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El problema de no saber de qué leches estás escribiendo produce que escribas artículos malotes, como este sobre PK Dick:

La exégesis de Philip K. Dick

Independientemente de que el autor no entienda bien por donde se está moviendo ni de quien está hablando (cosa por desgracia habitual en el mundo del postureo pseudo-intelectual de muchas publicaciones hoy día), además de estar resumiendo lo ya publicado en otros artículos mejor escritos, y de realizar afirmaciones como mínimo arriesgadas del tipo “La trilogía Matrix, aunque de modo bastante simplista e infantil, volvió a poner de moda ideas que Philip K. Dick ya había desarrollado décadas atrás en sus libros”, que hay que tenerlos cuadrados (implica que no sólo no has entendido lo que se dice en Matrix, si no que además no has entendido un carajo de lo que decía PKD), o claras alusiones a que Philip escribía sobre mundos cibernéticos paralelos cuando esa idea fue más bien tardía en él y sólo se insinuó ligeramente en algunas obras como Radio Libre Albemuth, es ya como mínimo indecente. Pero no voy a criticar el artículo más allá de esto. Me interesa mucho más el protagonista.

Philip K. Dick alucinó. Sí. Mucho. Pero esas alucinaciones lo convirtieron en una de las mentes más preclaras de su tiempo. Si consideras que eran alucinaciones, claro, con lo que podría decirse que estaba loco. Pero no, amigos míos. No estaba loco. Ni alucinaba tanto. Estaba teniendo claras visiones fuera de la matrix. Estaba, literalmente, rasgando el velo y viendo lo que había al otro lado.

Siempre fue mejor entendido en Europa y Japón que en su propio país (en vida, ahora se le estudia en las universidades como uno de los más grandes autores americanos del siglo XX). Su capacidad de crear historias de varios niveles de profundidad, donde la realidad era una excusa para hablar de lo que no era real, o donde de hecho la realidad y la ficción eran intercambiables o no claramente diferenciadas, supera seguramente con mucho a la mayoría de los autores contemporáneos con los que se codeó. Si lo quieres llamar paranoias o alucinaciones, estás en tu derecho. Pero eso viene a querer decir que no entiendes nada. Que no has entendido lo que escribió y que en realidad, no entiendes el mundo real.

Porque PKD escribía sobre la realidad. Pero no la que vivimos cotidianamente. En sus últimos años, obras como Valis (Sivainvi en España), la ya mencionada Radio Libre Albemuth y otras algo anteriores como Ubik o Los tres estigmas de Palmer Eldritch denotaban su capacidad de ver algo que los demás no veían. Sólo que ahora, desde el prisma del esoterismo y la espiritualidad, cobran fuerza totalmente renovada, puesto que puedes coordinar esas ideas con las corrientes de pensamiento y hasta casi podrías decir que fue un iniciador, un disparador. Otras como ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? son obras menores pero muy significativas acerca de una visión distópica de un mundo que el ya veía en declive, y que como pasó con Un mundo feliz de Huxley, todo giraba alrededor de una pertenencia disfuncional a un mundo disfuncional.

El hombre en el castillo es considerada su obra cumbre. Un mundo en el que la realidad no era real, y lo que no era real era mucho más real. La verdadera enseñanza de ese libro radica en que nos está mostrando una realidad: que lo que nosotros interpretamos como mundo real es una ficción. Se nos dice que algo es de una manera y es de otra radicalmente distinta. Que no hay democracia, sino tiranía. Que no hay capitalismo, sino comunismo capitalista. Que lo que consideramos que es un poder no lo es, y que otro realmente detenta ese poder (el hombre en el castillo). Ese poder al que se acude pero que permanece oculto, inalcanzable. PKD nos estaba enseñando mucho de la realidad. Pero no les escuchábamos. Decíamos que deliraba, que estaba loco.

Os recomiendo la lectura de sus libros y cuentos. No las adaptaciones al cine, que con alguna excepción son una mierda en general (o, como en el caso de Blade Runner, simplemente es como si fuera otra historia). Descubriréis un mundo que no es de fantasía. Que no es ficción. Que, lamentablemente (o no) es más real de lo que queremos admitir. Si lo entiendes.

PD: Os recomiendo leer un pequeño relato titulado “Roog“, que relata la historia de un perro que se obsesiona con avisar a sus amos sobre unos supuestos invasores del jardín de su casa, pero que nadie ve. Esos pequeños seres se ríen de él mientras roban la basura, y el cree escuchar como planean acabar con la vida en la Tierra, tras recoger toda la basura del mundo. Es como si Dick se adelantara décadas a las ideas de la conspiración y de como algunos intentamos avisar al mundo de que estamos en peligro y somos tildados de locos. Tal vez los locos sean ellos. Tal vez es lo que nos estaba diciendo Dick con sus libros.