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Hacer el canelo

Sólo quería realizar una pequeña reflexión personal sobre lo que algunas personas del entorno “antisistema” están haciendo al respecto de las noticias políticas y económicas nacionales e internacionales. Sin entrar en el detalle de si se tiene más o menos razón (no dudo que lo que se dice es cierto), tengo una idea más que aproximada y certera de que a quien se le está haciendo un favor siendo tan catastrofista es al propio sistema.

Es conocido por los habituales del blog que soy defensor de la idea del uso de la teoría del conflicto por parte del sistema elitista. Problema-Reacción-Solución como máxima imprescindible para el manejo del borreguío humano. Y precisamente por esa razón creo que hacemos un flaco favor a nuestros conciudadanos resaltando hasta la saciedad los (sin duda importantes, no lo niego) problemas (reales o aparentes, que eso también hay que tenerlo en cuenta) que nos rodean constantemente, porque eso genera un estado de expectación, temor y desidia que, a la postre, interesa al sistema. Cuanto más miedo tenga el populacho, más fácil es de manejar (además de que peor será su calidad de vida) y, por tanto, más controlado y sojuzgado estará. Las personas con miedo no se defienden, se acuclillan en posición fetal y esperan a que alguien los salve. Se convierten en niños pequeños fácilmente manipulables. Y así estamos.

Quiero decir a los compañeros correligionarios antisistema que por favor, no le hagan el juego al sistema que dicen rechazar. Debéis comunicar a los ciudadanos valentía, amor y compasión. Paciencia y fuerza. Que las cosas están mal, ya lo sabemos, y los mass-media ya se encargan incesantemente de hacérnoslo saber. Pero por eso mismo nosotros debemos jugar la carta contraria. Hacer ver que por muy mal que vayan las cosas, nosotros debemos ser auto-suficientes e independientes, y que tenemos la habilidad (oculta para la mayoría, y por eso hay que sacarlo a la luz) de superar todas las dificultades y hacerlo juntos, que de todas formas es la única forma de conseguirlo. A todos os digo que no hagáis más el canelo.

Más claro no se puede decir

Reír por no llorar

La “fiesta” de la democracia

El español es un humano cuya existencia se basa en el rito.

Esta frase es mía XD. Esto se está demostrando hoy como ningún otro día. A pesar de la decepción democrática, política, económica, social, cultural y no sigo porque entonces, ¿qué hacemos aquí?, el español no puede dejar de votar. Aunque sea en blanco. Este lamentable comportamiento se traslada a cualquier otro ritual, al que se agarra como un clavo ardiendo porque piensa que si no, lo ha perdido todo. Es como el ritual de la iglesia o del bar (en ambos casos, acuden los parroquianos), pero ni uno ni otro. Aunque al final, el voto se ha realizado antes o después de cualquiera de los otros dos lugares (el bar o la iglesia). El español necesita el rito, porque si no, no es él mismo. Es como si no existiera, como si toda su capacidad de dejar huella en el mundo se basara en su capacidad de ejercer el ritual con otros muchos españoles que actúan exactamente igual que él. El borreguismo en estado puro.

Ya he dado aquí mi opinión al respecto demasiadas veces. He hablado de política demasiado en un blog dedicado a la espiritualidad, así que no lo voy a hacer más. El día de hoy es un punto de inflexión. A partir de ahora, ya nada va a ser igual y aquellos que no estén preparados van a ser los grandes damnificados. No habrá sido por oportunidades. Hoy ya, otra cosa no se puede hacer. Mañana, sólo los espíritus libres podrán continuar su camino bajo el amparo de si mismos y el Cosmos. Que nadie se confunda, no es un arrebato pesimista. Sólo es una forma de decir: “al menos algunos lo conseguiremos…”

Abstención

Visto en pleno centro de Zaragoza. Luchemos con sus armas: ABSTENCIÓN.

Sí, ya sé que resulta extraño, pero es lo que me ha venido al ver el tema de su dimisión. No enlazo a ningún sitio porque hay tropecientas páginas sobre el tema. Buscad, malditos. La cuestión es que sí, me ha venido a la mente que Sinde representa lo mismo que cuando agregamos recursos a un sistema agotado: que no produce beneficios. Pero además, da lugar a otra paradoja más chunga aún, y que fastidia más: que da igual a quien pongas en un puesto, que no hay beneficio posible para el ciudadano.

