Llevo un tiempo comentando con vosotros mis pensamientos sobre el mundo en que vivimos, como nos tienen atenazados y las posibles soluciones que yo veo. Pero el problema radica en que parece que, hagamos lo que hagamos, no hay salida, y cualquier cosa que se pueda intentar es inútil. Esa es la visión del pesimista nato, aquel que ha nacido y vivido permanentemente en el negativismo más absoluto. Pero uno que es optimista hasta muerto, veo oportunidades donde otros sólo ven crisis y mala suerte, y posibilidades donde otros sólo cierran los ojos por miedo a ver lo que tienen delante. Y creo que nosotros, los caminantes espirituales, tenemos la obligación de ser positivos y optimistas, y sacar agua de debajo de las piedras. Y de eso va este artículo.

Podemos dejar de se esclavos y convertirnos en espíritus libres

En informática tenemos un concepto curioso. Cuando un servidor sufre un ataque muy fuerte que no puede controlar, puede decidir en determinadas condiciones pasar a modo de denegación de servicio, es decir, no atenderá más peticiones hasta que un operador humano restituya las condiciones normales de equilibrio, para volver a funcionar como antes. A veces la vida tiene que imitar al arte, porque si no, tenemos una alta posibilidad de salir quemados. Y creo que ahora mismo, un concepto como el de denegación de servicio nos viene que ni pintados. He repetido hasta la saciedad aquello de que somos esclavos, sirvientes de los grandes señores del mundo. La cuestión es que de lo que no son conscientes muchos es que podemos entrar en modo de denegación de servicio. La mayoría cree que no, que tiene que seguir cumpliendo sus obligaciones a rajatabla so pena de algo muy gordo y muy chungo… Que nadie sabe concretar. Todos tenemos miedo a algo que ni siquiera sabemos lo que es. Y sí, somos mayoría. No pueden detenernos a todos, no pueden matarnos a todos, no pueden controlarnos a todos. Por eso nos tienen en una cárcel mental, porque no pueden tenernos atados físicamente a todos. Por eso nos atan con grilletes invisibles, condicionamientos mentales y psíquicos, que nos obligan, no a servirles, si no a creer que debemos servirles, y por extensión, a ejercer esa odiosa servidumbre. Y la cuestión es que cuando todo se hace insostenible, podemos pasar a denegar el servicio.

He explicado varias veces como hacerlo, pero no me cuesta repetirme: no servirles puede ser tan fácil como hacer lo contrario de lo que nos han enseñado. No comprar cosas innecesarias, reutilizar y reparar las cosas antes de tirarlas (y por favor, no reciclar…), amar compasivamente a todos los seres y por tanto, no ser intolerantes, ni prejuiciosos, respetando las diferencias y lo que al fin y al cabo es parte de nosotros mismos. Una cosa muy bonita que podéis empezar a hacer desde ya es no votar, como ese maldito día 20-N en que nos volverán a llamar como corderitos para que vendamos nuestra alma por un puñado de mentiras. Más adelante, ¿por qué no nos ponemos de acuerdo para no pagar multas o impuestos? Ellos rompieron el contrato social hace ya mucho tiempo, ¿por qué nosotros tenemos que seguir respetándolo? ¿Quién quiere dejar de ser esclavo?