Habitualmente la gente no suele escuchar el sonido de su propia voz. La vibración que producen nuestras cuerdas vocales resuenan en nuestros huesos y órganos internos, de forma que esa vibración genera, aunque a nosotros nos parezca imperceptible, una realidad energética en nuestro interior. Más adelante me sumergiré en lo que son nuestros cuerpos sutiles, pero me gustaría que realizarais un pequeño ejercicio cuando podáis: cuando estéis sólos, cerrad los ojos, emitid un sonido sordo desde el interior de la garganta, grave, y mantenedlo durante unos segundos. Notad como la vibración del sonido se amplía en vuestra caja torácica, la garganta y llega a vuestro craneo, y disfrutad de la sensación del sonido en vuestro cuerpo. Habéis notado la vibración del Cosmos en vuestro interior.

La segunda ley cósmica dice que todo el Cosmos es un sistema energético vibrando de infinitas maneras, y esa vibración es lo que conforma la existencia en este plano y en todos los demás. Lo que vamos a comprobar en este artículo es que la vibración cósmica no es sólo vibración sonora, sino también de todos los tipos de energías. Nuestros pensamientos, palabras y actos vibran generando el mundo que conocemos y que no conocemos. Una de las consecuencias como veremos es que somos nosotros los que generamos el mundo en que vivimos. Literalmente.

Como ya vimos en los anteriores artículos, el Cosmos es un conjunto infinito de energías, todas ellas vibrando en diferentes frecuencias. Nosotros podemos experimentar directamente sólo un pequeño (muy pequeño) conjunto de ellas. Después podemos sentir algunas de forma intuitiva o tal vez física, dependiendo de nuestra sensibilidad. Y por último, la mayor parte de esas energías pasan totalmente desapercibidas para nosotros, sólo pudiendo experimentar algunas de ellas por medio de aparatos que interactúan eléctricamente con ellas (sensores). Son como órganos de los sentidos artificiales que nos permiten ampliar un poco nuestro mapa energético. Para comprender esto volveremos a un tema que esbocé en el archivo II: el mundo material es básicamente energía que vibra de forma densa y que conforma el mundo en que vivimos.

El mundo físico es material, es decir, está conformado por un tipo (o varios, ya que hay materia, como la denomianda materia oscura, que no podemos percibir porque no refleja la luz) de energía que vibra en resonancias muy densas (bajas frecuencias). Así, se conforma en lo que denominamos átomos, que a su vez están constituidos por partículas subatómicas. Estas a su vez lo están de otras y así sucesivamente. ¿Donde está el final? No se sabe realmente, pero lo que tenemos que entender es que los átomos, como esas partículas, vibran en esa frecuencia, y al hacerlo todos a la vez, pueden interactuar entre si, interfiriéndose. La energía, vibrando en una determinada frecuencia, puede interferirse creando ruido o distorsión. Como veremos a continuación, esto es así para el mundo en que vivimos.

Ernest Rutherford fue un físico experimental inglés que a principios del siglo XX realizó un experimento tan sencillo como este (si tienes los medios, claro): pidió a sus ayudantes que colgaran una lámina de oro tan fina como unas pocas micras y le disparasen partículas alfa desde un cañón diseñado para ello. Tenían que contar los choques de los partículas en la lámina y los que atravesaban la lámina limpiamente. Así lo hicieron. Pero cual no fue su sorpresa de que, tras varios intentos, el resultado fuera siempre el mismo: los choques contra la lámina eran mínimos, un porcentaje irrisorio en comparación con los que atravesaban la lámina. Hay que entender su extrañeza: en aquella época entendían que la materia era totalmente sólida, una especie de masa informe de partículas, es decir, si ves algo sólido, es que es un bloque sólido en su conjunto, sin fisuras. Lo suyo sería que la anomalía hubiera sido que algún intento hubiera atravesado el material intacto. Pero no. La mayoría había atravesado sin más la lámina de oro. ¿Cómo era posible? Es como si la lámina no estuviera allí. No tenía ningún sentido para un físico experimental, claro, pero entonces nuestro amigo Ernest se puso a teorizar, y llegó a la conclusión de que… ¡No había lámina! (casi 90 años antes de Matrix). Bueno, es algo más complicado: simplemente llegó a la conclusión de que las partículas atravesaban la lámina porque los huecos entre los átomos eran tan enormes que podían pasar a través sin problemas, porque simplemente no encontraban obstáculos para pasar. Sólo algunos chocaban contra los electrones o núcleos. Así dicho, se daba a entender que efectivamente, la distancia entre los átomos y su espacio entre el núcleo y los electrones era tan grande que otro electrón podía pasar sin problemas por ellos. Llegó a la conclusión de que la lámina no estaba formada de forma sólida, sino que sus átomos estaban dispuestos de tal manera que a pesar de que nosotros apreciamos su forma sólida, realmente no la tenía. Aquello, entre otros estudios que se estaban realizando en la misma época, fue el pistoletazo de salida de la física cuántica y sus implicaciones para el mundo tal y como lo entendemos.

