20080311130454-20080311elpepivin-4.jpgSomos seres sociales. De eso no hay duda. Nos hemos organizado en comunidades más o menos autosostenibles que generan su propia idiosincrasia y en última instancia, son un egregor en si mismo, una entidad supra-consciente que genera su propio sistema y modo de vida. Eso es al fin y al cabo una sociedad. Diferentemente a como solemos pensar, esa entidad no es controlada por los miembros de esa comunidad, sino que tiene vida propia. Y para que el propio ser sea capaz de generar su propia auto-consciencia, tiene que poder valorarse a si mismo como una entidad independiente. Nosotros somos seres auto-conscientes, eso lo sabemos, pero como los peces en el mar, no alcanzamos a entender que la sociedad, la comunidad, lo que nos rodea, es a su vez una entidad que nos inunda y de la que no podemos salir sin morir. Es cierto que los seres vivos son capaces de vivir en soledad, pero generalmente no suelen ser viables en esas condiciones, y cuando lo son, lo hace en el más absoluto aislamiento, lo que en general, termina generando taras mentales e incluso físicas. Esto, por supuesto, es una abstracción, pero que me permite alcanzar mi objetivo principal, que es explicar el valor del ser social y lo que ese valor aporta a la comunidad. Porque, visto desde una perspectiva actual, ese valor es lo que nosotros damos y esa sociedad recibe, y cuando no nos valoramos adecuadamente, esa sociedad no nos valora como nosotros esperamos, a pesar de que, en realidad, hemos sido nosotros los que para empezar, no nos hemos valorado suficientemente a nosotros mismos.

Poder_de_la_gente¿A qué viene todo esto? Viene a que en la sociedad que, desgraciadamente, todos nosotros hemos creado de forma inane para nosotros mismos, nuestro valor como seres cada vez es menor. Los ciudadanos son cada vez menos capaces de hacerse valer, de tener la voz y la fuerza para generar cambios, porque sencillamente, amigos míos, nos hemos menospreciado, y hemos demostrado ese menosprecio durante décadas hasta que, por fin, nuestros líderes se han dado cuenta de que indefectiblemente, puedes manipular la sociedad para simplemente ni siquiera tenernos en consideración, ya que como acabo de mencionar, no hemos exigido el valor que tenemos. En una sociedad democrática (o supuestamente democrática), el valor social se indica por medio del voto, ya que este es el mecanismo por el cual se forman gobiernos, los que apuntalan a los líderes en la cima (aunque luego ellos no sean más que peones de los que realmente mandan, que son los que controlan el dinero, que curiosamente, no es el Estado).

frase-se-comecassemos-a-dizer-claramente-que-a-democracia-e-uma-piada-um-engano-uma-fachada-uma-jose-saramago-128414Llevo muchos años defendiendo la abstención. Se me suele decir que si te abstienes, estás colaborando al estado de cosas ya que nada cambia. Pero de lo que la mayoría no se da cuenta es de que no estoy defendiendo el no votar: estoy defendiendo el valor de mi voto. En muchos artículos de este blog he defendido esta postura, desde el mismo momento en que soy consciente de que, vote a quien vote, nada va a cambiar. Porque actualmente, nuestros votos no tienen valor alguno. Los damos gratis. Voy a explicar esto con una simple metáfora.

Imaginad que sois cazadores en la tundra, y vuestro sustento depende de lo que cazáis. Recogéis piezas y las vendéis en el mercado. Resulta que un día llega un mercader y os pide pieles de oso, y que os pagará a la vuelta. Vosotros recolectáis las pieles y se las lleváis, pero sólo os paga algunas porque dice que muchas están mal y no tienen valor, pero se las queda. Os pide más, y se las llevas, pero cada vez te paga menos, y mientras tu tienes que trabajar más para que el acepte pedirte más. Al final, terminas trabajando casi gratis porque el nunca te paga las que dice que son “malas”, pero que se queda y después el vende igualmente. Aquí tienes dos opciones: o dejar de venderle a pesar de sus promesas de compra, o bien seguir “vendiéndole” a pesar de que te está, de facto, esclavizando. Al final, resulta que la única forma en que se puede salir de esta situación airoso es plantarte delante de él y decirle: “oye, te estás aprovechando de mi trabajo, y o empiezas a pagarme por cada pieza o hablaré con el resto de cazadores y te echaremos del mercado”. Puede que no consigas tu objetivo, pero puede que sí, y en ese caso, llegarás a acuerdos justos con el mercader. Pues al final, este es el meollo de la cuestión: yo no regalo mi voto, porque simplemente sé que, si voto, estoy tirándolo al retrete. Si no exigimos que las cosas cambien ANTES de ejercer el voto (es decir, que haya reformas estructurales, se priorice los intereses del país a los extranjeros, que se devuelva los derechos y libertades a los ciudadanos, que se cambie el sistema de elección, etc…), tu voto seguirá siendo un regalo, porque se lo estarás dando, y las cosas seguirán estando exactamente igual de mal. Así pues, amigos y amigas, cuando votáis, estáis diciendo implícitamente que os gusta como están las cosas, ya que votáis sobre la situación A PRIORI, y esperar que cambien A POSTERIORI es, cuanto menos, de niños pequeños. Al votar, salga quien salga (pues todo está organizado para que pase lo que pase, siempre ocurra lo mismo), las cosas no cambiarán nunca y, a lo sumo, generará un estado intermedio de cosas en las que realmente sólo se nos está convenciendo de que están algo mejor, lo que por otro lado suele convencer a la mayoría. Porque en realidad, la mayoría sólo quiere vivir en paz aunque sea con poco, y ellos, sabiéndolo tan bien como lo saben, lo aprovechan para darnos las migajas, para que sigamos regalándoles el voto y por tanto, regalando nuestro valor como seres sociales. Porque al final, la sociedad es la comunidad que construimos con nuestro valor. Si nos quitamos dicho valor, directamente estaremos esclavizándonos dándoles a ellos, quitándonos nosotros cada vez más ese valor, hasta el punto de que ya no tengamos ninguno. Entonces ya no podremos quejarnos ni decir: “que mal va todo”, porque ese es el punto que nosotros mismos hemos creado.

discurso-politicoPor eso yo me abstengo. No regalo mi voto. Y claro, si sólo lo hago yo, no vamos a ningún sitio. De todos nosotros depende que podamos hacerlo juntos y exigir ANTES para votar DESPUES. Si no lo hacemos así, nunca cambiará nada, y podremos sentarnos cómodamente a ver como pasa todo delante nuestro sin que podamos influenciarlo de ninguna forma. Antes se tenían que hacer revoluciones sangrientas para conseguir cosas. Ahora, tal vez, la revolución sea no hacer nada. Ellos necesitan nuestros votos porque tienen que legitimarse. Cuando lo masones crearon el sistema democrático actual tras la revolución francesa, llegaron al acuerdo de que para que el sistema funcionara, era necesario que los líderes fueran elegidos, para generar la alternancia que les permitiría, cada cierto tiempo, tener el poder. Nosotros simplemente estamos programados para pensar así desde pequeños. Cuando por fin nos demos cuenta de que nuestro poder reside en hacernos valer, entonces, y solo entonces, tendremos la capacidad de realmente tener poder, esa moto que nos han vendido siempre pero que nunca hemos llegado a usar porque no nos daban las llaves. A buen entendedor, con esto ya vale…

Hemos votado por encima de nuestras posibilidades…

democracia_mafalda