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Las religiones no son un camino espiritual

Me suelo encontrar a menudo con preguntas de aparentemente difícil respuesta y que generalmente suelen depender de usar nuestro pensamiento racional y lógico de una forma adecuada y correcta. La pregunta que enuncio en el título es una de ellas. ¿Es posible una espiritualidad religiosa? La respuesta corta es que no. La larga viene a continuación.

Es relativamente habitual encontrar en la web páginas de personas religiosas que dicen hablar de espiritualidad. Para el individuo poco informado, terminan siendo ampliamente decepcionantes porque tras la lectura, uno no se ha encontrado más que referencias constantes a Dios, Cristo, la Virgen y el rosario de la aurora… Curiosamente, no hay casi páginas de espiritualidad judía, hindú (este es un caso aparte que comentaré luego), mahometana o de otras religiones mayoritarias o minoritarias. La inmensa mayoría son cristianas. Uno podrá decir que es la religión más importante del planeta en estos momentos, pero con toda probabilidad ese no es el problema. Tengo una perspectiva ligeramente distinta del asunto.

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Hacía unos días que no escribía y este es un buen momento para hacerlo. Zapas ha dicho que ya no quiere tragar más excrementos y le doy la razón: ya era hora, hermoso. Te ha costado lo tuyo. Pero bueno, ya has hecho el trabajo de tus amos, así que ahora puedes irte con una pensión vitalicia acojonante y con la posibilidad nada despreciable de que probablemente seas considerado el peor dirigente de la historia de esta “gran nación”… Y a tenor de esto, quería expresar mi opinión sobre la política, y la razón fundamental por la que dejé de creer en ella: no es más que otra forma de religión, pero sin un dios sobrenatural al que adorar. En al política, se adora al líder.

Existen en nuestro mundo de hoy tres formas religiosas principales: la primera es, lógicamente, la propia religión, de la que no voy a hacer mención porque es muy obvio y porque requiere mucho mayor estudio. La segunda es la política, tema con el que voy a sumergirme a continuación. Y la tercera es la ciencia, tema que trataré en otro momento más adelante. La religión política está basada en la adoración al líder. Se sustituye a Dios por un ser humano normal y corriente (más o menos) o por un grupo de ellos (con lo que de una religión monoteísta pasamos a otra politeísta), de manera que ellos obtienen su poder de la adoración de sus votantes (el equivalente a los beatos de la religión convencional). Cuantos más votantes, más poder, y de esa manera, se establece una lucha con otros dioses que tienen menos votantes pero que luchan por medio de la propaganda para obtener más. Los seguidores de cada religión (derecha, izquierda, centro, etc…) siguen a sus líderes allá donde van, les vitorean y piden sus favores, y de vez en cuando reciben respuesta. Los ven inalcanzables, como estrellas de cine (otra forma de deidad con la que me gustaría meterme más adelante), y creen en ellos y sus promesas como si de los cielos fueran recibidos. Estos dioses son desbancados por otros dioses que tienen sus propios seguidores y así continuamente. El campo de batalla, en vez de ser el espíritu de sus seguidores, es la democracia, concepto generado para crear la falsa ilusión de que los votantes tienen la posibilidad de elegir quien les gobierna, cuando en realidad sólo pueden elegir a unos determinados que ya fueron elegidos antes por entidades superiores (¿supra-dioses?), de manera que ellos siguen confiando en que ese campo de batalla es el mejor para sus intereses. Estos dioses crean normas morales y éticas (leyes) que les sirvan para que el sistema se auto-sustente de forma indefinida.

Esto, así dicho, puede parecer una exageración. Pero rogaría a los escépticos que me demostrasen que esto que acabo de decir no se aplica al 100% (y seguro que me dejo algo) a la política tal y como la entendemos actualmente (y no nos engañemos, tal y como se ha entendido toda la vida). Los políticos juegan a ser dioses y semidioses que consiguen sus deseos de poder por medio de la sumisión de los votos de sus seguidores, de manera que pueden ejercer ese poder durante un cierto tiempo. En realidad, la democracia se creó para que no fuera sólo un dios quien detentase el poder indefinidamente, sino para que este pudiera repartirse con el menor derramamiento de sangre posible por parte de los “elegidos” para ser Dios. Para ellos, es el único objetivo en esta vida. No hay otra opción. Su forma de vida es la de “dioses profesionales”, de manera que cuando dejan de serlo, queda su leyenda: tal presidente hizo esto, el diputado aquel hizo aquello, el ministro tal hizo cual cosa… Y esa leyenda queda en el inconsciente colectivo, tanto de los propios como de los ajenos, grabado a fuego, como si se tratase de historias legendarias al estilo “Señor de los anillos”. Incluso traspasa las décadas y se les sigue recordando incluso cientos de años después.

