Estuve viendo el otro día la película Ga’Hoole (reconozco que el 3D está currado, aunque la historia, argumentalmente hablando, deja que desear), y aunque en el momento hay cosas que no chirrían demasiado, pensadas a posteriori sí lo hacen.

La historia narra la aventura de una lechuza joven, convencida de los antiguos mitos son ciertos, que es raptada por un malo malísimo (el típico militar con complejo de Napoleon), que comanda un ejército maligno de lechuzas para imponer una idea de raza superior a todas las tribus de lechuzas del mundo. Bueno, lo ya sabido. Por supuesto, el protagonista huye y termina en el “paraíso de las lechuzas”, donde los guardianes (no se sabe de qué, nunca lo dicen) viven en un árbol sagrado con otro ejército (de buenos soldados, claro) que puede terminar con el otro. Finalmente, a pesar de todo, consiguen vencer al malo malísimo y todo termina superbien, convirtiéndose así el protagonista en un héroe para todas las lechuzas.

Aparte de que la historia tiene de infantil lo que yo de sueco (o sea, ni un átomo de ADN), hay varios puntos que he podido desgranar que son interesantes desde el punto de vista de la programación mental a la que nos someten incansablemente desde Hollywood:

  • La lechuza es un animal sagrado para los Illuminati y muchas organizaciones secretas místicas. Es demasiado obvio, lo sé, pero ya últimamente ni siquiera se ocultan. Así, los niños pueden tener de héroe a un ave sagrada para ellos
  • Los malos malísimos saltan a la vista, desde luego, pero hay que ver las razones que se esgrimen para considerarlos malos malísimos. Se les pinta de racistas (secuestran polluelos y los que no son de su raza son obligados a trabajar en las minas de un material extraño) y obviamente lo son, pero es fácil darse cuenta, examinando los diálogos, que ese racismo no es en realidad la razón por la cual son los malos. Es más, es la típica abeja reina (en este caso, una evidentemente malvada pero atractiva lechuza, consorte del malo) la que expone estos conceptos de forma muy acaramelada y consigue convencer al hermano del protagonista de que se una a ellos (el mito trágico de la lucha de hermanos, que desde Caín y Abel y Rómulo y Remo vemos repetido hasta la saciedad en la literatura clásica y no tan clásica) en contra de los “buenos”. Evidentemente, es un racismo solapado que se deja caer al espectador pero que no es la causa fundamental de los males, ya que el verdadero objetivo del malo es conquistar el mundo, y eso es precisamente a lo que se oponen los “buenos”. El objetivo principal de los guardianes no es liberar a los polluelos, sino evitar que el malo consiga sus objetivos de dominación mundial. Esto recuerda enormemente lo que pasó durante la segunda guerra mundial, cuando los campos de concentración no se tocaron hasta el final de la guerra. Lo de menos era intentar salvar a las víctimas, lo principal era terminar con los nazis.
  • El héroe es el típico héroe irreal que no le tiene miedo a nada. Aparte de fallos argumentales como que no supiera volar y de repente volase estupendamente, o que a pesar de estar muy lejos del campo de batalla, no haber salido con los demás guardianes y de que realmente él por si mismo no sabía ir, sale en dirección al campo de batalla y llega sin problemas (sí, ponen como excusa la constelación que supuestamente guía a las lechuzas, pero como ya sabemos, el cielo no se ve igual siempre y menos en direcciones contrarias). Pero además, sale por si mismo impulsado por algún extraño motivo y se enfrenta al fuego, a su hermano, al material extraño y a todos los enemigos sin pensar ni un momento, y sin temor en su rostro. Eso no es un valiente, es un suicida temerario. Pero así es como quieren a nuestros hijos en el futuro, dispuestos a cualquier cosa por el sistema. Y por supuesto, hay que adoctrinarlos desde la más tierna infancia.
  • Los guardianes son una clara representación de los illuminatis y de los “buenos”, es decir, los americanos y sus aliados. Guardan las antiguas tradiciones y se preparan para ser guerreros, para luchar contra todo lo que se oponga a su orden particular. Es decir, son los antagonistas, no los protagonistas. En el drama griego, el protagonista era el que quería que todo cambiase para conseguir sus objetivos, y el antagonista el que quería que todo permaneciera igual, para seguir conservando el status quo. La tergiversación es evidente en muchas historias de nuestro tiempo, pero en esta película especialmente. Se trastocan los papeles, y los héroes son en realidad, desde el punto de vista literario, lo malos, y viceversa. Que nadie me entienda mal, no estoy diciendo que el dictador racista sea el bueno. Lo que intento hacer ver es que la manipulación cultural llega incluso a destruir los conceptos clásicos de drama y tragedia, de manera que se nos presentan los papeles cambiados, aunque no deba ser así. Además, los guardianes son los que inevitablemente deben ganar sí o sí, y el enemigo es el que debe perder de cualquiera de las maneras. Se nota claramente como durante la deliberación para decidir si intervenir o no, lo de menos era si había polluelos en peligro, sino la supremacía del enemigo. Algo muy de NWO.

Estos son sólo algunos puntos principales de manipulación mental que presenta esta película. Otra cosa que me llamó la atención era la manera en que se obligaba a los polluelos a trabajar, con una especie de “deslumbramiento” durante la noche que los dejaba en una especie de estado de hipnosis, representado por los ojos en blanco y la mirada perdida. Se trata de una clara referencia a como los humanos somos tratados como esclavos de un rebaño de trabajadores, apijotados con la televisión y obligados a hacer de todo para nuestros amos. El protagonista, curiosamente, no cae en la trampa porque es avisado por su amiga de que no lo haga. ¿Por qué? ¿Qué sabía su amiga que nadie más sabía? Es una pregunta que alguien tendrá que responder.

En resumen, creo que no me equivoco al clasificar esta película como auténtico método de adoctrinamiento pasivo y de control mental. Seguramente alguien podrá sacar más punta al tema, pero de momento es lo que hay. Por favor, no lleven a sus hijos a ver semejante cosa. Tampoco se pierden gran cosa, la verdad.