Yo tampoco sé lo que es una ONG...

Este mensaje me llegó ayer como una promoción de Vodafone:

VF Publi: Las personas con síndrome de DOWN tienen futuro. Dales tu apoyo. Envía DOWN al XXXXX y el coste íntegro (1,2 euros) irá destinado a DOWN ESPAÑA.

Ya hice hace un tiempo una reflexión sobre como se nos influye para condicionarnos y programarnos mentalmente con la publicidad. Tanto en ese caso como en este, se plantea un dilema moral que inevitablemente, si eres un esclavo, se decantará porque escribas el mensaje y gastes el 1,2 euros. Recalcar “DOWN” en mayúsculas sirve para incidir en la culpa… ¿Qué culpa? No seamos hipócritas: todos, en nuestra etapa de dormidos, hemos mirado mal a las personas con deficiencias físicas o psíquicas. El mensaje publicitario viene a decirte: “Tú, capullo, el que miras mal a los ‘retrasados’, echa pelas en el bote y limpia tu mente y tu alma”. Eso también lo hacen mucho con los niños de África y los sudamericanos, entre otras causas (como la de los perritos del otro post). Evidentemente, quieren que sientas pena de ellos, para que sueltes la gallina. Pero, ¡ay!, los despiertos no sentimos pena, sino compasión, que no es lo mismo. Aunque esto ya lo comentaré en otro momento. Las personas con discapacidades físicas o psíquicas no necesitan que les donen nada: sólo que se les trate como a iguales. Como lo que son.

Todo esto viene porque el mensaje es de apoyo a una ONG. Las Organizaciones No Gubernamentales son, en principio, entidades que teóricamente están fuera de los ámbitos de poder político y religioso y, al menos teóricamente, funcionan para aportar servicios que, teóricamente una vez más, no ofrece “el sistema”. Como voy a explicar a lo largo del artículo, ni son “anti-sistema”, ni “no gubernamentales” ni están para el bien común. Son, por definición, y como demostraré más adelante, una de las mayores mentiras de la sociedad de nuestro tiempo. Es el segundo mito que quiero desclasificar, tras el del reciclado.

Curiosamente, el concepto de ONG se inventó a mediados del siglo XIX en las colectas de mujeres pudientes para los niños de los obreros, para la construcción de orfanatos y esos tinglados que se hacían por penita (la mayoría de esas mujeres, simplemente, no tenían nada mejor que hacer)… Esas organizaciones “de caridad” eran ni más ni menos que nidos ideológicos de los Rockefeller en USA y los Rothschild en Inglaterra. Sus fundaciones, que animaron el feminismo en los primeros tiempos (de eso hablaremos en el próximo artículo), se dedicaban a financiar incansablemente a todo tipo de pequeñas asociaciones y organizaciones que tenían el objetivo básico de ayudar. Y eso es correcto. Pero como indicaré más tarde, infiltrar una organización de caridad y dirigir su funcionamiento e ideología es bastante sencillo cuando consigues introducir a la gente adecuada. Alguno se preguntará que tiene de malo que los ricos hagan obras de caridad o las financien. En la lógica de esclavo eso es genial, porque nos da a entender que no son tan malos como parecen (un efecto colateral francamente interesante), pero sirve para ocultarnos una verdad latente de la que no somos conscientes hasta que no sufrimos en primera persona las consecuencias: incremento de la esclavitud en forma de voluntariado (terrible concepto moderno) e incremento de la necesidad de esclavitud entre los teóricamente “ayudados” por estas organizaciones.

El voluntariado es, probablemente, una de las formas más pérfidas de esclavizar a los que se creen libres. El voluntariado es, en su definición más básica, un movimiento de ayuda al desfavorecido. Como demostraré también luego, se ha apelado incluso a la patria para esclavizar a los voluntarios. Cuando alguien se ve impulsado a querer ser voluntario, lo hace básicamente por razones altruistas: ve que hay necesidades que cubrir y que nadie las cubre, o muy poca gente, y se ofrece, de forma gratuita y voluntaria a cubrir esos huecos. ¿Dónde está el fallo en esto? Paradójicamente, en el altruismo. El altruismo es la necesidad personal de ofrecer nuestra ayuda o apoyo a otros sin pedir nada a cambio. Pero el altruismo también es, por definición, egoísta. Excepto personas con un alto espíritu emisor de Amor, la mayoría de las personas confunde la ayuda a los demás con la pena. No nos engañemos: la mayoría de los voluntarios lo hacen por pena. Se sienten mal por ser más afortunados y, para lavar su conciencia, deciden dedicar algunas horas a la semana a intentar que esa conciencia se quede tranquila. Eso en si no es ni bueno ni malo, en todo caso moralmente dudoso. Sin embargo, aquí está el quiz de la cuestión: la élite, el sistema, usa esa vergüenza en nuestra contra obligándonos a perder parte de nuestro tiempo, energías e incluso dinero en su beneficio. Alguno se estará preguntando si me he vuelto loco, pero voy a demostrar que no: el objetivo final del sistema al usar a los voluntarios es conseguir que los ayudados (indigentes, familias sin recursos, niños sin familia, etc…) dependan total y exclusivamente de las ayudas que se les ofrecen, impidiendo que, de natural, sepan vivir por si mismos y desarrollarse individualmente como personas. En definitiva, los tiene tan esclavizados como al resto.

