Escribo este artículo como contestación al artículo del Blog de Mino, “El VIH ¡no existe!“, que no sólo comparto sino que además refrendo. No he querido escribir todo esto en el propio artículo porque iba a ocupar casi tanto como el propio post y me parece un poco irreverente para con el anfitrión del citado blog. El único problema que le veo a este artículo es que, por desgracia, no dice lo que es realmente el SIDA.

Más allá del miedo, el mercadeo con la muerte, los pingües beneficios y toda una suerte de extravagancias a las que hemos sido sometidos desde entonces (aquello del intercambio de saliva en los besos, que tiempos…), lo que realmente es el SIDA es CONTROL. Ha sido uno de los últimos mecanismos erigidos por la élite para lograr el control sobre todos nosotros de tal forma que no sólo ha conseguido el poder sobre nuestra conciencia, nuestra personalidad, nuestro comportamiento y nuestra vida en si misma, sino que además nosotros se lo hemos permitido de tal forma que, lamentablemente, ahora ya va a ser francamente difícil de erradicar de nuestra cultura.

Imagínense a las millones de personas, sólo en el primer mundo, que han caído en la trampa. ¡Y sin pruebas! Lo más alucinante de todo es que simplemente decidimos confiar en lo que nos dice un extraño (el médico), y ni siquiera razonamos de forma crítica lo que nos dice. Sólo obedecemos. Hemos delegado la responsabilidad sobre nosotros mismos hasta el punto en que ni siquiera nos cuestionamos lo que recibimos de las “autoridades”. Somos una raza aún demasiado joven para entender que no sólo somos capaces de ser responsables de nosotros mismos, sino de que debemos hacerlo. Nos llega alguien un día y nos dice: “tienes SIDA”. Sólo nos enseña un test que supuestamente demuestra que así es, tenemos esa enfermedad. No nos paramos a pensar un momento sobre qué significa tal cosa. No investigamos. No decidimos comprender exactamente en toda su dimensión qué significa esa expresión y su alcance. Simplemente nos entra un acojone supino y ahí nos quedamos, patidifusos. Como si nos dijeran que tenemos un cáncer (enfermedad real pero también parte de la gran mentira médica de nuestro tiempo. Así, se ha conseguido no sólo arruinar literalmente millones de vidas (maldita eugenesia), sino que otros miles de millones viven literalmente en el miedo. Pero nadie nos dice porqué. Sólo se nos dice que no es verdad, que no debemos tener miedo. Y es cierto. Pero por muchas pruebas en contra que se quieran presentar, no presentamos la razón real de esta conspiración. Esto es lo que quiero desarrollar en este artículo.

Nuestro ser completo está compuesto de cuatro dimensiones, cuerpos o niveles, como se quiera decir (es al gusto del consumidor). Primero está el cuerpo físico, parte que sensitivamente podemos apreciar por los sentidos. Después, están los cuerpos sutiles, a saber: el energético, el mental y el espiritual (la denominación de cuerpo es para hacer más explícitos los conceptos para personas no iniciadas en estas cuestiones). El mental y el espiritual son superiores y en realidad el mental es básicamente una “interfaz” (los informáticos entenderán mejor esto que digo) del espíritu para interactuar con los cuerpos inferiores y el mundo material. El que nos interesa ahora es el energético.