Pues sí, amigos, esto es la política. No es el arte del buen gobierno. Eso lo sabemos hacer todos y cada uno de nosotros. No hace falta que venga nadie a decirme como debo llevar mi vida. La política no es más que el arte de conseguir aborregar a millones de personas para alcanzar ese ansiado aunque temporal poder. De vez en cuando, algún aspirante decida que no quiere compartir el poder y habitualmente con una guerra civil o un golpe de estado se queda de forma permanente con él, pero claro, la propia levedad del ser impide que eso dure para siempre. Damos gracias, pues, que eso no pasa más a menudo, aunque en realidad ninguno de nosotros notaría gran diferencia. Es más, irónicamente hablando, al menos no tendríamos que aguantar cada cuatro años las chorradas de siempre. No hay mal que por bien no venga.

PD: con esto último no estoy defendiendo ningún tipo de dictadura. Simplemente quiero equilibrar las ideas “democráticas” como lo que realmente son: una dictadura disfrazada de libertad.

La religión comparada ha sido siempre un tema interesante para mi porque tiene un componente histórico crucial. El hecho de que varias religiones se cruzasen, ideológica o doctrinalmente hablando, era para mi algo realmente curioso y lo pertinaz de esos cruces, un verdadero misterio. Pero resulta que no sólo eran meras coincidencias. Como estamos sabiendo poco a poco el populacho (porque algunos valientes se están atreviendo a hablar sin pedir permiso), las religiones de las civilizaciones antiguas eran básicamente ¡la misma! Los nombres de los dioses y gobernantes divinos, así como de los héroes, variaban, pero básicamente estaban hablando de las mismas entidades o conceptos. En cualquier caso, hay un hecho que sólo recientemente he comprendido que formaba parte del plan maestro de nuestros señores y es el hecho futuro o en general concepto esclavista de la “segunda venida”.

Los cristianos piensan que la segunda venida es un concepto específicamente suyo y no es verdad. Los budistas, por ejemplo, también tienen una segunda venida (el llamado “amigo” de Buda, Mettaya-que algunos confunden con Maitreya, el dios de la new age-, no Buda propiamente dicho), y este es sólo un caso concreto (lo cierto es que el budismo se convirtió en religión sólo cuando la élite esclavista decidió que era una forma de pensamiento lo suficientemente peligrosa como para hacer tambalear sus planes, ya que originalmente este concepto no existía). Los musulmanes también tienen, no una, sino dos segundas venidas, según a quien preguntes (o bien Jesús que luchará contra el anticristo Dajjal-que no se extrañe nadie, por Dios: el islam es simplemente una corriente del cristianismo adaptada al mundo árabe-, o bien un tal Mirza, que en realidad es una especie de líder religioso). Y los hindúes creen en la vuelta del señor Vishnu en forma de lo que llaman un “avatar”, siendo uno de ellos Kalki, que querrá exterminar a la humanidad, para que florezca de nuevo a partir de dos sabios que llevan miles de años meditando en la montaña. Como se puede ver, desde luego imaginación no les falta a los señores de la élite.

Pero, ¿por qué tanta segunda venida? Bueno, hay varias explicaciones, pero yo me voy a centrar en dos específicamente. La primera de ellas nos habla de nuestra adolescencia en términos cósmicos. Los niños y los adolescentes en menor grado son seres dependientes de sus padres o tutores. Pero incluso aquellos que no dependen de unos mayores, terminan dependiendo de otros adolescentes o jóvenes a los que consideran como superiores a ellos en algún sentido, y al final viajan a la juventud con ellos de la mano. La élite, históricamente, ha creado las religiones para mantenernos en un estado de dependencia de ellos permanente. Si un ser avanza a un estado de juventud y empieza a hacerse preguntas sobre su individualidad e independencia, puede convertirse en un adulto maduro y responsable de si mismo, lo que lo hace incontrolable y poco deseable como esclavo (más bien, ese adulto maduro ya no lo sería, por eso es un peligro). La segunda venida es un elemento básico de control de masas: si tu dios te promete que volverá para, normalmente, erradicar el mal y salvarte (siempre nos tiene que redimir otro, nunca nos redimimos a nosotros mismos), con otro reino de felicidad al menos por mil años. Así, puedes tener a millones de personas pilladas durante miles de años sin realizar prácticamente esfuerzo alguno. A eso se le llama un trabajo de primera, sí señor.

