ley-de-atraccion-universal

Anunciar nuestras intenciones atrae las bromas de Dios

– Al Swearengen

Esta frase dicha por uno de los personajes principales de la serie Deadwood (si no la habéis visto, os la recomiendo encarecidamente) no es comprensible desde un punto de vista meramente convencional y lógico, pero aplicando el adecuado simbolismo espiritual podemos abarcar su significado en toda su extensión. Luego, más adelante en el artículo, revisaré esta cuestión, pero lógicamente, antes hay que presentar y comentar extensamente la que es posible que sea la ley cósmica más compleja y sin embargo accesible a nosotros, y que nos permite, de hecho, manipular completamente nuestra vida, entorno y circunstancias a nuestro antojo. La ley de atracción, o, como le han dado en llamar con un nombre bastante comercial e inexacto (aunque condensa hasta que punto somos ignorantes sobre este punto): el secreto.

¿Qué es la ley de atracción, también llamada de causalidad? En realidad es una ley de compensación cósmica: lo que haces te será devuelto de alguna forma, con la misma fuerza, aunque, al contrario de lo que enuncia la conocida ley física, no es en sentido contrario. Habiendo leído los artículos anteriores, deducir estas cuestiones va a ser relativamente trivial para los que estén siguiendo esta serie desde hace tiempo, pero en todo caso, vamos a hacer un resumen práctico sobre los fundamentos de esta ley cósmica.

Ya dijimos que el Cosmos es una mente de unidad energética. Como enuncia la ley de correspondencia: como es arriba, es abajo, y esto significa que podemos, fácilmente, extrapolar que la mente universal es también nuestra mente individual, ya que formamos parte de ella y ella está en nosotros. En la mente universal del Cosmos todo fluctúa: hay infinitas frecuencias de onda actuando en distintos “clústeres” energéticos (llamados popularmente planos dimensionales o dimensiones) que están constantemente generando “caos” en su entorno energético, es decir, produciendo variaciones energéticas que al fin y al cabo son la que producen la realidad dentro de ese plano dimensional. Cuando una energía produce un efecto concreto en su entorno, las reverberaciones de ese efecto afectan a todo ese entorno y, como es lógico, a la energía que lo ha provocado (es de cajón: la energía que lo provoca está en el entorno donde ha provocado la fluctuación). Con entorno, claro, no nos referimos a un lugar físico, sino a cercanía vibracional. A veces esa cercanía puede tener, en nuestro plano particular, efectos de cercanía física, pero no necesariamente. Es lo que en ciencia han intentado conceptualizar con el “efecto mariposa”: un efecto físico puede afectar a lo que ocurre en otro lado del planeta, ilustrado con la famosa metáfora de la mariposa en Brasil que provoca tifones en Indonesia… Sólo que ellos, en vez de usar la ley de atracción para explicarlo, mucho más fácil, lo complican todo con aquello de que el aleteo produce fluctuaciones en las moléculas en el aire que se transmiten [bla, bla, bla] hasta que provoca el tifón en Indonesia… En realidad, es muy poco creíble (no ha pasado de ser una mera teoría) que físicamente un mero aleteo pueda provocar desmanes en otra parte del mundo, pero bueno, es otra falacia más que tenemos que acostumbrarnos a digerir si no queremos parecer idiotas…

ley-de-atraccion1Las fluctuaciones energéticas generan a su vez otras fluctuaciones. Es decir, los efectos a su vez generan causas, que a su vez generan más efectos, etc… Así, la cadena se hace infinita, y al final, tiene que haber una compensación a tanto caos. El Cosmos tiene sus mecanismos de corrección para volver a una estabilidad, y uno de ellos es el afamado karma. A este efecto de la ley de atracción le dedicaremos un artículo en exclusiva, pero valga decir que es ese karma el que permite que haya estabilidad y orden en el Cosmos. Todas las reverberaciones llegan a un final con la ejecución del karma que tenemos acumulado. Dependerá de cuando se haya extendido y de que manera, que nos llegará antes, después y con que fuerza, pero en todo caso podéis dar por hecho que llegará, en algún momento.