Antes nos quejábamos mucho de que se ponía en los puestos de decisión a personas que no tenían ni pajolera del tema. Aún se hace. Bueno, y cuando creas un ministerio inútil e irreal como Igualdad, no te quiero ni contar… Pero la cuestión es que si luego pones a alguien del gremio a dirigir un cotarro, resulta que tampoco vale porque tiene intereses en el cotarro. Así que la cuestión a plantear es: ¿a quién pones? Hemos llegado a tener electricistas en el ministerio de Interior, con lo que ya más variedad clasista no podemos tener. Es decir: cuando hablamos de poder, no podemos en ningún caso hablar del gobierno de los mejores, ni de los peores. Hablamos simplemente de desgobierno.

Llevo mucho tiempo diciendo que hay que atacar a los bancos y las multinacionales por donde les duele: el dinero. No dejando el dinero en el banco más que lo imprescindible, no comprando cosas innecesarias, reutilizando todo lo posible los productos hasta que no se pueda más (ya ni siquiera puedes decir que comprando más barato, porque todos los productos baratos pertenecen también a multinacionales), comprando nacional antes que extranjero, etc… Pero claro, ¿cómo hacemos con el gobierno? No votar es la primera posibilidad que sólo por vergüenza torera deberíamos ejercer, pero además, hay otras opciones. ¿Qué pasaría si de repente, un día 20 millones de ciudadanos dejaran de usar servicios públicos, no pagaran peajes, no pagaran el IVA o directamente multas o impuestos? Dado que es prácticamente el 70% de los ingresos de un estado como el nuestro, eso llevaría a la ruina total a ese estado. Intentarían obligarnos a hacerlo, pero claro, no puedes obligar a 20 millones si no es por medio de una guerra. La élite ha generado la historia en base a conflictos armados: guerras de sucesión, guerras de independencia, guerras civiles, revoluciones liberales, etc… Esto ha sido así desde siempre y mucho más en los últimos 250 años. Claro, nadie queremos que ocurran problemas, ni que haya conflictos ni que muera nadie. Así que, ¿qué nos queda? Nos quedan posibilidades, pero sólo si actuamos juntos.

Siempre existe la solución a cualquier tipo de problema dentro de un sistema. Es algo que aprendes cuando desarrollas software. En todo sistema, existen unas reglas que podemos seguir para solucionar problemas. Claro está, este sistema está construido para solucionar los problemas de la élite, pero… ¿Y si eliminamos a la élite de la ecuación? Es decir, si despejamos la incógnita de aquellos que se benefician del sistema actual, haciendo que dejen de hacerlo y comenzando a ser nosotros los beneficiados, podemos lograr el efecto deseado. ¿Cómo? Bien. El primer paso, obviamente, es entender quienes son. Como sabemos, quienes gobiernan no son los políticos, sino los bancos y las multinacionales. Dejar de comprar sus productos será el paso fundamental que debemos dar. Cuando lo empiecen a notar en sus cuentas trimestrales, comenzarán a moverse para entender qué ocurre. Pero claro, no pueden obligarnos sin más a comprar sus productos, con lo que tendrán que obligar al gobierno a que a su vez nosotros estemos obligados a hacerlo, por medio de leyes y reglamentos. Ya lo hacen, de hecho, en situaciones como las “liberalizaciones” energéticas, donde las mismas compañías que antes siguen manejando el mismo cotarro, pero además, pueden imponer el precio que quieran, cuando antes estaba controlado por el gobierno. La consecuencia de todo esto es que nosotros seguiremos negándonos a comprar esos productos (cambiándolos por nacionales allá donde sea posible), y hundiendo literalmente a muchas empresas. Claro, la dificultad de todo esto es poner de acuerdo a tanta gente. Lamentablemente, la gente se mueve sólo por impulsos, no por el sentido común, y sólo cuando está muy apretada (caso de Grecia) se lanzan a la calle. Islandia no es representativo, porque como dice Niño Becerra, se trata de un país tan pequeño y tan insignificante a nivel general que no les ha importado dejarles hacer lo que les de la gana. Pero eso no pasaría en España. Aquí no tendríamos capacidad de elección. Habría que ir a la guerra. Como digo aquel iluminado, o por consenso (obligación e imposición del más fuerte) o por la fuerza.

Existen soluciones, pero implementarlas va a suponer, incluso en el caso más sencillo y suave, una dificultad agregada y decisiones complicadas. Veo que políticamente el nacionalismo va a ser una solución, aunque nunca me haya hecho una puñetera gracia, pero contra un gobierno mundial es lo único que funciona (recordemos que funcionó estupendamente contra el imperio austro-húngaro en el siglo XIX, ya que de hecho lo desmoronó por completo). En un sistema agotado, la única solución es quitar, no poner.

Golpe de estado!

