Andaba hoy haciendo la compra y me fijé que, por la calle, se veía un buen número de féminas con pechos operados… Sí, es crudo decirlo así, pero es lo cierto (también es verdad que el verano ayuda a que se note más porque se va con menos ropa…). Para la persona espiritual, esta actitud vital es reprobable pero, en todo caso, es una decisión personal que todos debemos respetar: el libre albedrío es primero ante todo.

La cuestión es: ¿realmente renta esta actitud a las mujeres (y los hombre que en algunos casos realizan operaciones de este tipo adaptadas a su género)? Desde el punto de vista espiritual, las personas que deciden modificar su cuerpo (normalmente de forma narcisista) sin razones terapéuticas o reparadoras (como después de accidentes o mastectomías, por ejemplo), se convierten en esclavas de su propio cuerpo, ya que éste pasa a ser lo más importante para ellas, por encima de otras consideraciones. Aquí distinguiría dos posibilidades principalmente:

  • Casos en que la persona vive de su imagen pública: actores/actrices, cantantes, modelos, presentadores, etc…
  • El resto: personas anónimas que simplemente buscan realzar su cuerpo sin más consideraciones.

Las personas que viven de su imagen pública no tienen tampoco por eso carta blanca para dar más importancia a su cuerpo que a otras consideraciones. El hecho de que principalmente se viva de la imagen pública debería hacerles pensar en si realmente les compensa espiritualmente hacerlo. Claro está, no es lo mismo un cantante (que al fin y al cabo se supone que vive de tener una voz especialmente entrenada para ser usada como instrumento musical), un actor (que vive de crear personajes que nos permitan imaginar otros mundos y posibilidades) que una modelo (vive estrictamente de su cuerpo) o un presentador, por decir casos ya indicados… Pero al final, la dinámica materialista que nos impone el sistema en el que vivimos impulsa a estas personas a querer ser físicamente más atractivas a pesar de que incluso su propio interior les dice lo contrario. Estas personas deben plantearse de forma seria si realmente les interesa tanto vivir del mundo físico, un mundo que al fin y al cabo en algún momento desaparecerá y que será sustituido por otro mundo diferente, sea el que sea. También estas personas pueden argumentar que dado que la vida física es finita, no es importante realizar esos cambios para estar más “presentable” en esta vida finita. Pero ese pensamiento tiene trampa: vuelve a dar más relevancia a la vida física que a la espiritual, abonando el terreno para convertirlas en personas superficiales y “muertas” en el sentido espiritual (dormidas, vamos). Recordemos que es muy fácil volver a caer en las trampas materialistas del sistema si no lo controlamos adecuadamente.

Pero… ¿Qué decir de las personas anónimas que no viven de su imagen física (excepto las azafatas, si se quiere)? No tienen razones “lógicas” para realizar esas modificaciones. En la inmensa mayoría de los casos, son operaciones realizadas por puro narcisismo. Esas personas sólo buscan verse más hermosas físicamente, sin tomar en consideración a las personas de su entorno y por el mero hecho de querer verse más “guapas” al resto del mundo. Las razones pueden ser diversas, como ligar más, pillar marido rico o simplemente que los demás miren su cuerpo con deseo. Incluso la famosa excusa de “sentirse mejor con una misma” es una falacia programada de forma muy inteligente con el sistema, porque por esa misma razón, significa que espiritualmente esa persona ha fracasado ya que no ha sido capaz de amarse a si misma como tal, sin cambios, arreglos o modificaciones de ningún tipo. La insatisfacción que no provoca la vida cotidiana hace que queramos cambiarla, y lo primero que queremos cambiar es a nosotros mismos. De muchas maneras, de forma totalmente incrédula, realizamos acciones en nuestra vida que no se apoyan más que en el instinto (que no es lo mismo que la intuición), llegando a extremos de “regalar operaciones” a nuestras hijas si aprueban cursos… ¿Ese es el futuro que estamos creando para las generaciones venideras? ¿Uno en el que lo único relevante es la imagen que damos a los demás sin tomar en consideración otras posibilidades y sin reafirmar lo que realmente en el futuro les va a servir de ayuda, que el amor por ellos mismos y los demás? Las personas que deciden tomar ese paso y lo realizan han fracasado en la vida. Son personas que han muerto espiritualmente y que necesitarán de un gran esfuerzo para revivir porque el mero hecho de haber sucumbido les provocará, si llegan a despertar el día de mañana, una gran desazón y vergüenza personal por lo que hicieron. Cuando nuestro cuerpo físico muera, nada de eso habrá importado. Incluso si no aceptáramos la idea de la vida eterna, ¿de qué habrá servido ese sacrificio físico (y eso sin contar con que muchas personas mueren a causa de estas operaciones, in situ o a posteriori) cuando el cuerpo deje de funcionar? De nada.

Algunos dirán que por eso mismo tampoco importa pero… Tal vez, si como esas personas dicen, la vida es efímera y no hay más allá… ¿No sería interesante poder pasar esta vida viviendo plenamente, aprovechando cada instante y siendo felices sin necesidad de crear tantas confusiones y sacrificios innecesarios? Dejo esta pregunta a los lectores para que piensen en ella. Nosotros creamos nuestro destino con cada decisión que tomamos. ¿Qué queremos, dejar una huella por haber sido nosotros mismos o porque los demás sólo tomaron en consideración lo “hermoso” que era nuestro cuerpo (cosa que no pasará al recuerdo)? Pensemos en ello.