Derecho_al_propio_cuerpo_para_los_no_nacidos_tambi_nLa vida es lo único que podemos perder que realmente nos importe. Es lo que nos sustenta en esta realidad. Sí, vale, luego hay más, pero aunque así sea, mientras experimentamos esta realidad, la vida es lo que nos permite experimentarla, y eso hace de ella algo fundamental.

No quería meterme en el asunto del aborto en el blog porque, de hecho, nunca he mencionado el asunto hasta ahora. Me decido a romper mi silencio porque al parecer, un par de especialistas en ética han cometido “la desfachatez” de escribir un artículo (el enlace es una referencia al mismo en El Mundo) asimilando aborto e infanticidio. Claro, se les han echado encima, aunque también es cierto que defienden que éticamente, sería lo mismo hacer una cosa que otra y en realidad creo que su intención era dar a entender precisamente el punto al que me refiero: más que defender que se puedan cometer infanticidio, lo que hacen es indicar de forma taxativa que aborto e infanticidio es la misma cosa, a efectos prácticos, y que si se permite una, se debería permitir la otra. De ahí al circo que están montando mediáticamente hay un trecho.

Centrándome en el asunto del aborto, me confieso anti-abortista. Explicaré porqué a continuación, desde una perspectiva espiritual, claro, pero también quiero dejar clara una dicotomía: soy contrario al aborto pero al tiempo defiendo el libre albedrío. Esto, que puede parecer una paradoja de libro, no lo es, como indicaré a continuación. Y es que cuando las cosas se piensan con un poco de tranquilidad, no son tan complicadas.

Soy anti-abortista confeso. Para mi, un feto es, desde el segundo mismo de la concepción, un ser vivo, y eso para empezar ya inhabilita el tener la capacidad de agredirlo. Dirán que no, que es una célula más de la mujer, pero quien dice eso tiene poca o nula idea de biología. En el mismo momento de la concepción, cuando el ADN masculino se une al femenino, comienza la división celular que lleva a la creación de un proto-embrión, y eso, ninguna célula humana es capaz de hacerlo de forma natural sin intervención de un agente externo. En el momento en que se forman los aproximadamente 512 núcleos que forman la estructura embrionaria final a partir de la cual comenzará la formación del nuevo ser, esa estructura ya ha recibido la energía que por contener ADN humano ya puede percibir y que es, ni más ni menos, que nuestro espíritu. Así que, amigos míos, sí, ya es un ser diferenciado, aunque tenga micras de tamaño. Cualquier agresión que se realice a partir de ese momento es un daño como el que se realizaría a cualquier otro ser vivo. Esta es la razón por la que no apoyo el aborto. Otra cuestión diferente son las consideraciones éticas y morales que podamos aplicar en un momento dado, pero no me voy a meter en eso ahora, ya que no es el objeto del artículo. Para mi, de partida, no es algo cuestionable. Al igual que la gente de bien no dañaría un animal o a otro humano, tampoco puede permitir que se dañe a un feto, tenga el tiempo que tenga. No estoy teniendo aquí consideraciones religiosas de ningún tipo, ni me rijo por discusiones arbitrarias sobre si son personas o no, como puede verse. Tan solo por consideraciones espirituales.

