Aunque este tema no parezca ir con este blog, nada más lejos de la verdad. Llevamos años ya, sobre todo en publicidad, oyendo eso de que “Internet es un derecho”. Al principio a mi me sonaba raro, pero después me fui dando cuenta de que había trampa, pero no veía donde. Ayer me di cuenta del rollo, y es lo que os voy a explicar a continuación.

Vivimos en lo que se denomina un “estado de derecho”, es decir, un país gobernado por la ley. Leyes por ahí, leyes por allá, y me lo sé porque mi asignatura favorita de la carrera que no terminé por aburrimiento era “Derecho constitucional”, un alias para “Derecho político”. Es decir, como se hacen las leyes. Todo son leyes en un país como el nuestro, y los de nuestro alrededor. Sin embargo, tras el telón, todo es semántica. Se suponía que esto era el “gobierno del pueblo” (democracia, o como queráis llamar a la entelequia esta), pero no, como dice la misma Constitución (que gran trampa, hay que quitarse el sombrero), España se constituye legalmente como un estado de derecho, es decir, un país gobernado por leyes, no por personas. Esto puede parecer ser muy bueno, ¿verdad?, pero como he dicho, es una cuestión de semántica. Cuando son las leyes las que gobiernan, no gobiernan las personas, y por lo tanto, estamos ante un gobierno totalmente impersonal y orientado a la rectitud total y absoluta, caiga quien caiga.

¿Y qué tiene que ver esto con nada? Bueno, es fácil. Si abrís una Constitución (ya sé que el 80% no lo habéis hecho, aunque sólo sea para llorar de frustración), veréis que tenemos unos “Derechos fundamentales”: libertad, igualdad, información, intimidad, etc… Si os fijáis bien, están escritos ahí porque se nos conceden: los tenemos porque están escritos ahí, y se supone que es la Constitución quien los garantiza, simplemente porque se supone que ha sido aprobada por “mayoría”. ¿Veis dónde quiero llegar? Nos han concedido nuestros derechos, los que nosotros suponíamos inherentes a la persona, como decía la Declaración de Independencia americana (os aconsejo encarecidamente su lectura, es corta y muy reveladora). Es decir, cada vez que crean un “nuevo derecho”, queda registrado en la ley, pero debido a eso, también es posible quitarlo de la ley. Es decir, si mañana por el motivo que sea, se aprueba una Constitución que diga que tenemos derecho a quemar casas, eso será un derecho fundamental, y si a su vez se aprueba que se elimina el derecho a la privacidad de las comunicaciones, pues ya sabéis lo que toca, ¿no? Es decir, no es que la Constitución simplemente “indique” que tenemos un determinado derecho, sino que nos lo está concediendo. No es fácil darse cuenta, pero si se tienen unos ciertos conocimientos legales, uno se acaba dando cuenta de eso tarde o temprano.

En el caso del “derecho a Internet” (como dice el anuncio), no había caído hasta ayer cuando me di cuenta de que cada vez más países están creando leyes que “garanticen el derecho de acceso a la red”. Es decir, que nos conectamos porque es un servicio más, como pedir una pizza, pero en el momento en que se convierta en un derecho, automáticamente eso significa que en cualquier momento nos pueden quitar ese derecho. ¿Veis qué fácil es jodernos? Algo que parece tan sumamente bueno y adecuado, se convierte en un arma culturalmente mortal en manos de la élite que nos gobierna. Claro, con la publicidad llevan haciendo un trabajo estupendo, pero ahora ya están pasando a lo serio, a lo de verdad, y eso nos debería preocupar a todos. Porque en el momento en que se crea un derecho, se pueden crear excepciones a ese derecho, lo que implica que en cualquier momento, a determinadas personas o sectores se les permitirá el acceso o no dependiendo de según que circunstancias legales. El que a estas alturas aún no vea la trampa es que es ciego, idiota y muy ignorante. Y esto se aplica, claro, a cualquier otra cosa a la que llamemos derecho. Incluido a la vida. Y sólo hay que ver los ataques a la neutralidad de la red. Llegan tiempos interesantes…