Entonces, ¿qué es el mundo físico en el que vivimos? Porque evidentemente, yo estoy aporreando teclas en este momento, así que de alguna forma eso tiene que ser posible. Y lo es si entendemos la ley de la vibración: nosotros, como el resto de la materia, estamos vibrando en la misma frecuencia de onda. Esa frecuencia genera el mundo material tal y como lo entendemos, de las formas que veremos a continuación, y todas sus características. La materia, como veremos, interactua entre si por medio de la electricidad. De hecho, todo es electricidad en el mundo en que vivimos. Las interacciones eléctricas generan las sensaciones que tenemos y podemos experimentar, pero como también comprobaremos, se tratan de una recreación de nuestra mente. En resumen, y ahora profundizaremos más en ello, el mundo material no existe EXACTAMENTE IGUAL a como nosotros lo entendemos.

Imaginaros que os encierran en una habitación pequeña sin luz, sin ventanas, sin una puerta. Sólo notais una paredes de superficie irregular y no escuchais absolutamente ningun sonido. Nada. Así estáis constantemente, día tras día, sin noción del tiempo ni del espacio. No sabéis si afuera hay algo más que vuestra celda, y no podéis conjeturar si existe algo más allá, ni como salir de allí. En un momento dado, cuando despertáis un día, descubrís que han puesto algo que tiene una pantalla que brilla. Veis cosas que cambian. Es una especie de televisión. La televisión muestra imágenes diversas y a priori inconexas, y tu empiezas a darle sentido a cada una de esas imágenes y formas escenas. Pero no hay sonido. Otro día, aparecen unos altavoces que parecen acompañar a lo que sale en la televisión, o al menos a ti te lo parece porque cuando se oye algo, eso tiene algún tipo de representación en la pantalla, y viceversa. Además, comienzas a oler y asocias ese olor con lo que ves en la pantalla. También empiezan a ponerte comida que parece ser lo que sale en la pantalla. Esta es una forma alegórica de representar tu cerebro. En esta escena, tu eres tu cerebro. Nuestro cerebro no siente, ni ve, ni oye. Sólo es un órgano receptor de señales eléctricas provenientes de los sentidos (que no son otra cosa que sensores eléctricos) y que interpreta esas señales de alguna manera, y filtra los mensajes para enviarlos a la mente, que es quien lo interpreta. Cuando veamos los cuerpos sutiles veremos como funciona esto.

Los sentidos son básicamente sensores eléctricos. Pero, ¿cómo funcionan? ¿Cómo ocurre esa maravilla de ver, oir, oler, tocar y saborear? Porque a nosotros nos parece increible (y es posible que lo sea), pero en realidad no son más que interacciones eléctricas de la materia. Y eso es precisamente lo que vamos a ver ahora. Porque la materia es energía vibrando a baja frecuencia, formando partículas que interactúan entre si. Vivimos en un universo material eléctrico, y todo se explica por medio de esas interacciones. Existe una dualidad (como veremos en otro archivo) que es la de los polos positivo y negativo. Estos polos permiten generar el mundo en que vivimos. Las partículas pueden ser positivas (protones), negativas (electrones) y neutras (neutrones; son básicamente partículas que no interactuan eléctricamente con el resto). Todo átomo está formado por un núcleo de protones y ocasionalmente neutrones, y una masa de electrones formando una especie de “sistema solar” a su alrededor. Las interacciones eléctricas se producen porque dos átomos se encuentran y sus electrones chocan, porque al ser de la misma carga se repelen. Así, si una gran masa de átomos se encuentra con otra gran masa de átomos, y no se producen interacciones químicas, se repeleran. Así la materia se puede formar en grandes grupos de átomos que terminan formando el mundo material tal y como lo conocemos. Excepto porque se produzcan reacciones eléctricas, cosa que sólo pasa cuando los átomos tienen inestabilidades a nivel eléctrico, todo el resto de la materia es estable y se conforma en los bloques materiales que conocemos. Nosotros podemos manipular físicamente esos bloques y generar alternativas, construyendo el mundo que conocemos con nuestras manos. Esta es la explicación del mundo en que vivimos, muy resumidamente, claro.

