Tag Archive: espiritualidad


Llevo unos meses en una investigación personal que, a mi pesar, sé que me va a traer más tristezas que alegrías, pero espero con ello que alguna persona que se encuentra en medio de la guerra mediática contra los “anormales” (véase cualquiera que no encaje en el estatus social habitual, es decir, heterosexual y consumista) pueda de alguna forma entender ciertas cosas, aunque no desde el prisma o la óptica convencionales. Bienvenidos pues al confuso mundo del sexo.

Para empezar, este primer artículo servirá para proseguir con mi serie sobre las leyes cósmicas, continuando el artículo sobre la dualidad y que desembocará en una series de artículos sobre sexualidad vista desde el punto de vista espiritual. Para ello, vamos a sentar unas bases sin las cuales no es posible de ninguna manera comprender lo que trato de exponer en mi teoría. Parto de los siguientes fundamentos que me gustaría fueran bien comprendidos de una manera obvia porque si no, lo más probable es que el lector termine más confundido aún que antes, lo que obviamente no es el objetivo de este artículo ni los siguientes… Yo siempre parto para explicar el mundo de conceptos espirituales, lo que es posible que ya de partida excluya a mucha gente de lo siguiente, pero bueno, les invito igualmente a considerar una opción distinta a la suya. Lo mismo se llevan una sorpresa.
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Krishnamurti es probablemente uno de los personajes más enigmáticos del siglo XX. Su página de Wikipedia (como siempre, es mejor ir a la versión inglesa, mucho más completa), bastante exigua, no alcanza a mostrar el trasfondo de una figura que pudo haberse convertido en una especie de dios en la Tierra, cargo que él valientemente rechazó porque sabía lo que implicaba. Su vida desde entonces estuvo dedicada a mostrar a los demás lo que llevaba dentro, y sobre todo a extender una doctrina que, como sabéis, forma parte de la esencia de este blog: la revolución interior.

El vídeo que os incluyo a continuación es una pequeña muestra de sus enseñanzas. No es de lectura fácil (digo lectura porque está en versión subtitulada), su nivel de complejidad es bastante elevado y sin unas buenas bases previas es bastante complejo procesar toda la información que rezuma esta casi media hora de filosofía y espiritualidad. El miedo, la sociedad, el auto-conocimiento, el reflejo de nosotros mismos en los demás y viceversa son algunos temas tratados en este documental. Es una gran información para aquellos ávidos de saber más pero, como debe ser, son enseñanzas sumamente comprimidas y contienen una cantidad de información ingente que debe ser mascullada y procesada con tranquilidad y sosiego, de forma que pasen a ser parte integrante de nosotros. No es “filosofía rápida” para consumo de la masa. Al que no le guste, puede elegir otras formas de llenar su vacía mente con la tele, los telepredicadores o los autores de muchos libros de “auto-ayuda”. Jiddu no funciona así.

Gracias muchas a Paula por esta brillante sugerencia.

Por José Luis de Mundo Desconocido:

Infancia y espiritualidad

Los niños son espíritus puros; no los estropeemos

Este artículo me ha parecido especialmente interesante:

La espiritualidad garantiza la felicidad de los niños (y de los adultos, añado…)

El artículo hace hincapié en una cosa que me parece fundamental: cuando no buscamos fuera lo que necesitamos, cuando no deseamos otras cosas y cuando desarrollamos nuestro auto-conocimiento, salimos ganando en todos los sentidos. El mirar dentro de nosotros mismos nos garantiza que nos conoceremos y seremos capaces de explotar nuestro potencial, entre otras cosas, que incluye la felicidad. Cuando te conoces, no te tienes miedo, y no te asusta lo que tienes alrededor. Respetas a los demás y vives en un estado en el que no te sientes sólo ni desprotegido, además de no ansiar tantas cosas como desde pequeños nos obligan a desear. Eso, inevitablemente, lleva a conseguir un ser humano completo, holístico, no basado en las necesidades materiales sino en los objetivos vitales.

