Ritmo. Ciclos. La rueda girando incesantemente. La rueca tejiendo nuestro destino. El Cosmos es un sistema perfectamente continuo, se enlaza a si mismo y este sigue girando, permanentemente, sin fin. Lo que ha pasado volverá a pasar y lo que ocurre ya ha ocurrido antes, en un tiempo cíclico que no es tiempo, ya que es permanente. Esta es la ley del ritmo, donde las vibraciones cósmicas se afectan mutuamente generando nuevo Cosmos de continuo, y debido a la confrontación de estas vibraciones, se nos muestran nuevas posibilidades que pueden ocurrir o no. Nosotros elegimos cuales de ellas se convierten en realidad.

Los antiguos hindúes inventaron el término rueda kármica para referenciar al inevitable suceder de acontecimientos repetidos debidos a nuestras causas anteriores. Toda causa tiene un efecto, y a su vez todo efecto es una causa de un nuevo efecto. Soslayar este hecho sólo nos lleva a la infelicidad y a la incomprensión del mundo en que vivimos. Nuestro entendimiento del tiempo como una entidad lineal con principio y fin, que discurre en una línea recta infinita que en ningún caso se repite nos ha llevado a ser ciegos acerca de las causas de lo que ocurre tanto en la naturaleza visible como en la que no lo es. Los antiguos sabían (incluidos los griegos, los que se supone fundaron nuestra cultura) que el tiempo se repetía, en el sentido de que generalmente los mismos eventos, con distintos tiempos y contextos, volvían a suceder paulatinamente. Entendían, por ejemplo, que los planetas giraban alrededor del sol y esto pasaba cada año en el caso de la Tierra. Llegados a un cierto punto, todo en el cielo volvía a repetirse. Pero eso se trasladaba también a lo más mundano: independientemente de otras cuestiones, las estaciones se suceden, las lluvias llegan siempre más o menos en los mismos momentos, los animales repiten ciclos de comportamiento, etc… Parecía que todo en el mundo seguía esos patrones. Pero además, también parecía pasar con las actitudes y comportamientos humanos: de ahí la famosa frase de “tropezar dos veces con la misma piedra”, algo que parece ser que sólo hacemos los humanos… En un contexto histórico, esto también puede apreciarse, volviendo a repetirse los mismos tipos de eventos cada X siglos, levantándose imperios y cayendo estos normalmente por las mismas causas, y así, desde un pequeño átomo hasta el sol más grande, incluso una galaxia… Todo parece funcionar bajo un esquema de repetición basado en la causa y el efecto. Ocurre algo, y ese algo ocasiona otra cosa, y que a su vez ocasiona otra, y así sucesivamente…

¿Por qué ocurre esto? Bueno, para eso tenemos que comprender lo que es el Cosmos. Ya dijimos en archivos anteriores que el Cosmos es un ser energético masivo formado por múltiples frecuencias de onda que vibran de distintas maneras, contraponiéndose y generando con ello eventos. Esos eventos, inevitablemente, generan efectos, que a su vez generan otros, y así sucesivamente. Los distintos tipos de energía generan a su vez patrones de comportamiento determinados, que sólo cuando ocasionalmente se oponen a otros tipos de energía generan eventos diferenciados. Pero si no es así, siempre se generan los mismos tipos de causas y efectos. La dualidad es la oposición principal, que se manifiesta en formas muy diversas: luz y oscuridad, amor y miedo, hombre y mujer… Esas oposiciones generan el dinamismo del Cosmos, su ritmo, y esos patrones se repiten incesantemente formando el a menudo incomprensible devenir de los acontecimientos que tanto nos inquieta siempre. El hecho de que no comprendamos la causa de un efecto no significa que no la tenga: simplemente no la vemos. Y todos los posibles efectos están a su vez incluidos en la causa, haciendo que sea aún más difícil ver el problema. Pero tal vez no debamos verlo, y tal vez ni siquiera sea importante o interesante verlo. Uno de los grandes problemas sobre todo en nuestra civilización es que intentamos comprenderlo y probarlo todo teniendo el mínimo de información, y nos desespera no poder conseguirlo, a pesar de que positivamente es imposible que lo hagamos. La paz de espíritu que se consigue al no desear respuestas nos lleva a no perseguir quimeras estúpidas que sólo nos hacen daño. Aceptar el devenir de los acontecimientos (aceptar no es resignarse) y comprenderlos para vivir el futuro de forma más feliz son las dos actitudes positivas que podemos desplegar en este sentido. Nuestra mayor comprensión de la maquinaría cósmica nos permitirá en el futuro adelantarnos a los acontecimientos y, en su caso, ser más pacientes y comprensivos con los mismos.

Como veremos en el próximo archivo secreto dedicado a la ley de atracción, esto es bastante importante. La ley de atracción nos enseña que nosotros creamos nuestra realidad por medio de nuestros deseos y pensamientos, y que esos deseos y pensamientos generan a su vez causas y efectos diversos, presentes y futuros. Precisamente porque existe la ley del ritmo, existe el karma, y por tanto, nuestra responsabilidad a la hora de ejercitar nuestro libre albedrío. Cuando se comprenden estos principios básicos se tiene una idea más global y profunda de como nuestro comportamiento afecta tanto a nosotros como a los demás. Y de como eso nos puede hacer más felices a nosotros y a los que están a nuestro lado. Seamos humildes y comprendamos y aceptemos los ciclos y ritmos cósmicos, porque eso nos dará una mayor comprensión de Todo y nos permitirá avanzar en nuestra evolución personal de forma más feliz y coherente.