Todos hemos oído hablar de los chakras. Se trata de vórtices de energía que están asociados a nuestro cuerpo energético y que representan la circulación y estado de la energía en el mismo. Estos chakras son básicos para el correcto funcionamiento de nuestro sistema vital. No quiero hacer aquí una descripción exhaustiva de la cuestión. Además, hay multitud de documentos y contenidos diversos que explican de forma más o menos clara estos conceptos. A mi personalmente me interesa un chakra concreto, que es el principalmente involucrado en esta cuestión del SIDA. Como habréis adivinado, efectivamente me estoy refiriendo al chackra segundo o sexual. Aquí hay que hacer una aclaración importante, también para no iniciados. Que se le llame sexual tiene un motivo puramente práctico: se activa principalmente cuando se realiza un acto sexual de algún tipo o cuando el individuo está excitado, pero ni es la única forma de activarlo ni es su función principal. El chakra sexual se haya situado en la columna vertebral a la altura del vientre, más o menos. Su función no es la de activarse con el sexo (insisto, se le llama así por motivos puramente fortuitos). La función de la energía sexual (la que emana de este chakra) es la de la generación y la regeneración. Es decir, es el chakra de la vida y de la salud. Aunque el chakra tercero está especialmente involucrado en la salud porque controla el sistema inmunitario, lo es más del metabolismo y la digestión, es decir, lo que nos mantiene con vida. La función del chakra segundo es, no mantener la vida, sino crearla. Y esto, lógicamente requiere algunas explicaciones más.

En algunas tradiciones religiosas y esotéricas, se tenía a la energía sexual como “divina”. Esto era debido a que los antiguos entendían que el milagro de la creación, de la vida, provenía realmente de esta energía. Cuando nuestros ovocitos sexuales, espermatozoide y óvulo, se unen, llevan consigo una cierta cantidad de energía sexual que les acompaña hasta el momento de la concepción. La concepción como tal no ocurre con la mera unión de ambos componentes, sino que ocurre cuando el óvulo, una vez que alcanza un cierto número de divisiones (tradicionalmente se entiende que alrededor de las 512 en los humanos, invariablemente es cercano a esta cantidad en todos los humanos), para de crecer y en ese momento, comienza realmente la vida del nuevo ser que nacerá pasados unas semanas o meses, según la especie. No voy a profundizar en esto mucho ahora porque quiero dejarlo para un artículo donde pueda atacarlo más en profundidad, pero la conclusión final a la que quiero llegar es que esa concepción se produce gracias a la energía sexual de los padres. Si esa energía es alta y de calidad, el niño se desarrollará y crecerá fuerte y sano, debido a la energía generativa positiva y abundante de sus padres (entre otros factores que desarrollaré en ese futuro artículo), y si por el contrario es baja o de mala calidad, el niño será enfermizo y débil. Esto ha sido así siempre y así será siempre, porque es nuestra naturaleza. La energía sexual es, pues, la verdadera creadora de vida, la que permite que existamos en este mundo material.

Pero además, es regenerativa. Desde antiguo se usaba para curar enfermedades y sanar dolencias de todo tipo. El tantra (filosofía oriental tremendamente desfigurada en occidente, por desgracia), por ejemplo, explica que por medio de la energía sexual podemos desarrollar una vida plena y feliz, no sólo desde el punto de vista del placer y el erotismo, sino en nuestra vida diaria y en nuestras relaciones interpersonales. La energía sexual se manifiesta de varias maneras, no sólo en el chakra (que es de donde emana inicialmente), sino también a través de los líquidos seminales y vaginales, según el caso, claro. Tanto hombre como mujeres emitimos estos fluidos, pero hay una diferencia esencial: mientras que el hombre es el que emite, la mujer es la que recibe. La mujer se beneficia por partida doble de la energía, ya que aprovecha la propia y la de su pareja, pero el hombre sólo emite, con lo que a efectos prácticos, la desperdicia. Esta es la razón fundamental por la que tras el típico acto sexual, la mujer está activa y espera más (ha recibido un montón de energía extra) y el hombre se apaga y termina rendido y sin fuerzas, porque la ha desperdiciado. Los hombres que no eyaculan aguantan más en el acto y llegan más descansados al final, porque no han emitido esta energía con el semen (esta es una de las enseñanzas del tantra sexual). Cuando el hombre no eyacula (en el caso de la mujer, al ser absorbidos los fluidos por las paredes vaginales principalmente), el semen es absorvido por las paredes de la uretra y otros conductos por donde circula el semen, siendo introducido en el riego sanguineo y transportado por el organismo. Esto, que desde el punto de vista meramente materialista puede parecer asqueroso, no lo es tanto. Recordemos que el semen se produce, precisamente, a partir de la sangre. Lo único que hacemos es reintegrar sangre que habíamos convertido en semen en sangre de nuevo. Además, está enriquecido con hormonas y otras sustancias, y, como no, por la energía sexual proveniente de la excitación. Todo esto nos fortalece y ayuda a vivir mejor. Pero la energía sexual se puede usar además sin necesidad de sexo ni acto de ningún tipo. Por medio de ejercicios, es posible emitir energía sexual sin necesidad de acto sexual de ningún tipo (hay que entrenarlo, eso sí), e incluso podemos aprovechar las posibles excitaciones accidentales que puedan surgir en momentos dados y canalizarlas en nuestro interior. La propia energía sexual es la que cura, independientemente de que vaya acompañada de fluidos. La sanación por magia sexual (básicamente, esto que he comentado en este párrafo de forma muy sucinta) es conocida desde antiguo y practicada hoy día por pueblos más y menos “civilizados”, incluido en occidente. Sólo que además, tenemos la capacidad de usarla nosotros mismos para nuestros propios fines. Podemos también sanar a otros con ella. Tengo la firme convicción de que en el reiki hay una intervención muy directa de la energía sexual, sin manifestación física de ningún tipo. Además, en el acto sexual, el vínculo de amor nos permite transmitir energía sexual a nuestra pareja, ayudando en su posible sanación (es común que personas con gripe o alguna enfermedad infecciosa sane al día siguiente o a los dos días de practicar sexo con la persona amada). En definitiva, es lo que necesitamos para ser independientes, ya que esto nos permite no depender de médicos ni medicinas. Ya os imaginaréis por donde voy.