Es simplemente inmoral como desde pequeños aleccionamos cultural y socialmente a nuestros hijos para que sean clones nuestros, dándoles lo que nosotros creemos que necesitan pero que no son más que morralla que va a condicionar su desarrollo futuro y su madurez. Resulta escandaloso como los atiborramos de cosas, ideas absurdas que no querríamos para nosotros y estupideces flagrantes, y luego queremos que se conviertan en personas de bien y maduras que sepan vivir una vida plena. ¿Pero nos hemos vuelto idiotas o qué? ¿Por qué seguimos manteniendo mentiras como Santa Claus, los reyes magos, el ratoncito pérez y demás estupideces? Les engañamos porque creemos que así son más felices, creyendo en mundos de piruletas que son básicamente proyecciones de nuestros propios deseos; porque además, mantenemos sobre ellos formas de control que son simplemente estúpidas, y que no querríamos para nosotros mismos. Los tenemos esclavizados en un materialismo que roza en muchas ocasiones lo escandaloso, mientras luego crecerán imbuidos por ideas totalmente contrarias que les harán cada vez más infelices. Por un lado les enseñamos a “compartir” mientras luego les ponemos horas delante de la tele para que aprendan a querer más y más… Simplemente estúpido…

Yo lo veo, lo percibo a mi alrededor. Generación tras generación, nuestra especie ha ido degenerando hasta el punto en que no seremos capaces ni de levantarnos por la mañana. Hemos creado una raza de sub-humanos que sólo pueden rebozarse en los lodos de su propia auto-insatisfacción, sin más mira que localizar el próximo lodazal en el que revolcarse, como los cerdos que el sistema cree que somos. Nosotros seguimos trasladando esas ideas a nuestros hijos, mientras las mismas van degenerando con cada generación. Sólo las personas valientes pueden enfrentarse a la realidad que nos impone el sistema y enseñar a sus hijos valores reales, naturales, y esas personas serán plenas y vivirán el día de mañana según sus principios, los que además de los aprendidos se habrán ido creando. En esta vida, la única misión de un progenitor es enseñar a sus hijos a ser independientes, a vivir de acuerdo a si mismos y a ser libres para decidir responsablemente (de forma madura). Cualquier padre que falle en esto habrá fallado en todo lo demás. Cuando traemos a un hijo al mundo, debemos protegerlo hasta que este es capaz de ser por si mismo, de forma independiente. Durante ese camino, habremos de intentar que sea capaz de ser independiente, de que ese objetivo se logre. Cualquier otra cuestión sobra y nos hará fracasar. Esa es nuestra única misión como padres. Si no estás dispuesto a enfrentar ese reto, no deberías tener hijos, porque implica que sólo deseas tener descendencia por tu propio interés egoísta. Entonces te darás cuenta de que tus padres también fracasaron contigo. Y así lleva siendo por mucho tiempo (aunque no por siempre, afortunadamente…).

Seamos grandes y hagamos grandes a nuestros hijos. Ellos no pidieron venir y les obligamos. Por lo menos, tenemos la responsabilidad de enseñarles a vivir, aunque eso es difícil cuando la mayoría de la gente no sabe ella misma lo que es vivir. Así, la Gran Mentira se perpetúa por siglos y condiciona el futuro de la humanidad, que no podrá salir de su estado infantil nunca. Debemos enseñar a nuestros hijos a ser libres, a entenderse y comprenderse a si mismos, amarse a si mismos y a los demás, a no necesitar nada que no necesiten para vivir, a comprender que ellos son lo demás y lo demás es ellos. Tal vez si así lo hacemos, vayamos consiguiendo humanos más elevados, seres espirituales con mayor comprensión de si mismos y de lo demás y consigamos una humanidad que rebase todas las facetas y vaya creciendo como especie cósmica y espiritual. Los seres con alma debemos ser conscientes de nosotros mismos y avanzar, y para ello, los niños son fundamentales. Ellos, ciertamente, son el futuro. Y de nosotros depende que ese futuro sea de luz.

PD: Os dejo este artículo de Miguel Jara sobre los partos, al menos en este país… Si las cosas ya empiezan así desde que nacemos, ¿cómo podemos esperar que sean mejores después?

