El otro día visioné esta película y no quería dejar pasar realizar la correspondiente crítica porque me gustaría recomendarla al respetable. “Nosso Lar” (en portugués, “Nuestro hogar”) es una película brasileña del 2010 que trata sobre el camino espiritual de André Luiz, un médico que muere unos años antes de la II guerra mundial debido a la mala vida que ha llevado (comida en exceso, tabaco, alcohol, etc…). No es mala persona pero está dormido, tiene muchos prejuicios y está resentido con la vida. Cuando muere, va a parar a un lugar oscuro y lóbrego al que podríamos denominar “el inframundo”, pero es a donde van todos al morir, sobre todo los que tienen cuentas pendientes. Allí, todos deben intentar aprender una serie de lecciones vitales que no pudieron aprender en vida, si quieren salir de allí con bien. André pasa mucho tiempo allí, sufriendo hambre, dolores y privaciones, hasta que un día aparecen tres hombres con trajes limpios y que desde luego no parecen de allí. Se lo llevan a una ciudad de luz, “Nosso Lar”, que es una colonia espiritual de las muchas que orbitan alrededor de la Tierra. Allí es curado de sus heridas físicas y mentales, y debe comenzar una nueva vida como espíritu de luz. Al principio es difícil, pero va aprendiendo lecciones, admitiendo sus errores en vida, como cuando despreciaba a una mujer a la que trató como médico en vida y que se termina encontrando en la ciudad de luz. Allí va comprendiendo las leyes espirituales y como podrían haberle salvado y haberle permitido llevar mejor vida en la Tierra. Él murió de “suicidio”: dio tanto mal a su cuerpo que este terminó enfermando y muriendo por su culpa.

Cuando se siente preparado, pide permiso para bajar a la Tierra a visitar a su familia, para descubrir que su mujer se ha vuelto a casar y que sólo su hija mayor le recuerda con veneración. Su reemplazo está enfermo, y al principio siente ira y odio porque ha sido cambiado, pero cuando aparece de nuevo en el inframundo, se da cuenta de que ese odio es miedo a la pérdida, y decide volver para hacerle bien, curándole gracias al agua. Entretanto, ha estallado la II guerra y tiene que ayudar a acoger a los millones de personas que murieron en aquel error cósmico.

Basada en una novela del autor brasileño Chico Xavier, un conocido medium y divulgador espiritual que dedicó su vida a extender este conocimiento, se supone que este libro lo canalizó el espíritu André Luiz a Chico, y fue el más vendido de los 400 que escribió. La historia contiene una muy buena cantidad de material espiritual, y en ella se concretan muchas leyes cósmicas, como la de vibración, causa y efecto, ritmo y la más importante de todas, la mente universal. Son lecciones que el protagonista tiene que aprender si no quiere volver al inframundo, porque ahí es donde se cae cuando se tienen cuentas pendientes. Es cuando se está dormido, cuando uno no siente con su interior, está perdido, muerto, y sufre un temor indecible del que no sabe salir. Sólo cuando su corazón tiene un atisbo de amor que restalla, puede liberarse de las cadenas de la opresión que el mundo material ejerce sobre nosotros. Ejemplo de eso es la sobrina de uno de los personajes secundarios, Lísias, está todavía demasiado enganchada a la vida material y, segura de poder llegar a de nuevo a la Tierra, se aventura por el inframundo pero lógicamente, se pierde de nuevo y debe ser encontrada por lo espíritus de la ciudad. Demasiadas cosas nos enganchan a este mundo y tememos ir más allá. Hasta cierto punto, la ciudad ejemplifica una suerte de “purgatorio” donde uno debe limpiarse completamente de las querencias, filias y fobias, para liberarse completamente y pasar a los planos superiores, cosa que el protagonista al fin consigue.

Técnicamente es una película bastante normal, pero eso es lo de menos, ya que lo que importa es su contenido. Es valiente el intento de representar de alguna manera el mundo del más allá, y si se ve de forma metafórica, sus imágenes tienen cierto sentido y gran sensibilidad. Pero como digo, lo realmente relevante es lo que dice. Nosotros no nos damos cuenta de hasta qué punto somos carne de cañón en el mundo material y como nos olvidamos de lo que realmente somos, olvidando por el camino, como es lógico, todo lo demás. Una de las primeras cosas que tiene que superar André Luiz es su orgullo. Él era médico en la Tierra y claro, intenta hacer lo mismo en el mundo superior, pero claro, con terribles consecuencias: no asume que ya no puede tratar el cuerpo físico (que es lo único que hacen los médicos), y al intentarlo, daña más a los pacientes de lo que están, ya que transmite sus energías negativas al sujeto. Cuando lo comprende, debe abandonar ese orgullo de profesión y ser humilde, entendiendo que el paciente no es sólo un cuerpo, sino también una mente que debe vibrar en armonía con el cuerpo. Son muchas las lecciones que debemos aprender en este mundo, y cuanto antes empecemos, antes terminaremos, y mejor final tendremos.