Sólo quiero hacer una pequeña referencia a un altercado que, seguramente en otras condiciones sería valorado por mi parte de forma diferente, pero que sinceramente, ahora mismo no me ha parecido del todo bien. Me estoy refiriendo a uno de los últimos temas de moda: la bulla a Rockefeller en Chile. He esperado unos días a poner mi crítica porque quería meditarla. Mi espíritu anti-sistema me dice que no es malo quejarse, pero, ¿dónde está el límite? Y sobre todo: ¿en qué punto la queja se convierte en vergüenza ajena y deja de tener cualquier validez? Creo que estamos ante un caso así.

No pongo referencia al vídeo porque es fácil verlo en YouTube, y la verdad, creo que con él se alcanzó ese punto que indicaba antes. Desde un punto de vista cínico, el vídeo presenta a un “anti-sistema” declamando justicia ante un poderoso banquero facineroso que nos tiene esclavizados. Pero yo lo que vi fue lo siguiente: vi a un energúmeno gritándole a un abuelo que no podía ni entrar en el coche (de hecho se ve que lo tienen que subir de una silla de ruedas al vehículo), mirando como un enfermo de Alzheimer cualquiera, sonriendo tontamente, casi se podría decir que babeando, mientras el otro simplemente se comportaba como un mono loco. Eso es lo que yo vi.

Sinceramente, me parece que era hacer el idiota. Si yo hubiera sido el que berreaba, tras montar el vídeo hubiera decidido no publicarlo (a no ser que mi afán de notoriedad hubiera superado mi culpa), porque claramente quedaría a la altura del betún. Sí, es cierto, es quien es, un sinvergüenza que durante décadas (y sus familiares antes) nos han estado puteando para conseguir un poder inmerecido. Y sí, hace 10 o 20 años, eso hubiera tenido mucho sentido. En esa escena, falla una cosa que todo anti-sistema debe considerar: amar incondicionalmente. Incluso a un enemigo que ha hecho tanto daño. Esa persona, con todo lo mala que es, no sólo no ha podido defenderse (ni sus guardaespaldas hacían gran cosa, creo que impactados por tal “ataque sorpresa”), sino que además, parece que ya ni siquiera es alguien a tener en cuenta. Sea como sea, ha sido un desafortunado incidente.

En cualquier caso, la Revolución Interior exige que seamos consecuentes con nuestra naturaleza espiritual. El amor incondicional es una regla básica para alguien que quiera definirse realmente como Anti-Sistema. Cualquier otra cosa es seguirles el juego a ellos, y eso, por encima de cualquier otra cosa, es lo que nunca hay que hacer.