Cosmos (desde la Wikipedia):

En su sentido más general un cosmos es un sistema ordenado o armonioso. Se origina del termino griego “κόσμος”, que significa orden u ornamentos, y es la antítesis del caos. Hoy la palabra se suele utilizar como sinónimo de universo (considerando el orden que éste posee). Las palabras cosméticos y cosmetología tienen el mismo origen. El estudio del cosmos (desde cualquier punto de vista) se llama cosmología. Cuando esta palabra se usa como término absoluto, significa todo lo que existe, incluyendo lo que se ha descubierto y lo que no.

Aunque no es propiamente una definición, contiene los elementos que necesito para el documento de hoy. Voy a intentar desmitificar el significado de Cosmos y lo que para nosotros significa realmente. Los propios griegos usaban este término para definir todo lo que existe y lo que no existe (es decir, lo no percibido por los sentidos). No es lo mismo que Universo, que en general representa el Cosmos conocido (percibido). Nosotros, de ahora en adelante usaremos siempre el término “Cosmos”, por ser el que mejor representa el sentir espiritual.

Cosmos es un término más complejo del que consideramos habitualmente. El sistema no sólo reduce nuestro vocabulario, sino las posibles interpretaciones y significados de los términos. Esto es algo que debemos tener claro ya: nuestra perspectiva actual (el mapa en el que nos movemos y observamos la realidad) es relativamente reducido dependiendo de nuestro nivel cultural, espiritual y nuestra capacidad de aplicar el libre albedrío a la realidad en la que vivimos. Esta perspectiva siempre va a estar condicionada por una serie de factores, entre ellos el lenguaje. Cuando se habla en un lenguaje universal no hay problemas, porque todos entenderíamos lo mismo independientemente de cualquier consideración. Pero al existir los idiomas, cada uno de ellos tiene sus propias acotaciones, y es manipulable por separado. Algunos lo son más que otros, claro. Obviamente, un idioma simbólico es mucho más difícil de manipular que uno basado en abecedario (fonemas), ya que si quitas un símbolo, impides poder expresar determinado concepto, y no puedes variar su significado de forma especialmente importante (al menos durante siglos) porque entonces la gente no podría entenderse con claridad. Pero en los idiomas basados en fonemas como el nuestro es más fácil. Esto quiero extenderlo adecuadamente en un artículo independiente, y sólo quería aclarar el concepto de término: un término es un concepto “acotado” que tiene una extensión y límites precisos. Con lo que hay conceptos que son muy complicados de entender debido a su “término”. El concepto de Amor está delimitado por el término “amor”, y el término tiene unos significados concretos, manipulables y variables. Por eso, es posible que en ocasiones deba realizarse un esfuerzo añadido para comprender determinadas cuestiones de las que voy a exponer, porque voy a usar lo que podríamos llamar “términos ampliados”, que en realidad expresan el mismo concepto pero con un mapa mental más amplio, razón por la cual a lo mejor es posible que os perdáis en ocasiones.

Dicho esto, y por no alargar más el documento, paso con el tema realmente importante: el Cosmos.

Entender este concepto es fundamental, por una única y sencilla razón: todos vivimos en él. No hay nada que no esté en él y al mismo tiempo, todos somos él. Todo lo que existe, material e inmaterial, vivo o muerto, y otras categorías que desconocemos, son energía pura. Esto hay que explicarlo extensamente porque, como he dicho, los significados de las cosas varían de acuerdo a los intereses concretos del sistema para nosotros, y conseguir que no comprendamos esto es fundamental para ellos.

Energía. Otro concepto que se ha tergiversado desde los orígenes de la ciencia. Para la ciencia, básicamente es la capacidad (potencia) de realizar un trabajo. Esta es una visión tremendamente mecanicista de la energía, visión generada por los primeros científicos controlados por la élite para intentar encubrir en la medida de lo posible que tengamos una idea lo más aproximada posible sobre la realidad. Pero yo doy otra definición de energía que además, también está apoyada por la ciencia: es todo lo que existe. Absolutamente todo lo que se ve y no se ve, ocurre y no ocurre, sentimos y no sentimos, es energía. Aunque la inmensa mayoría no comprende algo tan fundamental, podemos deducirlo de la famosa ecuación de la relatividad general (famosa no porque se comprenda, sino porque se ha convertido en un icono de la modernidad):

Significa que si cogemos cualquier cantidad de materia y la aceleramos a la velocidad de la luz al cuadrado (un número insultántemente grande como para ponerlo aquí), es decir, a 300.000 km/s aproximadamente al cuadrado, conseguiremos que esa materia se convierta en energía. En mi antiguo blog tengo una página sobre el tema que tal vez os pueda interesar, aunque su contenido es puramente intelectual, pero puede servir de base para entender algunos conceptos más profundos de lo que normalmente se suele entender por “física”. La cuestión es que, en definitiva, la materia es una forma de energía vibrando a muy baja frecuencia, de manera que contiene potencialmente una cantidad asombrosamente enorme de energía, pero muy condensada eléctricamente. Así, podemos pasar al siguiente punto: el universo eléctrico.

