Estoy leyendo vía nadiemejorquenadie un artículo de Miguel Rix sobre el movimiento de la “primavera española” y la necesidad de una refundación del sistema, y qué pasos daría él para conseguirlo. Demasiado complejo en mi opinión, pero es una idea al fin y al cabo. Empero, debemos ir al problema básico: qué es lo que queremos refundar. Y ahí es donde tenemos el principal problema: que la mayoría no sabe ni lo que hay que refundar.

Porque partamos de una premisa básica: ¿qué entendemos por sistema y porque hay que cambiarlo? Porque si haces esta pregunta, cada uno te va a responder su opinión, y se pueden decir auténticas barbaridades. Nadie sabe a ciencia cierta qué es el sistema, porque es tan grande, complejo y sumamente disfuncional (desde nuestro punto de vista: desde el punto de vista de la élite es la forma más eficiente de funcionar), que realmente nadie tiene una idea global sobre todo lo que es el sistema. Pero en realidad, es bastante sencillo. Se repite muchas veces el concepto de “Matrix” para hablar del sistema, pero es que en realidad, no es un tópico: el sistema es Matrix. ¿Qué es Matrix? Es todo el montón de cosas y conceptos que se nos ha puesto ante nosotros para ocultarnos una verdad que si es masivamente conocida, nos terminaría haciendo libres. El sistema no es ni más ni menos que la articulación en el mundo real de esa Matrix.

(Aquí quisiera hacer un inciso. Cuando se dice Matrix se tiende a pensar en la película y automáticamente, el frikismo viene a la mente de todo el mundo. Lo que no resulta evidente a todo el mundo es que esa película era un manual de instrucciones completo sobre el sistema de Matrix, bajo la metáfora tecnológica. Cualquiera que desee comprender los aspectos básicos del sistema en que vivimos, debe ver esa película, aunque luego requiere de una comprensión profunda de conceptos como los que solemos tratar habitualmente en este blog.)

Pero una vez que entendemos esto, nos debemos preguntar como se produce esa articulación, como el sistema consigue lograr ese objetivo en el mundo real. En la película, los humanos estaban ligados a unas máquinas que los mantenían con vida, absorbiendo su energía y haciéndoles creer que su existencia era real por medio de una realidad virtual generada digitalmente. Pero nosotros sabemos que no es así, así que de alguna manera eso se tiene que poder hacer de tal forma que permita lograr el mismo objetivo sin encerrarnos en granjas robotizadas. Para ello existe el concepto creado en el siglo XVIII que configura nuestro sistema social actual: el contrato social.

Rousseau, el colega que se inventó "El contrato social"

En artículo “Elige como quieres ser cocinado” hacía referencia a este concepto y lo que significaba. Básicamente es la forma en que el estado de derecho nos esclaviza. Por un lado, los sistemas anteriores simplemente nos obligaban a seguir sus normas sí o sí por la fuerza. No hay mucho que decir al respecto. Pero para que los intelectuales masones pudieran imponer su nuevo orden mundial, necesariamente tenían que conseguir que la población aceptase acríticamente las normas de su estado de derecho, de forma que no se vieran obligados pero al mismo tiempo estuvieran totalmente ligados al mismo desde el nacimiento. Para ello se creo el contrato social. Este contrato, como todos los contratos, liga a dos personas (a efectos legales, una organización de cualquier tipo y tamaño, y esto incluye al estado, es una persona jurídica) por un trato que establecen entre ellas, normalmente por un documento legal, aunque también se puede hacer de forma oral, siendo igualmente vinculante. La cuestión es que para hacerse bien, para que sea plenamente operativo y sin duda alguna, es mejor hacerlo por escrito. El contrato social dice que el estado cuida y protege a sus ciudadanos con la condición de que estos, para vivir en una sociedad civilizada, deben cumplir las normas que emanan del estado de derecho, debidamente retocadas y maquilladas para que todo el mundo “trague”. Y para lograr la total operatividad, se debe hacer por escrito. Ese documento es el registro civil que nuestros padres realizan cuando nacemos. Al registrarnos oficialmente, se nos incluye en el censo, y por supuesto, se nos acoge con toda las “ventajas” del sistema, pero dejamos de ser libres. Aunque no hayamos aceptado hacerlo, ya estamos dentro. No me voy a meter sobre la obligatoriedad del registro (si tu no registras a tu hijo, sí, no cuenta con determinadas ventajas, pero también es cierto que no estará ligado de por vida al sistema, y en puridad, tú no estás obligado a realizar el acto en si de registro; en ningún sitio dice que debas entregar tu hijo al sistema nada más nacer), sino que quiero centrarme en la cuestión principal: solucionar el problema del contrato social.

