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th-5El título puede parecer algo pretencioso, pero como siempre, o comprimo mucho o me expando en exceso, así que voy a hacer las dos cosas y doy rienda suelta a mis luchas internas con total libertad… XD

Internet es el egregor de nuestro tiempo. Algunos lo llaman Zeitgeist, pero esta palabra germana no define el concepto en toda su extensión. Egregor sí. Suena más fea, sin duda, pero es la más exacta. De la Wikipedia:

 

Egregor es un concepto propio del ocultismo que viene a representar una “forma pensamiento” o “mentecolectiva de grupo”, esto es, una entidad psíquica autónoma capaz de influir en los pensamientos de un grupo de personas. La simbiótica relación entre un egregor y su grupo ha sido comparado con los conceptos recientes no ocultistas de empresa o corporación (como entidad jurídica) y el meme. Palabra de idioma de grecia antigua, que significa Angel. Egregores – Angeles, hombres de luz de Dios.

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Hari Om

El Cosmos es una totalidad omnisciente, un único ser que integra todo y nada, que es y no es, un único punto de energía que lo contiene todo y lo abarca todo. Eso es Hari, y eso es Om.

No podemos negar lo que somos ni lo que significamos. No podemos negar nuestro pasado ni nuestro presente, y la huida se convierte en una pesadilla que nos persigue durante toda la vida, o vidas. Lo que nos enseña Hari Om es que no podemos disgregarnos, no podemos separarnos, y pretenderlo sólo nos trae infelicidad y angustia, separándonos de nuestra verdadera esencia como seres y de todo lo demás. La unión y la aceptación de nosotros mismos nos permite continuar adelante por muchas cosas que nos ocurran, a pesar de los demás, los abandonos y la cortedad de miras. Todos y cada uno de nosotros somos seres maravillosos y perfectos. No dejemos que los avatares de la vida nos hundan en la separación de nosotros mismos y del Cosmos.

Aquí os dejo con esta versión del mantra que me gusta especialmente. Disfrutadla.

Ritmo. Ciclos. La rueda girando incesantemente. La rueca tejiendo nuestro destino. El Cosmos es un sistema perfectamente continuo, se enlaza a si mismo y este sigue girando, permanentemente, sin fin. Lo que ha pasado volverá a pasar y lo que ocurre ya ha ocurrido antes, en un tiempo cíclico que no es tiempo, ya que es permanente. Esta es la ley del ritmo, donde las vibraciones cósmicas se afectan mutuamente generando nuevo Cosmos de continuo, y debido a la confrontación de estas vibraciones, se nos muestran nuevas posibilidades que pueden ocurrir o no. Nosotros elegimos cuales de ellas se convierten en realidad. Sigue leyendo

Dualidad. Polaridad. Divergencia. Todo esto no suena muy cósmico, ¿no? Sobre todo porque ya hablamos de que el Cosmos es una mente, una unidad… No parece tener mucho sentido decir ahora que el Cosmos es dual… ¿O sí? Es lo que voy a intentar dilucidar en este artículo.

No cabe duda de que vivimos en una realidad cambiante, mutable. Cada segundo es diferente del anterior y eso se manifiesta en todas las cosas en esta vida. Podemos achacarlo a que somos muchas entidades actuando de forma espontánea y libre modificando la realidad de forma permanente, pero lo cierto es que eso es sólo una parte de lo que ocurre. La ley de atracción, de la que hablaré otro día, es la forma en que el cambio opera, pero no el origen del cambio. La causa y el efecto son las manifestaciones de esa mutabilidad cósmica, pero para entender porque ocurre y cual es el fundamento básico de estos cambios, debemos entender antes que, para que haya un cambio, necesariamente ha de haber una confrontación. Si sólo existiera una única entidad, un único elemento, todo sería siempre igual pero, de hecho, nosotros no estaríamos aquí. Nada existiría, sólo ese elemento único e indivisible. Por ello, en el Cosmos se puso en movimiento la ley de la dualidad, que podríamos definir como la oposición de los complementarios. Sigue leyendo

Ateísmo

La extraña dicotomía Dios-Ateos

“Los ateos deberían convertirse a alguna religión: al menos hablarían con conocimiento de causa”.

