Este es un excelente película sobre “la educación” que, independientemente de las reflexiones que a cada uno nos pueda dar lugar, refleja un problema que ni siquiera es educativo o social, sino cultural y mental. No nos apreciamos a nosotros mismos, no apreciamos a nuestros congéneres, ni siquiera a nuestros hijos… Si no, ¿desde que punto de vista permitiríamos pasar a nuestros descendientes por semejante tortura, más de una década de sus vidas dedicadas a una simple y llana pérdida de tiempo, sin otro objetivo que convertirnos en mansos y dóciles obreros y consumidores? Eso es querernos muy poco a nosotros mismos y a los demás. Significa simplemente que nos odiamos mucho.

No sé si algún día llegará que podamos vislumbrar un futuro sin este tipo de programación mental estatal. Sin embargo, soy optimista: yo no pienso dejar que unos hipotéticos futuros hijos míos pasen por semejante amargura. Es una promesa que les hago desde ya (realmente lo pienso desde hace mucho tiempo). ¿Y tú? ¿Qué vas a hacer?