Forma correcta de iniciar la relajación

Continuando con los contenidos sobre meditación, vamos a pasar a un elemento de la misma que podemos ejercitar en todo momento y lugar. Es posible relajarse en cualquier sitio y en cualquier momento. En cuanto se coge cierta práctica con la ejecución, es relativamente sencillo hacerlo en cualquier parte. Pero en la meditación, la relajación es un paso previo fundamental sin el cual no es posible desarrollar adecuadamente el proceso de auto-observación. Algunas personas pueden relajarse incluso andando, y meditar mientras lo hacen, pero es una habilidad que por desgracia no todo el mundo tiene. Espero que este artículo sirva de introducción a aquellos que no sepan relajarse bien y tengan necesidad de ello, aparte de aprender a meditar, claro…

La relajación básicamente consiste en conseguir un equilibrio de energía a nivel físico. Con esto quiero dejar claro que relajarse no es sólo destensar músculos. Eso no tiene sentido porque siempre tenemos algún músculo tenso, por ejemplo, por el mero hecho de respirar. Esto implica que el problema no es puramente fisiológico, sino energético. Cuando tenemos desequilibrios de energía, estamos tensos, y notamos una desarmonía constante en nuestro organismo, sobre todo si se acumula la energía en determinados puntos, provocando dolor. La relajación básicamente consiste en que la energía se estabilice y se armonice, y eso se puede hacer simplemente con la mente. Para relajarse, debemos comprender desde un primer momento que se trata de un acto mental, no físico. Como sabrán los que han intentado relajarse muscularmente sin éxito, la relajación puramente física es utópica, no se consigue y de hecho se termina más estresado que antes.

Algo que tenemos que comprender desde un principio es que dentro de nuestro sistema básico de cuatro cuerpos, el tercero, el mental, sirve como sistema de control de los dos menos sutiles, el físico y el energético. Es su función principal. Nosotros, como espíritus de energía, usamos la mente para muchas cosas, pero la mayoría de la gente no comprende que puede usar su mente para controlar los flujos y procesos físicos y energéticos de manera eficiente. Relajarse bien no es algo que salga a la primera, especialmente para la gente muy estresada, pero cuando se coge práctica, es algo que puede hacerse en cualquier sitio y en cualquier momento, incluso en lugares ajetreados como el metro. También quiero aclarar un punto aquí: el cerebro, como tal órgano, es básicamente el representante físico de la mente, el que gestiona en última instancia las instrucciones que nosotros damos (consciente e inconscientemente), sus dos partes se corresponden con las dos formas de pensamiento mental que tenemos: la parte izquierda se corresponde con la parte racional y estructurada, y la parte derecha se corresponde con la parte intuitiva e imaginativa. Este es el punto principal en el que debemos movernos, porque debemos usar esta parte imaginativa para relajarnos.

De todo esto se deriva que muchas técnicas de relajación sean puramente imaginativas (el típico “ves un punto de luz que baja por tu cuerpo…”. Lo que está bien, pero es muy limitado: el problema principal es que es lento y la curva de aprendizaje demasiado pronunciada al principio. Además, no es muy válido para mucha gente que no tiene muy desarrollada su parte intuitiva, lo que hace que sea un poco complicado conseguir que estas personas se relajen. Por eso quiero indicar aquí una aproximación que, lógicamente, también tiene su aprendizaje, pero que puede comenzar a dominarse en una o dos sesiones sin mucho problema y no requiere tanto esfuerzo mental para lograrlo. Para ello, debemos usar la respiración como primer elemento, y después, comenzaremos a usar la mente para equilibrar el organismo.

Para comenzar a relajarnos de una manera práctica, nos tumbaremos boca arriba (posición supina), con los brazos y piernas extendidos sin ningún obstáculo, en una superficie suave como una toalla, preferiblemente blanca y de material no animal a ser posible (como el algodón), aunque si no se tiene nada de esto, puede usarse algún otro material, pero siempre en el suelo, no en la cama, ya que corremos el riesgo de dormirnos. Los brazos deben estar ligeramente abiertos a los lados del cuerpo sin tocarlo, pero sin estar muy separados. Las palmas de las manos abiertas, con las palmas mirando hacia arriba, de forma descansada, sin tensión en los dedos ni la muñeca. Las piernas también deben estar abiertas, no cerradas, con los pies ladeados sin tensión. La cabeza puede estar apoyada en un cojín o directamnte en el suelo, lo que resulte más cómodo. El cojín en todo caso ha de ser bajo, que no fuerce el cuello. En esta posición yóguica, cerramos los ojos y estamos en quietud total. No deben molestarnos durante la práctica, y no debemos movernos un ápice. Algunas personas especialmente nerviosas querrán moverse, pero deberán hacer un esfuerzo consciente de no hacerlo. Estando así, será fácil darse cuenta de qué zonas están especialmente tensas, con energía acumulada que nos molesta. Cada persona tiene sus centros de bloqueo más o menos habituales, con lo que le será fácil distinguirlos. Vamos a no tener prisa, a no preocuparnos con el tiempo innecesariamente. La primera vez que hagamos esto tardaremos alrededor de media hora en sentir sus efectos, y las siguientes veces podremos hacerlo en cinco minutos, pero sobre todo, no hay que tener prisa, porque eso nos tensará más. Cuando llevamos unos minutos así, en calma, comenzamos a realizar los ejercicios respiratorios. Para ello ejercitaremos algunos de los que vimos en los artículos referidos a la respiración. En partircular, recomiendo realizar los ejercicios del primer artículo, haciendo especial hincapié en la respiración abdominal, que es la que nos ayudará a relajarnos de forma más eficiente. Un ejercicio que nos ayudará a respirar mejor y llevar el prana más eficientemente es el siguiente:

  • Mientras cogemos aire, y durante el mismo tiempo que tardamos en coger aire (que pueden ser varios segundos, y cuantos más, mejor), levantamos los brazos y los llevamos por encima de la cabeza, siempre completamente estirados, pero sin tensión, relajadamente, sin forzar ningún músculo. Cuando terminemos de respirar, los brazos deberán yacer sin tensión a los lados de la cabeza, estirados sin hacer fuerza.
  • Cuando vayamos a espirar (hagamos o no retención como indicábamos en el segundo artículo), levantamos de nuevo los brazos, pero en vez de llevarlos estirados como al inspirar, lo que hacemos es juntar las manos ligeramente y llevarlas un poco por encima de la cara, mientras soltamos aire, dejando finalmente los brazos en la posición en que se encontraban al iniciar el ejercicio.
  • Si hacemos retención, al principio los brazos querrán volver a su posición inicial de relajación, con lo que se tensarán. Hay que dejarlos apoyados en el suelo sin tensión, con tranquilidad. Si hay tensión, actuaremos enseguida impidiendo que intenten levantarse. Esto al principio puede costar un poco, pero a medida que vayamos controlando los flujos de energía, veremos que esto se vuelve más sencillo, como veremos a continuación.

