprendido. Unos dìas de observaciòn me han hecho comprender. El sol es nuestro ser interior, siempre brillante, autoluminoso, inafectado. Las aguas no le mojan y las olas no le alcanzan; es ajeno a la calma y la tempestad aparentes. Siempre permanece, inalterable, en sì mismo.

-Esa es una enseñanza sublime -declarò el gurú-, la enseñanza que se desprende del arte de la observaciòn.

El maestro dice: Todos los grandes descubrimientos se han derivado de la observaciòn diligente. No hay mayor descubrimiento que el del Ser. Observa y comprende.

Este relato puede parecer trivial y sin sentido a muchas personas. Aparentemente, todo lo que ha aprendido el discípulo después de días de observar y observar es que el solo se levanta todos los días encima del agua y no se moja. La enseñanza que aprendió el alumno es que nosotros somos un ser de luz que cada mañana amanece y es inalterable, siempre el mismo, surge victorioso cada día y cada noche duerme, aunque no duerme. El entendió eso mirando el sol, pero observando cualquier otra cosa, y no sólo con la vista, sino con los sentidos, podemos encontrar sentido a todo en la realidad en que vivimos. Sólo hay que observar, sin prejuzgar, sin pensar, sin realizar elaboraciones racionales e intelectuales. Sólo mirar. Sólo entonces se comprende la verdadera esencia de las cosas. Esa esencia puede enseñarnos muchas cosas, pero, si ni siquiera nos detenemos un momento a realizar tal observación, ¿cómo pretendemos comprenderla? Podemos diseccionar cada cosa que existe, hacer todos los rituales y experimentos que queramos, y no entender absolutamente nada del Cosmos. Además, observar sin prejuicio puede ser un ejercicio difícil para el no practicante. Pero la visión que podemos obtener del mundo real se enriquecerá y nos permitirá sumergirnos en todo un nuevo mundo de posibilidades. E insisto: observar no se hace sólo con la vista, sino con todos los sentidos.

Pensamiento gráfico

Gracias a este post de Mundo Desconocido me he encontrado con una agradable sorpresa. Un contertulio informa sobre la página de Pawła Kuczyńskiego, un dibujante polaco de estilo un tanto naïf pero muy simbólico y onírico. Estos dibujos reflejan no sólo conceptos abstractos que requieren una profunda comprensión del mundo (y de lo que no se ve también), mostrando con gran calidad además escenas que podríamos denominar cotidianas aunque impactantes. Sobre todo son ideas, conceptos, imágenes mentales que significan algo de alguna forma. Algunos son más o menos evidentes y otros requieren una mayor concentración e intuición para comprenderlos adecuadamente. También reflejan un mundo que puede que sólo exista en nuestro interior, pero que espiritualmente nos alcanza, ya que, al fin y al cabo, somos nosotros los que creamos el mundo. Lo que nosotros vemos es el resultado de nuestros pensamientos, palabras y obras. Estos dibujos sólo muestran lo que hay en nuestro interior. Si pueden remover nuestra conciencia es porque en el fondo sabemos que es así y que de alguna forma nos avergüenza.

Espero que los disfrutéis en su justa medida.

Poder y anti-poder: anarquismo

Aunque este no es un blog sobre política o ideologías, he encontrado este vídeo con el que apoyar mi anterior artículo sobre el principio de autoridad. Son frases de conocidos anarquistas están íntimamente relacionadas con la autoridad y el poder que ejerce sobre la sociedad, es decir, sobre nosotros:

El ser libre es, ante todo, un ser no sujeto a ningún poder. Si algo hace que los animales sean libres (aunque estén cautivos) y nosotros no, es precisamente la sumisión al principio de autoridad. Aunque nos consideremos libres, no lo somos por el mero hecho de que voluntariamente nos sometemos a algún tipo de autoridad. Los animales, incluso los más maltratados y sometidos, siguen siendo libres porque a pesar de todo siguen luchando por esa libertad. El humano realmente libre es aquel que ante todo lucha por esa libertad sin someterse. Pero “luchar” es una palabra que ha sido sometida a un reduccionismo exagerado: luchar no es sólo enfrentarse física y violentamente a nuestro enemigo, sino que también podemos hacerlo mental y espiritualmente. Y esa lucha es aún más potente que la física. Los materialistas piensan que sólo es posible la vía del enfrentamiento directo, y esa es precisamente la forma más ineficiente de hacerlo, porque el poder siempre va a ganar en ese terreno. Es su campo preferido de batalla. En cambio, en el aspecto mental lo tienen más complicado, aunque cada día lo dominan más, pero en el espiritual lo tienen totalmente perdido, porque ellos son todo lo contrario al espíritu. Sólo pueden luchar en el lado material de la realidad. Luchemos contra ellos pues, con nuestras mejores armas: nuestra fortaleza interior.

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