Cada vez está más claro que el estado no sólo no nos ayuda y protege, sino que estamos cada día más desvalidos y sin posibilidad de decir siquiera “esta boca es mía”. Desde ese punto de vista, entiendo a los que se manifiestan, aunque el problema no son sus motivos, sino si comprenden que están siendo manipulados para conseguir objetivos oscuros que no entienden. Lo que está claro es que estamos en la situación en que estamos porque, clara y absolutamente, el estado no está cumpliendo con su parte del contrato social. Sí, se nos proporcionan una cantidad de derechos que son totalmente inútiles, porque sí, te dicen: tienes todos estos derechos, pero no te dan ni herramientas ni ayuda para llevarlos a cabo. Se supone que tenemos derecho a tener un trabajo, una vivienda digna, privacidad de comunicaciones, libertad de expresión y tantas y tantas cosas que, en la práctica, son imposibles de ejercer en muchos casos. Por suerte, gracias a Internet aún tenemos libertad de expresión, pero ¿Cuánto durará? Porque a la que te dan derechos, también establecen todas las limitaciones posibles, con lo que pueden en cualquier momento, no sólo limitar esos derechos, sino incluso quitártelos. Cuidaos de recibir nuevos derechos porque no podéis saber si en algún momento terminarán quitándoslos.

El estado no está cumpliendo su parte del contrato, eso es evidente: nos tenemos que buscar la vida por nuestra cuenta y todo se reduce a nuestra capacidad de sacarnos las castañas del fuego. Ahora, nosotros debemos cumplir fielmente nuestra parte del contrato y si no, somos expulsados, bien sea físicamente como moral e intelectualmente. Si ellos no están cumpliendo su parte, ¿nosotros qué hacemos? Porque evidentemente tiene que haber una contraprestación. El típico “dormido” tal vez no comprenderá esta diatriba. La cuestión es: si el estado debería estar trabajando para que yo no tuviera que pasar hambre, frío, enfermedades, etc… ¿Por qué está ocurriendo? Una preclara mente lógica dirá que es imposible cubrir esas necesidades de todo el mundo. Sólo quiero recordar que vivimos en un mundo donde, artificialmente, se genera escasez para que la economía de enriquecimiento de unos pocos siga funcionando mientras los demás somos cada vez más pobres. Atención, no estoy diciendo que debamos ser todos ricos: es que no debería existir ni el dinero. El estado, como tal, debería estar proporcionándonos empleo, vivienda y los recursos básicos para vivir (alimento y ropa, fundamentalmente), necesarios para tener una vida digna. Evidentemente, el que quiera vivir con más y tener más cosas, se las tendrá que ganar, como podemos entender desde un punto de vista material. Pero el estado debería estar, ahora mismo (y puede, porque hay recursos para ello, sólo que el sistema económico mundial está organizado, precisamente, alrededor de que no se pueda), proporcionando esos recursos básicos para que las personas pudieran desarrollar una vida libre sin necesidad de sufrir penurias vitales. Lo ganado a través del empleo podría disfrutarse o invertirse en otras actividades, pudiendo disfrutar de un mínimo ocio y tiempo libre. El que quisiera usarlo para desarrollar negocios o proyectos, podría hacerlo. Pero claro, aquí chocamos con un problema importante: los más ricos no quieren compartir su riqueza con los demás. Así que mientras vivamos en un entorno donde no exista equiparación, donde todos seamos realmente iguales, un mundo en el que el estado nos ayude, proteja y nos permite crecer es imposible. Siempre se pondrán mil excusas para no llevar a cabo un proyecto semejante. ¿Es una utopía? Desde luego que no, pero nos han enseñado desde pequeñitos que debe ser así, que tenemos que sufrir sin saber realmente porque sufrimos. La conclusión a la que quiero llegar después de este parrafazo es la siguiente: el estado no está cumpliendo su parte del trato.

