democraciaMe cansa leer en todos sitios, especialmente en los medios de la progresía, que hace falta una segunda transición… Algo que devuelva la democracia al país… Atajo de idiotas… Ahora explicaré porque pienso que no, pero… ¡Es que este país no necesita nada de esto! Necesita que lo rehagan, que lo reconstruyan de cero. Porque el cáncer están en las células, no en el cuerpo. Así ha sido siempre y así será si no hacemos algo antes…

Para los de fuera de España y que no entiendan el término “transición” en el contexto de este país, les diré que es una palabra mágica que cuando la dices aquí, es poco más o menos como si dijeras “abracadabra”, y todo está bien. Incluso para explicar lo malo. Cuando se critican cosas actuales y se refieren al proceso constituyente del 77-78, siempre se termina justificando en que “en la transición a la democracia se tuvieron que tomar decisiones díficiles”. ¡Una mierda! Se tomaron decisiones que beneficiaban a la creación de la casta política y la situación actual existente. Punto pelota. Cualquiera que analice con cierta profundidad, conociendo a los protagonistas y las situaciones, entenderá perfectamente lo que estoy diciendo. Que se lo digan a Carrillo.

Ruego que leáis si tenéis ganas de profundizar (no mucho, que da pájara) tanto este artículo como especialmente este otro, en los que ya he volcado algunos de mis conocimientos sobre el tema (dentro de lo probablemente poco que sé). Lo digo porque no me gusta repetirme, y ahí ya me desfogué lo suficiente como para seguir expeliendo términos ya puestos en digital. La cuestión, amigos y amigas, es que no nos hace falta otra transición. Ya bastante mal hicieron la primera como para meternos a otro pitote de ese calibre. Además, en aquel entonces tenía sentido: se supone que “transicionábamos” de una dictadura a una democracia… Ah! A lo mejor es que ahora es lo mismo, porque llamar a esto democracia es un chiste demasiado malo, hasta Gila lo miraría con desdén, y seguramente por eso tantos progres piden ahora una segunda transición (y no tan progres)… Por qué se quiere una segunda transición es algo que deberíamos preocuparnos de examinar, de comprender, porque en la situación en la que estamos, la transición es mental, espiritual, no política ni de ningún otro tipo mundano. Pero es lo que se pide. Nos encontramos en una disyuntiva en que o destruímos completamente lo que hay y lo rehacemos, o simplemente no es posible refundar nada. Porque el problema ni siquiera está en los políticos. Como he dicho varias veces, el problema está en nosotros. Los humanos (y los españoles tenemos un cierto entrenamiento en ese deporte de echar la culpa a los demás) tenemos una tendencia muy acusada de volcar en los “enemigos” (es decir, casi cualquier otra persona) nuestras propias maldades, y generar un rollo kármico muy chungo allá donde pasamos… Pero lo cierto, amigos míos, es que todo lo que pasa, absolutamente todo, es fruto de nuestro interior, más o menos podrido, que termina trasluciendo en el mundo real de una manera demasiado palpable. Somos víctimas de nosotros mismos y de nuestras circunstancias, y si ahora mismo necesitamos regeneración es porque nosotros estamos degenerados hasta la médula. Eso es lo que nos enseñan las leyes espirituales. El que quiera entenderlo que lo haga. El que no, que pida transiciones.

Porque ahora mismo lo que necesitamos es una transformación de las conciencias. España tiene un problema demasiado antiguo y demasiado conocido, pero que nadie quiere admitir, y es que no hemos dejado de ser un país feudal. Mientras que nuestros vecinos europeos dejaron atrás el medievo hace como 400 años, nosotros aún seguimos en él. Como detalle simplemente, la segunda región más grande de España, Andalucía es en un 50% aproximadamente propiedad de terratenientes, como la casa de Alba. Así, es imposible que podamos tener una país evolucionado, si aún somos esclavos de terratenientes, ya sean de tierras o de mentes. Porque eso son los políticos: han generado a su alrededor un clientelismo exacerbado e impenitente que tiene a media España pendiente de sus prebendas. ¿Pero por qué? Los políticos son ciudadanos, no nos equivoquemos, pero con una tendencia a la psicopatía muchas veces mayor que la del ciudadano normal. Al final, no es sólo que nosotros lo permitamos, si no que nace de nosotros, porque no nos equivoquemos: llevamos el robo y la mentira en la sangre. El que puede defraudar defrauda (robo y mentira todo uno), y los que no queremos somos esos estúpidos que no entienden la vida y la existencia… Hasta que eso no cambie, hasta que nuestras mentes no salgan del medievo picaresco español y entren en el modernismo de la libertad, no será posible un cambio. Una transición es algo totalmente ineficiente e inoperante. Seremos carne de cañón de los mindundis y degenerados que quieran hacer con nosotros lo que les plazca. 400.000 inteligentes han hecho lo que deben desde que comenzó la crisis. No es que los que estemos aquí seamos gilipollas (no todos, al menos), pero a veces te dan ganas de coger las de Villadiego y al menos intentar ser feliz donde al menos no se te rían mucho en tu cara (mucho, digo, porque ocurrir va a ocurrir igual, pero al menos se cortan un poco más).

¿Y tú, qué vas a hacer?