No hay que decir mucho más que este hombre. No comparto su ideología pero afortunadamente eso no tiene nada que ver con el sentido común:

Esta es la democracia que tenemos: ¿qué os parece, demócratas? Cuanto me suena todo esto a la creación de la Reserva Federal en 1913…

PD: por si no queda claro tras las palabras de Llamazares, el golpe de estado lo han dado los mercados y los bancos…

Simplemente quiero dejaros este enlace de referencia para lo que me parece un excelente artículo general sobre el funcionamiento del sistema y sus ramificaciones e implicaciones para nosotros:

El enfrentamiento entre opuestos cómo garantía de supervivencia del sistema patriarcal-autoritario.

Me ha recordado al artículo sobre la democracia de hace unos meses en este blog, donde con un carácter más “educativo” intenté delinear las trazas generales del funcionamiento democrático del sistema y como este régimen de cosas actúa en contra nuestra, imponiendo de forma sistémica el conflicto desde su interior de cara a conseguir el efecto “adormilante” que tan bien le ha resultado hasta ahora. No es lectura ligera, pero creo que puede ayudar a más de uno a comprender el estado de cosas actual.

Elija como quiere ser cocinado

Borregos yendo a votar...

El título proviene de la expresión usada por el autor del Blog de Mino en esta entrada sobre la farsa de la democracia. Me llamó la atención en su momento y no está exenta de cierta ironía. La cuestión es que este año, desde hace tres, volvemos a tener “fiesta de la democracia”, y claro, aunque este no es un blog sobre política (al menos actual), no puedo dejar de volcar mis reflexiones al respecto, sobre todo porque veo que los blogs anti-sistema se están animando en este sentido. Lo que no deja de ser irónico, una vez más.

Particularmente, mi mayor preocupación es que gente que se dice anti-sistema anime a votar, como he podido comprobar recientemente. Esto tiene dos posibles causas: o el auto-denominado anti-sistema no entiende bien el funcionamiento de la democracia (especialmente en un país como el nuestro), o bien es un infiltrado. Personalmente prefiero la primera opción, pero no juzgo. La cuestión es que este desconocimiento sobre como funciona el sistema democrático es alarmante, especialmente entre quienes se dicen contrarios al status quo, lo que viene a indicar que realmente están en contra de algo que no entienden. Me gustaría aportar mi granito de arena en este sentido, ya que aunque vengo hablando de ello en el blog y en otros blogs de forma más o menos continua, no está de más resumir un poco y ver de qué trigos vienen estas pajas.

Hagamos un poco de historia. Remontémonos a hace aproximadamente 250 años. Estamos a finales del siglo XVIII y la ilustración está en boga en toda Europa (menos aquí, como de costumbre). El que me diga quien montó la ilustración se lleva un sugus. ¡Exacto! Bien hecho: la masonería. Prácticamente el total de los ilustrados eran masones, ya fueran pensadores, artistas, políticos, etc… La ilustración tuvo sus orígenes profundos y mayores representantes en Francia, uno de los bastiones de la masonería. Sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad cristalizaban en los salones de las cortes europeas de una forma sin igual. Hay que entender también que al siglo XVIII se le llamó “el siglo de las luces”. La luz es uno de los símbolos básicos de los masones, como metáfora de la inteligencia y la sabiduría. Para el que con razón se pregunte como era posible que en las monarquías absolutas se permitiera el florecimiento de este tipo de ideologías, la respuesta es muy sencilla: los reyes de esos países también pertenecían a la masonería y sociedades secretas afines. Y si no pertenecían, los toleraban porque servían a sus intereses. No es el objetivo de este artículo explicar el porqué de esto, lo dejo para otra parrafada, pero para quien no quiera esperar tanto, le puedo recomendar lecturas de Icke o Bramley, entre otros, que informan adecuadamente sobre estos asuntos. Pero volvamos al tema. La cuestión es que estos masones se llevaban batiendo el cobre para conseguir sus objetivos desde hacía ya unos cuantos años. Desde el siglo XVII (de hecho, rozando el siglo XVI) que surgieron en Escocia e Inglaterra (como descendientes de los cruzados), estos masones tenían un objetivo principal: destruir la monarquía autoritaria (también llamada antiguo régimen) para imponer un sistema basado en sus ideas comunales: libertad, igualdad y fraternidad. Esto, que suena tanto a revolución francesa (por razones obvias), es el fundamento de su sistema básico de creencias: los masones se consideran seres totalmente libres, iguales entre ellos y hermanos (por eso se unen en “fraternidades” o “logias” y se llaman a si mismo hermanos e hijos de la viuda, cosa en la que no me meteré ahora porque requiere más explicaciones de las estrictamente necesarias en este momento). Como no se le escapará al lector avezado, estos son los fundamentos de nuestros sistema social hoy día en occidente. ¿Qué cómo hemos llegado a esta situación? Bueno, a eso voy.
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Hacía unos días que no escribía y este es un buen momento para hacerlo. Zapas ha dicho que ya no quiere tragar más excrementos y le doy la razón: ya era hora, hermoso. Te ha costado lo tuyo. Pero bueno, ya has hecho el trabajo de tus amos, así que ahora puedes irte con una pensión vitalicia acojonante y con la posibilidad nada despreciable de que probablemente seas considerado el peor dirigente de la historia de esta “gran nación”… Y a tenor de esto, quería expresar mi opinión sobre la política, y la razón fundamental por la que dejé de creer en ella: no es más que otra forma de religión, pero sin un dios sobrenatural al que adorar. En al política, se adora al líder.

