Tras subir el último artículo sobre política e indicar que escribiría otro sobre ciencia relacionada con la religión, me han pedido que lo escriba y dado que estoy parlanchín, pues allá va. Lo que escribo a continuación, como en el caso de la política, puede ser rastreado y comprobado al cien por cien, especialmente por cualquiera que haya estado en contacto o haya estado involucrado de alguna manera con lo que en términos generales podemos llamar “ciencia oficial”, que es básicamente como la versión católica de la ciencia. A lo que vamos.

Puede que para mi sea demasiado evidente, pero para aquellos que acaban de incorporarse al programa, puede que la siguiente afirmación suene un tanto extraña, si no algo dura para según que mentalidad, pero allá va:

La ciencia es una forma de religión.

Esto, así dicho, parece incongruente para muchos, pero vaya, nada más lejos de la verdad. Primero voy a exponer el porqué de esta afirmación, después pasaré a explicar la postura y finalmente a indicar porque la ciencia no es, ni mucho menos, para ateos, o como mucho, agnósticos. Agárrense porque viene otra de las mías.

Ciencia, como tal la conocemos, sólo existe desde hace unos 500 años. No es mucho tiempo, la verdad. Es cierto que antes ya había existido algo así, pero con una nada sutil diferencia: los sumerios, egipcios, griegos, romanos, etc…, no renegaron de su religión para estudiar el mundo que les rodeaba. De hecho, se fundamentaban en sus conocimientos espirituales y esotéricos para realizar tal estudio, lo que en realidad es necesario para ejercer la ciencia, como indicaré luego. La cuestión es que ni siquiera los primeros científicos renegaban de sus creencias. Por mucho que nos hayan hecho creer, ni Copérnico, ni Galileo, ni Kepler (la astronomía fue la primera ciencia moderna que tuvimos al alcance de la mano gracias a la invención del telescopio) renunciaron a sus creencias. Newton, el primer científico moderno propiamente dicho, era de hecho miembro de sociedades secretas y practicaba la alquimia, y no precisamente en sus ratos libres. Famosos son los pertardazos que pegó su laboratorio en varias ocasiones al investigar con mercurio y otros componentes menos estables. Y podemos seguir, la lista es larga. No, la ciencia no es atea, como nos quieren hacer creer, pero eso va para después. Ahora quisiera hacer entender al personal la veracidad de la afirmación antes indicada.

¿Qué es la religión, al fin y al cabo? Un sistema de creencias organizado en una doctrina ampliamente aceptada y que es considerada como la única verdad, la verdad absoluta. Cualquiera que se salga de estos parámetros es sin más un hereje, un apóstata. Es expulsado de la comunidad y no se le permite acercarse a ella ni decir nada sin ser tildado de demoniaco y pusilánime. En una religión, todo aquello que se salga de la verdad preestablecida es pecado, y como tal debe ser eliminado. Pero claro, con la salvedad de que todo sistema de normas es un sistema cerrado que sólo cubre un subconjunto de la trama cubierta por el sistema, y me da igual que hablemos de religión, política, leyes, informática o literatura. Cualquier cosa que se vuelva ortodoxa es, por su propia naturaleza, ineficiente e inoperante ante las nuevas posibilidades que surgen. Pero dichas posibilidades son, en si mismas, excepciones a las reglas del sistema, y por lo tanto deben ser excluidas. Por supuesto, todo aquel que decida aceptar las excepciones es expulsado de la comunidad. Bien, hecha esta descripción general, me gustaría saber si alguien es capaz de decirme “in my face”, que la denominada “ciencia oficial”, es decir, la académica, la que se enseña en colegios, institutos y universidades, no cumple estos requisitos al pie de la letra. No sólo lo hace, sino que lo rebasa con claridad, aunque no quiero meterme en detalles más específicos. Sirva este párrafo para dejar claro lo que quiero decir.