Esta frase es del menda, puede ser distribuida con mención… 🙂 Lo que quiero decir con ello es que, lamentablemente, como en tantas otras cosas en esta vida, los ateos tienen el problema de que hablan de algo que desconocen. Lamentablemente, los creyentes también.
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Una ley muy incomprendida por la mayoría es la ley de correspondencia. Esta ley nos dice que todas las cosas son en si mismas iguales en todo los sitios y de todas las maneras. Lo que nosotros somos es lo que es el resto del Cosmos, y viceversa. A falta de una forma más comprensible de expresarlo, desde antiguo se ideó la expresión “Cómo es arriba, es abajo, cómo es abajo, es arriba”, expresando esta idea usando los términos más comunes que todos los humanos entienden (cielo-tierra, dentro-fuera, etc…). En términos más modernos, podemos enunciar esta ley como la “ley del universo holográfico”, que nos dice que todo el Cosmos es el mismo en todas sus partes, y cada parte del Cosmos es el Cosmos en si mismo.

El principio holográfico es una teoría física que, de forma muy resumida, viene a decir que cada parte de un todo contiene toda la información necesaria para representar al todo. Si recordáis en el archivo dedicado al principio de unidad (mente universal), decíamos que todas las partes del Cosmos están integradas en él y que el Cosmos en si mismo está en todas sus partes, de forma indistinguible y única. En esa explicación estábamos expresando el todo holográfico, la unidad máxima en al que las partes son el todo y el todo son las partes. De ahí que podemos decir que hay una correspondencia entre todas las partes entre si, porque todas ellas son ellas mismas, el resto y lo demás.

Claro, esto dicho así parece parece extraño y poco comprensible, pero aunque este es uno de los principios más complejos de la hermenéutica, pudiendo en realidad realizar un acercamiento racional a este principio que nos permite conocerlo un poco mejor. Esto no sustituye la necesidad de entender de forma intuitiva el cómo esto afecta de diferentes maneras a nosotros mismos y al resto del Cosmos. Porque este principio, fundamentalmente, nos dice que estamos integrados, con nosotros mismos y con el resto, y no sólo en el plano material o espiritual, sino en el resto de dimensiones conocidas y desconocidas. Aunque nosotros distingamos unas partes de otras en el mundo material, ese efecto, como ya vimos en el archivo anterior, es sólo un efecto de la interpretación que hace nuestro cerebro del mundo vibracional en el que nos movemos. La materia como tal no existe, y eso implica necesariamente que tenemos que interpretar las vibraciones de alguna manera. Eso genera separación y distinción, pero como ya hemos dicho, es puramente accidental y a los efectos prácticos, artificial. La naturaleza, como tal, no es un conjunto desintegrado de elementos, sino que todos estamos fusionados en una sola energía que se manifiesta de diferentes maneras. Además, en los distintos planos existenciales, cada plano superior es una versión mejorada de los planos inferiores. Aunque nosotros no podamos distinguirlo porque estamos “atrapados” en la realidad material, los que han experimentado de diferentes maneras viajes a otros planos (ya sean astrales, experiencias cercanas a la muerte y demás) coinciden en que en esas experiencias ellos se veían a si mismos como en el mundo terrenal, pero diferentes. Es decir, sentían tener un cuerpo, aunque lo notaban distinto, y notaban que a su alrededor las cosas discurrían y eran sensibles. Cada plano superior se vuelve más sutil que los inferiores, pero son básicamente iguales. De ahí la expresión “cómo es arriba, es abajo, como es abajo, es arriba”, ya que estemos en el plano que estemos, básicamente el funcionamiento es el mismo, sólo que ligeramente diferente cada vez, y más sutil.