Existen en nuestro mundo de hoy tres formas religiosas principales: la primera es, lógicamente, la propia religión, de la que no voy a hacer mención porque es muy obvio y porque requiere mucho mayor estudio. La segunda es la política, tema con el que voy a sumergirme a continuación. Y la tercera es la ciencia, tema que trataré en otro momento más adelante. La religión política está basada en la adoración al líder. Se sustituye a Dios por un ser humano normal y corriente (más o menos) o por un grupo de ellos (con lo que de una religión monoteísta pasamos a otra politeísta), de manera que ellos obtienen su poder de la adoración de sus votantes (el equivalente a los beatos de la religión convencional). Cuantos más votantes, más poder, y de esa manera, se establece una lucha con otros dioses que tienen menos votantes pero que luchan por medio de la propaganda para obtener más. Los seguidores de cada religión (derecha, izquierda, centro, etc…) siguen a sus líderes allá donde van, les vitorean y piden sus favores, y de vez en cuando reciben respuesta. Los ven inalcanzables, como estrellas de cine (otra forma de deidad con la que me gustaría meterme más adelante), y creen en ellos y sus promesas como si de los cielos fueran recibidos. Estos dioses son desbancados por otros dioses que tienen sus propios seguidores y así continuamente. El campo de batalla, en vez de ser el espíritu de sus seguidores, es la democracia, concepto generado para crear la falsa ilusión de que los votantes tienen la posibilidad de elegir quien les gobierna, cuando en realidad sólo pueden elegir a unos determinados que ya fueron elegidos antes por entidades superiores (¿supra-dioses?), de manera que ellos siguen confiando en que ese campo de batalla es el mejor para sus intereses. Estos dioses crean normas morales y éticas (leyes) que les sirvan para que el sistema se auto-sustente de forma indefinida.

Esto, así dicho, puede parecer una exageración. Pero rogaría a los escépticos que me demostrasen que esto que acabo de decir no se aplica al 100% (y seguro que me dejo algo) a la política tal y como la entendemos actualmente (y no nos engañemos, tal y como se ha entendido toda la vida). Los políticos juegan a ser dioses y semidioses que consiguen sus deseos de poder por medio de la sumisión de los votos de sus seguidores, de manera que pueden ejercer ese poder durante un cierto tiempo. En realidad, la democracia se creó para que no fuera sólo un dios quien detentase el poder indefinidamente, sino para que este pudiera repartirse con el menor derramamiento de sangre posible por parte de los “elegidos” para ser Dios. Para ellos, es el único objetivo en esta vida. No hay otra opción. Su forma de vida es la de “dioses profesionales”, de manera que cuando dejan de serlo, queda su leyenda: tal presidente hizo esto, el diputado aquel hizo aquello, el ministro tal hizo cual cosa… Y esa leyenda queda en el inconsciente colectivo, tanto de los propios como de los ajenos, grabado a fuego, como si se tratase de historias legendarias al estilo “Señor de los anillos”. Incluso traspasa las décadas y se les sigue recordando incluso cientos de años después.

Pues sí, amigos, esto es la política. No es el arte del buen gobierno. Eso lo sabemos hacer todos y cada uno de nosotros. No hace falta que venga nadie a decirme como debo llevar mi vida. La política no es más que el arte de conseguir aborregar a millones de personas para alcanzar ese ansiado aunque temporal poder. De vez en cuando, algún aspirante decida que no quiere compartir el poder y habitualmente con una guerra civil o un golpe de estado se queda de forma permanente con él, pero claro, la propia levedad del ser impide que eso dure para siempre. Damos gracias, pues, que eso no pasa más a menudo, aunque en realidad ninguno de nosotros notaría gran diferencia. Es más, irónicamente hablando, al menos no tendríamos que aguantar cada cuatro años las chorradas de siempre. No hay mal que por bien no venga.

PD: con esto último no estoy defendiendo ningún tipo de dictadura. Simplemente quiero equilibrar las ideas “democráticas” como lo que realmente son: una dictadura disfrazada de libertad.

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