¿Que Juancar no tiene poderes? ¿Y como ha conseguido estar ahí tantos años con las que ha montado? ¡Negadlo, malditos!

Me gusta mencionarlo: soy un enamorado de la Historia. En general, el conocer lo que nuestros antecesores hicieron durante su paso por el planeta me parece sumamente relevante. Sé que a la mayoría no, pero claro, a mi no me gusta el fútbol, así que estamos en paz…

Uno de los puntos que me ha gustado revisar y leer más o menos habitualmente desde que era un tierno estudiante universitario es la transición española a la democracia. De sobra son conocidos mis epítetos aplicados a esta así llamada “democracia” que vivimos, particularmente en este país, aunque no podemos decir que la de otros lares sea más mejor, la verdad. Pero en el caso de nuestra “transición” (el nombre es totalmente correcto, como veremos), no puedo imaginarme que esto hubiera ocurrido en otros sitios. Recuerdo que hace ya años (diría que unos veinte), escuchaba yo de boca de “insignes” portavoceros y abrazafarolas radiofónicos y televisivos, tertulianos de pacotilla venidos a más, que incluso (válgame el cielo) otros países como Francia querían adoptar nuestro sistema de autonomías (LOL, dicen los anglos) o que países de estos que venían del comunismo del este querían seguir nuestros graciosos pasos (por la risa que dan, debe ser) en pro de la consecución del sueño de libertad, libertad, sin ira libertad… Claro, en mi pequeñez intelectual de entonces no me daba cuenta de semejante estupidez. Ahora lo comprendo un poco mejor.

Aviso que el artículo es algo largo y denso, así que tomen asiento. Intentaré no obstante hacerlo interesante, y procaz tal vez, para que nadie se aburra. A la que vamos. El resumen de la transición democrática es básicamente este: un señor bajito se muere pero antes pone a un jovenzano de rey con cosas que ocultar y este manda a todos los fachas de gobierno hacerse demócratas por su real gracia, aupar a los socialistas al poder y, de vez en cuando, llevárselo entero. Este es el resumen, y ahora lo explico un poco mejor.

Comencemos por el principio: 1 de abril de 1939. Termina la guerra civil (teóricamente, porque los republicanos no serían perdonados y hasta la muerte del dictador eran proscritos) y se instaura un régimen  político autocrático de corte dictatorial dirigido por el general Francisco Franco. Hasta aquí todos de acuerdo, no? Bien, el detalle más relevante de esto es que para mantener ese régimen político hacía falta una base legal que además permitiera mantener en el tiempo el estatus quo del sistema implementado ya durante la guerra, y que fueron las llamadas leyes fundamentales del reino. Sí, del reino. ¿Cómo, si no había rey? Ah, pequeños padawanes, ese es el quiz de la cuestión. El estado español fue organizado como reino sin rey, porque el asunto es que, en teoría al menos, Franco sólo era un “gestor” en espera del hipotético monarca que tendría que ser repuesto tras la huída de Alfonso XIII, dejando el trono no vacante, sino vacío, diferencia importante donde las haya. Claro, técnicamente Don Juan, el hijo de Alfonso, tenía que haberle sucedido naturalmente en el trono, pero el amigo Paquito dijo que nones, que ni de coña. Creo que no se llevaban bien precisamente. De hecho, Don Juan tenía prohibido pisar España, y vivía su exilio en Portugal con su familia. Franco decidió, con buen tino (porque así podría manipularlo mejor), escoger a Juan Carlos (Juancar para los amigos, a partir de ahora) como sucesor al trono, lo que como es lógico iba en contra de toda ley monárquica, y eso iba a suponer una cantidad de movidones internos realmente complicados (recordemos que además, en nuestro panorama planeaban los “carlistas”, grupo desorganizado que defendía que el trono pertenecía a una rama alternativa de los borbones y que de hecho no aceptaban que ni Don Juan ni Juancar estuvieran en el trono. Por hacerlo fácil, vamos. Pero volviendo al asunto, como vemos Juancar necesitaba una legitimidad que no tenía, y eso tuvo que esperar, lógicamente, unos cuantos años, básicamente porque Don Juan dejó claro que ni de coña iba a abdicar en favor de nadie, y menos viviendo Franco (cosa que, como es lógico, se solucionó con el tiempo). Hasta aquí todo correcto. Juancar vivió en España, recibió la correspondiente educación militar y durante sus años mozos digamos que se dedicó a buscar subalterna. Así, por fin conoció a su respetable hasta la fecha, Sofía, que le dió tres churumbeles por todos conocidos, así que no me extiendo en esta cuestión. Pero aquí hago un inciso, ya que menciono a los churumbeles. Resulta que Juancar no es hijo único: su padre dio al mundo (con su madre, lógicamente) otros tres descendientes, Pilar, Margarita y Alfonso. Las dos primeras llegaron a viejas, pero el último se quedó a mitad porque, sin comerlo ni beberlo, su vida tuvo trágico fin con 15 años, en la finca de Estoril de su padre, ¿sabéis por quién? Síp: su hermano mismo. Un accidente dijeron, aquel tiro mortal. Bueno, fuera o no un accidente de verdad, parece que en esta familia eso de pegarse tiros entre si y a si mismos es bastante habitual, a la sazón de los últimos acontecimientos de un conocido nieto del monarca.