Así, ¿como ocurre que los sentidos interactuen con el resto de la materia? Cada órgano lo hace de una manera: la vista recibe los fotones que chocan contra los objetos, y recibimos sólo el espectro de luz que no ha absorbido el objeto, de forma que podemos ver objetos de colores gracias a esto, y bueno, podemos verlos sin más. Si apagas la luz de tu habitación y bajas la persiana, te quedarás totalmente a oscuras. No verás nada. Hasta ahí todo correcto. Pero si no ves nada, a no ser que te muevas y choques con algo, no tendrás capacidad alguna de asegurar que ahí hay un objeto. Sabes que lo hay porque tu memoria te dice que están ahí, pero si no tuvieramos tal memoria, no lo sabríamos a ciencia cierta. Otros animales tienen formas de percibir objetos lejanos sin verlos, pero nosotros no. A todos los efectos, en ese momento para nosotros no hay objetos donde suelen estar cuando hay luz. Lo que quiero decir es que nosotros podemos percibir la materia porque vemos su luz reflejada, no el objeto en si. Nosotros no vemos objetos, sólo los residuos de espectro luminoso que quedan tras la interacción eléctrica de estos con la luz. Pero con el sonido es aún más curioso: nuestros oidos internos ni siquiera realizan procesamiento como tal (los ojos distinguen entre color y blanco y negro, por ejemplo). Simplemente reciben una onda física producida porque las partículas del aire se mueven por la interacción eléctrica de otros objetos distantes (es decir, sus electrones han chocado entre si), y ese movimiento de partículas producen una vibración energética que es detectada por los huesos del oído y convertidas en señales eléctricas. La piel es aún más simple: nuestra piel choca eléctricamente con los objetos y eso es convertido en señales eléctricas por unos órganos que residen en la piel y que envían la información al cerebro. Ni siquiera el dolor es algo real: cuando nos hacemos una herida, el dolor ocurre porque hay unos órganos en la piel (en otras zonas internas del cuerpo) que estimulan los nervios y estos mandan la señal al cerebro, que cuando la interpreta lo refleja como respuesta a una agresión, creando el dolor. Pero el dolor como tal no existe. De hecho hay personas con una anomalía que no sienten dolor cuando tienen un traumatismo o una herida, porque esos centros de dolor están desconectados del cerebro. Y así con todo. Sea como sea, todo son señales eléctricas que nuestro cerebro tiene que procesar después de alguna forma.

Todos creemos que vemos las cosas igual al resto del mundo, pero no es así. Todos vemos las cosas de forma ligeramente distinta del resto, porque nuestros órganos sensoriales no son los mismos, y nuestros cerebros tampoco. Es posible que las variaciones sean mínimas, pero existen. Sin embargo, hay personas que no sólo ven diferente, sino que sienten diferente. La sinestesia es la capacidad que tienen algunas personas de “cruzar” sus sentidos, de forma que hay personas que oyen colores, huelen sonidos o saborean cuando tocan algo. Para estas personas es tan real como para el resto es usar los sentidos normalmente. De hecho, no me parece que sea en absoluto un problema: te abre a todo un mundo de posibilidades que los “normales” no poseemos. Pero además, demuestra que el mundo no es como nos quieren hacer creer: no es inmutable y único, no es un mundo sólido en el que todo está reglado y en el que todo es estático según unas reglas físicas inmutables. Está claro que hay mucho más allá por descubrir y la ciencia sólo ha raspado la superficie. Lo que nos espera en el horizonte es incierto, pero sin duda mucho más interesante que lo que tenemos hasta ahora.

Cualquiera que haya practicado con mantras conoce la sensación que recorre el cuerpo al emitir los sonidos. Se trata de vibraciones que, entonadas adecuadamente, sintonizan nuestra parte física en frecuencias determinadas, pudiendo llevarnos al extasis y a otros estados de consciencia. Existen numerosos mantras para las más distintas posibilidades, pero sobre todo, hemos de comprender que los mantras existen porque forman parte de nosotros. Cuando se entonan y se practican seriamente, son una forma de sintonizar con uno  mismo, permitiendo la concentración necesaria para la meditación y otras tareas espirituales. También preparan el cuerpo para el yoga y pueden usarse para preparar los distintos momentos del día. El mantra es, en definitiva, una parte de nosotros. Las vibraciones producidas por el sonido alteran nuestra parte física y energizan nuestros cuerpos sutiles. Estos cuerpos no son ni más ni menos que manifestaciones energéticas del Cosmos vibratorio. Según a quien se pregunte pueden aparecer más o menos cuerpos sutiles, pero básicamente, de forma muy resumida, vienen a ser estos, los más fundamentales: el cuerpo energético, que es lo que nos da la vida; el cuerpo mental, que es lo que nos permite comunicar con nuestro cuerpo físico y energético, y genera las emociones y sentimientos; y el espiritual, que somos nosotros. Nuestros cuerpos funcionan en planos diferentes y por tanto son sistemas vibracionales distintos, pero funcionan al unísono porque forman parte de un mismo sistema global de vibraciones, que les permite entrar en contacto y coexistir. Veremos estos cuerpos por separado en futuros artículos, pero lo importante a comprender ahora es que cada uno de ellos es energía funcionando en distintos planos pero al mismo tiempo, generando nuestra realidad. Existen muchas más por ahí y obviarlas no les hace desaparecer.