Pero antes de llegar a las conclusiones, quiero introducir un tercer punto relacionado con la energía sexual que creo que es el más desconocido, pero muy relevante. La energía sexual es una energía netamente femenina. Es decir, es la energía primaria de la mujer. Esto que digo es obvio: la mujer aprovecha esta energía en toda su magnitud. ¿Por qué creeis que viven más, enferman menos, soportan mejor la enfermedad, soportan la concepción y el parto y son más resistentes en general que los hombres? Si habéis entendido adecuadamente lo que he dicho antes, esto no requiere más explicación. Ellas además emiten mucha más energía y se concentra más en ellas. Nosotros la liberamos en exceso y además la desaprovechamos inopinadamente. Si ellas fueran conscientes del poder que les da esta energía, el mundo sería muy diferente de como lo conocemos. Pero eso, la élite lo ha sabido siempre, y aquí comienza la primera de mis conclusiones. La razón fundamental (alguno descubrirá aquí la respuesta a uno de los problemas planetarios más importantes de todos los tiempos) por la que se ha esclavizado y cosificado a las mujeres durante milenios es, precisamente, el poder de su energía sexual. De hecho, las primeras civilizaciones originales eran fundamentalmente matriarcales. Eran las mujeres las que llevaban la voz cantante. De repente, sin aviso, la situación cambió completamente. Se achaca a que los pueblos cazadores y nómadas (fundamentalmente patriarcales) subyugaron a las sociedades agrarias (fundamentalmente matriarcales) y estas desaparecieron casi completamente. Esto es falso. Las cosas no pasan porque sí. No me meteré tampoco en este tema ahora porque requiere un artículo para él sólo, pero ciertamente, eso es mentira. La cuestión es que por medio del tabú sexual, de la reducción al absurdo de la figura de la mujer y su transformación en mera sirvienta del marido, se consiguió impedir que ellas usaran ese poder energético tan potente del que antes disponían. Una mujer no puede manifestar todo su potencial sin manifestar su energía sexual en toda su extensión. E insisto mucho en ello: no me estoy refiriendo al sexo, mera manifestación fisiológica de la energía como tal.