Parir no rima con extracción

Las religiones no son un camino espiritual

Me suelo encontrar a menudo con preguntas de aparentemente difícil respuesta y que generalmente suelen depender de usar nuestro pensamiento racional y lógico de una forma adecuada y correcta. La pregunta que enuncio en el título es una de ellas. ¿Es posible una espiritualidad religiosa? La respuesta corta es que no. La larga viene a continuación.

Es relativamente habitual encontrar en la web páginas de personas religiosas que dicen hablar de espiritualidad. Para el individuo poco informado, terminan siendo ampliamente decepcionantes porque tras la lectura, uno no se ha encontrado más que referencias constantes a Dios, Cristo, la Virgen y el rosario de la aurora… Curiosamente, no hay casi páginas de espiritualidad judía, hindú (este es un caso aparte que comentaré luego), mahometana o de otras religiones mayoritarias o minoritarias. La inmensa mayoría son cristianas. Uno podrá decir que es la religión más importante del planeta en estos momentos, pero con toda probabilidad ese no es el problema. Tengo una perspectiva ligeramente distinta del asunto.

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La madurez espiritual

Retrato de un sheikh (Wikipedia)

Se dice que un sheikh nunca debería ser el huésped de un sultán, y que incluso cuando el sheikh visita al sultán, éste es su huésped. Es decir, el sheikh va a enseñar y a beneficiar al sultán, no ha recibir nada de él. Incluso un sheikh tiene que guardarse de las tentaciones del dinero, la fama y el poder.

Hace años, el sultán del Imperio Otomano empezó a venir a las reuniones de nuestra Orden. El sultán estaba asombrado con la sabiduría del Sheikh Jerrahi, así como enamorado de la ceremonia de los derviches.

Después de algunos meses, el sultán le dijo al sheikh: “En mis visitas aquí, usted y sus derviches me han impresionado e inspirado de forma extraordinaria. Quisiera apoyarles en lo que pueda. Por favor, pídame
lo que sea”.

Se trataba de una oferta más que apetecible: carta blanca del gobernador de uno de los mayores imperios de la tierra.

El sheikh dijo: “Sí, mi sultán, puede hacer una cosa por mí. Por favor, no vuelva más con nosotros”.

El sultán, extrañado, preguntó: “¿He hecho algo mal? No conozco todas las reglas de la cortesía sufi, y de veras lo siento si lo he ofendido”.

“¡No, no!” El problema no es usted, sino con mis derviches. Antes de que usted viniera, ellos rezaban y cantaban los Nombres Divinos sólo por el amor de Allah. Ahora, cuando hacen sus oraciones y cantos
piensan en usted. Piensan en ganar su aprobación, en su riqueza y en el poder que podrían obtener con ello. No, mi sultán, no es usted sino nosotros. Me temo que no tenemos la suficiente madurez espiritual para soportar su presencia aquí. Por eso es por lo que me veo obligado a pedirle que no vuelva”.

La importancia del físico

Andaba hoy haciendo la compra y me fijé que, por la calle, se veía un buen número de féminas con pechos operados… Sí, es crudo decirlo así, pero es lo cierto (también es verdad que el verano ayuda a que se note más porque se va con menos ropa…). Para la persona espiritual, esta actitud vital es reprobable pero, en todo caso, es una decisión personal que todos debemos respetar: el libre albedrío es primero ante todo.

La cuestión es: ¿realmente renta esta actitud a las mujeres (y los hombre que en algunos casos realizan operaciones de este tipo adaptadas a su género)? Desde el punto de vista espiritual, las personas que deciden modificar su cuerpo (normalmente de forma narcisista) sin razones terapéuticas o reparadoras (como después de accidentes o mastectomías, por ejemplo), se convierten en esclavas de su propio cuerpo, ya que éste pasa a ser lo más importante para ellas, por encima de otras consideraciones. Aquí distinguiría dos posibilidades principalmente:

  • Casos en que la persona vive de su imagen pública: actores/actrices, cantantes, modelos, presentadores, etc…
  • El resto: personas anónimas que simplemente buscan realzar su cuerpo sin más consideraciones.

