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La vida es lo que te pasa mientras miras tu smartphone

A raíz de un interesante artículo sobre la relación entre los “gadgets” inteligentes (smartphones, smart TVs, cosas smart en general) me asalta una cuestión bastante más profunda más allá de los convencionalismos post-contemporaneos en los que estamos constantemente inmersos… ¿Somos lo suficientemente inteligentes para el mundo en que vivimos? ¿Nos está superando la tecnología o simplemente tenemos la impresión de que nos supera?

Engañar al ser humano es sumamente fácil. Confundirnos, exceptuando a quien de alguna manera realiza una gestión de su actividad mental más eficiente que el resto, es realmente sencillo. Nosotros pensamos que no, que nuestra mente es una entidad sólida e inquebrantable, y que es imposible manipularnos, pero sólo los más jóvenes (de edad o de espíritu) pueden pensar así. Cualquier persona con cierta experiencia vital ha engañado o sido engañado múltiples veces a lo largo de su vida. ¿Qué relación tiene esto con el asunto que nos ocupa? Mucha. En realidad, a efectos prácticos, nuestra visión de la realidad es meramente una ilusión provocada por la visión incorrecta de todos nosotros al unísono. Cada uno de nosotros vemos la realidad incorrectamente pero de una manera distinta. Esa fusión en el inconsciente colectivo genera la realidad distorsionada en su totalidad, con la salvedad de que pensamos que es la realidad correcta. La tecnología genera una distorsión de la realidad directamente proporcional a la importancia que le damos. Mantener una sana distancia con esa realidad es algo sumamente complicado y ciertamente no está al alcance de todo el mundo. Pero sólo esos “iluminados” que lo consiguen tienen la capacidad de percatarse de que no somos nosotros, son ellos, los que están generando esa ilusión distorsionada.

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No sé si Manara estará de acuerdo con el último paso…

¿Quiénes son ellos? Los que de alguna forma controlan lo que ocurre. Steve Jobs era un gran manipulador de la realidad. Apple en si misma, independientemente de que como empresa probablemente le da 100 patadas a Google o Microsoft por decir algo, es una máquina de manipular la realidad. Cuando en 2010 apareció el iPad, no existían tablets en el mercado. Había unos aparatos que en realidad estaban conceptualizados como mini-ordenadores táctiles con sistemas operativos de PC que eran lentos, malos y con muchos problemas, y que nadie quería. Nadie los usaba y nadie los quería. No había una necesidad real de ellos. Pero Jobs desarrolló la idea de que había que matar al PC (sí, la idea es suya) y que la forma de hacerlo era simplificar el PC hasta convertirlo en un cacharro de 9 pulgadas con una pantalla táctil y que sólo permitía ejecutar una aplicación cada vez. De la noche a la mañana, una idea que ningún analista daba por buena se convirtió en un éxito apabullante. Apple vendió la idea de que se trataba de un aparato “smart” que podías llevarte en el bolso o mochila, que no pesaba mucho y con el que podías conectarte a Internet, ejecutar aplicaciones, juegos, leer prensa, ver vídeo, etc… Eso caló en la gente, cuando ninguno de nosotros, admitámoslo, imaginaba ni por asomo ese aparato y esos usos. Ahora es un aparato de uso cotidiano (en sus diferentes formas, sistemas, fabricantes…), pero simplemente no era necesario ni importante. Apple hizo que lo fuera. Creó de la nada, consiguió modificar el inconsciente colectivo para que lo quisiéramos, y así estamos. Yo uso uno y he de reconocer, tecnológicamente hablando, que es una aparato estupendo, pero también reconozco que como informático experimentado que soy, hace cuatro años ni me lo imaginaba. Debido tal vez a mi abstracción personal no estoy especialmente apegado a ningún aparato, pero reconozco que lo uso cotidianamente. Si me lo quitan, reconozco que me costaría porque ya me he acostumbrado a su uso y a poder hacer cosas con él. No me considero menos inteligente por no usarlo, ni más por usarlo. Pero mi visión distorsionada de la realidad es falsa, y como tal no puedo asumir que el resto de los individuos del planeta piensa igual que yo. En general, cada uno de nosotros puede aplicar estos mismos pensamientos a muchas cosas, como el móvil, el ordenador, el coche, la televisión… Nos ligan a estos aparatos “inteligentes” de forma que con el tiempo ya no podemos desligarnos de ellos. O nos cuesta mucho.