Volviendo al asunto que nos concierne, Franco destinó emolumentos destinados a la creciente familia, y en en 1969 nada menos que lo propone a rey en las Cortes Generales, ya que Paquito lo había dejado todo atado y bien atado en la ley de sucesión de 1947. Así, si a él le pasaba algo (previsor que era el hombre) todo seguiría según la recta senda marcada por la luminaria de la nación. Bien, esto implica una cosa para los que se hayan perdido: Juancar es rey porque lo dijo el amigo Franco, no porque de natural el debiera heredar la corona. No sólo no tenía la legitimidad de su padre si no ni siquiera dinástica, y además, era heredero de un dictador. Pero oye, la ley es la ley y como lo dijo Paquito, pues todo el monte es orégano. Naturalmente, Juancar no tuvo que hacer mucho más que esto (es decir, aparentar que era un rey) hasta 1975, el 20 de noviembre, fecha del fallecimiento del caudillo.

Aquí comienza la leyenda…

Pero Juancar ya estaba preparado para todo lo que tenía que hacer, y se sabía la lección de memoria. Recordemos que no tenía más legitimidad que la aportada por Franco, con lo que simplemente debía continuar el camino marcado. Pero el previsor Franco cometió un error de cálculo: Juancar necesitaba la legitimidad porque de hecho sabía que el régimen ya estaba más que finiquitado y a él le interesaba mucho más acercarse a Europa de lo que había querido Franco en vida, con lo que tenía que hacer los correspondientes cambios en toda la infraestructura política que le permitieran dar ese paso. Pero, y este es el gran pero, sin modificar mucho las cosas de como realmente estaban por debajo, donde nadie las veía, lo que Mario Conde llamaría más tarde en un libro “el sistema”: la oligarquía que básicamente ha venido depredando este país desde los años 50 (los tecnócratas que idearon los planes quinquenales), y que por supuesto querían seguir haciéndolo en el futuro y con los que Juancar tenía que y quería contar. Así que había que montar un sistema político en España que permitiera que todo siguiera igual pero que al mismo tiempo pareciera que todo había cambiado. Bienvenidos a la transición a la “democracia” (no quiero meterme con la pantomima del 23F porque merece un artículo aparte, que llevo tiempo queriendo publicar…).

Para llevar a cabo todo esto, hacían falta unos elementos que permitieran el recorrido de una forma aparente y al mismo tiempo consecuente. Por supuesto, en una época de transición, tiene que haber conflictos, pero este país siempre será un problema en ese sentido, como venimos viendo recientemente: parece que no tenemos sangre en las venas, al contrario que nuestros vecinos franceses o portugueses (recordemos la revolución de los claveles de 1974). Es cierto que en la base social española había mucho recelo al comunismo por décadas de adoctrinamiento, pero como se demostró después en el referendum a la Constitución y las primeras elecciones ese mismo año, la cosa no era realmente para tanto, y eso Juancar y sus acólitos lo sabían. Así que había que generar conflicto. Por un lado sabían que la extrema derecha darían caña, como es lógico, al saberse que se quería realizar una transición a la democracia e incluyendo a los socialistas, pero por aquel entonces la rama de izquierdas que realmente era representativa en la sociedad eran los comunistas, así que Suárez prohibió el partido comunista, de manera que la crisis social estaba servida. No tanto, parece ser, porque aparte de algún atentado terrorista de los GRAPO y algunas manifestaciones “movidas”, la cosa no fue a más, pero suficiente como para que pareciera que la transición tenía vida. Una escenificación, vamos. Luego, en las elecciones primero y el referendum después, la gente fue a votar a mansalva y todos amigos, así que en realidad la cosa fue bastante más tranquila de lo que en un primer momento se quiso hacer ver y nos han contado hasta ahora. Preguntad a vuestros padres y abuelos, ellos os dirán (si es que no lo viviste tu mismo, amable lector).

Felipe González con el uniforme de las milicias universitarias (pnchar para ver más grande)

