La extraña dicotomía Dios-Ateos

“Los ateos deberían convertirse a alguna religión: al menos hablarían con conocimiento de causa”.

Esta frase es del menda, puede ser distribuida con mención… 🙂 Lo que quiero decir con ello es que, lamentablemente, como en tantas otras cosas en esta vida, los ateos tienen el problema de que hablan de algo que desconocen. Lamentablemente, los creyentes también.

Dios. Que palabro, ¿no? Al final después de tanto usarse no significa nada. Porque además, puede ser plural, e incluso de género cambiado. Algunos insinúan que Dios es una mujer (eso es estúpido, ya que tampoco es un hombre), y se le han asociado múltiples interpretaciones y encarnaciones que, a la postre, son más absurdas unas que otras a medida que avanzan los estereotipos. Cuanto menos, resulta curioso y divertido ver como ha evolucionado este término y su contenido a lo largo de la historia. Al final, para representar “nada”. Los creyentes defienden a su Dios mientras los ateos luchan contra la idea en si. Polaridad y hegelianismo histórico en toda su dimensión. Posiblemente, el hegelianismo más antiguo que existe.

Pues no. Ni unos ni otros tienen razón, sino todo lo contrario. Los dioses, que sí existen, no son tales. Se han autoproclamado así porque se dieron cuenta de que resultaba más sencillo hacerlo que intentar someter a los humanos por la fuerza. Y es que los humanos somos muy cabrones cuando queremos. Nos subimos a la chepa de los dioses a la primera de cambio (los españoles somos especialmente prolíficos en ese sentido: tenemos una amplia variedad de expresiones lingüísticas en referencia a defecarnos en nuestra deidad), y claro, ¿qué pueden hacer los pobres dioses contra eso? Como mucho, intentar meternos miedo, con penas y sufrimientos eternos y extremos, cuando, para que nos vamos a engañar, ya sufrimos bastante aquí, encarnación tras encarnación. Resulta bastante absurdo en ese sentido.

Sí, existen esos dioses, pero esos dioses no tienen poder alguno si no crees en ellos. Es así de absurdo. Paradójicamente, si no crees en ellos no tiene poder e influencia sobre ti, porque no los aceptas. Con lo que en términos prácticos, es como si no existieran. Pero entonces: ¿esa idea de Dios, de donde viene? Porque aunque la idea religiosa de Dios es inceptada por la sociedad y la cultura, en nuestro interior todos poseemos esa idea de superioridad cósmica, la aceptemos o no.

“La propia naturaleza ha grabado en la mente de todos la idea de Dios” (Cícerón)

Este miembro de la élite romana sabía lo que decía. Desgranando esta frase (recordemos que Cicerón era un romano de antes de Cristo, y por lo tanto la idea más aproximada que podía tener el monoteísmo era el judaísmo, por aquel entonces casi desconocido en Roma, y habla de un Dios, no de varios, que sería lo lógico en su caso), nos damos cuenta de varias cosas:

  • La idea de Dios proviene de la propia naturaleza
  • Nosotros, como seres naturales, tenemos esa idea inceptada por nuestra propia naturaleza
  • La idea se ha grabado en nuestra mente, es decir, es una recreación
  • Dios es una idea

¿A donde quiero ir a parar con esto? Marco Tulio nos estaba queriendo decir que Dios es una recreación abstracta de la propia naturaleza en nosotros. La naturaleza es Dios. El Cosmos, si lo queréis llamar así. Dios existe, por supuesto, pero no es lo que nos han vendido como el ser sobrenatural que puede condenarnos en los infiernos y se come niños. Dios es todo y cada cosa existente, visible e invisible. Efectivamente, no es una cosa concreta, específica, sólida o etérea. Dios es todo y todos, cada uno de nosotros, cada ser y cada no ser. Y esto tiene implicaciones profundas en nosotros. Por eso tenemos en nuestro ser la idea de algo superior, de algo que intuitivamente consideramos la grandeza de todo. Que luego esto sea fácil de manipular para hacernos creer otra cosa es un problema aparte. La cuestión es que esta es la realidad de la trascendencia, al menos en este plano en el que existimos.

Así que sí, amigos ateos. Dios existe, pero no existe. Algo que lo es todo no puede existir por si mismo en ese todo. Pero está encarnado en todos y cada uno de nosotros. Nosotros somos el reflejo de Dios (vivimos en un universo fractal) y Dios es la esencia de todo y de todos. Cómo decía Heinrich Böll:

“Los ateos me aburren: siempre están hablando de Dios”.

A lo mejor, amigos ateos, deberíais empezar a hablar algo menos de Dios y empezar a sentirlo más. Es probable que vuestra vida sea mucho más feliz.

(Saludos a Natalia Sánchez, cuyo uno de sus posts en Google Plus me ha inspirado este artículo).