Principe-Felipe-uniforme-Capitan-Fragata-ArmadaSí, ya sé que vengo de ciento en viento, tengo follones a tutiplén y no puedo venir más, pero que narices, esta vez he tenido que hacer la excepción porque con la cantidad de cosas que pasan, si no digo algo reviento. Y es que como supongo que entenderéis por la actualidad, ya sabréis a qué me estoy refiriendo, y claro está, tiene que ver de nuevo, aunque sea tangencialmente, con nuestro ínclito amigo JuanCar.

En quince días nos han cambiado de rey. Bueno, sobre el papel, porque JuanCar sigue reteniendo el título de los pesos pesados. Me hacía gracia escuchar ayer que “el rey imponía el fajín de capitán general al rey”… Sí, como suena. Dentro de la locura existencial en que se ha convertido la realidad de este país, hay cabida para semejantes estupideces a oídos de cualquier persona normal. Y ni siquiera podemos decir aquello de “el rey ha muerto, ¡viva el rey!”, porque no ha ocurrido el acontecimiento que de todas formas ocurrirá en algún momento del futuro. Es bien conocida mi aversión política por el ex-rey, por las falacias que nos han contado sobre él y lo que ha hecho y en general porque no me caía bien, pero de eso no se libra nadie de pasarle. Fijaos de todas formas que bien hilvanado ha ido todo, como todos los consensuados a acudido prestos a intentar aforar a los colegas estos antes de que algo se les caiga encima y les haga pupa, y como a pesar de que ya no sea “el rey” (supuestamente), sigue sin poder tocársele a pesar de los pesares. La propia figura de la inviolabilidad del rey daña la retina y la vergüenza de cualquier persona de bien, pero es uno de esos efectos colaterales de la “democracia” que vivimos en este país. El que sea la norma en las monarquías no lo hace más llevadero. Simplemente no debería existir. ¿O es que tiene algo que ocultar? ¿Hay algo tras las bambalinas como para tener necesidad de que no se le pueda tocar? Porque si se ha comportado como debía, no debería tener miedo de ninguna consecuencia, como cualquier otro ciudadano… ¡Ah! Pero es que el no es un ciudadano. No se nos olvide: no somos ciudadanos, somos súbditos. Los suyos.

Menudo papelón tiene Felipe a la de ya. De este señor no tengo gran cosa que decir más allá de que soy neutral respecto a él. Ni me ha demostrado que haya que tenerle animadversión ni tampoco que no haya que tener cierto resquemor, porque recordemos que acaba de echar a andar. Pero es que su padre ya las montaba pistonudas antes siquiera de acceder al cargo (La marcha verde fue uno de sus primeros triunfos). Dice David Parcerisa que astrológicamente parece un buen tipo y tal, y no tengo porque dudarlo. Sólo el tiempo dirá que ocurre o deja de ocurrir, pero si yo fuera él, y me da igual las ataduras que tenga, empezaría a animar un poco el cotarro porque la cosa ya está muy caliente… Pero… ¿Puede?

Recordemos que estamos en una monarquía constitucional, lo que implica una cosa: el monarca está sujeto a las leyes del parlamento y al gobierno de la nación. Lo que no significa que no pueda hacer nada tras el telón, pero lo cierto es que en el gobierno oligárquico que es una democracia (recordad, no somos nosotros los que tenemos el poder, sino la oligarquía alto-burguesa que somete al monarca a sus caprichos haciéndonos creer que nosotros tenemos algún control sobre lo que pasa, la mayor ilusión de la historia) el rey es inviolable, pero también irresponsable. Bien ha aprovechado esto el pater durante 39 años, y que bien le ha venido. No sé realmente que planes tiene Felipe y tal vez tardemos en descubrirlo. Pero tiene que haber gestos. Rápido. Si no va a ser un reinado duro, muy duro. Porque el jefe se apoltronó bien apoltronado gracias a la falacia del 23-F, pero este otro ya no tiene ese asidero. Y la mujer del César, además de serlo, tiene que parecerlo. Y esto se aplica también a la señora de la casa, claro.

PD: ¿Os dais cuenta de que este hombre ha sido el único que no ha tenido jamás ninguna movida hasta la fecha en esa familia? O es muy listo y sabe escapar o es mucho mejor hombre y persona que su padre, para lo cual no hay que esforzarse mucho.