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Si lo dice Gustavo debe ser cierto…

¿Pero somos lo suficientemente inteligentes para ellos? ¿O ellos para nosotros? ¿Nos restan inteligencia o la añaden? En general la respuesta para la mayoría de los usuarios de tecnología es que resta más que sumar. La mayoría de las personas no entiende el uso de estos artilugios, y probablemente no lo hará nunca. Es seguro que al menos hasta la siguiente generación el usuario medio no llegará a comprender el verdadero uso de los aparatos tecnológicos, y esto es grave. Porque además estos aparatos pueden usarse para manipularnos aún más si cabe. Fijémonos en el uso medio que puede hacer una persona cualquiera de la calle del teléfono móvil. Aparte de llamar, la mayoría de los usuarios sólo quieren el smartphone para enviar mensajes a conocidos, hacer “check-ins” o decir “me gusta” en sus redes sociales favoritas. Apenas participan de hecho. Los más valientes suben fotos (los selfies se han convertido en una categoría cultural por si mismos) o usan los navegadores, pero poco más. Si les preguntas, te dirán que para eso están estos aparatos, ¿verdad? Pero no comprenden que precisamente pueden hacer esas cosas porque estos aparatos son medios de comunicación inmersos en el ciberespacio, concepto tan abstracto que no es reconocible por la mayoría. Cada vez que usamos estos aparatos, al igual que un navegador web, estamos dejando rastros constantes, no sólo de forma técnica con las IPs o las cookies, sino también con nuestros registros de usuarios en Google, Facebook o Twitter. La información que depositamos en estos sitios permanece de forma indeleble en ellos y, no nos engañemos, no desaparece nunca. Al menos Facebook tiene la decencia de decírtelo a la cara; el resto no lo hace. La mayoría del público no es mínimamente consciente de como cada vez que abren una app están dejando rastros, sumando ladrillos a ese ciberespacio. No sólo están mandando un smile a un amigo, diciendo que algo les gusta o mirando el destino de su viaje. Están hablando de sus gustos, de la gente a la que ama, de como se mueve por el mundo, en definitiva, de como está compuesta nuestra alma. Si al menos eres consciente de ello y lo aceptas, tienes la capacidad de decidir como, cuando y donde hacerlo. Pero el resto no puede, simplemente porque no entiende que eso es así.

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Bueno, al menos ya no son los ladrillos estos de hacer pesas…

En efecto, no somos lo suficientemente inteligentes para el mundo en que vivimos. No sólo es fácil manipularnos hasta los huesos si no que no ponemos barreras de ningún tipo para evitarlo. Además, infrautilizamos esta tecnología porque ni siquiera entendemos lo que hace. Y mientras usamos lo que nos dejan usar, lo usamos como ellos quieren, y nos convertimos en esclavos digitales. Trabajamos para ellos. Generamos información que luego ellos venden, compran y usan para manipularnos mejor después. Y sólo cada uno de nosotros podemos hacer algo al respecto, aunque me temo que para la mayoría no hay salvación posible. La conclusión es que, en efecto, la inteligencia de esos aparatos se la proporcionamos nosotros, no al revés, con lo que en la mayoría de la situaciones, y a pesar de lo dicho hace un momento, en realidad son aparatos muy tontos. Ser más inteligente que tu smartphone depende al final de ti, ¿qué harás?

PD: Apple es una gran manipuladora pero al menos hace buenos productos. Google hace auténticos guiñapos pero con la engañifa del todo gratis tiene el mundo a sus pies. No sé que es peor.