Podemos extender los brazos o elevarlos para ayudar a recoger más aire en la parte superior del tronco

Cómo dije en el primer artículo, ahora me gustaría comentar un poco sobre la respiración, que por supuesto es fundamental para la meditación, pero que realmente lo es para toda nuestra vida. Dicen los yoguis hindús que nacemos con un número de respiraciones y que cuando se terminan, morimos. Tal vez no sea estrictamente así, pero lo que nos vienen a decir es que la respiración es fundamental para la vida. Bueno, realmente una forma directa de comprobarlo es contener la respiración. Antes o después tenemos que volver a coger aliento porque si no el cuerpo no puede funcionar (y nos avisa con el ahogamiento).

Lo primero que tenemos que comprender es que en el aire no sólo hay oxígeno, hidrógeno, vapor de agua, etc…, sino también otro elemento que no es químico: el prana. El prana es la energía vital (los chinos lo llaman Chi, los japoneses Ki, pneuma los antiguos griegos, y así en la mayoría de las culturas que vienen de antiguo). La energía vital está en el aire, el agua, los seres vivos, y es lo que usamos para vivir. Realmente, nuestro cuerpo no consume simplemente energía de otros seres vivos, sino que consume su prana. Pero es posible vivir sólo del aire, adquiriendo el prana por la respiración. De hecho es posible hacer ayuno durante días sin sentir apenas hambre practicando adecuadamente la respiración pránica o pranayama. El pranayama consiste, básicamente, en respirar bien por medio de ejercicios que nos permiten aprovechar al máximo la respiración.

Naturalmente, la mayoría de nosotros no va a llegar tan lejos (aunque como se ha sabido por noticias desde Asia, se han encontrado personas que lo han conseguido). Pero si podemos aprender a respirar bien, podemos aprovecharlo para vivir mejor y tener salud, además, lógicamente, para meditar. Lo que os voy a indicar a continuación son unos ejercicios básicos de respiración para respirar correctamente. La mayoría de nosotros respiramos bastante mal, y lo hacemos porque realmente no nos queda más remedio. Si entendemos que la respiración no es sólo no ahogarse, sino que representa nuestro “hálito de vida”, seremos conscientes de su importancia y lo practicaremos seguros de que nos beneficia y nos permite alcanzar otras posibilidades.

Lo primero de todo es respirar bien. Generalmente la mayoría de nosotros practicamos una respiración costal y alta (a la altura de la clavícula), pero con eso estamos desaprovechando la mitad de la posible respiración que podemos practicar. En la respiración hay realmente tres fases:

* La respiración abdominal: es la que menos practicamos, pero sobre todo lo hacemos los hombres. Se trata de respirar con el abdomen, es decir la parte baja de los pulmones. Resulta que es la zona más amplia de los mismos, y la que puede acoger más aire. Es la zona con la que debemos respirar si queremos relajarnos y concentrarnos más a fondo. Las mujeres, por su constitución, están más acostumbradas a respirar con las partes costal y alta, con lo que generalmente no suelen usar el abdomen (algunas teorías indican que es por la capacidad reproductiva femenina, que ha creado la necesidad de respirar con la parte superior del torax para dejar espacio al feto durante el embarazo, pero es sólo una teoría). En cualquier caso, y exceptuando esa posible teoría del embarazo, si la mujer no se encuentra en estado le es posible también respirar con el abdomen, lo que es muy recomendable hacer.

* La respiración costal: es la que realizamos más habitualmente. Recoge menos aire que el abdomen y requiere más esfuerzo para ser llevada a cabo.

* La respiración alta: muchas mujeres sólo respiran así. Se trata de coger aire y llenar la parte alta de los pulmones, a la altura de la clavícula. Es la forma menos eficiente de coger aire y la que cuesta más esfuerzo energético.

Aunque hay que entrenar un poco, la mejor forma de respirar en general es la siguiente:

* Cogemos aire y llenamos el abdomen, hichándolo lo más posible (hay que intentar, si se puede, hacer el menor ruido posible al respirar; si hacemos ruido es porque tenemos algún problema respiratorio), pero por supuesto sin hacer daño. Podemos notar como se llena el abdomen poniendo las manos sobre él un poco juntas y notando como se separan al entrar el aire. En este paso no hemos llenado el tórax al coger aire.

* Seguimos cogiendo aire y llenamos el tórax a nivel costal. Podemos notarlo poniendo las manos sobre las costillas y notando como se separan al coger el aire.

* Por último, llenamos la parte superior del torax, hinchando la clavícula y el esternón.

Esto, lógicamente, es sólo la primera parte. Lo siguiente es soltar el aire, para lo cual empezamos a soltar el aire según lo hemos cogido: primero de la clavícula, después del torax y por último del abdomen. Es muy conveniente expulsar todo el aire posible, ya que cuando se queda dentro aire, después tenemos que hacer más esfuerzo para coger el siguiente aliento. De hecho, los yoguis recomiendan primero vaciar completamente los pulmones y entonces tomar el primer aliento. Si hacemos este ejercicio continuadamente, por ejemplo en ciclos de 10 respiraciones, pronto acostumbraremos a nuestro sistema respiratorio a funcionar de forma eficiente. Podemos ayudarnos con los brazos: al inspirar los elevamos y ayudamos a hacer espacio en la caja torácica, y al espirar los bajamos, ayudando a expulsarlo. También es conveniente hacerlo lo más despacio posible, y hay ejercicios alternativos como mantener la respiración tanto al inspirar como al espirar, de manera que la oxigenación sea completa.

La correcta oxigenación es fundamental para que el cuerpo funcione correctamente, incluso para enfermedades como el cáncer, ya que se ha demostrado que se pueden evitar o reducir si la sangre está bien oxigenada. Para el metabolismo también es fundamental la correcta oxigenación de la sangre, ya que el oxígeno es lo que se utiliza para liberar el prana de las sustancias como los hidratos y las grasas (además del propio prana que contiene el aire). Pero además, su efecto es fundamental para la relajación y la concentración necesarias para la meditación. Si los órganos, especialmente los músculos, no se oxigenan adecuadamente, estarán en tensión y rígidos, con lo que la relajación es imposible, y por lo tanto la concentración necesarias para poder alcanzar otros niveles de consciencia (en otras palabras, la meditación se hace imposible).

En otro artículo comentaré algunas técnicas de respiración pranayama, como Kapalabhati, que consiste en la repetición rítmica y rápida de sucesivas inspiraciones y espiraciones, y que proporciona gran cantidad de energía realizado adecuadamente. Otro ejercicio que no es puramente respiratorio, sino de yoga (lo que muchas veces no tiene casi diferencia) es Uddiyana Bandha, que consiste en un ejercicio con el que se masajean los órganos internos y se puede pueden conseguir grandes efectos a nivel energético. Los yoguis lo incluyen dentro de los llamados “ásanas esotéricos”, ya que pueden ayudar mucho a alcanzar los niveles de concentración necesarios en la meditación.

Esto es sólo una introducción, y como todo en esta vida, hay que practicarlo. Cuando hagamos la primera sesión, debemos realizar algunos ejercicios respiratorios para ayudar a la relajación (en el próximo artículo veremos pranayama y después técnicas de relajación). Naturalmente esto no se consigue en una sesión, y de hecho, si queremos vivir más y mejor, debemos aprender a respirar adecuadamente. Espero que estas indicaciones os puedan ayudar a conseguirlo.