Los niños son espíritus puros; no los estropeemos

Este artículo me ha parecido especialmente interesante:

La espiritualidad garantiza la felicidad de los niños (y de los adultos, añado…)

El artículo hace hincapié en una cosa que me parece fundamental: cuando no buscamos fuera lo que necesitamos, cuando no deseamos otras cosas y cuando desarrollamos nuestro auto-conocimiento, salimos ganando en todos los sentidos. El mirar dentro de nosotros mismos nos garantiza que nos conoceremos y seremos capaces de explotar nuestro potencial, entre otras cosas, que incluye la felicidad. Cuando te conoces, no te tienes miedo, y no te asusta lo que tienes alrededor. Respetas a los demás y vives en un estado en el que no te sientes sólo ni desprotegido, además de no ansiar tantas cosas como desde pequeños nos obligan a desear. Eso, inevitablemente, lleva a conseguir un ser humano completo, holístico, no basado en las necesidades materiales sino en los objetivos vitales.

Es simplemente inmoral como desde pequeños aleccionamos cultural y socialmente a nuestros hijos para que sean clones nuestros, dándoles lo que nosotros creemos que necesitan pero que no son más que morralla que va a condicionar su desarrollo futuro y su madurez. Resulta escandaloso como los atiborramos de cosas, ideas absurdas que no querríamos para nosotros y estupideces flagrantes, y luego queremos que se conviertan en personas de bien y maduras que sepan vivir una vida plena. ¿Pero nos hemos vuelto idiotas o qué? ¿Por qué seguimos manteniendo mentiras como Santa Claus, los reyes magos, el ratoncito pérez y demás estupideces? Les engañamos porque creemos que así son más felices, creyendo en mundos de piruletas que son básicamente proyecciones de nuestros propios deseos; porque además, mantenemos sobre ellos formas de control que son simplemente estúpidas, y que no querríamos para nosotros mismos. Los tenemos esclavizados en un materialismo que roza en muchas ocasiones lo escandaloso, mientras luego crecerán imbuidos por ideas totalmente contrarias que les harán cada vez más infelices. Por un lado les enseñamos a “compartir” mientras luego les ponemos horas delante de la tele para que aprendan a querer más y más… Simplemente estúpido…

Yo lo veo, lo percibo a mi alrededor. Generación tras generación, nuestra especie ha ido degenerando hasta el punto en que no seremos capaces ni de levantarnos por la mañana. Hemos creado una raza de sub-humanos que sólo pueden rebozarse en los lodos de su propia auto-insatisfacción, sin más mira que localizar el próximo lodazal en el que revolcarse, como los cerdos que el sistema cree que somos. Nosotros seguimos trasladando esas ideas a nuestros hijos, mientras las mismas van degenerando con cada generación. Sólo las personas valientes pueden enfrentarse a la realidad que nos impone el sistema y enseñar a sus hijos valores reales, naturales, y esas personas serán plenas y vivirán el día de mañana según sus principios, los que además de los aprendidos se habrán ido creando. En esta vida, la única misión de un progenitor es enseñar a sus hijos a ser independientes, a vivir de acuerdo a si mismos y a ser libres para decidir responsablemente (de forma madura). Cualquier padre que falle en esto habrá fallado en todo lo demás. Cuando traemos a un hijo al mundo, debemos protegerlo hasta que este es capaz de ser por si mismo, de forma independiente. Durante ese camino, habremos de intentar que sea capaz de ser independiente, de que ese objetivo se logre. Cualquier otra cuestión sobra y nos hará fracasar. Esa es nuestra única misión como padres. Si no estás dispuesto a enfrentar ese reto, no deberías tener hijos, porque implica que sólo deseas tener descendencia por tu propio interés egoísta. Entonces te darás cuenta de que tus padres también fracasaron contigo. Y así lleva siendo por mucho tiempo (aunque no por siempre, afortunadamente…).

Seamos grandes y hagamos grandes a nuestros hijos. Ellos no pidieron venir y les obligamos. Por lo menos, tenemos la responsabilidad de enseñarles a vivir, aunque eso es difícil cuando la mayoría de la gente no sabe ella misma lo que es vivir. Así, la Gran Mentira se perpetúa por siglos y condiciona el futuro de la humanidad, que no podrá salir de su estado infantil nunca. Debemos enseñar a nuestros hijos a ser libres, a entenderse y comprenderse a si mismos, amarse a si mismos y a los demás, a no necesitar nada que no necesiten para vivir, a comprender que ellos son lo demás y lo demás es ellos. Tal vez si así lo hacemos, vayamos consiguiendo humanos más elevados, seres espirituales con mayor comprensión de si mismos y de lo demás y consigamos una humanidad que rebase todas las facetas y vaya creciendo como especie cósmica y espiritual. Los seres con alma debemos ser conscientes de nosotros mismos y avanzar, y para ello, los niños son fundamentales. Ellos, ciertamente, son el futuro. Y de nosotros depende que ese futuro sea de luz.

PD: Os dejo este artículo de Miguel Jara sobre los partos, al menos en este país… Si las cosas ya empiezan así desde que nacemos, ¿cómo podemos esperar que sean mejores después?

Parir no rima con extracción