Dicen los gnósticos entre otros que cuando soñamos, nuestro espíritu está experimentando otro plano existencial. Insinúan también que tenemos la posibilidad de saber, conscientemente, que nos encontramos en uno de esos planos, por medio de algunos trucos, como saltar. Cuando nos encontramos en el plano material, la gravedad tira de nosotros al saltar, pero en los planos superiores no es así. Así, si saltamos y no caemos, podemos darnos cuenta inmediatamente de que no estamos en el plano material. Naturalmente esto hay que experimentarlo individualmente, pero ¿por qué no probarlo si tenemos oportunidad? En cualquier caso, tanto la imaginación como los sueños nos permiten construir mentalmente otras posibilidades, aunque a veces, simplemente, no se construye: se visualiza. Los viajes astrales permiten, sin separarse del cuerpo completamente, experimentar tanto en este plano vibracional como en otros, y lo que habitualmente nos llevaría horas, se puede hacer en minutos en el mundo material. ¿Quién no ha tenido un sueño muy vívido y cuando ha despertado se da cuenta de que parece que han pasado días en el sueño? Esa es una demostración de que las cosas no pasan igual en los diferentes mundos a los que tenemos acceso.

Los planos existenciales o dimensiones no dejan de ser simplemente formas de medida. En cada plano, la medida se hace relativa a la densidad de ese plano. Así, el plano material se rige por las dimensiones físicas conocidas (alto, largo y ancho), el energético por la energía que discurre (medida en diferentes formatos como julios, calorías, etc…), y en el espiritual, aún no tenemos una forma de medida, pero eso es algo que hay que dejar a la ciencia (a la de verdad). Así, los distintos planos son diferentes, pero iguales en esencia ya que están unidos de formas que no podemos medir (una demostración del universo holográfico en el que existimos), de manera que se “traspapelan” unos con otros en esa fusión cotidiana que se da en la naturaleza. Así que un plano no es un lugar concreto, sino un estado de la energía cósmica que se manifiesta en otros planos de diferentes maneras: con un cuerpo, con calor, con transmisión de energía, etc… ¿Qué hay en los planos superiores? Se especula con todo tipo de posibilidades, como los ángeles, los demonios y lo que en general en el mundo moderno llamamos “dioses” o “alienígenas”. Porque resulta un poco estrambótico a estas alturas de la vida pensar que los extraterrestres son simplemente seres materiales venidos de otros planetas lejanos, lo que desde el punto de vista vital no tiene ningún sentido. Es más lógico que estos seres sean de otras dimensiones e interactuen con nosotros pasando a nuestro plano vibracional. Como digo Carl Sagan, lo más lógico es que si los seres fueran de otros planetas, no interactuasemos con ellos, sino con robots enviados a la misión de tan larga duración. Incluso partiendo de la idea de que estos seres fueran muy longevos, los viajes más cortos durarían cientos de años (y yendo a la velocidad de la luz), haciendo que de todas formas, un viaje así fuera inaceptable en términos vitales. Así, la idea de que sean seres de otros planos (ley de correspondencia) es muy más viable y factible en términos reales.

En definitiva, la ley de correspondencia nos aporta una visión del Cosmos en la que nosotros no somos simplemente entidades separadas del resto, sino partes indisolubles y no separadas del total cósmico. Nosotros, a pesar de nuestra capacidad de manifestarnos individualmente, tanto material como espiritualmente, somos todos y cada uno. Cada uno somos Nosotros, y cuando mentimos, criticamos, decimos o pensamos brusquedades contra otros, no sólo estamos emitiendo esos pensamientos al Cosmos, sino que nos los estamos provocando a nosotros mismos. Todo lo que ocurre en nosotros ocurre en el resto y viceversa. Aunque no nos percatemos de ello, cada acción y pensamiento que realizamos afecta a nuestro microcosmos y al Cosmos en general, de manera total e indeleble, y eso nos volverá en forma de karma, porque son los restos que quedan tras la interacción con la ley de atracción, con la que lidiaremos otro día más tranquilamente. Somos uno con todo y con todos, e intentar separarnos es sólo una forma de hacer el ridículo. Seamos uno, siendo nosotros mismos.

