Mapa de meridianos y canales de energía humanos

En el anterior artículo apuntaba una forma de relajación que es tremendamente útil y no requiere grandes esfuerzos mentales, al contrario de lo que suele pasar con la mayoría de los sistemas de relajación, que suelen requerir, como mínimo, grandes dosis de imaginación y por los que mucha gente suele fracasar. Además, esta forma de relajación inicia en la gestión de energía interna (cosa que el resto de procedimientos no hace u obvia de forma atroz), lo que aporta nuevas posibilidades vitales a la persona que lo practica. En este artículo quiero profundizar en detalles que quedaron un poco en el aire en el anterior artículo y que posiblemente podrán haber generado dudas en algunos lectores.

Habitualmente necesitamos relajarnos porque estamos muy tensos, y hay que comprender de donde viene esa tensión. Muchas veces, esa tensión incluso genera “durezas” que son perceptibles de forma táctil en la piel porque de hecho ha conseguido que el músculo se contraiga tanto que parezca una bola. Aquí hay que explicar algunas cosas para entender algunos conceptos que pasaron rápidamente en el artículo anterior.

Lo más importante que hay que comprender es que nuestro cuerpo físico es sólo la parte densa de nuestra entidad como tal. Como ya indicaba en el artículo anterior, junto con el cuerpo físico existe un cuerpo energético formado fundamentalmente por energía pránica que hace que el cuerpo funcione. Sin ese cuerpo energético, el cuerpo físico simplemente es un amasijo inerte de células. Esta relación tan íntima obviamente influye en todo el funcionamiento corporal, tanto para lo bueno como para lo malo. Cada parte del sistema general influye sobre el escalafón inmediatamente inferior, y eso implica que cualquier problema o fallo en el cuerpo energético influirá negativamente en el cuerpo físico, a todos los niveles. El cuerpo energético tiene a su vez un influenciador superior, la mente, que es el organizador general de todo lo que hay por debajo. Si hay algún problema psicológico, este influirá negativamente en el cuerpo energético y este a su vez en el físico. Entendiendo esto debidamente, nos podemos hacer una idea de porqué nuestros problemas personales, sociales, familiares, etc., influyen tanto en nuestro organismo físico. Cualquier estrés (que siempre es mental), generará estrés energético y físico, y de esta manera podemos seguir la ruta inversa cuando tenemos tensión muscular no debida a un accidente: el músculo está tenso y contraído porque la energía se ha acumulado en ese punto, no fluyendo y no permitiendo que el resto de la canalización fluya adecuadamente, proviniendo este problema de un bloqueo mental que afecta (sin nosotros saberlo) a esa concentración energética que nos afecta. El dinero, el trabajo, la familia, el entorno social, las propias preocupaciones y auto-limitaciones, etc., son las causas principales del estrés, lo que genera que estemos todo el día tensos y preocupados.

La relajación viene en nuestra ayuda en este sentido. La técnica descrita en el artículo anterior viene a responder a dos problemas que parecen diferentes pero que están interconectados: que hacer para solucionar la tensión superficial a la que sometemos a nuestros músculos, y como hacer circular la energía adecuadamente. Como he indicado en el párrafo anterior, estas dos cosas están íntimamente relacionadas y solucionando una (la circulación energética), resolvemos la otra, sin tener que realizar mayor esfuerzo por nuestra parte. Como primer paso indicaba una correcta realización de la respiración. Esta respiración ha de ser fluida, no siendo bueno intentar una relajación si no se ha hecho antes en el caso de que estemos resfriados, ya que la circulación respiratoria no va a ser buena y además no vamos a poder concentrarnos en nuestro organismo ya que vamos a estar más pendientes de escuchar nuestra respiración fuerte (taponada por la mucosidad) que por otra cosa. En este sentido, antes de intentar la relajación, es conveniente intentar liberar de manera efectiva el circuito nasal para por los menos los siguientes quince minutos (cada maestrillo tiene su librillo, pero personalmente recomiendo el allium cepa (homeopatía) o caramelos de menta y miel, que siempre están a mano). La respiración es muy importante para todo esto ya que para empezar permite oxigenar bien la sangre (es uno de los principales conductores de energía, si no el principal), y además por si misma permite comenzar el proceso de relajación de forma eficiente y muy sencilla, sin esfuerzo.

