G20… Esto lo hemos escuchado todos varias veces durante los últimos, pongamos, 5 años. No sabemos bien qué significa la “G”, pero al menos si sabemos lo que significa el “20”, es decir, los 20 países más importantes del mundo. Allí están, claro, los de siempre: USA, GB, Francia, Japón, etc… Y después, los llamados “emergentes”: Brasil, China, Rusia, Argentina, etc… España, obviamente, no está, primero porque no lo merece, y segundo porque no llega, que son dos cosas distintas (estamos los treintaitantos en la escala mundial, según parece…). A veces “nos han dejado ir” (Francia nos invitó a un evento del G20) más por lástima que otra cosa, pero no merecemos estar en este punto. Pero no es la auto-compasión lo que me mueve a escribir, sino otra cosa:

¿Qué ocurre con el viejo orden mundial?

El siglo XX ha sido un periodo centrado en la lucha de poder mundial de dos o tres grandes potencias: USA, URSS/Rusia y GB (esta última cedió casi todo su poder a partir de los años 40, tras el fin de la guerra). Después surgió la polaridad y finalmente ganó el capitalismo representado por USA, con lo que de esos trigos vienen estas pajas… Pero ahora hay un vacío de poder. Es evidente que USA ya no es la primera potencia mundial (ya desde hace un tiempo) aunque nos hayan ocultado este dato durante una década más o menos. Europa tampoco es competencia porque aunque intentó con su moneda-deuda el euro superar al dólar, simplemente fuimos el hazme-reír y ahora estamos literalmente en bancarrota. No nos engañemos, el país más poderoso del mundo ahora mismo es China: tiene la mitad de la deuda estadounidense y la tiene repartida tanto financiera como industrial. Y sí, Nixon se removería en su tumba, pero las razones de porque esto es así (los comunistas inferiores comprando los países capitalistas superiores, Dios mío…) me gustaría comentarlas en otro artículo, ya que son diversas y complejas. También tiene altas participaciones de deuda en Europa y otros países, así que podemos decir con toda autoridad que sí, son los amos del mundo. No creo que sean ni mejores ni peores que los que hemos tenido hasta ahora. Simplemente es la evidencia.

¿Y por qué esto es así? ¿Qué razones hay para que se haya dado este giro? Evidentemente nadie pierde el poder sin razón, ya sea propia o ajena. Los grandes imperios desaparecen, eso nos dice la historia. Por error o por conspiración, los grandes imperios han ido dando paso a otros que han ido pergeñándose sucesivamente y ganando posiciones, tirándose del podio unos a otros hasta que al fin prevalece uno. A esto es a lo que siempre se ha llamado “viejo orden mundial”. Pero, ¿y el nuevo? ¿Y el famoso NWO de Bush? ¿Quien puede representar mejor los ideales de ese nuevo orden mundial que un país que tiene partido único, que está sojuzgado a su ejército y que controla de forma total y absoluta su economía, sin religión y con el sometimiento total de su población? No me hagáis decirlo, sé que sois inteligentes como para sacarlo por vosotros mismos…

El G20 se ha creado como un contrapeso, una forma de evitar que ese país tenga un control absoluto en los primeros momentos. Siguiendo la teoría hegeliana de la historia, es necesario que exista ese conflicto para que la historia siga marchando hacia delante, siga funcionando. Eventualmente, ese país terminará teniendo el control absoluto, pero será algo que ocurrirá de forma paulatina y pronto nos acostumbraremos a ello. Es un país con un ejército más o menos permanente de 200 millones de personas. Nadie puede contra eso. Ni aunque se unieran todas las demás naciones del mundo, todas, se podría vencer a semejante máquina. No nos engañemos, no es una cuestión de ser pesimista, sino más bien comprender que hay una serie de hechos fácticos que son ineludibles por poco que nos gusten.

No sé si os habéis dado cuenta, pero muchas de las políticas que se están imponiendo a los países “rescatados” son básicamente políticas que bien podrían provenir de ese país que os digo… Están experimentando con nosotros, y en breve vamos a poder ver las consecuencias de esos experimentos. En nosotros queda tener la fuerza y la capacidad de resistir y ser superiores, espiritual y mentalmente hablando. En nuestras manos encomendamos nuestros espíritus…