falsa-democraciaLos que lleváis tiempo leyendo este blog sabéis que siempre he defendido la abstención. Hasta el momento, con todo lo que tenemos encima, y ante el panorama en que nos vemos inmersos día tras día, con corrupción, latrocinio, cohechos y otras cosas incluso legales, pero totalmente reprobables e inmorales desde muchos puntos de vista, es muy difícil confiar en los que tenemos delante para dirigir nuestros destinos. Lamentablemente, no hay mucho donde elegir. No voy a hacer otra bravata de la abstención aquí porque el blog está repleto de ideas y pensamientos al respecto, por lo que voy a hacer una serie de consideraciones alejándome de mi línea habitual que posiblemente va a molestar más de uno, y ante todo quiero hacer un alegato de coherencia. Sigo defendiendo la abstención, pero en algún momento hay que posicionarse, y estamos en el momento más adecuado que nunca para hacerlo.

Los defensores del voto esgrimen frente a los abstencionistas que inevitablemente, votes o no, seguirá gobernando alguien, quien sea, pues así lo exige la legalidad. Y es totalmente cierto. Lo que no implica que no debas abstenerte, porque la abstención es un mensaje, un mensaje que cuanto más fuerte llega más efecto tiene. Pero sí, inevitablemente seguirá gobernando alguien, aunque sea con unos votos minoritarios respecto al grupo total, porque la oligarquía así lo ha definido, gracias tanto al sistema electoral como al sistema de elección del gobierno, que no es directo, sino que son elegidos por las cortes. Así que realmente, a los efectos prácticos, es cierto: siempre habrá oligarquía gobernándonos, de eso no hay duda.

Los ciudadanos en este país no tenemos capacidad ninguna de cambiar el sistema; no podemos modificar las leyes, no podemos quitar o poner puestos, no podemos siquiera quejarnos ya últimamente con la ley mordaza, etc… Nuestro voto no tiene ningún valor. En España, ser ciudadano ya vale menos que ser cliente de una empresa, porque con suerte, dependiendo de la empresa, te atienden bien y puedes incluso poner reclamaciones. Y eso incluso ha llegado a expulsar a gente incompetente de sus puestos. Con la política no es posible, o al menos con la política que se hace aquí. Veo que aunque la abstención crece, por lo dicho antes, no va a solucionar gran cosa porque tenemos un deficit de democracia que, en tanto en cuanto no es posible cambiar ni directa ni indirectamente, va a permanecer con una oligarquía que crece, pues antes eran dos y ahora son cuatro. Los que todavía se sigan engañando con que Podemos y Ciudadanos son una alternativa viable y real al bipartidismo PPSOE, es que todavía tienen que despertar a la realidad en la que viven, ya que todavía duermen el sueño de los justos. No se puede hacer mayor manifestación de ignorancia en un mundo que gradualmente se ha ido manifestando como realmente es, como si un velo hubiera sido apartado en los últimos años. No es lógico ni coherente pensar que ninguno de esos cuatro partidos va a representarnos de ninguna manera ni va a cambiar el status quo.

Por otro lado, hay una miriada de muchos pequeños partidos que parcialmente podrían ser una respuesta, pero que por pitos o flautas no terminan de convencer. En esto tengo que hacer una excepción, y no quiero que se interprete como una defensa de tal partido, pero sinceramente creo que es el único que parece salirse por la tangente del panorama en el que nos encontramos, que es el tan denostado y vilipendiado UPyD. Ya con Rosa Díez me parecía bastante interesante, pero como también en los inicios Ciudadanos me lo pareció, hasta que se me cayó la venda de los ojos, preferí dejarlo en un segundo plano, porque hay que fijarse lo justo de esta gente (de la mayoría, ni siquiera lo justo). Cuando ocurrió la maniobra de Ciudadanos para destruir UPyD (porque eso ha sido todo el follón que se montó justo antes de las últimas elecciones, un ataque planificado y deliberado contra la formación magenta), me terminé de convencer, con todas las pruebas previas que tenía, que los naranjas eran sin duda un troyano del sistema para eliminar a aquellos que pueden perjudicar el status quo general, y UPyD lo amenaza de forma real. Son los únicos que no sólo han denunciado todo lo malo que ha ocurrido en este país políticamente hablando, sino que lo han llevado a los tribunales y a todos los foros públicos posibles. Son el único partido (según el Tribunal de Cuentas, que son otros que tal bailan) que no tienen deficiencias contables de todos los partidos nacionales, y su demostración contra el Toro de la Vega ha sido la puntilla que necesitaba para que me cayeran bien. Cuando sufrieron el ataque político de Ciudadanos preferí esperar a ver qué pasaba, pero mis simpatías hacia ellos han crecido enormemente, precisamente por ese ataque. Porque son un enemigo a eliminar, porque pretenden regenerar un sistema que los ve como algo peligroso. Si no, saldrían en los medios y no hubieran intentando eliminarlos como lo han hecho. Son perniciosos para la oligarquía y lo saben. Y por eso me son simpáticos.

Quiero repetir que no los estoy defendiendo, sino que estoy manifestando mis pensamientos al respecto. No sé que haré en estas próximas elecciones, pero con el panorama general que he dibujado antes y que es de sobra conocido seguramente por vosotros, llevo ya unos meses pensando que tal vez la abstención no sea, en este momento espacio/tiempo, una buena idea. No sé todavía si votaré o no, me lo estoy planteando, pero de hacerlo, tengo más o menos claro a quien votaría. Todavía tengo que investigar más y plantearme más cosas, pero ya tengo algunas bastante claras y soy consciente de que hay mucho en juego. Cada uno de nosotros debemos ser conscientes de que estamos en un momento crucial de la historia de España. Hemos vivido en un marasmo brutalmente adormecedor del que nos han despertado a ostias, pero algunos todavía están bizqueando porque no son capaces de levantarse de la cama sin un gran esfuerzo. Los que tenemos la mente clara y en vigilia, tenemos que posicionarnos de una forma u otra. Tal vez votar a un partido minoritario no sea abstenerse, pero si es hacer daño a los grandes. Todo voto que no va a ellos o que no es blanco (recordar que el voto en blanco siempre beneficia a los grandes, por eso siempre te insisten en que votes aunque sea blanco) es un voto útil para nosotros. Considerad las opciones y generad vuestras propias ideas al respecto. Y sobre todo, no os dejéis controlar por las sensaciones del momento. Estamos hablando de algo que debe ser considerado racionalmente, de una forma cabal y analítica, no del impacto momentáneo que tanto mal nos ha hecho (¿os acordáis de ese 11-M?). Y a partir de ahí, lanzad vuestras cartas.