El universo material que conocemos es básicamente un conjunto de interacciones eléctricas. Nosotros tenemos una experiencia del mundo material porque nuestros sentidos pueden percibir esas interacciones eléctricas de materia de una forma coherente, más o menos. Cuando nosotros tocamos algo, no lo tocamos en el sentido que tradicionalmente entendemos los humanos. Nosotros no “tocamos” nada: sólo chocamos con ello. Me explico. Como todos sabemos, las cargas eléctricas (las interacciones a las que hacía referencia) tienen dos polos: positivo y negativo (una dualidad cósmica más). Bien. Estos dos polos se atraen, y si las cargas son del mismo tipo, se repelen. Bien, pues esto, que se nos enseña de pequeños, tiene una consecuencia que no se nos enseña ni de mayores: eso es lo que hace que tengamos consciencia del mundo materia, de tocar y sentir cosas. Toda la materia está formada por átomos, y como sabemos, esos átomos interactúan eléctricamente entre si por medio de sus electrones, que son materia condensada en un polo negativo. Dado que todos los átomos tienen electrones (ya que si no, no podrían existir), de forma natural se repelen entre si, excepto en determinadas situaciones en las que pueden enlazarse, pero esto no es una clase de química… La cuestión es que cuando un grupo de átomos se enlaza de forma estable, forma un grupo material más grande y compacto (hablando en términos de sólidos), no deja que otros átomos lo atraviesen o destruyan esa unidad a no ser que el otro grupo de átomos tenga determinadas características que lo permitan. Es decir: cuando tocamos una mesa, no estamos tocando nada, sino simplemente los electrones de nuestra piel en las manos están chocando (interactuando negativamente) con los átomos de la mesa. Los átomos de la mesa repelen a los nuestros gracias a sus cargas. Así es como se genera la sensación de solidez y materialidad de las cosas. Esto es cada vez menor cuanta menos solidez tiene la materia, hasta terminar casi desapareciendo en los gases. Se supone que el plasma la fricción es prácticamente inexistente, con lo que es un estado de la materia donde no hay interacción eléctrica, aunque la cantidad de energía es enorme (ya que casi se puede decir que en la práctica, casi no hay materia estable en el plasma). Es decir, el plasma es materia casi en estado energético. Esto nos lleva a otra conclusión: se suele despreciar la electricidad estática como inapreciable ya que no produce conductividad, pero nada más lejos de la verdad: la electricidad estática es, per se, la naturaleza eléctrica propiamente dicha de la materia. Todo es electricidad estática a un nivel material.

Comprendiendo como funciona la materia desde el punto de vista físico y eléctrico, podemos pasar al siguiente punto. Porque una cosa es como es el mundo en que vivimos, y otra cosa es como lo percibimos. Y ahí es donde entramos en el “maravilloso” mundo de las percepciones sensoriales material. Bienvenidos al mundo de los sentidos.

Los sentidos como tales no son más que “escáneres” eléctricos: son terminales que captan la información eléctrica del mundo exterior y la comunican al cerebro. Es decir, todo lo que le llega al cerebro es señales eléctricas que luego interpreta para tener una visión del mundo. Imaginaros por un momento que os encierran en una celda totalmente oscura, sin ventanas ni fuentes de luz, y lo único que podéis hacer es deambular por, pongamos, dos metros cuadrados de superficie y dos metros de alto. Sería claustrofóbico, ¿verdad? Pues exactamente así imagino que se siente nuestro cerebro, sólo que él ni siquiera tiene espacio para moverse: está perfectamente empaquetado dentro del cráneo. No puede ver, ni oir, ni oler absolutamente nada. Todo lo que puede hacer es reconocer patrones eléctricos que le llegan por medio de los sentidos. Estos patrones, limitados a unos determinados (cuyo reconocimiento varía en cada especie) es toda la experiencia del mundo exterior que tiene nuestro cerebro. De hecho, ya han demostrado que es posible conectar el cerebro a unos electrodos en puntos específicos y reproducir artificialmente las mismas sensaciones por medio de patrones de impulsos. De hecho, ya es posible hacerlo sin ni siquiera conectar nada, por medio de impulsos electromagnéticos por el aire. Esto significa que nuestra percepción de la realidad, no es que esté condicionada: es que es inexistente y la recreamos según lo que nosotros creemos que es la realidad. El que todos estemos de acuerdo en que la realidad es de una determinada manera no es más que el hecho de que genéticamente todos aceptamos los mismos patrones. Pero en el momento en que los patrones cambian por cualquier motivo (como en la sinestesia o el daltonismo), automáticamente la percepción de la realidad cambia por completo. Así, hay muchos animales que “ven” sonidos o perciben cosas que nosotros no podemos porque son capaces de ver la luz infrarroja, sólo por poner dos casos. Simplemente ellos tienen patrones eléctricos que nosotros no tenemos. Pero nosotros vemos en color y muchos de ellos no. Así, lo que nuestra mente interpreta es lo que le llega según la interpretación del cerebro. Cuando creamos sensaciones nuevas, sólo estamos manipulando esos patrones eléctricos para crear diversas realidades.