Las personas que viven de su imagen pública no tienen tampoco por eso carta blanca para dar más importancia a su cuerpo que a otras consideraciones. El hecho de que principalmente se viva de la imagen pública debería hacerles pensar en si realmente les compensa espiritualmente hacerlo. Claro está, no es lo mismo un cantante (que al fin y al cabo se supone que vive de tener una voz especialmente entrenada para ser usada como instrumento musical), un actor (que vive de crear personajes que nos permitan imaginar otros mundos y posibilidades) que una modelo (vive estrictamente de su cuerpo) o un presentador, por decir casos ya indicados… Pero al final, la dinámica materialista que nos impone el sistema en el que vivimos impulsa a estas personas a querer ser físicamente más atractivas a pesar de que incluso su propio interior les dice lo contrario. Estas personas deben plantearse de forma seria si realmente les interesa tanto vivir del mundo físico, un mundo que al fin y al cabo en algún momento desaparecerá y que será sustituido por otro mundo diferente, sea el que sea. También estas personas pueden argumentar que dado que la vida física es finita, no es importante realizar esos cambios para estar más “presentable” en esta vida finita. Pero ese pensamiento tiene trampa: vuelve a dar más relevancia a la vida física que a la espiritual, abonando el terreno para convertirlas en personas superficiales y “muertas” en el sentido espiritual (dormidas, vamos). Recordemos que es muy fácil volver a caer en las trampas materialistas del sistema si no lo controlamos adecuadamente.

Pero… ¿Qué decir de las personas anónimas que no viven de su imagen física (excepto las azafatas, si se quiere)? No tienen razones “lógicas” para realizar esas modificaciones. En la inmensa mayoría de los casos, son operaciones realizadas por puro narcisismo. Esas personas sólo buscan verse más hermosas físicamente, sin tomar en consideración a las personas de su entorno y por el mero hecho de querer verse más “guapas” al resto del mundo. Las razones pueden ser diversas, como ligar más, pillar marido rico o simplemente que los demás miren su cuerpo con deseo. Incluso la famosa excusa de “sentirse mejor con una misma” es una falacia programada de forma muy inteligente con el sistema, porque por esa misma razón, significa que espiritualmente esa persona ha fracasado ya que no ha sido capaz de amarse a si misma como tal, sin cambios, arreglos o modificaciones de ningún tipo. La insatisfacción que no provoca la vida cotidiana hace que queramos cambiarla, y lo primero que queremos cambiar es a nosotros mismos. De muchas maneras, de forma totalmente incrédula, realizamos acciones en nuestra vida que no se apoyan más que en el instinto (que no es lo mismo que la intuición), llegando a extremos de “regalar operaciones” a nuestras hijas si aprueban cursos… ¿Ese es el futuro que estamos creando para las generaciones venideras? ¿Uno en el que lo único relevante es la imagen que damos a los demás sin tomar en consideración otras posibilidades y sin reafirmar lo que realmente en el futuro les va a servir de ayuda, que el amor por ellos mismos y los demás? Las personas que deciden tomar ese paso y lo realizan han fracasado en la vida. Son personas que han muerto espiritualmente y que necesitarán de un gran esfuerzo para revivir porque el mero hecho de haber sucumbido les provocará, si llegan a despertar el día de mañana, una gran desazón y vergüenza personal por lo que hicieron. Cuando nuestro cuerpo físico muera, nada de eso habrá importado. Incluso si no aceptáramos la idea de la vida eterna, ¿de qué habrá servido ese sacrificio físico (y eso sin contar con que muchas personas mueren a causa de estas operaciones, in situ o a posteriori) cuando el cuerpo deje de funcionar? De nada.

Algunos dirán que por eso mismo tampoco importa pero… Tal vez, si como esas personas dicen, la vida es efímera y no hay más allá… ¿No sería interesante poder pasar esta vida viviendo plenamente, aprovechando cada instante y siendo felices sin necesidad de crear tantas confusiones y sacrificios innecesarios? Dejo esta pregunta a los lectores para que piensen en ella. Nosotros creamos nuestro destino con cada decisión que tomamos. ¿Qué queremos, dejar una huella por haber sido nosotros mismos o porque los demás sólo tomaron en consideración lo “hermoso” que era nuestro cuerpo (cosa que no pasará al recuerdo)? Pensemos en ello.