Ahora me gustaría llegar a las seguramente tan ansiadas conclusiones sobre el tema, porque es posible que más de un lector/a esté algo confundido con el devenir de este artículo. Pero en realidad, quien haya seguido bien la explicación no tendrá tantas dificultades para entenderlo. El SIDA y la energía sexual están íntimamente relacionados porque… Uno no existiría sin la otra. Tras la revolución sexual de los 60 (recordemos que el movimiento hippie fue orquestado a nivel del sistema para ayudar a introducir dos cosas: drogas y anti-concepción. Lo primero no hace falta explicarlo mucho, y lo segundo tenía como objetivo promover la eugenesia entre la población. Inventaron la píldora anticonceptiva, pero se dieron cuenta de que sólo se haría popular si… La población copulaba, claro. El movimiento hippie fue básicamente uno de los mejores movimientos del sistema hasta la fecha. Desde luego hay que reconocerles su ingenio e inteligencia, aunque sea para el mal. Millones de personas cayeron en la trampa de las drogas y la promiscuidad (desperdicio enorme de energía sexual que, como veremos luego, influyó enormemente en la aparición del SIDA). Naturalmente, para no quedarse embarazadas, millones de mujeres compraron la famosa píldora. Fue un negocio redondo y además, evitaron el nacimiento de muchos millones de niños que habrían nacido sin darse estas condiciones previas. Pero no contaron con que, a veces, las cosas se tuercen: en los setenta salió a la luz pública que la píldora (sí, la misma que con ligeras modificaciones ha llegado hasta hoy día) provocaba graves problemas de salud a muchas mujeres, con lo que muchos médicos dejaron de recetarla y además, muchísimas mujeres lo abandonaron por inseguro, como es lógico. Pero el ardiente deseo de sexo no terminó, lo que provocó el boom de natalidad en USA y muchos países occidentales, un efecto totalmente indeseado para ellos. Millones de bebés nacieron y las poblaciones en esos países subieron como la espuma. Como se suele decir, terminó siendo un fifty-fifty en su cuenta de resultados.

Pero el deseo de sexo continuó. Eso lo bordaron. Aquí tengo que hacer un inciso porque tengo que introducir el siempre peliagudo tema gay. Aunque quiero explayarme más con ello en el futuro, porque tiene tela marinera, simplemente diré que aunque las tendencias homosexuales han sido comunes en las culturas humanas desde el inicio de los tiempos, los siglos XX y XXI se han convertido en las épocas gays por excelencia. Y teniendo en cuenta que la cultura gay que se vive actualmente es básicamente producto del marketing (que nadie se moleste, por favor, más adelante lo comentaré con más tranquilidad), no es de extrañar que el SIDA se achacase inicialmente a este grupo social. ¿Por que fueran los primeros casos? No. Porque eran gays. Siguiendo con lo que iba diciendo, quiero entroncar con el tema del movimiento hippie de los 60. Tras la segunda guerra mundial, muchos hombres volvieron del frente y se encontraron en una situación extraña. Algunos de ellos volvieron a casa y se encontraron con que su mujer les había abandonado, divorciado, liado con otro hombre, etc… Para muchos de ellos, además, fue duro no encontrar un trabajo (ellas lo habían hecho casi todo en su ausencia, y querían seguir conservando sus trabajos), y además, se sentían en muchos casos desarraigados. Su estancia en Europa o Asia fue para ellos determinante de otro estilo de vida, de otra forma de ser. Muchos optaron por unirse a bandas callejeras y de moteros, y otros optaron por una vía que, aunque no se quiera reconocer, fue fácil durante las largas estancias en alta mar o en los cuarteles sin poder salir: la homosexualidad. Estos hombres, que inicialmente no habrían descubierto su homosexualidad en condiciones normales, comenzaron a comportarse como tales. En los años cincuenta, era común que se reunieran en secreto para hablar entre ellos, y de ahí surgieron los grupos que luego formarían parte de la revolución sexual de los 60 en el movimiento hippie. El movimiento multicolor, símbolo de mundo gay, fue uno de los estandartes del movimiento de liberación sexual, aunque a ello contribuyó también, como es lógico, la píldora anticonceptiva. La revolución sexual terminó en los 70, pero las personas que lo habían vivido y los que recibieron las reverberancias de aquello no pararon quietas. Tras la caída en desgracia de la Píldora, todo el mundo se puso a actuar como auténticos conejos, lo que trajo al mundo a millones de nuevos humanos que no interesaban a la élite. Para más inri, los 60 trajeron también otro efecto indeseado para ellos: un mayor conocimiento y práctica de tradiciones sexuales orientales orientadas a todo lo que he expresado en los párrafos anteriores. Claro, eso era, para la élite, totalmente inaceptable. Había que inventar algo que pudiera contrarrestar todo esto.  Y eso fue el SIDA.