Cuando vemos algo, ese algo no está allí. Eso rige tanto para los objetos “materiales” como para un dibujo en la pared. Cuando vemos algo, sólo vemos la interpretación que hace nuestro cerebro del impulso eléctrico que nuestros ojos envían al recibir la señal luminosa por medio de paquetes de fotones que chocan desde una fuente de luz en otro objeto, que absorbe todo el espectro de luz menos un color determinado, que es el que nos llega. Y chocan simplemente porque hay una interacción eléctrica. Cuando olemos, nuestras papilas gustativas (que sí, también intervienen en el olor) y nuestros centros olfativos reconocen patrones eléctricos en partículas en el aire, de forma que se comunican al cerebro y se reconocen. El caso del oído es todavía más extraño: podemos percibir las vibraciones del aire (la vibración es una ley cósmica a la que dedicaré un artículo, como al resto de leyes), convertirlas automáticamente en impulsos eléctricos (porque es la propia interacción eléctrica de la vibración la que se traduce en vibración eléctrica en el oído interno), y es la propia vibración eléctrica la que llega al cerebro y se interpreta. Y además podemos hacerlo estéreo. Toda nuestra experiencia del mundo se reduce a electricidad, y no nos damos cuenta en ningún momento.

Al final, todo esto nos lleva a una conclusión: nuestra percepción del mundo es totalmente vaga y superficial, y tremendamente escasa. Sólo percibimos pequeños retazos de la realidad. Esto implica que hay todo un mundo que no percibimos ahí fuera y no sabemos a ciencia cierta qué hay en él, pero todo eso está ahí. Otras dimensiones, entidades energéticas (a las que podemos llamar espíritus, fantasmas, polstergeists, etc…), mundos paralelos y toda una serie de posibilidades que la ciencia tiene en cuenta y estudia pero no nos comunica. Porque no interesa que nosotros entendamos como funciona realmente el mundo. Se nos tiene ciegos y sordos ante lo que es una explosión de vida energética a todos los niveles. Y cuando hablo del mundo material, sólo me refiero a una pequeñísima parte de nuestra realidad. Todo el resto del Cosmos infinito es una vastedad de vida y consciencia que nos aguarda.

¿Qué nos queda entonces? Si somos tan poca cosa (en apariencia), ¿cómo podemos existir y desplegar nuestra existencia en un sistema energético tan increíblemente amplio, diverso y desconocido como este? Para eso, el propio Cosmos nos lanza una ayuda: la comprensión de las siete leyes cósmicas, o como son más conocidas, leyes hermenéuticas o de Hermes, el dios egipcio/griego de lo oculto y el conocimiento. Estas leyes son las siguientes:

  • Ley de la mente inteligente: el Cosmos es una sola mente inteligente que es autocomprensiva y abarca todo lo existente (visible o no visible).
  • Ley de la vibración: el Cosmos es un sistema energético que vibra en diferentes frecuencias de onda y genera las realidades que podemos sentir y no sentir.
  • Ley de correspondencia: todo lo que existe se corresponde con todo lo demás, de forma intrínseca y completa, dado que todo es Uno y todo está combinado en un solo ser universal.
  • Ley de polaridad (dualidad): todo es dual en el Cosmos, todo tiene dos caras y estas están integradas entre si, complementándose perfectamente.
  • Ley del ritmo: todo está armonizado en sus diferentes planos y frecuencias. Todo es cíclico, repitiéndose en la misma forma intemporalmente.
  • Ley de causalidad (también llamada de atracción): todo tiene una causa, y cada causa tiene un efecto. No existe la casualidad, y todo pensamiento, palabra o acto realizado tiene consecuencias.
  • Ley de género: relacionada con la ley de polaridad, existe una polaridad universal especial que es la del género: masculino y femenino. Todo fluye a través de estos dos géneros.
A cada una de estas leyes le dedicaré un “archivo” de ahora en adelante, para intentar contribuir a una mayor comprensión del Cosmos. Estas leyes, como he dicho, son intrínsecas, invariables, y ordenan el funcionamiento del Cosmos de forma inintencional, es decir, que no se aplican de forma discriminada según la situación. Por ello, creas en ellas o no, se aplican a tu vida igualmente, aunque debido a que son como son, a veces nos resulta complicado comprender como es posible que sean de tales maneras. Comprender estas leyes es comprender el Cosmos, y por lo tanto, aprovechar nuestra vida en él de todas las formas posibles. No comprender estas leyes supone desaprovechar todas las posibilidades que nos aporta el Cosmos en si, y por lo tanto, no vivir con todo el potencial que tenemos a nuestro alcance. De diversas formas, estas leyes influirán en todo lo que voy a explicar en futuros artículos, con lo que deberéis tenerlas presentes en todo momento si queréis comprender adecuadamente el mundo esotérico en el que vivimos.