Yo, hombre, mujer, Cosmos

Pequeño relato hindú que he encontrado en una lista de correo. Aleccionador sobre el sentido de la polaridad y la integración con el Cosmos:

Era un yogui abstinente que había aprendido a canalizar todas sus energías sexuales hacia el desarrollo espiritual. Vivía en una casita a las afueras del pueblo y era frecuentemente requerido por devotos del pueblo que le reclamaban instrucción mística.

Cierto día, un grupo de buscadores los visitaron y le expusieron la siguiente cuestión:

-Maestro, nos preguntamos como puedes asumir tan fácilmente tu soledad, cómo no echas de menos a una mujer que te acompañe y te sirva de apoyo y consuelo.

-Nunca estoy solo, os lo aseguro -repuso el yogui-. Yo soy hombre y mujer. He logrado unificar en mí ambas polaridades y jamás podré ya sentirme solo. Me siento pleno y siempre acompañado. Cuando por ejemplo, barro mi casa o tiendo mi lienzo, soy mujer, pero cuando cargo grandes pesos o corto leña, soy hombre. Según la tarea que lleve acabo, me siento hombre o mujer, pero en verdad no soy ni lo uno ni lo otro, por que soy ambos a la vez.

Habitualmente la gente no suele escuchar el sonido de su propia voz. La vibración que producen nuestras cuerdas vocales resuenan en nuestros huesos y órganos internos, de forma que esa vibración genera, aunque a nosotros nos parezca imperceptible, una realidad energética en nuestro interior. Más adelante me sumergiré en lo que son nuestros cuerpos sutiles, pero me gustaría que realizarais un pequeño ejercicio cuando podáis: cuando estéis sólos, cerrad los ojos, emitid un sonido sordo desde el interior de la garganta, grave, y mantenedlo durante unos segundos. Notad como la vibración del sonido se amplía en vuestra caja torácica, la garganta y llega a vuestro craneo, y disfrutad de la sensación del sonido en vuestro cuerpo. Habéis notado la vibración del Cosmos en vuestro interior.

La segunda ley cósmica dice que todo el Cosmos es un sistema energético vibrando de infinitas maneras, y esa vibración es lo que conforma la existencia en este plano y en todos los demás. Lo que vamos a comprobar en este artículo es que la vibración cósmica no es sólo vibración sonora, sino también de todos los tipos de energías. Nuestros pensamientos, palabras y actos vibran generando el mundo que conocemos y que no conocemos. Una de las consecuencias como veremos es que somos nosotros los que generamos el mundo en que vivimos. Literalmente.

Como ya vimos en los anteriores artículos, el Cosmos es un conjunto infinito de energías, todas ellas vibrando en diferentes frecuencias. Nosotros podemos experimentar directamente sólo un pequeño (muy pequeño) conjunto de ellas. Después podemos sentir algunas de forma intuitiva o tal vez física, dependiendo de nuestra sensibilidad. Y por último, la mayor parte de esas energías pasan totalmente desapercibidas para nosotros, sólo pudiendo experimentar algunas de ellas por medio de aparatos que interactúan eléctricamente con ellas (sensores). Son como órganos de los sentidos artificiales que nos permiten ampliar un poco nuestro mapa energético. Para comprender esto volveremos a un tema que esbocé en el archivo II: el mundo material es básicamente energía que vibra de forma densa y que conforma el mundo en que vivimos.

