English: Book "The Social Contract" ...

“El Contrato Social” por Jacques Rousseau. (Créditos foto: Wikipedia)

Llevo ya varios artículos hablando sobre el tema del sistema y la sociedad, y en todos ellos he expresado mi convicción de que estamos en un momento crítico en el que necesariamente todo se está derrumbando. Pues ese momento ha termionado por llegar. La nueva ley de seguridad ciudadana ha puesto la puntilla sobre lo que ya eran hechos fácticos en otros ámbitos como la educación o la sanidad: el estado está definitivamente delegando todas sus funciones principales en la grandes corporaciones y las empresas amigas, privatizando todos los aspectos del mismo estado y la sociedad.

Este no es un discurso socialista, es, de hecho, el discurso de un convencido de las sociedades libres y de la capacidad de los ciudadanos de gobernarnos. La derecha tiende a definir el discurso de la defensa de lo público como de izquierdas, cuando este discurso es de hecho el más liberal posible. El contrato social, ahora roto, es la base de la democracia (la de verdad, no esta gilipollez a la que llaman así), y su quebranto destruye la base sobre la que se sustenta nuestra sociedad. Ahora os explico porqué.

Que sí, que los ilustrados eran todos masones y Rousseau un putero, pero ellos crearon el gobierno de la ley y el estado de derecho. Y para sustentar ese gobierno de la ley crearon el contrato social, que dice de forma muy sucinta que el estado debe ayudar y proteger a sus ciudadanos a cambio de que estos cumplan las leyes del estado. Es una relación transitiva, en la que ambos deben cumplir su parte del acuerdo (es decir, las condiciones del otro) para que el contrato subsista y por ende, que la otra parte esté obligada a cumplir la suya. Pero el estado ha dejado de cumplir sus funciones como tal y por tanto, sí amigos:

NOSOTROS NO ESTAMOS OBLIGADOS A CUMPLIR NUESTRA PARTE

Es así de sencillo. No se trata de una proclama revolucionaria ni nada relativo a ir a las barricadas: son los hechos consumados que estamos viviendo actualmente. Estas palabras son de mera lógica. Ellos, como contrapartida, nos dicen que nosotros estamos obligados porque si no el sistema se derrumba, y es cierto, ya que el sistema consiste precisamente en que nosotros obedezcamos para dar cumplida cuenta de sus intereses. Pero claro, a cambio de bajar la cabeza, ni siquiera están cumpliendo con unos mínimos. En Grecia se rompió el contrato social cuando aceptaron la intervención de la UE. A nosotros no nos intervienen porque somos demasiado grandes para dejarnos caer (aunque pueda pareceros coña, es cierto, y sería para un largo debate que no voy a abrir ahora), pero a cambio, estos desgraciados tienen la misión de dejar caer el país sólo y convertirlo en una monarquía bananera que ni los críticos de Castro soñarían. Ahora están rematando la faena aquí mientras nosotros miramos impasibles. No defiendo (nunca lo he hecho) la protesta, ni siquiera pacífica: siempre significará una victoria del sistema ya que estaremos alimentando el conflicto sobre el que se sustenta. Pero leñe, como mínimo nos tenemos que dar cuenta, ser conscientes, de que nos están dando por saco a dos manos, percatarnos de donde está el error y al menos, ser conscientes del problema. Pero desgraciadamente esa consciencia es casi inexistente.

Pero ahora al menos tenemos una posibilidad de avanzar, ya que nos han dado la excusa perfecta para revelarnos: al romper el contrato social, nosotros ya no estamos obligados a cumplir las leyes (el contrato social era su único fundamento: si ellos, que tienen una obligación de ser nuestros protectores y ayudantes, crean leyes que rompen esa obligación, no sólo están rompiendo el contrato social, sino que están desnudando de toda vincularidad a esas mismas leyes, con lo que se logra un efecto de obligatoriedad de las misma sobre la población), con lo que el caos ha llegado por fin, como habíamos dicho hace mucho algunos. Y esto supone, por ejemplo, la llegada del fascismo. Esta nueva ley de seguridad ciudadana coloca a la misma altura a los guardias jurados y vigiliantes y a la policía, con lo que a efectos prácticos esto puede degenerar (y degenerará seguramente) en un estado para-policial como existía en la Alemania pre-nazi con los camisas pardas. ¿Os parece catastrofista? Si esa ley se aprueba, no creo que pasen ni dos años antes de que veamos ese escenario en pleno siglo XXI.

Sólo quiero que hagáis examen personal y me digáis que esto no es así, con total sinceridad. Sin ideologías de por medio y sin condicionamientos previos. Si podéis darme una razón en contra de este argumento que no pase por “es que hay que obedecer la ley”, estaré encantado de discutirlo. Otra cosa es haber bajado la cabeza y eso, lo siento, pero no lo respeto. Ahora cada uno de nosotros estamos en la encrucijada de qué hacer. Yo tengo mi propia idea al respecto. ¿Y vosotros?