Para impedir que la nueva libertad sexual fuera a usarse “bien”, necesitaban inventar una forma de que la gente volviera a tenerle miedo al sexo. Así, tan simple como suena. Volviendo a la cuestión gay, los homosexuales eran especialmente activos en ese sentido, y además no tenían el problema del embarazo no deseado. Era perfecto. Pero como he dicho, los 60 también trajeron otra cosa indeseable: drogas a las calles. Cuando a finales de los 70 y principios de los 80 comenzaron a aparecer extraños casos de personas de tendencia homosexual que caían gravemente enfermas y morían a los pocos días sin que los médicos pudieran hacer gran cosa, fue el momento perfecto para tender la trampa. No se sabía que les pasaba, no había cura, y cada vez salían más casos. La situación se hizo tan desesperada que hasta Reagan tuvo que prometer públicamente que dedicaría los máximos esfuerzos a terminar con el problema (era mentira, claro). Pero fundamentalmente eran casi todos gays. Se consideró una enfermedad de gays hasta más allá de mediados de los 80, cuando comenzaron a multiplicarse los casos de heterosexuales. Entonces, el triunfo estaba asegurado: era una plaga global que no tenía curación ni posibilidad de redención: si te cogía un SIDA, estabas muerto. El pánico se apoderó de todo el mundo. Fue atroz. Socialmente, ha sido una de las mentiras más influyentes y aplastantes que ha tocado a la humanidad. Y bueno, cuando se trasladó el problema a África, ya fue la monda. Allí, dicen las cifras oficiales, mueren millones todos los años, tantos como en todo occidente. Una masacre. Como veremos, ni de coña.

