Zecharia Sitchin falleció el pasado 9 de octubre. Como tantos otros valientes, ha sido calumniado, vilipendiado y arrojado a las llamas del infierno científico porque se atrevió a decir la verdad. Naturalmente, se convirtió en un “pseudocientífico” porque hizo lo que todo científico debe hacer pero que muchos no hacen por el cochino dinero y que no le digan “eh! tu!”.

No me voy a explayar demasiado. Hay cantidades industriales de información sobre él y su obra en Internet, tanto a nivel escrito (incluidos muchos de sus libros, si no todos) como en forma de vídeos. Él nos mostró la verdad de lo que somos: un producto de experimentación genética. ¿Tanto se extraña la gente de esto cuando nosotros mismos ya somos capaces de crear seres sintéticos, tanto vegetales como animales? ¿Qué tiene de sorprendente, a la luz de las pruebas? Pero claro, no puede ser que nosotros tengamos esta información ancestral. De todas formas no importa: la mayoría han sido correctamente programados y nunca darán importancia a algo que es tan importante como una de las preguntas eternas: ¿De dónde venimos?

Queda en el recuerdo de los despiertos que Zecharia colaboró con la verdad, dando como resultado el enriquecimiento de nuestro acervo cultural y científico, por añadidura. Ahora muchas piezas encajan donde antes no lo hacían. Por supuesto tenía sus teorías y (como toda teoría) no todas tienen porque ser ciertas, pero dio de lleno en lo fundamental: que no venimos de los monos y que nuestra evolución como especie ha sido inventada para tenernos en la ignorancia. Salve, y que llegues bien y pronto a la luz.