Sí, ya sé que resulta extraño, pero es lo que me ha venido al ver el tema de su dimisión. No enlazo a ningún sitio porque hay tropecientas páginas sobre el tema. Buscad, malditos. La cuestión es que sí, me ha venido a la mente que Sinde representa lo mismo que cuando agregamos recursos a un sistema agotado: que no produce beneficios. Pero además, da lugar a otra paradoja más chunga aún, y que fastidia más: que da igual a quien pongas en un puesto, que no hay beneficio posible para el ciudadano.

Antes nos quejábamos mucho de que se ponía en los puestos de decisión a personas que no tenían ni pajolera del tema. Aún se hace. Bueno, y cuando creas un ministerio inútil e irreal como Igualdad, no te quiero ni contar… Pero la cuestión es que si luego pones a alguien del gremio a dirigir un cotarro, resulta que tampoco vale porque tiene intereses en el cotarro. Así que la cuestión a plantear es: ¿a quién pones? Hemos llegado a tener electricistas en el ministerio de Interior, con lo que ya más variedad clasista no podemos tener. Es decir: cuando hablamos de poder, no podemos en ningún caso hablar del gobierno de los mejores, ni de los peores. Hablamos simplemente de desgobierno.

Llevo mucho tiempo diciendo que hay que atacar a los bancos y las multinacionales por donde les duele: el dinero. No dejando el dinero en el banco más que lo imprescindible, no comprando cosas innecesarias, reutilizando todo lo posible los productos hasta que no se pueda más (ya ni siquiera puedes decir que comprando más barato, porque todos los productos baratos pertenecen también a multinacionales), comprando nacional antes que extranjero, etc… Pero claro, ¿cómo hacemos con el gobierno? No votar es la primera posibilidad que sólo por vergüenza torera deberíamos ejercer, pero además, hay otras opciones. ¿Qué pasaría si de repente, un día 20 millones de ciudadanos dejaran de usar servicios públicos, no pagaran peajes, no pagaran el IVA o directamente multas o impuestos? Dado que es prácticamente el 70% de los ingresos de un estado como el nuestro, eso llevaría a la ruina total a ese estado. Intentarían obligarnos a hacerlo, pero claro, no puedes obligar a 20 millones si no es por medio de una guerra. La élite ha generado la historia en base a conflictos armados: guerras de sucesión, guerras de independencia, guerras civiles, revoluciones liberales, etc… Esto ha sido así desde siempre y mucho más en los últimos 250 años. Claro, nadie queremos que ocurran problemas, ni que haya conflictos ni que muera nadie. Así que, ¿qué nos queda? Nos quedan posibilidades, pero sólo si actuamos juntos.

Siempre existe la solución a cualquier tipo de problema dentro de un sistema. Es algo que aprendes cuando desarrollas software. En todo sistema, existen unas reglas que podemos seguir para solucionar problemas. Claro está, este sistema está construido para solucionar los problemas de la élite, pero… ¿Y si eliminamos a la élite de la ecuación? Es decir, si despejamos la incógnita de aquellos que se benefician del sistema actual, haciendo que dejen de hacerlo y comenzando a ser nosotros los beneficiados, podemos lograr el efecto deseado. ¿Cómo? Bien. El primer paso, obviamente, es entender quienes son. Como sabemos, quienes gobiernan no son los políticos, sino los bancos y las multinacionales. Dejar de comprar sus productos será el paso fundamental que debemos dar. Cuando lo empiecen a notar en sus cuentas trimestrales, comenzarán a moverse para entender qué ocurre. Pero claro, no pueden obligarnos sin más a comprar sus productos, con lo que tendrán que obligar al gobierno a que a su vez nosotros estemos obligados a hacerlo, por medio de leyes y reglamentos. Ya lo hacen, de hecho, en situaciones como las “liberalizaciones” energéticas, donde las mismas compañías que antes siguen manejando el mismo cotarro, pero además, pueden imponer el precio que quieran, cuando antes estaba controlado por el gobierno. La consecuencia de todo esto es que nosotros seguiremos negándonos a comprar esos productos (cambiándolos por nacionales allá donde sea posible), y hundiendo literalmente a muchas empresas. Claro, la dificultad de todo esto es poner de acuerdo a tanta gente. Lamentablemente, la gente se mueve sólo por impulsos, no por el sentido común, y sólo cuando está muy apretada (caso de Grecia) se lanzan a la calle. Islandia no es representativo, porque como dice Niño Becerra, se trata de un país tan pequeño y tan insignificante a nivel general que no les ha importado dejarles hacer lo que les de la gana. Pero eso no pasaría en España. Aquí no tendríamos capacidad de elección. Habría que ir a la guerra. Como digo aquel iluminado, o por consenso (obligación e imposición del más fuerte) o por la fuerza.

Existen soluciones, pero implementarlas va a suponer, incluso en el caso más sencillo y suave, una dificultad agregada y decisiones complicadas. Veo que políticamente el nacionalismo va a ser una solución, aunque nunca me haya hecho una puñetera gracia, pero contra un gobierno mundial es lo único que funciona (recordemos que funcionó estupendamente contra el imperio austro-húngaro en el siglo XIX, ya que de hecho lo desmoronó por completo). En un sistema agotado, la única solución es quitar, no poner.