Pero por supuesto, esto era sólo la cara pública del asunto. Entre bambalinas, la cosa era mucho más chunga. El sistema político que se quería crear tenía que ser tan corrupto como había sido hasta entonces, pero con apariencia de transparente. Para eso, y entre otros motivos, se deseo desde un principio que los socialistas de Felipe González fueran los que llevaran la batuta. Tenemos que recordar una cosa que creo que es importante en este punto: lo que nosotros llamamos “socialista” en realidad venía a ser entonces un joven de clase media, rebelde, que generalmente había renegado de su herencia familiar y que, por el devenir del destino pasó a ser el centro de atención política porque, claro, eran los “pupilos” del antiguo régimen. Los socialistas de base sí, claro, eran obreros, pero los que ostentaban importancia en los partidos eran básicamente de esta guisa, en su mayoría, y que son los que han llegado hasta ahora. En el caso de González, de hecho, su pasado es tan oscuro que es como Cristo: no se sabe casi nada de sus años mozos hasta que salió a la luz pública como Isidoro, su apodo en la clandestinidad, y cuando básicamente se hizo con el poder en el congreso de Suresnes en el 74. Porque en el caso de Carrillo, este había sido dirigente con el gobierno republicano durante la guerra civil y tenía un renombre en el partido comunista, pero… ¿Quién era Isidoro? Aparte de que sus padres eran unos adinerados ganaderos y que estudió en el instituto San Isidoro (???), su juventud transcurrió como os he comentado antes: estuvo en Acción Católica y se unió al PSOE en la clandestinidad, ascendiendo de forma fulgurante. En 1974 se hizo con el partido con la ayuda de sus colegas sevillanos (Guerra y Chaves), y de hecho, desde el gobierno de entonces quisieron que ellos ganaran las primeras elecciones, pero el pueblo les dio una inicial patada en el culo y ganó Suárez (que de todas formas era pro-sistema y seguía las directrices del rey). Se especula con la idea de que el PSOE de González fue financiado por la CIA para impedir que los comunistas llegaran al poder (cosa que podía ser probable en el ambiente de la época), y como dato añadido, tras la muerte de Franco se dio orden expresa a la policía de que no se detuviera a Felipe González bajo ningún concepto… ¿Por qué?

Puede que sea mi imaginación, pero ese no es Felipe en plan “cara al sol” total? Y el de atrás parece Guerra de joven, pero eso ya es mera especulación… (pinchar para ver más grande)

Para entender esto hay que entender la idiosincrasia política de este país, que como tiene mala memoria generalmente no suele recordar los hechos pasados, especialmente los funestos. El PSOE es especialmente proclive a ellos desde que nada menos que su fundador, Pablo Iglesias, llegara a amenazar de muerte al presidente de entonces, Maura, cosa que además cumplió aunque afortunadamente la víctima consiguió salir con vida. Lo más cachondo del tema es que el colega nada menos que profirió semejante amenaza… ¡En el congreso! Así está señalado en el diario de sesiones, y cuando el presidente del congreso le exigió que se retractara, no sólo no lo hizo, sino que parece ser que se reafirmó por un par de veces. Vaya figura. Así le salieron los retoños, claro, que las montaban pistonudas aunque eso si, sólo por interés, ¿eh? Aquí los amigos sociatas se unían a un dictador (tuvieron cargos con Primo de Rivera, como Largo Caballero), pero lo dejaron tirado cuando les vino bien y hasta Franco tuvo que defender a la república de levantamientos de los socialistas que estuvieron a punto de terminar en guerra… ¡Ironías de la vida! Pero esto lo estoy documentando para otro artículo, porque hay una cantidad de miga ingente con esta peña. Ahora bien, cuando escuchéis a los progres de turno charrar sobre democracia, lo demócrata que ha sido siempre el PSOE y lo buenos que eran y son, acordaos de como las gastaban hace 100 años… (la famosa semana trágica de Barcelona no hubiera sido lo mismo sin ellos…). Curiosamente, a Franco prácticamente no lo rechistaron en 40 años, dejando a los comunistas el activismo militante de oposición.

Así, si uno mira en retrospectiva los últimos 30 años, comienza a comprender como sospechosamente han ido ocurriendo las cosas. Quiero por fin dar mis conclusiones tras el ladrillo anterior, que si habéis llegado hasta aquí es para poneros una vela al santo que queráis… La cuestión fundamental es que vivimos una simple pantomima, una chanza, un desvergonceo manchado de mentiras, sangre y hemeroteca tenebrosa. Tenemos un rey que ha seguido haciendo lo que hacía el dictador: considerar este país su cortijo particular. Somos súbditos, no os olvidéis, no ciudadanos, porque para ser ciudadanos hay que ser libres, y estamos bajo el yugo de un señor feudal. No vivimos en democracia, puesto que escasamente este sistema pasa de un mero régimen de libertades. No hay separación de poderes, la prensa está totalmente volcada con los intereses partidistas y los bancos lo dominan todo. Los sucesivos gobernantes no han sido más que o títeres del extranjero (González y Aznar), o meros idiotas (Zapas y Rajo), gobernando un sistema legal y constitucional basado en leyes aprobadas en 1947 y antes… Cuando se mira desde la perspectiva correcta, uno se da cuenta de que esta país no ha avanzado un ápice en 30 años, y no lo va a hacer porque nosotros mismos somos una panda de borregos que, sinceramente, nos merecemos lo que tenemos. Ahora, cada uno de nosotros debe tomar el camino que crea conveniente y eso va a significar (si las cosas van como parece que van a ir) tomar decisiones duras y sufrir penalidades por ello, incluso más que los que simplemente sigan la corriente. No hemos vivido ni realizado ninguna transición a la democracia porque, simplemente, nunca salimos de la dictadura. Sólo hemos “transicionado” de la dictadura aparente a la oculta, la menos evidente. Eso sí, muy campechana.

PD: os dejo con este brillante vídeo: