El otro día vi, porque tampoco había mucho más para ver, la película “Limitless” (Sin límite), una historia que podía haber sido realmente curiosa y que finalmente se queda en un mero entretenimiento que como mucho causa una sonrisa. Pero quiero tomarlo de ejemplo para lo que viene a ser la programación social que nos envían incesantemente los falsimedia para que crearnos una forma de existencia mediocre y sin fundamento. Al menos es entretenida.

Un tío que se hace llamar a si mismo escritor (un desahuciado de la vida) no tiene ni puñetera de escribir y no se come un colín, claro. Le deja la novia, por imbécil, y está a punto de perder el alquiler de eso así llamado casa, mientras es incapaz de escribir una sola linea coherente de texto (lo que no se entiende es como es posible que alguien así consiguiera un contrato de impresión con una editorial, la verdad). La cuestión es que el tío en si no es mala gente, pero es lo más dejado que hayáis visto en los días de vuestra vida. Digo esto porque tiene un karma cojonudo y se encuentra con su ex-cuñado (sí, para más inri, está divorciado), que es un camello de altos vuelos. Le deja una pastilla que supuestamente le cambiará su vida de diversas maneras. Remolonea, pero como el chaval este se ha debido meter hasta cicuta, acepta. Se la traga y al momento se convierte en el tío más molón de la historia: es capaz de escribir la mitad de libro encargado ese mismo día, liga con todo Cristo, deja su casa arruinada como los chorros del oro… Se puede decir que todo su cerebro se reactiva para convertirlo como mínimo en persona (aquí ya hay un fallo esencial: si con un pobre hombre como este era capaz de hacer esto, no quiero pensar lo que sería capaz alguien con dos dedos de frente…). El caso es que al día siguiente el efecto ha desaparecido y claro, ahora ya se ha creado expectativas, así que decide visitar a su colega de nuevo para obtener más (aunque la pastilla son 800 dólares del ala cada una). Bueno, el tema es que llega, y al volver de hacerle unos recados al cuñado, se lo encuentra asesinado. El espectador asume sin riesgo de error que ha sido por la droga, pero el idiota este no se da cuenta hasta después de llamar a la policía. Consigue encontrar la droga antes de que llegue la autoridad y se sale de rositas. Los errores de argumento con la policía son de libro, ya lo veréis si tenéis ganas de visualizar el film. El caso es que consigue su alijo y durante dos meses se convierte en el crack de Wall Street (que tópico), consiguiendo 2 millones en 10 días o algo así… Pero como no, la droga tiene efectos secundarios, y tiene lagunas tales en las que incluso ¡mata gente sin enterarse! Bueno, su vida se empieza a ir por el sumidero cuando encuentra a su ex, que también tomó la droga pero no ha muerto como otros. Bueno, a partir de ahí, la película se convierte en una especie de sinsentido violento que desemboca, no se sabe como, con que el tío se convierte en senador. Sí, todo muy extraño, pero lo que me interesa es lo que viene a continuación.

