Una cosa que me ha irritado siempre de nuestro mundo occidental ha sido el desprecio a la humildad. Se considera una debilidad y el humilde es, generalmente desde este punto de vista, un ser rastrero y de poco valor. Vivimos en una sociedad, diría que la única de este tipo, en que sólo se valora la competitividad y la fuerza superior, muchas veces violenta, que en otras culturas casi no se ha estilado a lo largo de los siglos. Así hemos creado el mundo violento en el que vivimos, por otro lado.

Humildad

Pero esta consideración es incorrecta. La persona humilde no es una persona débil. De hecho, la apreciación de la humildad como una debilidad es falaz, porque de hecho es todo lo contrario, pero como nos han enseñado desde niños que hay que ser todo lo contrario, es decir, violento, rapaz, competitivo, y sumamente atrevidos (en un sentido negativo, impertinente), hemos llegado a un punto en que realmente se hace difícil, por no decir que imposible, comportarse de otra manera sin ser excluido del contexto social. Sigue leyendo