Las personas con problemas, como esta etiqueta indica claramente, son gente que vive en situaciones como poco dificultosas, y en algunos casos, incluso peligrosas: sin techo, drogadictos, vagabundos, familias desestructuradas y sin recursos, inmigrantes, por no hablar de tierras extranjeras, como casos de guerras, hambrunas, etc… Y por supuesto, no olvidemos la dama dorada del voluntariado: el ecologismo. Pero de eso hablaremos más tarde. Con el voluntario, el sistema resuelve dos problemas de un tiro: primero, consigue que la persona se dedique en su tiempo libre a resolverle la papeleta, gastando tiempo y recursos en una tarea que puede realizar perfectamente el sistema, y segundo, ¡lo hacen gratis! Así que el coste se reduce al mínimo. En un sistema capitalista como el nuestro, esto no debería sorprendernos. Pero gracias a este voluntariado gratuito, el sistema logra un segundo objetivo general: conseguir que aquellos que ya están en la cuerda floja y que tienen serios problemas para salir adelante, lo hagan cada vez menos porque, cuanta más ayuda reciben, más dependen de ella. Llega a un punto en que se hacen tan dependientes de la ayuda que son incapaces de procurársela por si mismos. Se convierten en “sistema-dependientes”, y por tanto, son carne de cañón para todas las políticas que quieran ejercitarse con ellos: enseñanza a adultos, que es una forma fina de programar mentalmente a personas que funcional o realmente son analfabetas y que por tanto son altamente manipulables, estrés físico y mental que degrada las posibilidades de superación personal del individuo, manipulación social y económica, haciendo que tomen los trabajos que nadie quiere cuando es necesario por un sueldo miserable, adecuación a determinadas políticas para conseguir alcanzar subsidios específicos de tipo económico, etc… Las propias ONGs, incluso cuando nacen con una auténtico espíritu benefactor, resultan dañadas cuando para que se les concedan ayudas y subsidios, deben adecuar lo que hacen con los ayudados (los co-dependientes) a las políticas que el gobierno de turno, sea local, regional o nacional, tiene previstas para ese grupo de población. Básicamente, se programa mentalmente a estas personas para que dependan indefinidamente de los ayudantes. ¿Y con qué fin? Con el fin de crear una bolsa cada vez mayor de personas dependientes del sistema, hasta que todos lo seamos, directa o indirectamente. No es tan extraño lo que digo, sólo hay que mirar a nuestro alrededor. ¿Por qué creen que hay crisis? Esto provoca desempleo, esto a su vez provoca pobreza y enfermedades, y estas dos cosas ligan a los que tienen que sufrirlo al sistema estatal de una forma indeleble. Crean un problema para después darnos una solución, pero sólo después de que nosotros hayamos claudicado.

¿Y qué pintan las ONGs en todo esto? Es sencillo: son los medios legales bajo los que se organiza todo esto, pero sin que el sistema pringue directamente. Se han llegado a plantear ONGs tan estúpidas como “Payasos sin fronteras” (indico antes de que nadie se ofenda que no critico ni llamo estúpidos a los que, sin entender donde se meten, de buena fe participan de sus actividades, sino al hecho en si de que exista una organización así), que se dedican a ir por sitios en conflicto ¡para hacer reír a los niños! Seamos serios. Lo que esos niños necesitan es no tener guerra, tener comida, vivienda, ropa, escuela, juguetes tal vez… ¡No payasos! ¿Soy el único que ve que es una forma muy cruel de reírse (nunca mejor dicho) de nosotros (y especialmente de aquellos que sufren)? Pero lo peor de las ONGs no es que sean un instrumento del sistema para controlarnos y someternos a sus órdenes, sino que además, son tan importantes como muchas empresas transnacionales. Hay algunas que gastan literalmente millones de euros al año… ¡En burocracia! Sí, millones que salen de los impuestos y de las donaciones anónimas de individuos que se lo han quitado con la sana creencia de que ayudarían a alguien con ello. Y las formas que tienen de convencernos de sus ideas se han vuelto sofisticadísimas. Supongo que muchos de vosotros recordaréis aquellas promociones de cierta ONG que básicamente no hacían otra cosa que enseñar escenas de penuria, sufrimiento y muerte y luego te soltaban sin más un “suelta las perras, idiota”. Anda que no se hicieron de oro esos campeones. Se han convertido en auténticas “minas de oro”, y ser dirigente de una ONG es poco menos que te toque la lotería del niño. Porque amigos míos, en las ONGs hay muchas, pero muchas personas que no están ahí por amor al arte: cobran, y cobran bien, para teóricamente hacer que la organización funcione. ¿Y sabéis cuales son las mas tenebrosas de todas? Los sindicatos y las organizaciones ecologistas.

