(C) 2012 El Roto

Soy entusiasta de Internet, desde que hace ya 16 años comenzara a usarlo en el centro de cálculo de la Universidad de Valladolid, en aquella sala chunga llena de equipos, muchos con Windows 3.11 y alguno ya con Windows 95, con un Internet Explorer que servía para conseguir descargar el Netscape (como ahora con Firefox o Chrome… XD)… Todo lo que te descargabas entonces eran fotos, de una resolución pésima, y los pocos textos que provenían fundamentalmente de Yahoo!. Aquellos eran los felices primeros tiempos de la ignorancia…

Como con todo lo bueno en esta vida, te enganchas a ello, aunque nunca he sido fanático ni he tenido problemas de adicción con estar “conectado”. Si me he tenido que pasar días sin ver el correo, lo he hecho hasta con cierto gusto, incluso. Pero trabajo para generar sistemas en la red, así que inevitablemente mi contacto con el mundo conectado es bastante importante, y claro, eso te da una cierta perspectiva de las cosas. Si además eso lo unes una perspectiva conspiranoica y antisistema, entonces tienes un caldo de cultivo perfecto.

Siempre me ha gustado la historia, porque permite saber porque las cosas son como son ahora. Aunque Internet siempre haya tenido una aureola hippie contracultural y rancia, sus orígenes no tienen nada de contracultura ni rancio. Internet, como muchos ya sabéis, no se ha llamado siempre así: inicialmente se llamaba ARPANet, porque sus creadores fueron la ARPA (ahora DARPA), que es un brazo tecnológico y estratégico del sistema militar-industrial estadounidense, para generar un sistema de información y comunicación indestructible, capaz de aguantar lo que se le eche. Pero esta es una visión un tanto reduccionista de la historia, ya que si hubiera sido así, este invento jamás hubiera llegado al público. Los militares nunca sueltan sus verdaderos inventos a la población civil, o lo hace de forma sumamente reducida. Pero en este caso, el intento llegó con toda su magnificencia al gran público, y eso es lo primero que debería hacernos sospechar. Es bien sabido que la élite nunca permite el uso de sus inventos hasta muchas décadas más tarde de su invención (un ejemplo no muy conocido es el cine en 3D, que lleva inventado tal y como lo conocemos desde los 50, pero que sólo en la década pasada ha comenzado a utilizarse tanto en cines como en televisores, y la verdad es que casi se lo podían haber guardado…), pero en el caso de Internet, prácticamente unos pocos años después estaba usándose a nivel académico y diez o quince años después en empresas y usuarios particulares en USA… Si no comprendes bien como funciona la élite, nada de esto te extraña, pero bien, continuemos.

La Red causa adicción, eso lo sabemos. Hay personas que no pueden vivir sin ver su correo o responder sus mensajes inmediatamente a recibirlos. Algunos tienen que consultar la Wikipedia para todo y los juegos online son la nueva droga (falta de sueño, dejación de obligaciones, aislamiento, etc…). Junto con la bondades de un sistema “relativamente neutral”, existen muchas cosas que no son tan buenas, pero muchos dirán: “Ah! Eso es culpa del humano”. ¿Seguro? La mayoría de los seres humanos, tengan la edad que tengan, tienen un déficit de madurez genético que les impide entender que son fácilmente manipulables, que su mente es arcilla en manos de los neuro-lingüistas y que están sustituyendo una vida por otra, una irrealidad donde sólo importa la capacidad de generar “amigos”, “dinero” y “tiempo” virtuales. Es un mundo aparte del mundo, y eso tiene consecuencias. Y eso sin contar con aquello de que Internet es un derecho… Alucinante.

Hay gente que clama ahora porque “quieren cerrar Internet porque nos da libertad”… ¡Ilusos! ¡Nunca ha existido tal libertad! Al igual que en el estado de derecho, de lo que he hablado largo y tendido en este blog, la libertad en Internet es una ilusión. Una ilusión basada en el hecho de que te hacen creer que tienes libertad de decisión cuando en realidad sólo puedes decidir entre las opciones que ellos te plantean: una cárcel con rejas invisibles. La versatilidad de Internet además acentúa la ilusión, porque da la impresión de que es prácticamente imposible controlar ni limitar nada en ella. Falso. Como ha demostrado el caso Megaupload, cerrar Internet sería tan sencillo como, en un momento dado, cerrar Google, Facebook y Hotmail. Esos tres sitios serían suficientes para que el 80% de la Red dejara de funcionar y nos dejara desconectados. Pero es incluso más fácil. Si los gobiernos dicen, unánimemente, a las operadoras, que apaguen los servidores DNS o desconecten los routers, la desconexión sería total. Esto se podría hacer en un par de días o tres. Y ya da igual como sea de flexible la Red o de dinámica: sin conectividad no hay Red que valga (sí, desconectar los DNS no anula Internet, pero la gente no piensa en términos IP, sino de nombres de dominio, con lo que a efectos prácticos no sería capaz de conectarse). Se acabó. Y si piensan que nunca harán eso, es que son ustedes más ilusos e idiotas de lo que pensaban.

Ahora ya nos tienen a todos en la Red, y ahora pueden recogerla. Nos tienen a todos totalmente dependientes de ese sistema que, por otro lado, no deja de ser una realidad virtual, muy bien traída, sin duda, pero no es real. Al no ser real, al ser una construcción artificial, puede ser detenida por su creador en cualquier momento, y por tanto, atrasar a la humanidad 50 años de un plumazo. Eso sí, tendremos caros equipos tecnológicos que sólo podremos usar offline. Somos peces en un mar de estupidez y latrocinio que en cualquier momento desaparecerá como un espejismo. Este año van a pasar cosas, y cuando pasen, lo que menos interesará es que todo el mundo se entere. Independientemente de otras consideraciones, lo de Megaupload ha sido un experimento. No muy bueno, todo sea dicho de paso, porque hay múltiples alternativas (bendito torrent…) y con el tiempo nos olvidaremos del tema, pero tampoco mucho tiempo, porque el invento puede irse al carajo en cualquier momento. Mi recomendación es que os gusta la información, recopiléis toda la que podáis y la pongáis a buen recaudo. Será oro puro cuando ya no tengáis acceso a ella.