IMG_0667.JPGDescansando la mente unos días en la Costa Dorada, en la neblina de los pensamientos extraños que acechan al despertar, cuando todavía no eres muy consciente de ti mismo ni de nada y como mucho recuerdas que estás en un lugar extraño y recóndito de tu mente, llega por la ventana una mezcolanza de sonidos extraños, filtrados por el sonido del viento del mar (menos mal), de las diversas actividades humanas a pie de playa que pugnan unas con otras por la supremacía del mal gusto y la zafiedad. Pueden ser los que practican “zumba” playero, los que van con el coche emitiendo sonidos guturales por el aparato de sonido y que de alguna manera que no logro descifrar es música para ellos, etc… Estas actividades en general tienen como nexo común que usan unos géneros “melódicos” (sí, ya lo sé…) que siendo analizados, básicamente son ritmos primitivos sin ningún orden ni concierto fundamental. Simplemente son toques orientados a despertar nuestro lado reptiliano. Sin querer menospreciar los ritmos de los pueblos menos desarrollados culturalmente del planeta (a los que profeso cierta devoción como entidades sociales), que fueron creados fundamentalmente con motivos iniciáticos y religiosos, para la creación de una vibración interior especial y que no tienen nada que ver con lo que tenemos que estamos obligados (jodidos) a escuchar porque es una constante allá donde mires, lamentablemente los gurús modernos de lo que es chic han sentenciado que esto es lo que debes escuchar si quieres ser, o parecer al menos, contemporáneo.

IMG_0665.JPGY claro, al convertirse en mera moda que va y viene, como indico en el título, deviene en postureo, otra palabra de moda pero que por su procacidad inherente define perfectamente mi desdén por el tema que estoy tratando. Como indica la palabrita en si, es todo una pose, una “postura” superficial que se adopta para dar a entender o parecer algo. Se puede ser seguidor de tal o cual postura, pero hay que seguir la postura. Ya no es meramente una moda, algo que muchos hacen, sino que has de ser un “seguidor”, un “creyente”, y has de incorporarlo a tu vida como si se tratara de un dogma. Y esto lo podemos ver continuamente en el día a día, y sobre todo en esta época de claroscuros que es el verano, que es cuando nuestra superficialidad subyacente se muestra en todo su esplendor. Tendemos a mostrarnos de forma despreocupada, cuando el resto del año nos escondemos todo lo posible, porque sentimos aborrecimiento de nosotros mismos, y porque nos preparamos para que cuando se nos vea bien en todo nuestro esplendor, se vea eso, esplendor, aunque realmente no lo haya. Todo es tan superficial en verano que incluso “creamos” superficie allá donde no existía. Generamos donde no había o cambiamos lo que había por otras cosas que consideramos mejores. Y al final, todo ello da lugar a un conjunto completo de parcialidades imperfectas, cosa de lo que nos damos cuenta al final del verano y nos da ánimos para volver a intentar mejorarlo al año siguiente. Sí, muchos no hacemos estas estupideces, pero somos minoría respecto a los que sí, auténticos seguidores del postureo veraniego. Y esa música machacona y estúpida que inunda todo es simplemente la banda sonora perfecta para este panorama lleno de color falso, feo de “bonito” que es. Es la melodía perfecta para un mundo imperfecto, y que cada día lo es más. Apelan a nuestro lado más primitivo pero no para volvernos mejores, conectarnos más a la naturaleza y generar una vibración de comunicación y unión, sino precisamente para todo lo contrario (de todo lo que acabo de mencionar). Volvernos amorales es el objetivo fundamental, y para eso tienen que “separarnos”, “arrancarnos” de nosotros mismos. Porque sin una moral y ética determinados y IMG_0666.JPGcomunes, es fácil crear fragmentos, no sólo entre nosotros, sino en nosotros mismos, y de esa forma, rompiéndonos, generar seres mecánicos y cada vez más imperfectos, divididos en nosotros mismos, y por último, darnos el estacazo final y convertirnos en meros esclavos que en vez de dinero o una vida sencilla, pediremos meros placeres físicos sin ningún contenido ni finalidad. La vacuidad en estado puro.

Y así estamos. El postureo como forma de vida, de pensar y de trascender a la nada. El postureo en cada aspecto de nuestra vida. El vacío total de contenido en cada cosa que hacemos, y al final, en lo que somos. Trascender al postureo es difícil una vez que estás dentro porque o vienes ya preparado de antes o después ya es complicado dar marcha atrás. Ahora vosotros tenéis que definir su vais a caer en el postureo o si vais a intentar trascenderlo. Tenéis que elegir si queréis ser o parecer. Es vuestra elección y antes de hacerla tenéis que pensar en las consecuencias de una y otra opción. Porque el libre albedrío existe sólo si bajamos la cabeza, somos humildes a las consecuencias y las asumimos como propias. Lo hagamos o no, después no tendremos la opción de quejarnos de la opción elegida. Así que pensadlo bien. Vuestra vida depende de ello.