Aprendí dos cosas de mi profesora de yoga: observar sin juzgar y sentir sin esfuerzo. Estas dos verdades que subyacen al yoga también lo hacen al devenir de la vida. Y comprenderlas es ante todo una exigencia si se quiere realmente vivir. Os acompaño un breve relato hindú que he encontrado recientemente en una lista de correo:

El discìpulo llegò hasta el maestro y le dijo:

-Guruji, por favor , te ruego que me impartas una instrucciòn para aproximarme a la verdad. Tal vez tù dispongas de alguna enzeñanza secreta.

Despuès de mirarle unos instantes el maestro declarò:

-El gran secreto està en la observaciòn. Nada escapa a una mente observadora y perceptiva, ella misma se convierte en la enseñanaza.

-¿Què me aconsejas hacer?

-Observa -dijo el guru-. Sièntate en la playa, a la orilla del mar, y observa como el sol se refleja en sus aguas. Permanece observando tanto tiempo como te sea necesario, tanto tiempo como te exija la apertura de tu comprensiòn.

Durante dìas, el discìpulo se mantuvo en completa observaciòn, sentado a la orilla del mar.Observò el sol reflejàndose sobre las aguas del ocèano, unas veces tranquilas, otras encrespadas. Observò las leves ondulaciones de sus aguas cuando la mar estaba en calma y las olas gigantescas cuando llegaba la tempestad. Observò y observò, atento y ecuànime, meditativo y alerta. Y asì, paulatinamente, se fue desarrollando su comprensiòn. Su mente comenzò a modificarse y su conciencia a hallar otro modo mucho màs rico de percibir.

El discìpulo, muy agradecido, regresò junto al maestro.

-¿Has comprendido a travès de la observaciòn? -preguntò el maestro.

-Si -repuso satisfecho el discìpulo-. Llevaba años efectuando los ritos, asistiendo a las ceremonias màs sagradas, leyendo las escrituras, pero no habìa comprendido. Unos dìas de observaciòn me han hecho comprender. El sol es nuestro ser interior, siempre brillante, autoluminoso, inafectado. Las aguas no le mojan y las olas no le alcanzan; es ajeno a la calma y la tempestad aparentes. Siempre permanece, inalterable, en sì mismo.

-Esa es una enseñanza sublime -declarò el gurú-, la enseñanza que se desprende del arte de la observaciòn.

El maestro dice: Todos los grandes descubrimientos se han derivado de la observaciòn diligente. No hay mayor descubrimiento que el del Ser. Observa y comprende.

Este relato puede parecer trivial y sin sentido a muchas personas. Aparentemente, todo lo que ha aprendido el discípulo después de días de observar y observar es que el solo se levanta todos los días encima del agua y no se moja. La enseñanza que aprendió el alumno es que nosotros somos un ser de luz que cada mañana amanece y es inalterable, siempre el mismo, surge victorioso cada día y cada noche duerme, aunque no duerme. El entendió eso mirando el sol, pero observando cualquier otra cosa, y no sólo con la vista, sino con los sentidos, podemos encontrar sentido a todo en la realidad en que vivimos. Sólo hay que observar, sin prejuzgar, sin pensar, sin realizar elaboraciones racionales e intelectuales. Sólo mirar. Sólo entonces se comprende la verdadera esencia de las cosas. Esa esencia puede enseñarnos muchas cosas, pero, si ni siquiera nos detenemos un momento a realizar tal observación, ¿cómo pretendemos comprenderla? Podemos diseccionar cada cosa que existe, hacer todos los rituales y experimentos que queramos, y no entender absolutamente nada del Cosmos. Además, observar sin prejuicio puede ser un ejercicio difícil para el no practicante. Pero la visión que podemos obtener del mundo real se enriquecerá y nos permitirá sumergirnos en todo un nuevo mundo de posibilidades. E insisto: observar no se hace sólo con la vista, sino con todos los sentidos.