La idea de que el feto es parte de la mujer y por tanto esta puede decidir qué hacer con él parte del monismo de Ernst Haeckel, un evolucionista y eugenista que partió de consideraciones espirituales erróneas (la unidad de todo, básicamente, aunque desde una perspectiva interesada) para llegar a la conclusión de que era posible eliminar a los elementos erróneos (véase fetos malformados, con mutaciones o enfermedades) porque eran parte de la mujer y por tanto era factible que esta pudiera decidir su destino. Claro, esto ha sido como agua de mayo para los abortistas y eugenistas desde hace décadas, y es en lo que basan su estúpida forma de pensamiento. Sí, claro que todo es sólo uno, pero desde el momento en que el feto es un ser independiente con espíritu propio, la madre no tiene derecho a decidir. Decidimos constantemente por nuestros hijos: bautizos, comuniones, educación, religión, cultura, etc… Y claro, como no vamos a decidir esto también. Yo defiendo el libre albedrío, pero precisamente por eso, creo que el libre albedrío es algo para todos los que tienen un espíritu, y además supone una cosa: responsabilizarse de las decisiones. Si estás dispuesta a considerar la muerte de un ser vivo como una prioridad para ti, bien. Pero deberás cargar con ello de por vida. Esto generará el karma correspondiente con el que tendrás que cargar, e inevitablemente, te afectará a ti en una próxima vida. Los progresistas eugenistas, que es lo que son la mayoría, no dejan de proclamar su libertad para decidir mientras hacen oídos sordos a la capacidad de los demás de responder. Ponen, además, todas las facilidades para que se haga lo que ellos quieran (una de las mayores indecencias fue proponer y aprobar que niñas de 16 años tuvieran la suficiente capacidad para decidir si quieren abortar, cuando ni pueden beber, conducir o votar… ¿Nadie ve en esto una estupidez de tamaño cósmico? Ah, eso sí, luego son grandes defensores de las ballenas, los toros y los perritos abandonados, pero al parecer un feto no es lo suficientemente interesante o importante como para protegerlo. Pues últimas noticias: son lo mismo. No hagamos distinciones absurdas donde no las hay.

Yo no creo que se deba legislar sobre ello, como sobre muchas otras cosas, y si acaso, realizar una legislación que a lo sumo regule como han de funcionar las instituciones en caso de que una mujer decida abortar. No creo que deba prohibirse, al igual que estoy en contra de que se prohiban otras muchas cosas (o se obligue, según se mire), porque al tomar esa decisión, la carga cósmica generada ya es lo suficientemente importante como para condicionar la vida de esa persona en su futuro personal. Sí creo que se debe legislar, como digo, para equilibrar la balanza, para que el estado ponga medios para ayudar a convencer a la mujer que no es necesario hacerlo, y que existen otras alternativas. Al final, muchas mujeres que no han abortado han terminado abandonando o asesinado a sus hijos tras el alumbramiento, terminando la cosa igual que en un aborto. Pero por lo que parece, y es lo que vienen a subrayar estos especialistas) no es lo mismo una cosa que la otra, por algún extraño motivo, y eso genera una distorsión filosófica de muy difícil resolución si no nos movemos en el ámbito espiritual. Al final, la estupidez humana puede llegar hasta límites insospechados, como habitualmente.

nolomates imagen2Así que sí, amigos y amigas, no existe tal dicotomia. Yo creo que no puedo decidir sobre otros (salvo, tal vez, en caso de fuerza mayor, y para librarles de un daño), porque creo que todos debemos tener la capacidad de decidir sobre nuestro destino, y en el caso de un feto, tal ser no puede decidir. Lo que los señores del artículo sobre ética vienen a decir es que, desde un punto de vista biológico y ético, es lo mismo que el infanticidio (que es matar a un niño nacido), y obviamente no puedo estar más de acuerdo. Es obvio que en todas estas estúpidas discusiones que tiene la mayoría de la gente no están teniendo en cuenta el factor más importante, que es el individuo. Existen además las alternativas como la adopción o el amparo (algo muy español por otro lado) que no pasan por matar. No suelo hablar de esta cuestión en el blog por la sencilla razón de que entiendo que para cualquier persona con mínimas aspiraciones espirituales esto no tiene discusión alguna, pero lo dejo ahí para su reflexión y porque es un tema del que se piensa poco y del que sin embargo, nos vemos bombardeados incesantemente por la programación mental de los medios (a favor y en contra) con sus razones ilusorias y totalmente alejadas de la realidad del individuo.

Para terminar, os recomiendo una artículo que he encontrado para documentarme, que básicamente es una réplica a otro de Mayor Zaragoza y Tamayo que, por mucho que sea molesto, no es más que una recapitulación acrítica de convencionalismos pro-abortistas:

Un artículo abortista en El País pone las bases para legalizar el infanticidio