Me decían hace un tiempo, y me ha venido a la memoria, que si yo no estaba indignado con la situación actual, debido a mi falta de apoyo al movimiento 15M. Le respondí que sí, claro, pero intenté omitir toda la “parte larga”, es decir, la explicación de porqué no apoyaba el movimiento, y lo hice porque consideré que esa persona no estaba preparada para asumir la verdad. ¿Acierto o error? No lo sé, pero en todo caso, uno toma decisiones y debe bregar con ellas.

Claro que estoy indignado. Llevo indignado no sé los años. Cuando mucha gente seguía hipotecándose como quien compra chuches y mientras seguían pidiendo créditos basura a Cofidis, cuando votaban al candidato más guapo (si es que eso es posible) o simplemente seguían con sus vidas “españolas”, yo ya estaba indignado. Los nuevos indignados son eso, nuevos indignados, gente que antes no lo estaba y ahora sí. Se han indignado cuando les han tocado el curro y las pelas. Pero antes, miel sobre hojuelas. Todo iba estupendo. Y ahora no. Ahora yo estoy doblemente indignado: por la situación general y por los indignados. Así que voy a formar mi propio movimiento de los “doblemente indignados”. ¿Alguno se apunta?

Seamos serios y sinceros. La gente no está indignada, sólo molesta de haber despertado levemente de su sueño de “riqueza nacional” y ahora que se dan cuenta de que les están “tocando las narices”, se molestan. Son como un niño que se da cuenta de que le han estado engañando sucesivamente para que se porte bien y luego no cumplen con lo prometido. Pero que se le vuelve a decir otra mentira y otra vez se queda contento. Estos indignados son en su mayoría mayores de edad, es decir, que ya tienen un decurso vital. Que se indignen ahora de cosas que nos llevan haciendo toda la vida es como mínimo risible. Es como si yo llevo viendo años una televisión que no emiten una imagen de calidad, veo la de otra tele que se ve bien y luego me molesta ver la mía. Pero sigo viéndola porque es lo único que hay para ver los canales, así que “me jodo y me aguanto”. La gente se ha cansado de ver siempre el mismo canal y ahora quiere cambiar de canal, pero para percatarse de que el mando no tiene botones de canal. Y está intentando cambiar el canal manipulando los cables del aparato a ver si consigue sintonizar otra señal. Supongo que el lector/a ya se estará percatando de lo que quiero decir, así que no voy a explicarlo mucho más.

En resumen, que me gustaría poder decir que indignarse no es importante: hay que estar indignado. Pero indignado de verdad, porque cuando te indignas de verdad entiendes cual es la realidad que te rodea. Y la indignación permanece en el tiempo, porque entiendes esa realidad y que es inmanente a la propia existencia que nos hemos dado. No es una indignación pasajera fruto del momento y de las circunstancias. Es una indignación que nace y florece de la misma esencia de la existencia que nosotros mismos nos hemos dado. Y para superar esa indignación (porque indignarse es un doble trabajo: indignarse y desindignarse), debemos superar lo que lo produce, y eso exige, necesariamente, superar nuestras propias limitaciones. Eso nos lleva a la revolución interior, creo que la única vía posible para vivir una vida plena. Mientras la revolución siga siendo exterior, va a seguir habiendo mucho indignado desperdigado por ahí…