(Nuevo inciso: voy a dar la razón en una cosa a los que dicen que no se puede hacer, y es en la cuestión económica global -cosas tipo PIB y monadas de esas-. El 90% del dinero que se supone se maneja no existe realmente, con lo que si por ejemplo el estado español se supone que tiene 1.300 mil millones de dólares de PIB, aproximadamente, de eso quítale todo el dinero falso que se mueve, los meros números digitales de los bancos, y tendrás la cantidad real. Eso es lo primero que habría que solucionar si queremos que las cosas funcionen como es debido.)

¿Y si el estado no está cumpliendo, porque debemos hacerlo nosotros? ¿Por qué estamos pagando impuestos, sufriendo problemas de todo tipo, y en muchos casos ya, hambre, dolor, enfermedad…? ¿Por qué debemos seguir consumiendo la basura de productos de las multinacionales? ¿Qué sentido tiene seguir haciendo todo eso cuando ellos no están cumpliendo su parte? Porque si al final voy a tener que ser yo el que me saque las castañas del fuego, ¿qué utilidad tiene que esté en esta sociedad, y tenga que cumplir todas esas inútiles y arbitrarias normas? ¿Voy a sacar algo a cambio? ¿O para lo único que va a servir mi “colaboración” es para que otros se enriquezca de mi trabajo mientras yo lo paso mal? SON USTEDES quienes deberían estar haciéndose estas preguntas. Ahora sí deberían indignarse por nuestro estilo de vida, impuesto por el sistema y seguido por nosotros sin protestar. Queda claro y es evidente que al final, la única solución posible es no cumplir el contrato social. ¿Y eso que implica? Implica que debemos negarnos a seguir las normas del sistema. Pero no unos sí y otros no, evidentemente. Todos (o al menos una gran mayoría, ya que lógicamente los que más ganan con el sistema no van a rebelarse contra él). Dejar de pagar impuestos, no consumir productos inútiles, no cumplir normas absurdas como muchas de la vida diaria, no pagar multas, etc… Es decir, no mantener lo que hace que el sistema exista, y lo que nos encarcela a él. No por destruir el sistema en si, sino para que nosotros seamos más libres y tengamos la capacidad de desarrollar nuestra vida de verdad. Porque si de todas formas vamos a tener que buscarnos las habichuelas, por lo menos que nadie nos diga qué hacer y cómo hacerlo. Hemos sido desde siempre demasiado dependientes de ese sistema, y ahora ese sistema nos tiene totalmente pillados. ¿Hasta cuándo permitiremos que siga siendo así? Insisto: si realmente se quiere luchar contra el sistema, no se trata de una confrontación directa de unos pocos, lo que en general no asustará a la élite. Si dejamos de seguir sus reglas (sus órdenes, al fin y al cabo), en algún momento tendrás que bajar la cabeza. Sí, es cierto que puede dar lugar a conflictos importantes, pero la libertad no está exenta de lucha. Pero que sean ellos los que den el primer paso. Somos nosotros siempre los que damos el primer paso y es terrible, porque nunca podemos ganar. Que muevan ficha ellos, y entonces se destapará su verdadera naturaleza. La naturaleza del mal. Es cierto que algunos sufrirán un tanto por la rebeldía, pero aunque puedan atacarnos a algunos de nosotros, no pueden hacerlo con todos. No tienen ni fuerzas ni posibilidades de atacarnos a todos a la vez. Sé y entiendo que eso desembocaría en una crisis social de grandes dimensiones, pero o es eso o seguir como estamos. Con una acampada chorra en una plaza eso no pasará. El cambio debe ser primero interior, y después exterior, cuando el cambio experimentado se transfigure en cambios operativos reales. Y el objetivo final, el ya indicado: que cada uno de nosotros tengamos la capacidad de dirigir nuestra propia existencia personal como mejor creamos conveniente.

Esto, obviamente, es pura teoría porque no puedes poner de acuerdo a 45 millones de personas. Por eso, mi idea siempre ha sido que cada uno de nosotros debemos seguir nuestra transformación interior y vivir nuestra vida con alegría y amor, no desesperándonos porque las cosas no cambien a mejor. Porque eso buscan, que lo veamos todo tan negativo que seamos inactivos. Pero precisamente lo que no debemos ser es inactivos personalmente. “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”, digo Gandhi. Sin ese paso previo, es imposible. Por lo demás, creo que todo lo anteriormente dicho son los pasos necesarios si queremos ver el cambio global real, de verdad.