Fadjen-y-Christophe-Thomas-toro-de-la-vegaSí, esto va del Toro de la Vega, que han pasado unos días pero es plena actualidad, aunque como siempre, me voy a enronar con un montón de cosas que tienen y no tienen que ver. O sí. Y mientras, generalicemos: vivimos en un país de mierda.

Ahora especifiquemos: vivimos en un país donde hay mucha gente con mucha mierda en la cabeza. Lo que deriva en lo otro. Yo intento mantener la menor cantidad de mierda en la mía, pero a veces es complicado, sobre todo con lo que ronda alrededor y que resulta difícil mantener lejos. Estoy algo escatológico y malhablado, que le vamos a hacer. Pero lo que más me jode de todo, en realidad, no es la cantidad de podredumbre que campa por los respetos de san dios, si no que encima lo justifican ¡con la historia! Sí, esa que no conocemos ni la mitad y esa que en este país somos auténticos deportistas del olvido. Verdaderos plusmarquistas. Claro, así va la cosa y pasa lo que pasa, con suma satisfacción de un sistema corrupto que está maravillado de que siglos más tarde, la gentuza siga siendo tan estúpida. Su mayor éxito, sin duda.

Me he vuelto fan de una teoría lingüística de la que hablaré en otro momento, desarrollada por Enric Cabrejas, basada en la idea de que los íberos y celtíberos (que según él eran lo mismo) eran humanos provenientes del Cáucaso que hablaban distintos dialectos de griego pre-helénico, y que por ello, nosotros somos sus descendientes más o menos directos. Y tras analizarlo y compararlo, le doy cada vez más la razón. Aunque no me extenderé en esto, quiero meterlo a colación porque la palabra toro, que siempre hemos considerado latina, no lo es, sino griega, y en la forma que la conocemos, es propia y autóctona nuestra, y significaba algo así como clavar o ensartar. Y de ahí el nombre del animalico.

Pero la idea del artículo es ir algo más allá. Los llamados íberos, celtas o celtíberos (que cada vez tengo más claro que eran esos pueblos de Asia menor, y verdaderos fundadores del continente) provenían, siguiendo la cronología, de los antiguos pueblos cretenses y sus descendientes que huyeron tras el pepinazo mayúsculo del Santorini, que dejó la cosa entre mal y muy mal, y que les obligó a huir como ratas del barco, digo de la isla. Entre sus costumbres estaba el iniciar a sus jóvenes con una suerte de “recortes” de toros que demostraba su bravura. Así está descrito en las teselas de Cnosos. Aquí en Iberia (la Iberia occidental), sus descendientes cazaban (y quiero recalcar esta palabra, “cazaban”) toros montados a caballo (los “celtas” eran grandes jinetes) en las mesetas del norte del país, al igual que los indios cazaban búfalos y los más primitivos (aunque esto ya no se puede decir con autoridad) mamuts, o al menos lo intentaban, supongo. Quiero recalcar el término “cazaban”, porque eso era lo que hacían: con gran riesgo de sus vidas, salían a ganarse el sustento para ellos y sus familias, así como conseguir cuero y otros elementos con los que comerciaban y se mantenían. Así que no, justificar algo como el Toro de la Vega en que nuestros antepasados hacían lo mismo es algo que da vergüenza ajena. Para empezar, no se dedicaban a ir ciento y la madre tras un animal, asustándolo y haciéndole pasar las de Caín (que el amigo Yahvé le puso también cuernos para que sus coetáneos no le dieran por saco) para su divertimento (encima se esconden tras las faldas de la Virgen para mayor justificación, lo que les auto-etiqueta automáticamente de cobardes y pusilánimes, y con la mierda que llevan en la sesera, ni se dan cuenta, claro), mientras van terminando poco a poco con él en una agonía que no tiene fin… Bueno, sí, la tiene, pero él no se da cuenta. Igual que nos pasaría a nosotros. Y echarle el muerto a nuestros ascendientes celtas, que se revolverían las tripas de presenciar semejante “espectáculo” y que serían capaces de un nuevo Numantia sólo porque estos gañanes insulsos y estúpidos no existieran, es ya cuanto menos el culmen de las estupideces. La cumbre de la chorrada superlativa del post-modernismo de la era Sálvame. Y es lo que más me jode, que se escuden en el pasado que ellos mismos ignoran para disculpar semejantes actos de barbarie de lesa naturaleza. Porque que me digan que lo hacen por el mero disfrute me jodería, pero lo entendería: retrasados mentales los hay por doquier (cualquier persona normal, tenga o no taras mentales genéticas, se lamenta de que existan seres humanos así, si es que se les puede llamar de tal forma), y como por desgracia es más habitual de lo que gustaría, hay que conformarse con por lo menos identificarlos. Al menos nos hacen el favor de no tener que pasar un test de inteligencia que suspenderían seguro. Pero no, encima lo visten de tradición, lo engalanan de cultura, y eso ya me jode los chakras, me enciende el poco pelo que me queda y me hace desear su fin lento y doloroso, cosa que no hago habitualmente debido a mi estado zen habitual (que apago momentáneamente para dilemas de este tipo), pero que sin duda se merecen.

Nuestros antepasados cazaban toros para sobrevivir. No me mola, pero lo entiendo. Pero no los asustaban, no les hacían pasar horas de sufrimiento inútil para luego tirar sus despojos en cualquier sitio. Los antiguos trataban a los seres vivos con respeto y admiración. Intentaban darles el menor pesar posible porque los consideraban seres amigos, con los que compartían un mundo difícil y duro. Como siempre han hecho los pueblos integrados en su entorno, intentaban darles muerte rápida y lo más indolora posible, y desde mucho más antiguo, oraban ante sus cuerpos y sus restos en señal de respeto. De ahí a la panda de energúmenos que en pleno siglo XXI todavía nos exigen (tócate las narices) respeto a sus estupideces hay mucho tiempo y mucho espacio. Con todo lo contrario que soy a la fiesta de los toros, y como dice Pérez Reverte, al menos en la plaza hay un tu a tu entre el torero y el toro (aunque también obvia la parte previa, donde al bicho lo joden vivo hasta que le han quitado al menos la mitad de las fuerzas), y en el lance es posible que el torero (que al fin y al cabo cobra por el curro) salga malamente. Gajes del oficio. No me gusta, ni comparto, y lo prohibiría, pero es más respetable que la basura del Toro de la Vega. Tenemos que evitar en la medida de lo posible que tengamos que sufrir (los toros y nosotros) un año más semejante calamidad.

Sí, ya va siendo hora de hacer algo, ya no podemos estar más tiempo callados… ¡Destrucción total y definitiva al Toro de la Vega!

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IMPORTANTE: Se va a votar que se deje de subvencionar las corridas de toros por parte de la Unión Europea. A ver si por ahí podemos ayudar de alguna forma a solucionar esto de una vez por todas:

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Paremos las corridas de toros!!!