Ahora bien, ¿qué produce la causa inicial? La ley de atracción dice que todo lo que pensemos, hagamos o digamos nos será atraído (karma). Sin embargo, pensemos en algo: ¿qué son las acciones y las palabras más que efectos de una causa primordial que es el pensamiento? Es cierto que pueden darse acciones involuntarias, o que por ejemplo tengas un síndrome de Tourette, pero tranquilos, porque eso no afecta a nuestro karma. Cuando hacemos o decimos algo involuntariamente, sin ser conscientes de ello, no estamos generando la frecuencia necesaria para que eso se convierta en un efecto. Cuando pensamos conscientemente, es decir, cuando generamos pensamientos “deseados” o voluntarios, se emiten a nuestro entorno energético ondas de distintos tipos (nuestras fluctuaciones en el entorno energético), que son las que generarán los efectos que nos afectarán en el futuro. Es decir, como nos indicaban las antiguas tradiciones: sólo los pensamientos conscientes voluntarios generan karma (o dharma, pero esta es una discusión que dejo para un próximo artículo). Podemos entender esto como que la cualidad de consciente es lo que genera a su vez la cualidad de atracción. Las consecuencias de esta idea son muy diversas, pero fundamentalmente que somos nosotros, y sólo nosotros, los que generamos todo lo que ocurre a nuestro alrededor (nuestra vida y nuestras tesituras), en todo el sentido amplio de la expresión. Es decir, somos creadores de nuestra realidad, no sólo en un sentido material, sino también ideal y energético. Tendemos siempre a asumir los éxitos y no los fracasos, cuando estos en realidad son simplemente consecuencia de nuestras causas previas. Siempre tendemos a buscar culpables fuera a todo lo malo, cuando nosotros somos los únicos culpables de todo cuanto nos pasa. El que no comprendamos la causa que origina el efecto (por, por ejemplo, pertenecer a una vida pasada, o sin ir más lejos, a unos cuantos años antes y no vemos la relación) no significa que no exista esa relación. Si se hace la debida introspección, y con un cierto entrenamiento, es posible llegar a vislumbrarlo, pero para eso hace falta el examen de conciencia, y una capacidad de evitar el auto-engaño muy grande, y eso para la mayoría es muy complicado. Sólo entonces es posible apreciar ese instante en que insoslayablemente se generó la bola de nieve que desembocó en el efecto que hemos sufrido, sea este positivo o negativo.

Pero hay un punto que el lector avezado no habrá dejado escapar: ¿los pensamientos inconscientes no provocan karma? Pues he aquí una aparente paradoja: sí, sí provocan karma. ¿Pero como puede ser, siendo que se ha dicho que “sólo los pensamientos conscientes provocan karma”? El problema, amigos míos, es que lo que nosotros llamamos consciente no es lo que realmente podemos llamar como tal. Un pensamiento “consciente” es un pensamiento generado por nuestra mente, pero como sabemos, la mente tiene una dualidad, como todo en esta vida: consciente e inconsciente. Nuestro lado consciente (a partir de ahora lo llamaré “YO”) es el que interactua con lo que llamamos “mundo real”, y nuestro lado inconsciente (a partir de ahora, “EGO”) permanece en otro ámbito totalmente alejado del “real”. Vive en un mundo propio. Pero ese EGO es parte de nuestra mente, y es capaz (al igual que “YO” puedo acceder a mis pensamientos inconscientes, como las intuiciones) de acceder a la parte consciente transfiriendo información en forma de pensamientos e ideas. Eso provoca que, aunque nosotros no queramos, pensamientos que nosotros no expresaríamos conscientemente (como los deslices, los lapsus y demás) aparezcan, causando desde pequeños enredos a grandes problemas, y es algo que sólo con un gran control mental puede delimitarse e incluso anularse. Pero la mayoría de las personas no tienen ese control, o lo tienen muy limitado. ¿En qué influye eso con la ley de atracción? Pues mucho, amigos: todo pensamiento que fluye a nuestro consciente, sea deseado o no por nosotros, influye como causa de posibles efectos. Porque esos pensamientos, como los conscientes, generan energía que vibra en nuestro entorno energético. Si por ejemplo estamos agobiados por el dinero y pensamos constantemente que no podemos pagar una factura, aunque nosotros no queramos, estamos emitiendo esa energía al Cosmos. Le estamos diciendo que no tenemos dinero y que nos da miedo no tener dinero. Pero el Cosmos no sabe si eso es lo que realmente queremos o no (naturalmente, lo que queremos es dinero para pagar la factura), con lo que a efectos prácticos, estamos emitiendo una energía de “no tengo dinero”, y eso genera un círculo vicioso por el que ese dinero no llega y terminamos pensando aún más en el problema, lo que termina hundiéndonos en la miseria. Este es un ejemplo práctico bastante habitual. La mayoría de las personas no es ni lejanamente consciente de hasta que punto los pensamientos generan situaciones en el mundo real que no son, en si mismas, situaciones físicas, pero que terminan traduciéndose en tales. La voluntad, que puede manifestarse a través de pensamientos conscientes e inconscientes, genera vibraciones que influyen en todos los aspectos de nuestra vida. Es un adagio común en determinados ámbitos de la medicina que aquel que dice que no hay peor forma de tener un cáncer que decirle a alguien que lo tiene. Inmediatamente el sistema inmunitario se derrumba y la posibilidad de que así sea se multiplica. Son muchos los casos de personas que han sido diagnosticadas y que no han cedido su voluntad a la enfermedad, y que en meses han sanado. Esto nos lleva a otro asunto bastante interesante: el pensamiento positivo.