Sin embargo, a todos nos enseñan que la ciencia es la búsqueda del conocimiento caiga quien caiga, pase lo que pase y le pese a quien le pese. Se nos inculca desde pequeños que el científico debe ser alguien que luche por conseguir la verdad aunque lo que descubra no le guste. Porque si algo ocurre que no se puede medir con los parámetros previos, es que debe ser estudiado y medido de nuevo, hasta comprender de qué se trata y cual es el sentido de ese descubrimiento. Básicamente, ese es el espíritu de la ciencia. Pero la ciencia ortodoxa no permite esto. Para ellos, la ciencia es un estudio de la realidad según parámetros discretos y controlados (imposición de la física newtoniana, por otro lado), y todo lo que se salga de ahí no tiene validez. Esto nos ha llevado a un materialismo irredento en el que nada que se salga del estudio material de la realidad tiene sentido que sea estudiado, y por lo tanto, no existe. Si decides desafiarlos, te encontrarás de patitas en la calle, con tu nombre pasado por el barro, sin amigos en la profesión (nadie quiere perder su trabajo ni sus avances) y en definitiva, expulsado del mundo científico. De su mundo, claro.

La ciencia es una religión sin dios, como queda claro. Debes comportarte como si fueras un creyente de una religión cualquiera, pero que no adora a ninguna deidad concreta. El ateísmo parece la bandera del científico, pero, como sabemos, eso es inexacto y, en realidad, imposible si se quiere ser un buen científico. Es un hecho evidente, como se está demostrando día sí y día también, que los científicos que están estudiando más allá de los límites de la ciencia oficial, los que hacen verdadera ciencia, están alcanzando cotas increíbles y descubrimientos que lógicamente están disolviendo las doctrinas oficiales de la ciencia ortodoxa. Por supuesto, estos científicos están siendo expulsados de la comunidad (algunos ni siquiera llegaron a estar dentro, como Nassim Haramein, descubridor de que cada galaxia tiene un agujero negro en su interior o de la estructura cristalina del vacío, y ni siquiera tiene la carrera de física), pero son los que están generando nueva ciencia de calidad que nos está haciendo avanzar como raza cósmica. Son personas que sabiendo lo que hay por ahí, lo están estudiando y están llegando a conclusiones sorprendentes, sí, pero las que son. Porque la ciencia, ante todo, es eso: el estudio y documentación de lo que hay, para nuestro conocimiento.

No nos confundamos: la ciencia oficial no está ahí para ser nuestra amiga, para ayudarnos. Está ahí puesta por el sistema para un objetivo fundamental: estancarnos como especie y como individuos, haciéndonos creer una parte de la verdad que sin ser falsa, es sólo una mínima parte de lo que hay. Y como no es posible estudiar más allá de lo indicado por la ortodoxia, no es posible conocer más allá. Es decir, saldrás en la foto siempre que no te muevas. De ahí que se haya extendido el tópico de que prácticamente sea necesario ser ateo para ser científico, lo que como acabo de indicar, antes que beneficioso, es una rémora. Al menos si lo que quieres es hacer ciencia de verdad, claro. Es un problema filosófico, pero que al final se reduce a lo que indicaba de los funcionarios el otro día: si formas parte del sistema, eres un traidor. El científico que quiera seguir en el sistema ortodoxo por interés o codicia, adelante, puede hacerlo. Pero que no cuente con nosotros. No contará con el apoyo de la gente, y mucho menos de los despiertos ni los anti-sistema. Debemos hacerles el vacío porque son lo que nos impide avanzar como raza. La ciencia tiene tal influencia en nuestras vidas (vivimos en una sociedad altamente tecnificada), que si estamos en el estado en el que estamos no es sólo porque el sistema nos impida avanzar: es porque usa la ciencia como barrera para impedir nuestro avance, gracias a esos aprendices de científicos que llevan las riendas hoy día.

Quiero terminar recomendando buena ciencia: Misterios de la Astrofísica. Que no os confunda el nombre, hablan de todo y con datos y calidad. Si queréis empezar por leer sobre buena ciencia en castellano, este debería ser vuestro arranque. Si conocéis más sitios que creáis interesante destacar, por favor incluidlos en los comentarios.