No suelo hablar de economía en este blog, porque no es el sitio apropiado para hablar de ello, aunque recientemente me desquité, que tenía ganas. Siempre he dicho que las personas, dentro de la libertad que le es inherente, tienen derecho a crear sus negocios y desarrollarlos libremente, y que las personas tienen derecho a tener trabajo, que precisamente los negocios permiten poner a su disposición. Los pequeños y medianos negocios son en general la sangre económica de un país, y sus participantes (ya sean los que lo crean y mantienen o los que trabajan en él, a los que en realidad no les diferencia nada más que un papel) son parte integrante de una aventura en la que a todos les va bien cuando todos ponen su empeño en llevar la aventura adelante. Sí, lo que generalmente se suele llamar economía de libre mercado.

Pero esta gente es diferente. Esta gente es esencialmente una suerte de depredadores para los que todo vale y que no tienen el más mínimo titubeo en destruir la vida de la gente. Pero es que eso no es libre empresa: es capitalismo galopante puro y duro, que ha aprovechado lo bueno de un sistema orientado al progreso general de la sociedad para enriquecerse indecentemente no ya sólo a costa de los compradores, sino incluso de los empleados. La explotación en el tercer mundo tampoco escapa a sus garras, y mientras, no sabemos que cuando compramos una pieza de ropa o un juguete barato para nuestros hijos, realmente estamos hundiendo más y más en la miseria a miles de personas. Y no sólo en los centros comerciales.

Este documental habla de Wal-mart, pero es aplicable a toda multinacional que existe en el planeta. Porque ellos no han llegado allí siendo buenas personas, sino destruyendo todo a su paso: empleados, negocios locales, clientes, esclavos en otros países… Para ellos no son personas, sino mera mercancía con la que comerciar. Sed conscientes a la hora de consumir que sois libres de elegir, pero también fácilmente manipulables y en parte colaboradores de este estado de cosas.