Nosso Lar: Nuestro hogar

El otro día visioné esta película y no quería dejar pasar realizar la correspondiente crítica porque me gustaría recomendarla al respetable. “Nosso Lar” (en portugués, “Nuestro hogar”) es una película brasileña del 2010 que trata sobre el camino espiritual de André Luiz, un médico que muere unos años antes de la II guerra mundial debido a la mala vida que ha llevado (comida en exceso, tabaco, alcohol, etc…). No es mala persona pero está dormido, tiene muchos prejuicios y está resentido con la vida. Cuando muere, va a parar a un lugar oscuro y lóbrego al que podríamos denominar “el inframundo”, pero es a donde van todos al morir, sobre todo los que tienen cuentas pendientes. Allí, todos deben intentar aprender una serie de lecciones vitales que no pudieron aprender en vida, si quieren salir de allí con bien. André pasa mucho tiempo allí, sufriendo hambre, dolores y privaciones, hasta que un día aparecen tres hombres con trajes limpios y que desde luego no parecen de allí. Se lo llevan a una ciudad de luz, “Nosso Lar”, que es una colonia espiritual de las muchas que orbitan alrededor de la Tierra. Allí es curado de sus heridas físicas y mentales, y debe comenzar una nueva vida como espíritu de luz. Al principio es difícil, pero va aprendiendo lecciones, admitiendo sus errores en vida, como cuando despreciaba a una mujer a la que trató como médico en vida y que se termina encontrando en la ciudad de luz. Allí va comprendiendo las leyes espirituales y como podrían haberle salvado y haberle permitido llevar mejor vida en la Tierra. Él murió de “suicidio”: dio tanto mal a su cuerpo que este terminó enfermando y muriendo por su culpa.

Cuando se siente preparado, pide permiso para bajar a la Tierra a visitar a su familia, para descubrir que su mujer se ha vuelto a casar y que sólo su hija mayor le recuerda con veneración. Su reemplazo está enfermo, y al principio siente ira y odio porque ha sido cambiado, pero cuando aparece de nuevo en el inframundo, se da cuenta de que ese odio es miedo a la pérdida, y decide volver para hacerle bien, curándole gracias al agua. Entretanto, ha estallado la II guerra y tiene que ayudar a acoger a los millones de personas que murieron en aquel error cósmico.

Basada en una novela del autor brasileño Chico Xavier, un conocido medium y divulgador espiritual que dedicó su vida a extender este conocimiento, se supone que este libro lo canalizó el espíritu André Luiz a Chico, y fue el más vendido de los 400 que escribió. La historia contiene una muy buena cantidad de material espiritual, y en ella se concretan muchas leyes cósmicas, como la de vibración, causa y efecto, ritmo y la más importante de todas, la mente universal. Son lecciones que el protagonista tiene que aprender si no quiere volver al inframundo, porque ahí es donde se cae cuando se tienen cuentas pendientes. Es cuando se está dormido, cuando uno no siente con su interior, está perdido, muerto, y sufre un temor indecible del que no sabe salir. Sólo cuando su corazón tiene un atisbo de amor que restalla, puede liberarse de las cadenas de la opresión que el mundo material ejerce sobre nosotros. Ejemplo de eso es la sobrina de uno de los personajes secundarios, Lísias, está todavía demasiado enganchada a la vida material y, segura de poder llegar a de nuevo a la Tierra, se aventura por el inframundo pero lógicamente, se pierde de nuevo y debe ser encontrada por lo espíritus de la ciudad. Demasiadas cosas nos enganchan a este mundo y tememos ir más allá. Hasta cierto punto, la ciudad ejemplifica una suerte de “purgatorio” donde uno debe limpiarse completamente de las querencias, filias y fobias, para liberarse completamente y pasar a los planos superiores, cosa que el protagonista al fin consigue.

Técnicamente es una película bastante normal, pero eso es lo de menos, ya que lo que importa es su contenido. Es valiente el intento de representar de alguna manera el mundo del más allá, y si se ve de forma metafórica, sus imágenes tienen cierto sentido y gran sensibilidad. Pero como digo, lo realmente relevante es lo que dice. Nosotros no nos damos cuenta de hasta qué punto somos carne de cañón en el mundo material y como nos olvidamos de lo que realmente somos, olvidando por el camino, como es lógico, todo lo demás. Una de las primeras cosas que tiene que superar André Luiz es su orgullo. Él era médico en la Tierra y claro, intenta hacer lo mismo en el mundo superior, pero claro, con terribles consecuencias: no asume que ya no puede tratar el cuerpo físico (que es lo único que hacen los médicos), y al intentarlo, daña más a los pacientes de lo que están, ya que transmite sus energías negativas al sujeto. Cuando lo comprende, debe abandonar ese orgullo de profesión y ser humilde, entendiendo que el paciente no es sólo un cuerpo, sino también una mente que debe vibrar en armonía con el cuerpo. Son muchas las lecciones que debemos aprender en este mundo, y cuanto antes empecemos, antes terminaremos, y mejor final tendremos.