que-es-la-atraccion-leyEl poder del optimismo es ilimitado. Durante años he oído, desde que era un chaval, que eso eran tonterías y que el pensamiento positivo no sólo no producía ningún efecto sino que sólo hacía que vivieras en una burbuja irreal. Nada más lejos de la verdad. Y lo digo por experiencia propia. La persona optimista, invariablemente, en un momento u otro consigue sus objetivos vitales, porque los desea y los visualiza de forma totalmente positiva y sentida. Al igual que hacen los pesimistas, claro, pero al revés. Las personas pesimistas son sin duda las más enfermizas, indispuestas y proclives a ser problemáticas y distantes. Los optimistas están en espectro contrario. Pero, ¿ser optimista supone estar alejado de la realidad que se vive? Al contrario. Una persona optimista observa la realidad Y LA CAMBIA. Esa es la diferencia entre un optimista y el resto del mundo: este acepta la realidad y la modela, intenta cambiarla. El pesimista la asume como la única posible y se deja llevar por ella. El realista no es más que un pesimista que no quiere serlo. Como decía Edison: “no fallé mil veces al intentar inventar la bombilla: hice 999 pruebas hasta que logré la buena” (no es literal, claro, pero se entiende lo que quiero decir…). El poder del pensamiento positivo es enorme, y cuando lo ejercitamos, nos maravillamos de como es posible que no nos hubiéramos dado cuenta antes. También es cierto que requiere de una cierta preparación mental previa, y “despertar” en el sentido espiritual ayuda mucho, pero incluso sin esto, es posible hacerlo.

Os propongo el siguiente ejercicio para los que no lo hayan hecho nunca: durante unos días, saludad con una sonrisa a todos los vecinos y conocidos, siendo amables con cualquier persona que os crucéis y siendo “proactivos” con las distintas situaciones que se dan: ayudar sin que os lo pidan, hacer tareas que lleváis atrasando sin más dilación, y haced tareas que os resulten agradables y que agraden a otros, como besos, abrazos, etc… En unos pocos días, notareis que incluso personas que no os conocen empiezan a trataros igual: os dejan pasar cuando antes no pasaba, os saludan cuando antes nunca lo habían hecho (incluso aunque no hayáis hecho el ejercicio con ellas), los dependientes os saludarán con una sonrisa cuando antes nunca pasaba, empezaréis a notar que hacéis menos cola en restaurantes o cines, etc… Pero para que esto funcione, claro, os lo tenéis que creer. Es decir, tenéis que pensar que, “positivamente”, eso es hará felices.

En otro artículo nos meteremos a intentar comprender como usar la ley de atracción en nuestro favor. En realidad es la ley cósmica más cercana a nosotros en tanto que es con la que podemos hacer realmente cosas, pero al mismo tiempo es peligrosa: si no se usa bien, el karma o dharma generados se multiplican o tienen efectos totalmente indeseados. Y también en otro momento trataremos otro asunto bastante importante: como la ley de atracción es la base sobre la que se fundamenta aquello que se llama “brujería” o “hechicería”, es decir, la manipulación de los eventos naturales de forma mental. Porque como creo que ha quedado claro antes, la ley de atracción es básicamente la forma en que el Cosmos organiza la energía y ordena el caos. Y eso afecta a absolutamente todo lo que ocurre, real, imaginario, visible e invisible, y en cualquier plano o situaciones existencial. De momento practicad y ved los resultados. Os gustará.