Foto: Gautam Basu (TOROS / EPOTY.ORG)

He visto esta fotografía en una red social y contemplando la escena, y leyendo después los comentarios de la gente, me ha sobrevenido una cuestión… ¿Realmente somos conscientes de hasta que punto proyectamos nuestras manías, fobias, miedos y pensamientos en los demás?

La escena es lo que es, no requiere de mayor explicación: una madre cuya familia vive en una tubería (lo que aquí llamaríamos comúnmente un “sin hogar”) viste a su hija para que vaya al colegio una mañana cualquiera mientras ella se termina de despertar. Hasta aquí, los comentarios más habituales y lógicos son: “que pena”, “es una foto terrible”, etc… Y entonces yo me pregunto, sin dar ni quitar la razón a nadie: ¿realmente nos paramos a pensar hasta que punto volcamos en los demás nuestros condicionamientos sociales y culturales, e incluso nuestros propios problemas internos a resultas de nuestra visión de la realidad? Mirándolo desde otro punto de vista (la recalcitrante “perspectiva”), ¿no podemos ver en esta imagen exactamente lo mismo, pero tomando esa tubería como “su hogar”? Que nosotros estemos acostumbrados a vivir entre cuatro paredes (por cierto, mal hogar es ese, no nos engañemos, todos lo pensamos) y con una serie de cosas que damos por hechas (agua corriente, electricidad, electrodomésticos), ¿implica que cualquier otra forma de vida que podamos apreciar como “indeseable” es peor o perjudicial para quienes lo viven? ¿Eso implica que unos indígenas, que viven poco menos que casi a la intemperie, con unos cuantos palos, paja y algunos utensilios, son poco menos que infrahumanos? ¿No es esa la mentalidad que llevó a considerar a otros pueblos como inferiores, colonizándolos y esclavizándolos? Yo digo lo que veo: veo a una madre vistiendo a su hija para ir al colegio. Punto. También veo una tubería, pero veo que esa tubería es su casa (en esas latitudes no es un problema vivir al raso, ya que el tiempo siempre acompaña), y ellas así lo consideran. Es muy probable que les gustara vivir en otro sitio, pero… ¿Quienes somos nosotros para prejuzgar si es mejor o peor que cualquier otra cosa? ¿Por qué asumimos, indefectiblemente, que esas personas son desgraciadas o viven en la indigencia por eso? ¿Por qué los llamamos “sin hogar”, de forma totalmente gratuita, cuando es muy posible que ellas no se vean así?

Nosotros creamos nuestra realidad no sólo con lo que pensamos y deseamos, sino con esos sentimientos inconscientes que son los prejuicios. Ya no es que veamos la realidad con según que prismas, es que nosotros mismos recreamos esa realidad en base a esos condicionamientos. Y nosotros nunca estamos contentos con lo que tenemos: nuestra casa no nos gusta (por lo general), nuestro coche, nuestro trabajo, nuestras amistades, todo lo que nos pasa… Nada nos gusta. Y posiblemente sea porque de alguna forma, nos auto-condicionamos para que no nos gusten. Deseamos tantas cosas tanto tiempo que indefectiblemente estamos consiguiendo que, en efecto, nada nos guste. Ni nosotros mismos. Tal vez va siendo hora de que miremos todo con otra perspectiva. Tal vez descubramos que podemos ser mucho más felices deseando menos.