Me preguntan habitualmente como se controla la energía con la mente. Estos ejercicios pueden ayudar mucho en ese sentido. La energía fluye por nuestro cuerpo por canalizaciones igual que la sangre (de hecho, suelen coincidir con los conductos físicos sanguíneos), y cuando tenemos dolores y tensión es porque esos flujos de energía no están equilibrados, y tienden a acumularse en determinadas zonas. Todos tenemos zonas de ese tipo. En mi caso, por ejemplo, es la parte de la espalda a la altura del riñón derecho y la parte inferior del estómago. Las artículaciones también generan problemas en ese sentido porque son sistemas de cierre, con lo que es fácil que la energía se acumule allí, generando tensión y dolor. Cuando estamos en posición supina (antes o después de los ejercicios respiratorios), y llevamos algunos minutos tranquilos en esa posición, notaremos que hay zonas que se resisten, que parecen permanentemente en tensión. Deberemos concentrarnos en ellas. Para ello, simplemente enfoquemos nuestra mente en ellas. Notemos la rigidez y la tensión. Al contrario de lo que se suele decir habitualmente, en técnicas donde inmediatamente se sugerirá que hay que eliminar esa tensión, yo propongo un acercamiento diferente: concentrémonos en la tensión. Esa tensión se puede producir por muy diversos motivos. Tenemos que descubrir cuales son. Los nervios, el estrés y demás producen la verdadera tensión muscular acumulando la energía en ellos. Concentrándonos en la tensión localizada, donde sea, comencemos a pensar en mover esa energía de la zona tensionada. Simplemente imagínense que la zona tensionada es una bola de energía de la que tiramos con la mente. Debemos tirar, literalmente, con la mente, de la bola de energía (o madeja, o como mejor prefiera cada uno imaginarse esa energía), y comenzamos a desplazarla de ahí. Si realmente cuesta mucho y no podemos hacerlo en un primer momento, no hay problema. Ayudémonos con las manos. Incorpórese si es preciso (por ejemplo, si hay que ir a los pies), de lado, nunca hay que levantarse incorporándose a la posición vertical, porque lo menos que puede pasar es un fuerte mareo que se pasa rápido, pero nada agradable. Cuando nos incorporemos, hagámoslo siempre desde el costado izquierdo o derecho, apoyándonos en el brazo correspondiente y levantándonos con el brazo. Si tenemos que ir a los pies o las piernas, nos colocaremos sentados sobre los glúteos y alcancemos la zona donde radique la tensión, siempre con las piernas estiradas si es posible y si no, flexionando suavemente las rodillas, y sin hacer presión sobre la piel, movamos las manos por la zona tensionada de forma suave, no es necesario ni tocar la zona en si misma. Al tiempo que hacemos esto, seguimos con lo ya dicho: nos concentramos en esa zona y movemos la acumulación mientras lo hacemos con las manos. En poco tiempo comenzaremos a ver que efectivamente esa energía se dispersa en la dirección que hayamos elegido, y esa parte del miembro o del cuerpo se irá relajando también de forma natural. Eso no significa que no se pueda volver a acumular y necesitemos realizar el ejercicio varias veces, pero con el tiempo, lo iremos haciendo sin intervención de las manos. Las manos son potentes manipuladoras de energía corporal, tanto propia como ajena, pero eso lo dejamos para otro día.

Cada persona tardará más o menos tiempo en conseguirlo, y es lógico que sea así. Todos somos diferentes físicamente y emocionalmente, y nuestro sistema energético está adaptado a cada uno de nosotros. Los trasiegos de la vida también influyen de muchas maneras en esto. Así que si no se logra en un principio, no hay que desilusionarse. Simplemente se tiene más resistencia. Pero he podido comprobar que este método es bastante rápido y eficiente en la mayoría de los casos, y creo que pocas personas tendrán problemas con él en general. Al final del ejercicio, notaremos la sensación de que no tenemos cuerpo, de que no notamos el cuerpo. Esto es lo correcto, ya que significa que toda la energía fluye armónicamente por el organismo. No hay partes diferenciadas entre si. Esto es importante porque no sólo sirve para relajarnos (tras lo cual notaremos una sensación de paz grande y además, los efectos duran varias horas tras el ejercicio), sino que nos permite otro tipo de prácticas energéticas más avanzadas de las que hablaremos en otro artículo. Con el tiempo, podremos relajarnos sin necesidad de usar la posición supina, sino que podremos hacerlo de pie o sentados. Ah, es importante controlar que no nos durmamos durante el ejercicio, cosa que puede pasar sobre todo si no hemos descansado apropiadamente. Me gustaría conocer vuestras opiniones en los comentarios, y así contestar cualquier duda que pueda surgir.