El tema principal de esta película es que puedes convertirte en un superhombre tomando una pastilla. Tomando un químico, tu cerebro pasa a estado turbo y te conviertes en el rey del mundo racional. Intelectualmente eres insuperable. Y aquí es donde tenemos los primeros fallos importantes a nivel de programación mental. Lo primero, y es algo que aprendes al iniciar el camino, es que sólo existe verdadera inteligencia si fusionas razón e intuición. Son las dos formas de pensar que tiene nuestro cerebro. Esta película es el típico mensaje de que para triunfar en esta vida sólo necesitas ser el tío más listo (racionalmente hablando) del planeta. El colega no sólo no es intuitivo, sino que a pesar de su supuesta inteligencia, no las ve venir por ninguna parte (excepto al final justo de película, en que se convierte poco menos que en omnisciente). Sólo lo externo y racional tiene sentido para él y entra en sus cálculos. Luego está, lógicamente, la cuestión de que confiemos en la química para conseguir de nuestro cuerpo lo que queramos, curarnos o ser mejores. Obviamente debe ser así porque hay dos mercados que mantener: farmacia y drogas. Debemos estar todo lo enganchados que sea posible a toda la porquería que podamos tragar. De hecho, hoy día hay gente que si no te metes aunque sea un paracetamol te miran raro, ya que no entienden como puede ser que vayas tan bien por la vida y ellos tengan que meterse de todo para levantarse (o acostarse) a diario. Y bueno, como ya inventan pastillas para la impotencia, la obesidad y hasta para la memoria, ¿quién no nos dice que dentro de nada también habrá para subir 100 puntos tu cociente? Mirad, yo he conocido a gente muy inteligente, los he tenido de amigos, y son gente bastante desgraciada por regla general. Ven el mundo de tal manera que todo les viene pequeño, no comprenden lo que para cualquier humano “inferior mental” es lo más normal del mundo y de hecho en muchos casos ni siquiera pueden tener relaciones estables permanente, porque los demás no consiguen estar a su nivel (son altamente racionales y su capacidad de intuición o emocional está gravemente disminuida en según que casos). Pueden ser sumamente repelentes si no les sabes llevar y de hecho suelen fracasar en muchas cosas a las que se enfrentan porque no consiguen congraciar el mundo real con el que ellos consideran que debería existir realmente. Pero el tío de la peli no es nada de eso: si, te muestran todo lo “guay” que debe implicar ser “superlisto”, pero ninguno de los peros ni limitaciones (excepto el hecho de que la droga esa en cuestión casi le mata, pero claro, eso también lo solucionan de un plumazo). Vamos, realismo puro y duro en pantalla.

Pero claro, luego está el tema chungo: convertirte en un ser superior engancha. Aunque parece que la droga no tiene efectos secundarios desde el punto de vista del supuesto cuelgue y el mono típicos de cualquier droga (ya que no es psicotrópica), en realidad tiene un efecto secundario que lógicamente no asocian con daños colaterales: te da la impresión de ser un superhombre, con un éxito desbordante y tremendamente atractivo ante los demás. Este pobre desgraciado se da cuenta de que no es él mismo cuando la toma, y dándose cuenta de que sería un mediocre si no, decide tomarla día tras día, a pesar de los efectos secundarios chungos que terminan apareciendo tras llevar un tiempo tomándola y que están a punto de arruinarle la vida. Pero sin ello no es persona. Esto encaja con como la sociedad pretende (y consigue en muchos casos) conseguir que seamos totalmente inconscientes de nosotros mismos y de nuestro verdadero ser: moda, drogas legales, apariencia, deseo de cosas materiales (consumismo), etc… Sin ellas, no somos nadie, según el sistema. Si no consumes, no eres válido, ya que no colaboras a que el status quo se mantenga (crecimiento sin fin y sin razón de ser). Claro, al final, la droga, más que convertirte en alguien mental e intelectualmente superior, sólo tendría el sentido de convertirte en el socialmente más interesante y exitoso. Al final, la gente se daría cuenta de que ser más listo y competente sería lo de menos: el objetivo será en todo caso convertirte en alguien que, aparentemente, es mejor y que tiene seguidores (un twitter psicodélico, vamos). Finalmente, tu vida sería un mero pasar de días intentando ser el más interesante y se vaciaría totalmente de contenido. Tu vida solo tendría sentido en tanto en cuanto mantuvieras ese status quo. ¿Qué pasaría si se terminase? Que tu vida dejaría de tener sentido. Suicidios en masa. Cuando tu realmente no has cambiado: sigues siendo realmente el mismo, sólo que tu idea de ti mismo no es la misma.

Se puede conseguir desarrollar enormemente las capacidades de nuestra mente sin necesidad de drogas, sólo que cuesta más y es más largo en el tiempo, lo que no mola nada. Pero es permanente, y te hace querer mejorar cada día de forma que al final no te cuesta hacerlo. Pero como en el camino espiritual, cuesta empezar, y por ahí es por donde no quiere empezar nadie. ¿Y tú, te has tomado ya la pastilla?