Una vez que hemos realizado este primer paso adecuadamente, debemos pasar a concentrarnos en nuestro cuerpo. Para aquellos que nunca lo hayan hecho, es recomendable realizar un ejercicio que consiste en tomar aire (siempre por la nariz), expulsarlo completamente (vaciar los pulmones totalmente) y mantener cerrada la entrada de aire durante todo el tiempo que se pueda, pero siempre sin hacer esfuerzo: cuando no se pueda más, suavemente se vuelve a abrir el circuito respiratorio y se vuelve a respirar normalmente. Los que no lo han hecho nunca sentirán que se vuelve trabajoso respirar durante unos segundos, a veces durante un minuto. Es normal. Durante esos instantes en que no hay aire en los pulmones, con los ojos cerrados, nos concentraremos en lo que ocurre dentro de nosotros. Lo habitual es sentir al principio los latidos del corazón. A veces, incluso, la parte izquierda del cuerpo puede llegar a vibrar con fuerza en ese estado. Aunque eso pueda molestarnos o asustarnos en un primer momento (sobre todo si no se ha hecho nunca), intentemos aguantar (sin esfuerzo, como siempre) para notar las sensaciones. Uno de los grandes males de nuestro tiempo es que mucha gente no siente nada en su interior, porque directamente ni siquiera siente lo que tiene dentro. Cuanto más se hace el ejercicio, más se sienten otras cosas, como la circulación sanguínea, e incluso sonidos internos, fluidos de líquidos y otras sensaciones. Pero una cosa que sin duda notaremos es la energía corriendo por nuestro cuerpo y extremidades. Es esa energía la que forma parte del cuerpo energético. Algunos la notarán más como escalofríos (una consecuencia de la canalización continua de energía), otros como corrientes eléctricas, y otros simplemente notarán que corre algo por sus brazos y piernas. En todo caso, lo que es fundamental para poder gestionar adecuadamente esa energía es ser consciente de su existencia. Esto es lógico: si no sabemos sobre algo, difícilmente podemos intentar controlarlo.

Llegados a este punto, también es importante otra cuestión. En el artículo anterior hacía referencia a las manos. Las manos son excelentes conductoras y transmisoras de energía. Sin ni siquiera llegar a tocar la piel, podemos hacer que la energía se mueva en una determinada dirección. Si tenemos un punto en el que la energía se ha concentrado, podemos mover esa energía de forma eficiente con las manos, simplemente moviendo en la dirección que nos sea más cómoda la energía, realizando un acto mental (al principio costará algo de esfuerzo pero luego será muy natural) de conciencia de la energía que hay acumulada y de su redistribución en la canalización energética general. Podemos usar esta técnica las veces que queramos, no necesariamente en el acto mismo de relajación, si tenemos molestias o dolores en determinadas zonas. Obviamente no desaparecerá la causa subyacente, pero si aliviará la molestia durante un cierto tiempo, si lo hacemos bien. Si es meramente una concentración energética anómala, será fácil que no vuelva a aparecer o que tarde bastante en aparecer. Todas las personas tenemos puntos físicos donde se acumula la energía de forma incorrecta, provocando dolor. Esta técnica permite ayudar en ese sentido.

Por último, me gustaría hacer referencia a como aprovechar y disfrutar el momento de relajación al máximo. Hay que considerar que la relajación no es sólo un proceso muscular y físico en general, sino también energético. Cuando se alcanza el estado correcto de relajación, parece como si no sintiéramos nada, como si no tuviéramos cuerpo. Y eso es así porque tanto el cuerpo físico como el energético han alcanzado un cierto punto de equilibrio en el cual todo está adecuadamente coordinado. Precisamente, para poder realizar la meditación, objetivo último de todo esto, necesitamos abstraernos completamente de nuestro cuerpo. La meditación, como veremos más adelante, es un proceso sin proceso, y para que eso ocurra, no podemos sentirnos apabullados ni por lo externo ni por lo interno. Es cierto que algunas técnicas de relajación y meditación inciden sobre tomar conciencia total de nuestro cuerpo, y eso precisamente es lo que hemos hecho con el ejercicio respiratorio de antes, pero lo que es importante constatar es que con todo, esa toma de conciencia física es sólo un paso intermedio, inútil en el ejercicio de la meditación posteriormente. La mayoría de las técnicas alargan excesivamente el proceso de la relajación y a la mayoría de la gente le cuesta mucho llegar al estado adecuado, si lo consiguen. Con la técnica descrita en estos dos artículos, incluso para principiantes llegar a la relajación total es algo que cuesta pocas sesiones de poca duración, y en poco tiempo se puede alcanzar el objetivo, sea lo que sea que hagamos después (incluso dormir si tenemos insomnio, aunque eso dependerá de si es insomnio producido por eventos externos o nervioso, y en este último caso la concentración puede ser un problema más que un alivio…). Y recordad siempre una cosa: cuando os levantéis, hacedlo siempre de lado, apoyados en el brazo, y muy despacio y tranquilos, apoyándoos en el coxis y dejando un minuto o dos para recuperar la consciencia de forma normal. Si todo ha sido realizado correctamente, podréis disfrutar del estado de relajación durante horas con 15 minutos de técnica aplicada. Disfrutadlo.

PD: si os surgen dudas o tenéis problemas para llevar algo a cabo, me lo podéis consultar por aquí e intentaré ayudaros en la medida de lo posible.