Conversaciones con Dios

Después de llevar bastante tiempo en la recámara, al final tuve tiempo y ganas para ver “Conversaciones con Dios” (luego os pongo los enlaces de Megaupload para la descarga), que de lo que he visto hasta ahora, me parece que es la plasmación más interesante de las ideas espirituales en los momentos actuales.

La historia es más o menos la que sigue: Neale DonaId Walsch es un hombre como cualquier otro. Ha vivido ignorante de su verdadera naturaleza y ha cometido los típicos errores que hemos cometido todos. Se ha casado y divorciado varias veces y como es fácil imaginar, está perdido en la vida, como la inmensa mayoría de la gente. Desgraciadamente tiene un accidente que lo deja con el cuello fracturado, pero sale adelante. El problema es que nadie quiere contratarle en esas condiciones, con lo que tiene que terminar dejando su casa y lo que tiene y vagabundear. Eso, lógicamente, se lo pone aún más difícil y llega un momento en que tiene que dormir en un parque. Ha tocado fondo. En el parque conoce nuevos amigos que le enseñan que no es necesario tener mucho para estar bien, y aunque lógicamente se desespera por la situación que le toca vivir, es un buen hombre y decide salir de ello como pueda. Consigue un trabajo temporal en una radio pero la radio quiebra, cuando incluso consigue salir del atolladero y alquilar una casa. En esa situación, comienza una catarsis: comienza a escuchar una voz que le viene de dentro. Esa voz se presenta como Dios, y empieza a enseñarle cosas sobre si mismo. Lo primero que le enseña es que todos hemos malinterpretado su mensaje. Lo que implica que hay que aprenderlo de nuevo. Comienza a escribir las ideas que le vienen a la cabeza y finalmente, con ayuda de su amiga de la radio, escribe un libro que se hace mundialmente famoso (del mismo título de la película).

Esta historia parece muy simple pero no lo es. Lo primero que me llamó la atención es que en todos sitios hacían mención a que se trataba de una película de inspiración cristiana (en los USA hacen mucho eso), pero tras su visionado, toda mención que se hace a Jesucristo es un “¡Jesús!” que le dice Dios a Neale cuando estornuda. Esta película no tiene absolutamente ninguna referencia a la religión ni al cristianismo, cosa con la que me meteré luego. Aquí, “Dios” no es el arquetipo de anciano con barba blanca que se imagina mucha gente. No es un dios de religión ni nada transcendental desde el punto de vista exotérico (exterior a nosotros). Dios, tal y como aparece en esta película, eres tú. Los que nos adentramos en el mundo espiritual tenemos la conciencia de que Dios y nosotros no somos entidades separadas. No somos extraños que nos encontramos en algún momento. Dios, en esta historia, no es un ser interdimensional ni externo a nosotros. SOMOS nosotros. Cuando Neale habla con Dios, está hablando consigo mismo. Está dialogando con su YO interior, su entidad consciente que es él mismo y que representa su espíritu y su energía elevada. Al mismo tiempo, Dios es todo y todos, y todos somos él. Una de las cosas positivas de esta historia es que no busca explicaciones en la ciencia ni en la religión: nosotros somos seres poderosos, transcendentales, que vivimos una experiencia espiritual de calibre máximo. Nos quieren convencer de miles de formas diferentes de que no es así, de que es justo al revés: de que somos seres materiales viviendo una experiencia espiritual, para que traguemos mejor con la idea de un Dios exterior que nos tiene que salvar, cuando somos nosotros los únicos que tenemos la llave de nuestra redención. Precisamente eso es lo que hace Neale, redimirse de su condición anterior y comenzar a caminar el camino espiritual. Es camino, de paso, le ha dado éxito en la vida y la amistad de miles de personas. Si el autor real del libro es un poco parecido al personaje de la película, tiene que ser una gran persona.