Y luego tenemos la segunda perspectiva, esta más actual y peligrosa. A nuestra élite actual no se le ha ocurrido mejor manera de aprovechar la leyenda de la segunda venida (que insisto, es universal y no exclusivamente cristiana) que montar lo que se llama “Proyecto Blue Beam” (os recomiendo buscar información por ahí porque veréis hasta que punto están locos estos romanos…). Este proyecto, todo un espectáculo multimedia de luz y sonido, será una preparación mundial que llegará a todo el planeta, con las mejores lecciones de Hollywood aprendidas y bien aprendidas. Ya están desplegados muchos de los satélites que realizarán esta operación, y la tecnología ya ha sido probada. Se han visto imágenes de Jesús en el desierto en varios puntos del planeta, especialmente en África. Básicamente la cosa consiste en que se nos mostrará, según el punto del planeta donde estemos, imágenes de seres “ascendidos” (refrendando así la religión global de la élite, la new age), como Jesús, Buda, Mahoma, etc… Esto por mencionar a los más populares. Por medio de un sistema de frecuencias que puede entrar directamente al cerebro (luego explico cómo), esos seres parecerán hablar para decirnos entre otras cosas que todo era erroneo, que ellos no eran ni Dios ni representantes de Dios, sino meros mensajeros para preparar la venida del verdadero Señor. Esto se acompañará con una escenificación de invasión extraterrestre (por eso en los últimos años los medios ponen tanto incapie en que debemos estar preparados para una posible venida de alienígenas) para lógicamente socavar la moral de la población y sumirles en el terror (este mucho más definitivo que el 11-S, el primer intento de poner en marcha el Blue Beam con bastante éxito, por cierto). La idea es unir a la humanidad ante una amenaza global (los extraterrestres) y con una nueva religión mundial (representada por Maitreya, que según la new age ya ha venido, hace unos años).

¿Cómo llevar a cabo semejante tinglado? La tecnología ya existe. En cuanto a las imágenes, se proyectarán desde los satélites que ya están en órbita sobre la atmósfera, con lo que podremos ver imágenes tremendamente grandes de nuestros personajes de ficción favoritos. En cuanto al sonido, evidentemente no se usarán enormes altavoces, sino que por medio de bajas frecuencias, será posible “inceptar” el sonido en nuestro cerebro, dándonos la sensación de escuchar a esos seres, pero sin que parezca que el sonido entra por los oídos. ¿Cómo es posible? Ya existen mecanismos que pueden transmitir ondas de frecuencias determinadas que afectan a las zonas auditivas del cerebro, de manera que provocan la sensación de escuchar algo dentro de nuestro cerebro. Esto ocurre porque, como ya es sabido, el cerebro no es más que un receptor de información. Los sentidos reciben la información, se la mandan al cerebro y este interpreta las señales eléctricas en determinadas zonas, de manera que si estimulamos energéticamente esas zonas, tenemos la posibilidad de hacerles funcionar sin estímulos externos (como ocurre con la homeopatía, por ejemplo, concepto que permite curar usando de forma controlada sustancias que en realidad nos podrían hacer enfermar, pero que curan al “resintonizar” nuestro organismo en las frecuencias adecuadas). Con estas tecnologías es posible recrear todo un mundo de posibilidades multimedia, pero fuera de los ordenadores. Anda que no piensan ni nada nuestros amos, ¿verdad?

¿Cuándo será esto? Personalmente me preocupa poco, la verdad. Cuando pase pasará. Lo realmente importante es que podamos preparar a todos nuestros amigos y conocidos sobre este tema. En ese sentido, siempre he pensado que no hay que ser muy dogmático. Normalmente a la gente no le gusta que le intenten vender motos, sobre todo cuando no les interesan. Por eso, más que intentar convencer a la gente de nada, creo que es muy más conveniente hacerles ver la posibilidad de que pase de una forma trivial, sin darle importancia, como la típica conversación sobre política o sociedad. Que si esto, que si lo otro, que si satélites, que si aliens… Es una forma como cualquier otra de preparar a la gente (si, es un condicionamiento, pero al menos sería un uso positivo y beneficioso para todos del control mental) para cuando pase. Cuando ocurra, mucha de esa gente se acordará de la conversación y entonces comenzará a dudar de lo que está viendo y oyendo, y se hará escéptica. Yo particulamente prefiero eso a que de repente, una mañana, normalmente clara, veas a un jodido Jesús revoloteándote por encima de varios cientos de kilómetros cuadrados en el aire y diciéndote que has hecho el retrasado creyendo en él. Daros cuenta del impacto que tendrá esto para miles de millones de personas. Este aprovechamiento de la leyenda de la segunda venida preparará el camino para el gobierno mundial global y nuestra sumisión a él. Si consigues definitivamente (cosa que no han conseguido muy a su pesar con el ateísmo) romper los esquemas morales y religiosos de toda la población, serán ya como muñequitos en tus manos. Su control ya no será imposible y definitivamente habrán ganado la partida. El Blue Beam será, sin duda, el principio del fin si no nos resistimos a él.

Sobre el control de la élite (y sus orígenes no humanos) se habla con extensión en varias obras. Os recomiendo lo último de David Icke, “Hijos de matrix”, y una gran obra difícil de encontrar pero que está en Internet, “Los dioses del edén”, de William Bramley, y que distribuyo de forma pública en esta dirección:

https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=explorer&chrome=true&srcid=0B14VH1sgCOpWMTBhM2UwMTItN2ZkNC00OTM5LWE1ZjMtYTczMzMzNDkxYTkz&hl=es&authkey=CPP5pP4L

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