Bonita manera de blanquear dinero...

De los sindicatos mucho no voy a decir porque todos tenemos en mente ya de que va el tema. Ser enlace sindical es poco menos que vivir en la gloria (la lotería, vamos), pero los que hayan tenido contacto con ellos sabrán a que me refiero. Me voy a concentrar en las organizaciones ecologistas que son más sabrosas. En el anterior artículo mencioné el tema del reciclado y como se nos ha esclavizado con él y sus consecuencias. Bien, los ecologistas son básicamente los que nos han estado convenciendo durante décadas de que es lo que debíamos hacer. El ecologismo, como todos los “ismos”, es una pérfida maraña de mentiras que nos lleva a los límites de la locura. Nos “reciclan mentalmente” (como las demás ONGs) para creamos en una serie de mentiras como si fueran verdades, repetidas innumerables veces hasta que nos las comemos con patatas, y lograr diversos objetivos con ello. El reciclado ya sabemos lo que es, es una forma de hacernos trabajar para que a ellos les cueste menos conseguir nuevos productos que nosotros, por supuesto, compraremos más caros que los originales. Pero, ¿qué me decís del calentamiento global? O enfriamiento, o lo que sea, porque ni se deciden de qué manera nos meten miedo. El climate-gate demostró en su momento el año pasado como nos la habían metido doblada. Y que decir del siempre constante tema de lo nuclear, la contaminación (producida, curiosamente, por los mecenas de estas organizaciones: Greenpeace está financiada por Rockefeller y la industria del petróleo. No son tampoco lo que se dice muy escrupulosos con los estudios y en varias ocasiones han obviado estudios sobre energía nuclear o han malversado sus datos constantemente. Y esto es sólo un pequeño entrante, porque el historial de falsedad de esta organización es increíble. Hasta uno de sus fundadores, Patrick Moore, se ha hecho pronuclear, haciendo que sus colegas se los lleven los demonios. Vamos, una figura de ONG. ¿Y todo para qué? Para llevar adelante la agenda NWO de sus patrones, Rockefeller, Turner y compañía. Estos son los mismos que nos han ocultado que es el Sol quien provoca el cambio climático, no nosotros. Pero es más fácil echarle la culpa a los esclavos que al astro rey, ¿no?

Otro formato de ONG son las organizaciones que apelan a nuestro espíritu social y humanitario, haciendo que incluso trabajemos para ellos gratis como si fuera algo honroso, como en los grandes eventos tipo exposiciones universales, olimpiadas, visitas papales, etc… Como mínimo, cientos de personas, sonrientes y seguros de estar haciendo un bien para sus conciudadanos y visitantes, se dejan horas y horas diarias en esos eventos para que todo funcione bien, a cambio de una camiseta y unos bocadillos y bebidas. Gracias a esas personas, esos eventos salen bastante bien, pero, ¿me están diciendo que los que los organizan no tienen capacidad para llevarlo a cabo sin necesitar ayuda gratuita? ¿Cuando se dará la gente cuenta de que les están engañando como a chinos (los de antes, que ahora vienen muy preparados…) y además lo hacen con una sonrisa en la boca, convencidos de que ayudan en algo? Es lamentable que después de tanto tiempo, gente hasta madura o mayor se crea semejantes bobadas. Es como ahora, que se nos dice que tenemos que bregar con los recortes de derechos y libertades para salvar el país. Sin duda, el patriotismo es con toda probabilidad una de las peores cosas que ha inventado el hombre. Para esclavizar al hombre.

No me voy a meter con organizaciones asi-llamadas antisistema como Amnistía Internacional (que se queja mucho de China pero hace la vista gorda con la violación de derechos en las cárceles españolas, o al menos no les da la misma importancia), verdaderos nidos de políticos, y cuya palabra es ley allá donde van. El tema es tan amplio que da para varios artículos y posiblemente me meteré con ello en breve, porque hay para dar y tomar. ¡Ah! Y no olvidemos a las ONGs religiosas o dependientes de religiones de todo tipo. Harina de otro costal. ¿Qué no dejo títere con cabeza? Pues no, cuando se trata de la manipulación a la que somos sometidos a diario sin cesar para adocenarnos, generarnos ansiedad y desasosiego continuo para que vivamos por debajo de nuestras posibilidades reales. Debemos, y podemos, estar por encima de esto, y si queremos ayudar, hacerlo de verdad, por nosotros mismos. No donen dinero a estas organizaciones, ni envíen alimentos o ropa. Tengan por seguro que todas esas donaciones irán a parar a los bolsillos de los mismos que les dicen que lo hagan. Recordemos sólo lo nefasto que fue donar agua a Haití. Si quieren ayudar, primero empiecen por ayudarse a si mismos a despertar de esta pesadilla, y después dediquen su esfuerzo y sacrificio en la medida de sus posibilidades a los que tienen alrededor, o incluso, si les es posible, ayúdenles a tener la capacidad de vivir por si mismos. Entre todos podemos, ellos lo saben y lo temen. No lo teman ustedes también.