A veces lees y escuchas muchas veces el título de una película que no has visto nunca y parece que la conoces de toda la vida aunque no tienes ni idea de que va el tema… La escalera de Jacob (Jacob’s ladder, 1991) es un caso de estos. La descargué por recomendación conspiranoica y hasta hace unos días no la vi… A continuación cuento mis impresiones, sin intentar desvelar mucho de la trama. Al final, lo más interesante es ver la evolución del personaje en su infierno personal.

La historia narra un momento de la vida de Jacob Singer, un cartero que en su juventud estuvo en Vietnam y que volvió con serias secuelas físicas y emocionales. Sin embargo, en un momento dado, comienza a tener visiones y paranoia, cosa que al menos aparentemente hasta ese momento no había ocurrido. Fue herido en una batalla y sólo puede recordar flashes de aquellos momentos. Comienza ver una especie de seres como demonios y a experimentar situaciones totalmente fuera de lo normal. Pensando que se está volviendo loco, comparte estas experiencias con compañeros de filas y todos coinciden en lo mismo: parece como si todos ellos hubieran sufrido el mismo problema. Se ponen de acuerdo para investigarlo pero el resto se echa atrás (alguno muere víctima de un “accidente”, y el mismo Singer es atacado por agentes del gobierno). Conoce a un científico que estuvo desarrollando por orden del ejército una droga experimental que debería haber creado soldados super-agresivos, pero que básicamente terminaba creando alimañas que después se aniquilaban entre si. Singer y los otros resultaron afectados de otras maneras, y descubre que fue herido en una batalla que no fue tal… No les atacaron los vietcong, sino sus propios compañeros, víctimas de la droga… Todo ello mezclado con la vida personal de Singer, y con un final que desemboca de una forma que aunque inesperada, se veía venir…

Película estremecedora en cada minuto de su metraje, pero sobre todo por el componente de verdad insidiosa que a pesar de todo nos negamos a admitir… Sabemos que las cosas van mal, que nos manipulan, nos controlan, juegan con nosotros como si fuéramos fichas de un juego extraño, y sin embargo nosotros nos dejamos llevar, dejamos que jueguen con nosotros sin tener la capacidad de respuesta que, como representa la droga en este caso (droga que existió realmente y se uso en actividades secretas de la CIA y el ejército en Vietnam), produce algo que nos aletarga y nos consume. Jacob es un hombre perdido, muerto en vida, que no puede comprender lo que le pasa ni porqué. Ni siquiera, hasta un momento dado, asume que lo que le ocurre le fue causado. Pero el momento más amargo de la película es cuando descubre que, a pesar de todo, lo que le hicieron ni siquiera sirvió para ganar la guerra, para luchar contra “los enemigos”, sino que fue algo que se consideró un “daño colateral”, algo sin importancia en el gran orden de las cosas. El no era nadie y así se encargó la historia de hacérselo ver.

Miles de soldados en varias guerras sufrieron los mismos problemas: agente naranja, droga BZ (la que tratan en la película), armas con radiactividad, etc… Esos soldados, que ya fueron engañados y abusados al ser incorporados a filas y enviados a guerras inútiles (aunque no para la élite, claro), fueron a su vez usados para satisfacción de algunos que consiguieron poca cosa con ello. Fueron meros conejillos de indias que ni siquiera fueron útiles para los teóricos objetivos del experimento. Fueron resto inútiles que finalmente pudieron desechar de cualquier manera. Ese es el auténtico drama de esta película: hombres buenos e inocentes se convirtieron en ratas inútiles de laboratorio. A los civiles nos dan otras drogas, pero al final todo termina igual: su guerra contra nosotros no es sangrienta, sino espiritual. Al final, los que caen… Bueno, ya sabéis a que me refiero.

Prefiero ver el lado positivo de las cosas: si podemos ver y apreciar por donde nos están drogando (dinero, moda, alcohol, tabaco, ponografía, etc…), podemos a su vez eliminar esa droga de delante y continuar por nuestro camino. El primer paso es, obviamente, no tener ni en consideración la posibilidad de consumir tal droga, al igual que un joven no debería plantearse formar parte de la maquinaria militar. Porque al final, tanto unos como otros salimos siempre perdiendo. Ser uno mismo, entender que uno es lo más valioso que uno tiene y ser valiente para enfrentarlo al resto, es con toda seguridad lo más importante que podemos hacer en nuestra vida. El fisio de Singer le dice que sólo están muertos los que tienen miedo a la muerte. Y esa es una gran verdad (por cierto, prestad atención a “la otra derecha”, es una frase genial con mucho significado…).

En breve espero poder subir enlaces tanto a esta como a otras películas que se quedaron en el aire tras la desaparición de Megaupload. Habilitaré una página para esa misión donde podréis descargar todo el material que pueda ir subiendo y que está relacionado con este blog.