“Nadie tiene sueños eróticos con alguien muy simpático”

Esta frase la leí el otro día en el escaparate de una cadena de tiendas de perfumería y cosmética bastante importante (que obviamente no voy a mencionar). Al leerla, me invadió la sensación de que esa frase resume de forma muy exacta la forma que tiene una parte muy importante de nuestra sociedad sobre la sexualidad y las relaciones entre sexos (o del mismo sexo, me da igual, pero sexual igualmente). La traducción que hace nuestro subconsciente de esta frase es:

“Nadie quiere tener sexo con alguien feo”

Sí, generalmente traducimos “simpático” por “feo” o “poco interesante” (especialmente, no nos engañemos, muchas individuas del sexo femenino, aunque no es exclusivo suyo, claro). Evidentemente, el mensaje que envía esa tienda está dirigido a que las mujeres que lo lean piensen, de forma subliminal (que no racionalmente, porque se sale de toda lógica): “tengo que estar mona para que tengan sueños eróticos conmigo, o quieran tener sexo conmigo, o salgan conmigo, o…”. Vivimos en una sociedad donde especialmente las mujeres (esta frase no la veréis nunca en una tienda para hombres) se sienten tremendamente inseguras respecto a su feminidad y su relación inter-dependiente con los hombres. Evidentemente, a este tipo de establecimientos le interesa mucho explotar esta faceta de inseguridad sexual de las mujeres, que les impulsará a comprar más sus productos. Pero más allá de lo poco ético que es el asunto, que lo es, a mi me preocupa más como consiguen manipularnos para sus objetivos, de formas tan ruines y sibilinas, y al mismo tiempo sorprendentemente creativas e imaginativas. Esto demuestra que la élite no sólo nos conoce perfectamente, sino que entiende a la perfección que pitos tocar para motivarnos de las maneras que a ellos les interesa.

Porque no nos engañemos, esto forma parte de una estrategia mucho más amplia que la de vender cosméticos. Se trata de ningunearnos, usar el sexo para controlar como dirigimos nuestras elecciones y nuestra vida. Se trata de minimizar la imagen que la mujer tiene de si misma, haciendo que compre productos para parecer más provocativa, más estimulante e interesante para los hombres, haciendo que desgaste sus múltiples capacidades personales y espirituales de manera inútil y sin sentido. Consigue que sean más inseguras cada vez, más dependientes de los hombres y más ligadas a instintos que a intuiciones. Hacerles sentir parte de un rebaño, para ser “escogidas” por el macho, cuando en realidad, ellas tienen el gran poder de ser las que eligen, y no al revés… Además, deberíais saber algo: los hombres, por naturaleza, tenemos fantasías de lo más inverosímiles con las personas más inverosímiles. Se ha extendido el rumor y la creencia de que sólo fantaseamos con mujeres tipo Paris Hilton o Cristina Aguilera, y eso es una falsedad patente. Así que además de manipularos, amigas mías, os están engañando de forma vil y cruel. De partida nunca creáis lo que os dice la publicidad, pero más cuando se trata de lo que ocurre en nuestro interior: ni ellos ni nadie más que tu sabes lo que ocurre dentro de ti. No os condicionéis por lo que os dice la sociedad, la publicidad o la cultura: sed libres y actuad como tales. Tendréis éxito y felicidad en la vida.