¿Qué es el SIDA? Cualquiera que investigue un poco llegará a esta conclusión: el SIDA es una inmunodeficiencia crónica no provocada por un virus específico y que básicamente es una combinación de enfermedades que provocan esa inmunodeficiencia. El SIDA es un síndrome plurietiológico (es decir, provocado por varias causas, y de hecho, hoy día más de 30 enfermedades están clasificadas como productoras de SIDA juntas o por separado, como el sarcoma de kaposi, tuberculosis, candidiasis o herpes, y se exige que existan varias de estas enfermedades a la vez para diagnosticar un SIDA. Pero lo mejor de todo es que, hoy día,  pesar de esto, ni siquiera es necesario tener ninguna de estas enfermedades, juntas o por separado. Si das positivo en un test (que varían según el lugar y que no se ponen de acuerdo, con lo que en un país puedes tener SIDA y en el de al lado, no), da igual que no tengas más que un simple resfriado: te atiborran a basura venenosa y mortal. Pero lo que debemos preguntarnos es porqué se produce la inmunodeficiencia. Las inmunodeficiencias se producen, por regla general, por lo que podríamos llamar “mala vida”: comer mal, dormir mal, tomar sustancias sin control, promiscuidad exagerada, etc… Cuando me refiero a promiscuidad no me refiero a tener mucho sexo: me refiero al desgaste de energía sexual por derrocharlo sin más. En general, todo esto nos hace enfermar, de una o varias enfermedades, y si la situación persiste durante demasiado tiempo, terminamos teniendo una inmunodeficiencia crónica, que si no es corregida adecuadamente, desemboca en la muerte porque, simplemente, no podemos combatir las enfermedades y estas nos ganan la partida. Puede parecer contradictorio que la energía sexual sea regenerativa y sin embargo su exceso de emisión dé lugar a que enfermemos y muramos. El problema radica en que perdemos la energía, no la reaprovechamos internamente, y eso implica en gran parte que el sistema inmunológico, que depende en gran medida de que el balance de energía sea correcto, no pueda combatir las enfermedades con normalidad. De eso murieron los primeros casos de “SIDA” en los 80. La vida que llevaban era tan sumamente estresante para su organismo (tanto sexual como en drogas y otras cuestiones) que su cuerpo no lo aguantó más y simplemente sucumbió. Los homosexuales que no son muy promiscuos, llevan vida sana y no se drogan nunca han tenido que preocuparse por el SIDA, independientemente de que puedan tener varias parejas, mientras estas sean estables. Así mismo ocurre con los heteros. Los casos que surgieron en los 80 no eran más que rescoldos de la libertad sexual de los 70, pero no se les dio publicidad hasta entonces. Sí, publicidad. El mundo gay de hoy día es básicamente el conjunto de propaganda que se ha emitido al respecto de una tendencia sexual totalmente respetable. El miedo a lo diferente azuza al racista y el homófobo, pero la cercanía de lo peligroso anima al incauto. Como no se le escapará a nadie, en los últimos años la propaganda en favor del estilo de vida gay ha sido regurgitado en los medios de comunicación como una panacea contra el feminismo. Muchos hombres, incapaces de lidiar con las mujeres reconvertidas de nuestro tiempo, decidieron tomar otro camino que parecía, y de hecho es, mucho más fácil. Yo sostengo, y quiero explicarlo con detenimiento en otro artículo, que un porcentaje altísimo de la población gay, como los soldados de la II guerra mundial, no son realmente gays, sino el resultado de una campaña de marketing alucinante para conseguir desestabilizar la sociedad. El SIDA no fue más que otro paso más en esta enorme campaña de marketing: al ser una enfermedad de homosexuales, se les pudo estigmatizar hasta límites insospechados. Esto, que puede parecer paradójico, no es más que la ya clásica forma de pelear de la élite: divide y vencerás. Para cuando la cosa se comenzó a ir de madre, la élite, en connivencia con organismos como la OMS y el CDC, crearon una enfermedad global que mataba sin parangón y arrebató a la sociedad su inocencia. La cuestión es que los casos de “sidosos” que no han muerto y ni siquiera han tomado medicinas se cuentan por miles, pero son muchos menos que los que si se han tomado las medicinas y se les ha dado, por razones obvias, muy poca publicidad. No sólo no han muerto sino que andan por ahí, realmente VIVOS. Un caso paradigmático es el del doctor Manuel Garrido que desde el 87 que le diagnosticaron el SIDA, anda por ahí llevando una vida normal y sin haber tomado un anti-retroviral ni nada por el estilo en ningún momento (obvio, como médico sabía que lo que le recetaban para la enfermedad era puro veneno, y con mucho sentido común, no lo hizo).

Hay por ahí un documental que relaciona SIDA con la vacuna de la polio. Es desinformativo y su objetivo es perpetuar el mito del virus para que sigamos confundidos y sintiendo un miedo que no deberíamos tener. Implantar la confusión nunca les ha costado demasiado, como creo que se deriva fácilmente de este artículo, y lo siguen haciendo sea como sea. Nosotros debemos seguir haciendo un gran esfuerzo consciente e inteligente para no seguir cayendo en sus trampas por muy lejos que ellos quieran llegar. Nos la metieron con el SIDA con la “sana” intención de que no disfrutemos de las experiencias vitales, que nuestra experiencia material de la realidad sea lo menos edificante y satisfactoria posible (en este caso, de llevar una vida sexual sana y plena, que nos permita ser felices tanto nosotros mismos como con nuestras parejas) pero no lo han conseguido con la gripe aviar ni con la porcina. Ahora debemos empezar a demostrarles que ya no nos pueden seguir engañando con sus trampas de medio pelo. Tenemos que ser seres de luz superiores a ellos y superar su mediocridad. Somos dioses, recordadlo siempre. No dejéis que os digan lo contrario por muy convincentes que os parezcan.