Tampoco hay que complicarse mucho la vida para entender esto: si uno mira a su alrededor, se dará cuenta de que estamos rodeados de aparatos electrónicos que emiten y reciben radiaciones (energías vibrando) de diversos tipos: radio, televisión, móviles, wifi, o simplemente estática. Tenemos tal cantidad de ondas de energía atravesándonos en este momento que es normal que cuando salimos al campo o nos alejamos lo suficiente del mundanal ruido, sintamos que se nos quita un peso de encima. Ya no están esas miles de ondas atravesando nuestros cuerpos, y todo parece estar en paz y tranquilidad. Por eso más y más personas deciden irse a vivir fuera de las ciudades, porque sólo eso les termina compensando, a pesar de los sacrificios que deben hacer para conseguirlo. Todas esas ondas viajan en distintos planos energéticos y de hecho, nosotros no las sentimos a no ser que tengamos una especial sensibilidad para ello. Ni siquiera ellas se chocan entre si, y cuando lo hacen, por algún motivo, se forma el llamado ruido: dos frecuencias energéticas se cruzan y claro, chocan, porque eléctricamente han interactuado. Exactamente lo mismo que hacemos nosotros cuando tocamos algo o recibimos la luz de un objeto. Lo que hacen los objetos materiales es eso, chocar sus frecuencias. Si no estuvieran en el mismo plano vibracional, las teclas de mi teclado no serían tocadas por mi piel, y por tanto, ahora no estaría escribiendo. Es tan fácil y tan difícil como esto, y entenderlo sólo supone un pequeño esfuerzo por nuestra parte.

Pero la historia no acaba aquí. Hasta ahora hemos hablado en términos muy materiales y concretos, pero las energías vibrando van mucho más allá. Como el Amor y el Miedo. La cimática es la rama de la ciencia que estudia las vibraciones y su influencia en el mundo. Desde hace más de 60 años, se han realizado estudios que permiten entender como actúan las vibraciones energéticas en nosotros. Se han realizado experimentos tales como extraer una cantidad de ADN de un individuo, alejar esa muestra cientos de kilómetros del individuo original, y someter después al individuo a algún tipo de emoción o sentimiento, tantos positivos como negativos. La sorprendente conclusión es que la molécula de ADN, a muchos kilómetros de distancia, se comportaba de forma idéntica y simultáneamente al resto del ADN del sujeto del experimento. Con este y otros experimentos se llegó a la conclusión de que las emociones y los pensamientos no son sólo ideas y conceptos, sino que tienen una influencia física directa en nosotros y lo que nos rodea. Así, se descubrió que las emociones que producían energía de más alta frecuencia producían al tiempo estados de felicidad, y los de más baja frecuencia o más densos, de infelicidad. También se llegó a la conclusión de que sólo existen dos tipos básicos de emociones: Amor y Miedo (sí, lo contrario del amor no es el odio, como se nos ha hecho creer siempre). En cuanto una persona se acostumbra a vibrar en determinadas frecuencias, requiere más de esas frecuencias para poder alcanzar un estado estable. Sin embargo, sólo en emociones de altas frecuencias se consiguen estados estables de felicidad, y al contrario, con emociones de bajas frecuencias se consigue justo todo lo contrario. Así, el Amor es la ausencia de Miedo, y viceversa. Esto puede parecer extraño porque nos han acostumbrado a una idea de Amor que no es real, pero de eso me ocuparé en otro archivo. La cuestión es que nuestras emociones, sentimientos y pensamientos son energías que emanan de nosotros y que afectan a nuestro entorno energético. Como vimos en el archivo anterior, todo el Cosmos es un ser de energía inteligente que recibe y da de forma acrítica y sin prejuicios, pero eso funciona tanto para lo bueno como para lo malo. De como decidamos vivir nuestra vida (en el Amor o en el Miedo) dependerá la actitud del Cosmos hacia nosotros.

En definitiva, y por ir acabando, me dejo cosas en el tintero, pero en próximos archivos iré desgranando otras curiosidades del mundo energético, que son muchas. Lo importante es comprender dos conceptos claves para la comprensión de nosotros mismos y lo que nos rodea: que somos una sola energía vibrando en diferentes maneras para construir las diferentes realidades que podemos percibir y no percibir. Somos ante todo energía que posee inteligencia propia (no sólo racional, sino también intuitiva) y que es capaz de experimentar y cambiar el mundo con sólo pensarlo. Que nuestros pensamientos y sueños son reales, y afectan a nuestra existencia a la de todo lo que nos rodea. Y es tan fácil como experimentarlo con uno mismo: OM MANI PADME UM. Dios esta con vosotros.