Hay dos puntos de la película que me parecen importantes sobre la elevación espiritual del personaje. Al principio, un hombre le increpa en una conferencia sobre que es un farsante, un hipócrita, porque el ha vivido mal y dice a otros como deben vivir. Él no se defiende: simplemente admite la verdad y baja la cabeza, expresando su intención, hasta el día de su muerte, de no volver a ser el que era. Esta es una gran verdad: somos nosotros mismos los que nos tenemos que perdonar por el mal que hemos hecho, porque es la única posibilidad real de poder elevarnos como seres espirituales superiores. Y continuar adelante. Una de las cosas que he podido percibir desde mi “iluminación” es que de una cosa estoy seguro: no quiero volver atrás. No quiero volver a ser el que era, porque ya he estado allí y sé lo que hay. Cuando comienzas el camino espiritual, sea como sea que lo recorras, sabes que no debes mirar atrás. Sólo puedes continuar adelante e intentar llegar todo lo lejos que te sea posible. Es lo único importante de verdad en nuestras vidas, a partir de ese momento.

La otra parte que quiero destacar es más emocional. Al final del metraje, una mujer se le acerca acusándolo también de mentir. Pero en este caso es distinto. Esta mujer ha perdido a su hijo y culpa a Neale de que siguiendo sus consejos espirituales, no ha logrado ser mejor en la vida ni salvar a su hijo. Resulta que el chaval era adoptado y le habían prometido que al cumplir 18, buscarían a su madre para que pudiese conocerla, pero el chico muere el día de su 18 cumpleaños en un accidente. El personaje de Neale realiza una pausa dramática realmente emotiva, se levanta y abraza a la mujer. De una forma dramática (algunos dirían que “melodramática”, pero es una etiqueta que yo no pondría en este caso), Neale le dice a la mujer que había cumplido su promesa, ya que la madre había muerto y lo que había hecho es reencontrarse con ella. Naturalmente, la escena termina de forma emotiva (recomiendo verla, ya que mi resumen queda hasta banal en comparación), pero lo importante es la enseñanza que sacamos de ella. Neale (como se ve instantes después) no tenía ni idea de ello. Simplemente lo había intuido. En este caso, nos están mostrando otra gran verdad del camino espiritual: la intuición. No somos realmente inteligentes si no usamos tanto nuestra parte racional como la intuitiva al mismo tiempo. Neale, en ese momento crítico, relacionó la muerte del chico y la madre como el fenómeno que había atraído su madre adoptiva: su deseo de encontrarse se había cristalizado en el momento del accidente, al cumplir 18. Ese conocimiento sólo sería posible de forma intuitiva, algo que los que recorremos el camino debemos practicar si queremos llevar el recorrido a buen término.

Para terminar, quisiera comentar el tema de la “inspiración cristiana” de esta película. Como ya he mencionado, no hay mención alguna a la religión en toda la película. La espiritualidad no va de religión: va de nosotros mismos. Va de lo que tenemos dentro, de nuestro ser espiritual energético. Aquí el dios cristiano o cualquier otro dios no pinta nada. Precisamente, lo que se nos enseña es a recorre nuestro propio camino, sin ligarnos a otros ni delegar nuestra responsabilidad sobre nosotros mismo en otros, sean personas o deidades. Supongo que la presentación como “inspiración cristiana” puede ser debido, y creo que no me equivoco mucho, a un claro interés por desprestigiar la película. Haciéndola pasar por cristiana, pueden conseguir que muchos no cristianos se echen para atrás y no la vean, y para los que ya son cristianos, puede ser una contra-medida efectiva para que desprecien la enseñanza espiritual que nos muestra, ya que no se menciona a la religión cristiana en ningún momento, decepcionando al posible espectador cristiano religioso. En fin, desprestigiar la espiritualidad auténtica será siempre algo importante para el sistema, de eso no os quepa ninguna duda.

En definitiva, os recomiendo encarecidamente su visionado. Poco más puedo añadir a lo ya dicho. Simplemente os indico los enlaces de Megaupload para que los descarguéis a gusto. Disfrutadla.

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