Siempre que veo The Matrix o pienso un rato en ella, me viene a la mente la misma idea, ya reflejada por Platón en su “mito de la caverna”, expresado en su “República”: el mayor problema que tenemos tanto como individuos como también en sociedad es que estamos ciegos. El filósofo griego la introdujo como método explicativo de lo que ocurre cuando se logra el más alto conocimiento como parte del conjunto social. Pero de una forma más profunda, identifica unos postulados epistemológicos (en cuanto a la obtención y uso de esos postulados) que están directamente relacionados con una idea concreta: el conocimiento y su ausencia como conductores de la sociedad política. En términos más llanos, básicamente es lo que la película intenta transmitir: como ciudadanos, se nos ha ocultado la realidad mostrándonos otra “realidad” en base a mentiras y miedo, de manera que cuando descubrimos la verdad nos asombramos e incluso la negamos, ya que no podemos entender como eso era posible mientras nosotros creíamos ciertas otras cosas. Pero al mismo tiempo, se encuentra la dificultad de conseguir que los demás comprendan ese conocimiento que a ellos le son negados, no entendiendo como es posible y tildando definitivamente como un loco al que ha conseguido ese conocimiento. Todo ello se va manifestando a lo largo de la película de forma más o menos expresa, por medio de la metáfora de las máquinas, metáfora que por cierto ha venido muy bien a la élite para convencer a mucha gente de que incluso vive en una realidad controlada por ordenador. Sí, es cierto: mucha gente se convenció de que era posible que viviéramos en una realidad computerizada. Me hacían gracia esos estudios que decían que “había un XX% de probabilidades de que vivieramos en un sistema informático”. Válgame el cielo.

Platón expresaba por medio de su metáfora que las personas vivimos una ilusión: los que vivían en la caverna sólo veían sombras, que eran gente normal que pasaba delante de ellos con velas. De esa forma, si tenías así a la gente durante muchos años, terminarían creyendo que lo único que existían eran las sombras con velas: condicionamiento mental basado en la propaganda. Al final, cogían a uno, lo llevaban a fuera y le enseñaban como era el mundo, y al volver a la caverna, este les decía que había un mundo maravilloso ahí fuera, y que todo era guay del paraguay. Los demás, claro, no le creían, porque no era posible que existiera algo más que las sombras que veían a diario. Este mito se ha interpretado de múltiples maneras: políticas, sociales, religiosas, culturales… Pero ninguna de esas interpretaciones es correcta. Hay que considerar que tanto Platón como Sócrates, su maestro, eran esotéricos, y formaban parte de cultos místicos y mistéricos. Lo que Platón estaba expresando en este mito era, ni más ni menos, lo que sabía que le ocurría a todo el mundo al vivir en esta realidad material: que todo lo que existe a nuestro alrededor es puro humo, una forma de existencia basada en el autoconvencimiento y el nulo criticismo frente a la realidad. El pobre que salía y luego les contaba lo que había visto no era ni más ni menos que un pobre hombre que ni siquiera él mismo creía lo que veía. Esto es lo que ocurre normalmente cuando las personas se dan cuenta de lo que ocurre: tienden a levantar un muro mental para ocultar el hecho de que han vivido engañados toda la vida. Eso es demasiado para nuestra mente, que tiende a rechazarlo hasta que, finalmente, se da cuenta de que es lo único real.

Nuestra sociedad se basa en la pugna entre ese conocimiento y su ausencia, como indicaba antes. Recuerdo una metáfora explicada por Icke que muestra muy gráficamente este mismo problema: imaginemos una granja llena de vacas. Las vacas están felizmente ahí, paciendo, y ocasionalmente las ordeñan para sacar leche. Pero de vez en cuando, una de ellas desaparece. Las otras no saben que ha pasado, pero eso ocurre al menos una vez a la semana. Un día, una de las vacas ve como se llevan a una de ellas y la meten en un camión que dice “MATADERO”. Enseguida se lo va a contar a las otras, que la miran como si estuviera loca: “pero que dices, eso es imposible… ¿Para qué querría el granjero matarnos? ¿Qué crees que va a hacer, comernos?” Y dice otra indignada: “pues no puede ser: yo tengo acciones en ese matadero, no es posible que nos estén matando allí para hacernos salchichas…”. Al fin, la vaca que lo ha visto todo sólo tiene dos alternativas: o ceder a la presión social y continuar hasta que le toque, o intentar escapar de la granja para evitar en la medida de lo posible que le toque a ella la siguiente vez.

Cuando ocurrió lo de Haití, recuerdo la noticia de que miles de bidones de agua mineral sin abrir habían sido abandonados por el ejército americano nada más que llegaban al aeropuerto. Esa noticia me impactó, desde luego, aunque ya sabía lo que había detrás, pero mucha gente se impactó tanto, porque no se imaginaban ni remotamente que lo que ellos habían donado simplemente no habían servido para nada, que en muchos casos comenzaron a abrir los ojos (que no es lo mismo que despertar) a la realidad en la que estaban viviendo: eso mismo, se lo contaban a otra gente y estos no lo creían. No era posible que hicieran eso en aquel desastre. Pero hay vídeos en YouTube que lo demuestran:

Esto hace que muchos se pregunten: ¿Por qué pasa esto? ¿Qué razones hay para que ocurran cosas como estas? Pero la pregunta que se deberían estar haciendo es porqué ellos lo consienten. Sí, entre todos consentimos que ocurra, no haciendo lo necesario para evitar que nos sigan engañando con las sombras ante nosotros, bailando en la oscuridad. Ellos nos manipulan y nosotros sólo miramos con estupor los resultados de sus obras. Somos, en realidad, cómplices del suceso, y somos también colaboradores necesarios porque sin nosotros, nada de esto sería posible. La única reacción posible no es “indignarse” (véase aquí las correlaciones entre el 15M, el anarcocapitalismo y el NWO), sino preguntarse a uno mismo en sus adentros qué hace mal y como solucionarlo. Porque la solución no está en los demás, sino en cada uno de nosotros. Ya he comentado posibles soluciones en artículos anteriores, pero básicamente todo se resumen en no seguir sus mandatos y sus reglas. No comprarles innecesariamente, no votar, no perder tiempo y esfuerzo inútilmente en cosas que no nos van a reportar beneficio alguno, etc… En definitiva: vivir nuestra vida momento a momento como el mejor y más importante, porque eso es lo que es. Levantarnos, no seguir mirando las sombras del muro y salir afuera, y descubrir lo que nos depara el mundo real. ¿Y tú, vas a seguir en las sombras para siempre o piensas ser libre?