El mundo físico es material, es decir, está conformado por un tipo (o varios, ya que hay materia, como la denomianda materia oscura, que no podemos percibir porque no refleja la luz) de energía que vibra en resonancias muy densas (bajas frecuencias). Así, se conforma en lo que denominamos átomos, que a su vez están constituidos por partículas subatómicas. Estas a su vez lo están de otras y así sucesivamente. ¿Donde está el final? No se sabe realmente, pero lo que tenemos que entender es que los átomos, como esas partículas, vibran en esa frecuencia, y al hacerlo todos a la vez, pueden interactuar entre si, interfiriéndose. La energía, vibrando en una determinada frecuencia, puede interferirse creando ruido o distorsión. Como veremos a continuación, esto es así para el mundo en que vivimos. Sigue leyendo

En el anterior archivo realizaba una introducción general al Cosmos como supra-entidad autocomprensiva de toda la realidad. Enumeré también las clásicas leyes herméticas o cósmicas, en tanto que reglas de funcionamiento del Cosmos y de todo lo que contiene. La primera de esas leyes es la de la mente universal, que además, tiene un doble significado: informa sobre la inteligencia del cosmos, y al tiempo, sobre la unicidad. Todo es Uno: el propio Cosmos.

En realidad, comprender el concepto de la unicidad es casi de cajón de madera de pino, que decimos en mi tierra natal. Si el Cosmos es todo lo que existe, necesariamente todo él y todo lo que contiene conforman una unidad en si misma. Si además tenemos en cuenta que el Cosmos per se es un agregado de energías, y esas energías en su fundamento son básicamente la misma, pero vibrando en frecuencias diferentes, entendemos mucho mejor el concepto de unidad. Imaginaros un lago enorme de agua. Toda ella está formada por una balsa enorme de líquido que además puede contener otros elementos, como peces y piedras. Pero llamamos lago a todo ello. No distinguimos el lago líquido del lago de peces ni del lago de piedras. Todo es un lago.

Suelo explicar este concepto usando la metáfora de la sopa energética. Imaginad un cuenco con sopa: caldo con cosas dentro, lo que más os guste. Observad bien la sopa: veréis que básicamente es un caldo pero en cuyo interior flota una cierta cantidad de fideos o granitos, o arroz, que están tanto en la superficie como dentro del caldo. Tanto el caldo como la energía fluyen. Las diferentes partes del caldo, tanto líquidas como sólidas, están suspendidas bajo unas reglas que les permiten funcionar como una unidad. De hecho, si pretendiéramos separar sus distintas partes lo tendríamos complicado, sobre todo cuanto más pequeñas se hacen. Quedarnos sólo con el agua original sería imposible, ya que la entropía (es decir, dificultad de ordenar un conjunto desordenado) crece cuanto más integrado está el elemento en su contenedor. Con la energía pasa lo mismo: cuando más sutil es esta energía, más difícil o imposible resulta diferenciarla del resto de energías. Por eso podemos distinguir la materia de otras energías, porque es lo suficientemente densa y poco sutil como para poder experimentar sus sensaciones. Así, podemos separar los fideos y el arroz del caldo, pero no dejan de ser parte de la sopa igualmente. Si consiguieramos introducirnos dentro de la sopa, nos daríamos cuenta de que no podemos distinguir nada diferente en su interior. Todo parece igual y nada cambia, todo fluye. La sopa es, en si misma, una especie de pequeño Cosmos líquido.

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Cosmos (desde la Wikipedia):

En su sentido más general un cosmos es un sistema ordenado o armonioso. Se origina del termino griego “κόσμος”, que significa orden u ornamentos, y es la antítesis del caos. Hoy la palabra se suele utilizar como sinónimo de universo (considerando el orden que éste posee). Las palabras cosméticos y cosmetología tienen el mismo origen. El estudio del cosmos (desde cualquier punto de vista) se llama cosmología. Cuando esta palabra se usa como término absoluto, significa todo lo que existe, incluyendo lo que se ha descubierto y lo que no.

Aunque no es propiamente una definición, contiene los elementos que necesito para el documento de hoy. Voy a intentar desmitificar el significado de Cosmos y lo que para nosotros significa realmente. Los propios griegos usaban este término para definir todo lo que existe y lo que no existe (es decir, lo no percibido por los sentidos). No es lo mismo que Universo, que en general representa el Cosmos conocido (percibido). Nosotros, de ahora en adelante usaremos siempre el término “Cosmos”, por ser el que mejor representa el sentir espiritual. Sigue leyendo

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